The Walking Dead: Todos tus muertos

Sinceramente odio los zombies. Hago esta aclaración porque, a pesar de cuánto los odio, les temo,  me generan las pesadillas más escabrosas, y me impiden comer, The Walking Dead se ha convertido en un ritual semanal casi de autosuperación. Y no justamente porque en cada entrega le gane al miedo y el asco, sino porque con maestría esta serie de televisión  usa las carnes muerta-vivas y los restos humanos para plantear la gran pregunta: ¿Qué te hace seguir vivo? O mejor dicho, ¿qué te hace estar vivo? Y eso sólo para empezar…

Primero una información necesaria. La serie de televisión está basada en el cómic de la editorial Image, ganador de un premio Eisner en 2010 por mejor serie continua, The Walking Dead (obvio). Obra de Robert Kirkman en los textos, y Tony Moore en los lápices (originalmente, luego fue reemplazado por Charlie Adlard a partir del nº 7, aunque Moore siguió en las portadas), la saga narra la historia de un grupo de humanos que intenta sobrevivir al apocalipsis zombie. En Estados Unidos el cómic va en el nº 89  y acaban de editar la Guía del Sobreviviente (The Walking Dead Survivors Guide)

Hecha la mención, entramos en la adaptación del papel a la pantalla hogareña, cuyo episodio piloto fue estrenado por la cadena AMC el 31 de octubre de 2010, en Estados Unidos. Con una primera temporada exitosa, donde –a grandes rasgos- se narra la historia del Sheriff Rick Grimes (Andrew Lincoln), quien despierta en un hospital rodeado de zombies, sin saber qué pasó y con la firme convicción de encontrar a su esposa e hijo.

La historia suena sencilla. Pero no lo es. Aquí la clave no son los zombies (incluso, luego de un rato el estómago se estabiliza), sino los conflictos que despierta en un humano la necesidad de seguir con vida.

En la actual segunda temporada, que en Latinoamérica se exhibe los martes a través de Canal Fox, el grupo protagonista busca sobreponerse al fin de la esperanza que albergaron durante toda la primera temporada, donde terminan en un punto muerto (pero no zombie). Y acá el piquero hacia las profundidades de cada personaje se agudiza. Temas como ¿por qué seguir luchando por vivir? ¿Dejas que tu hijo muera en paz o lo salvas para que siga viviendo en medio de la pesadilla? ¿Qué te hace humano? ¿Qué estás dispuesto a hacer para mantenerte con vida? ¿Y tú sobrevivirías? ¿Y tú… matarías?

Personajes esbozados en la primera temporada salen al escenario principal, y los protagonistas ceden focos a otros héroes. Todo matizado, por supuesto, con un maquillaje y una producción tan realista que evita que puedas comerte un pan con jamón mientras ves cada capítulo.

Junto con los antiguos personajes, revisitados y reforzados (que guardan más de una sorpresa, en especial Shane Walsh, interpretado por Jon Bernthal), aparece una paradisíaca granja con nuevos sobrevivientes. Otro atisbo de esperanza para recuperar un poco de humanidad, pero que, como todo, esconde un secreto que hará saltar del asiento a más de alguno.

Por otro lado, en esta nueva entrega no sólo los personajes empiezan a perder su humanidad mostrando facetas más oscuras y retorcidas, las escenas de zombies se intensifican. Hay algunas derechamente no aptas para estómagos sensibles, como la que incluye un pozo y un zombie atrapado.

A la fecha, y con el capítulo 7 (“Pretty Much Dead Already”) ya estrenado en Estados Unidos, la saga entra a su anunciado receso hasta febrero de 2011. De modo que si aún no han comenzado a ver esta serie, este es el minuto para visitarla.

Recomendada para amantes del gore, el terror, la aventura, el thriller, las vueltas de tuerca de guión, las preguntas metafísicas, los personajes bien estudiados, y a estas alturas del año… altamente indicada para hacer dieta.

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