Monstruorízate de la mano de Guillermo del Toro en su última cinta: “El callejón de las almas perdidas”

La nueva película de Guillermo del Toro resulta la primera vez que no usa monstruos ni efectos especiales de manera aparente en su historia. Pero no hay que engañarse. Usando las armas del cine noir, el mexicano hace un doble making of de su propio cine: el primero, se trata de un making of de los trucos de un aprendiz de mago. El segundo nivel se trata del making of del peor monstruo en el cine de Guillermo del Toro. Un hombre promedio en una situación nada de común.  

Por: Ernesto Garratt (publicado originalmente en https://www.lared.cl/2022/cultura/un-nuevo-triunfo-de-guillermo-del-toro-el-callejon-de-las-almas-perdidas)

Un verbo que se repite a lo largo de este nuevo filme del mexicano Guillermo del Toro es “monstruizarse”. El adjetivo “monstruo” es transformado en verbo, en acción que ocurre frente a nuestros ojos,  y en el caso de Guillermo del Toro el gesto no es casual sino que todo lo contrario: ¡es causal!, CAUSAL, ya que la causa y origen del cine del artista mexicano es la monstruosidad, los monstruos y su efecto en el mundo de los humanos vivos que nos aterramos de sus existencias. 

La mención de dicha prueba en la filmografía puede ser hasta redundante pero hay que hacerla para que no hayan dudas en esta causa: Para empezar el ambivalente fauno de “El Laberinto del Fauno” y toda la fauna que reside en aquella maravilla (como el aterrador Hombre Pálido, cuyos ojos en las palmas de las manos componen una perturbadora visión del horror). También están los vampiros de “Blade 2” y su secuela; los espectros de “El espinazo del diablo”, los demonios y seres divinos e infernales de “Hellboy” y su secuela; las gigantes bestias provenientes del kaijú japonés y de las pesadillas de Lovecraft de “Pacific Rim” y para qué hablar de las almas en pena tipo Edgar Allan Poe de “Crimson Peak” y el hombre-pez de la hermosa “La forma del agua”: su culminación en una industria, la norteamericana, que le dio el Oscar al Mejor Director. 

En el set de “El callejón de las almas perdidas”.
El Hombre Pálido de “El laberinto del Fauno”.
“La forma del agua”

“El callejón de las almas perdidas”, remake del filme de 1947 “Nightmare Alley”, con Tyrone Power, es la primera película de Guillermo del Toro sin monstruos propiamente tales. Es la primera vez que aborda el género de la fantasía terrorífica sin fantasía y sin evidentes efectos especiales. 

La actriz Coleen Gray en la versión original de 1947.
La actriz Rooney Mara en la versión de 2021.

“El callejón de las almas perdidas” es la aparente primera vez que Guillermo del Toro parece alejarse de todo lo que había hecho hasta ahora. Pero no hay que engañarse. Porque esta vez, en vez de crear trucos frente a nuestros ojos (los efectos especiales se han convertido en parte de su caligrafía audiovisual desde su ópera prima “Cronos”), se dedica a contarnos cómo se hacen dichos trucos. “El callejón de las almas perdidas” se trata de cómo un mago revela sus secretos de magia y en el camino pierde el control del truco y al final cree en su propio hechizo, por falso que sea para los demás, pero para él, se trata de la más pura y santa verdad. 

El versátil y talentoso Bradley Cooper interpreta quizás al monstruo más feroz salido del universo de Guillermo del Toro: 

Un hombre. Un hombre promedio con una ambición desmedida en una serie de situaciones poco promedio. 

Bradley Cooper y Cate Blanchet en “El callejón de las almas perdidas”.

Ambientada en el Estados Unidos embarcándose en la Segunda Guerra Mundial, esta es la historia de un “mendigo” que entra a trabajar a una feria ambulante desde el eslabón más bajo de la pirámide hasta convertirse en una de las atracciones más brillantes: un adivinador, lector de mentes e intermediario con los muertos. Por supuesto, carece de todos esos poderes, pero a lo largo de la historia va aprendiendo su oficio del “adivinador” del carvanal y la película es un making of en dos niveles: el primero, se trata de un making of de los trucos del aprendiz de mago (“los viejos siempre han perdido a alguien y los hombres jóvenes tienen conflictos con el padre”, aconseja su mentor para chamullar correctamente). El segundo nivel se trata del making of del monstruo propiamente tal. 

El proceso de manufactura de un ser monstruoso. De hecho, una escena clave es cuando el propio Bradley Cooper, al comienzo de su viaje hacia su propia monstruosidad,  mira con piedad al “monstruo” de la feria: un vago y adicto al trago que ha sido “monstruorizado” por el amoral mandamás, a cargo de un impresionante Willem Dafoe. 

Bajo el manto estético del cine noir, la película resulta un tributo además a la evolución del género del horror. El cine noir, como sabemos, está emparentado con el previo e importante movimiento llamado expresionismo alemán, cuna de los monstruos como Nosferatu en Alemania (título inmortal que este 2022 cumple 100 años). El expresionismo alemán daría paso, justamente, a los mafiosos y embaucadores del cine noir hollywoodense cuando artistas y técnicos alemanes huyeron a Hollywood perseguidos por los nazis, traspasando e influyendo de una manera rotunda en la nueva estética del noir en el cine estadounidense. 

Willem Dafoe como uno de los mandames de la feria de atracciones.

“El callejón de las almas perdidas” de hecho parece seguir ese patrón cronológico en el propio ciclo de filmes de Del Toro. Primero hemos visto su etapa “expresionista” con esta pléyade de monstruos y ahora, presenciamos (bueno, desde “La forma del agua” en verdad) su apego a los formalismo del cine noir: claroscuros pronunciados, el crimen como leit motiv y ambigüedades morales extremas y, lo más crucial, el examen a la mitad del siglo XX en EE.UU. vista como un avispero de dramas y negligencias.

“El callejón de las almas perdidas” es una película hermosa en lo formal, aterradora en lo dramático y un nuevo triunfo fílmico de Guillermo del Toro. El mejor domador de monstruos del cine lo hizo otra vez.