‘La estirpe de Lilith’: Jerarquía y contradicción humana

La trilogía ‘Xenogénesis’ —saga olvidada por cerca de 30 años y sin embargo referencial de la ciencia ficción que colocara en el canon del género a la estadounidense Octavia E. Butler (1947-2006) —, ha resurgido hace unos meses como si se tratara de un viejo planeta abandonado al que ahora se regresa. Y es que este año Penguin Random House la reeditó en un solo volumen bajo su sello Nova: ‘La estirpe de Lilith’, con lo que su hoy multipremiada autora ha vuelto del pasado y se proyecta al futuro como punta de lanza de lo que suele denominarse “afrofuturismo”.

La saga está compuesta por las novelas ‘Amanecer’, ‘Ritos de madurez’ e ‘Imago’, una triada de obras que para decirlo sin rodeos cuenta una historia de colonización masiva por extraterrestres. Publicado inicialmente en el año 1987, ‘Amanecer’ sugiere que la humanidad se ha extinguido producto de una guerra nuclear entre potencias. La contaminación radioactiva mata toda la vida en la Tierra y una raza extraterrestre capaz de regenerar individuos a partir del material genético encuentra justo algunos ejemplares humanos, meses antes de la extinción total. Se trata de los oankali o comerciantes de genes.

Lilith Iyapo, una de las humanas rescatadas por los oankali, despierta en un cuarto estéril de colores grises, ignorante de lo que le ha ocurrido trata de darle una explicación al sinsentido que descubrió al abrir sus parpados. Sus captores, en un principio, no dan la cara ni se presentan ante ella, pero finalmente descubre que son extraterrestres de muchos siglos que viajan por las galaxias en busca de seres orgánicos. Ella ha estado doscientos cincuenta años dormida.

Estos alienígenas están dispuestos a ayudar a la humanidad a recuperarse de la muerte, pero ya se sabe que todo tiene un precio: desean mezclar material genético. Porque, es lo que hacen. Se cruzan con las razas que descubren para agregar a su colección genética algunas de sus mejores características y habilidades como las increíbles destrezas de auto curación, regeneración orgánica y presuntas mejoras raciales.

Las tareas de Lilith son las de elegir a los humanos que va a despertar, contarles sobre la extinción de la vida en la Tierra, educarlos sobre la cultura oankali y, desde luego, hablarles sobre el precio que deben pagar por su sobrevivencia. Debe además entrenarlos para regresar a la Tierra reformada, primitiva y salvaje que los olooi (los oankali científicos y sanadores) prepararon para ellos con el fin de iniciar el mestizaje.

Lilith se niega porque conoce a los suyos. Y como mujer mestiza afrodescendiente reconoce las reacciones humanas frente a lo diferente, sabe del estigma de ser visto distinto al canon aspiracional.

Por si fuera poco, ella está consciente de que fue modificada por los oankali: eliminaron el cáncer que la aquejaba, le dieron fuerza y la capacidad de auto sanación, razón por la que teme ser vista por los suyos como traidora y colaboracionista.

Y razón no le faltaba. Esos son los mínimos gravámenes a los que Lilith debe enfrentarse.

Defecto

Pero los oankali insistirán en que Lilith trabaje para ellos y, de esa manera, por la sobrevivencia de la raza humana. La cruza de razas debe darse; es una necesidad tanto para los alienígenas como para los humanos, ya que los primeros han identificado no sólo una célula interesante como la del cáncer, sino también un defecto fundamental en la humanidad: un don genético para la inteligencia junto con una predisposición a la jerarquía.

Esta predisposición lleva a la humanidad a encontrar formas más efectivas de segmentar a las personas, imponer el orden, castigar la diversidad y generar guerras que, de alguna manera, garantizan un sistema jerárquico.

Este defecto que, Octavia E. Butler, llama “la contradicción humana” es la falla que condena a la humanidad a la autodestrucción, a pesar de haber sobrevivido a los horrores más violentos. Esta predisposición jerárquica les hace pasar por alto lo ya sufrido para volver al círculo que los llevará nuevamente a la autodestrucción. Los oankali lo saben y lo controlan a través de la esterilización.

“Sus cuerpos tienen defectos fatales. La comunidad ooloi (grupo de onkalis científicos y sin género) lo percibió de inmediato. Al principio les resultaba muy difícil tocarlos a ustedes. Ahora les cuesta dejarlos. (…) Tienen ustedes un par de características genéticas incompatibles entre sí. Cualquiera de ellas, por sí solas, podría haberles sido útil, habría contribuido a la supervivencia de su especie. Pero las dos juntas resultan fatales. Era solo cuestión de tiempo que los matasen.”, le explica el oankali macho Idahya a Lilith (nombre que en la mitología bíblica nos remite a la primera esposa de Adán, que se niega a someterse a él y se aparea con ángeles).

El mestizaje con los oankali garantiza que esta contradicción desaparezca de la raza, y con el tiempo, los humanos sean una especie hibrida y mejorada, con respeto a la vida por antonomasia. “Nuestros hijos serán mejores que cualquiera de nosotros. (…) Moderaremos tus problemas jerárquicos y atenuarás nuestras limitaciones físicas. Nuestros hijos no se destruirán a sí mismos en una guerra y si necesitan volver a crecer una extremidad o cambiarse de alguna otra manera, podrán hacerlo.”, afirma el olooi Nikanj a Lilith.

La contradicción que aíslan en el genoma humano es un giro que la autora usa para prescindir de escenas meramente morbosas y hasta estimulantes  de sexo entre especies, para basarlo en una necesidad de sobrevivencia que fundamenta combinando evidencia científica dura —a través de los oankali—, con sicología del comportamiento y la casi religiosa fe.

Neurosensorial

En este punto es oportuno subrayar que uno de los elementos más interesantes de la imaginación de Butler es la representación del mestizaje en sí. Los oankali se reproducen en un complejo intercambio genético de tres seres. Entre machos y hembras oankali, y un tercer género experto manipulador del material genético, llamado ooloi.

De hecho, para que los humanos puedan aparearse con los oankali tienen que encontrarse íntimamente con los ooloi, quienes afortunadamente poseen la capacidad de calmar, curar y dar mucho placer a sus amantes humanos.

Lilith y otros aprenden a disfrutar del sexo neurosensorial, lo cual es aún más fascinante si se considera que los oankali son horrendos al ojo humano. Grandes, grises y llenos de tentáculos, mientras que los ooloi tienen múltiples apéndices, incluido un importante brazo sensorial que Lilith describe como una trompa de elefante y que usan para tomar muestras de material genético.

Estos encuentros sexuales, son muy angustiantes para algunas personas. Y por muchas razones. Para empezar, una vez que se da esta unión, las parejas humanas no pueden volver a tocarse. De hecho, sienten repulsión por el otro y ni siquiera soportan los roces casuales, aun con sentimientos de por medio. Este efecto secundario de la interacción humana con los ooloi es uno de los catalizadores de la rebelión humana contra los oankali.

Se genera entonces un levantamiento que abre paso a los resistentes, grupo de personas que rechazan cualquier tipo de contacto alienígena.

Butler deja en claro que esta visión del amor, no se ofrece como una solución utópica. De hecho, en ‘Ritos de madurez’ uno de los niños construidos de Lilith —como le llaman a los hijos oankali nacidos de humanas—: Akin se convierte en una especie de “elegido”: un Moisés, que se encargará de convencer a los oankali que permitan a los humanos resistentes ser fértiles y libres de su influencia en un Marte terraformado.

Este compromiso representa un gran cambio entre las “convicciones” oankali ya que, a pesar de tener la certeza irrefutable de que los humanos en libertad se autodestruirán, prefieren honrar su autonomía. Los oankali aprenden la importancia del consentimiento y ellos mismos cambian como consecuencia de su contacto con la humanidad.

Decisiones

Semejantes giros en la historia revelan cómo incluso los valores mejor intencionados (como el deseo de los oankali de arreglar la humanidad) pueden pasar por alto el sentido de los demás de su propio futuro, por lo que un cuestionamiento constante de los valores se convierte en una necesidad.

“Tino probablemente se suicidaría si lo liberaran. Pero, ¿y los resistentes? Se hacían cosas terribles los unos a los otros porque no podían tener descendencia. Pero antes de la guerra, y durante la guerra, se habían hecho cosas terribles los unos a los otros a pesar de que sí podían tenerla.  La Contradicción Humana los tenía atrapados. La inteligencia al servicio de un comportamiento jerárquico. No eran libres. Y todo lo que podía hacer por ellos, si es que podía hacer algo, era dejar que siguiesen limitados a su forma. Quizá la próxima vez su inteligencia estuviera equilibrada con su comportamiento jerárquico y no se destruirían a sí mismos”, reflexiona Akin.

Estas cavilaciones de índole ensayísticas y filosóficas sobre la libertad y el consentimiento surgen una y otra vez a lo largo de las novelas. Resulta fascinante que a través de los ojos de Akin el lector comienza a sentir que los humanos ahora son los otros, los conquistados, los violados por la raza colonizadora bajo el precepto de salvación.

A lo largo de la trilogía, tanto Lilith como su hijo Akin —y más tarde, en ‘Imago’ su hijo Jodah, el único olooi nacido de una mujer—  se enfrentan a decisiones sobre qué dirección debe tomar la humanidad. Estas deliberaciones los harán abandonar las antiguas ideas. Uno toma la decisión de sobrevivir  y convertirse en híbrido y el otro toma la decisión igualmente difícil de la independencia.

En cada caso, vemos a los personajes luchar, sin resoluciones fáciles. Sobre todo a Lilith quien no sólo debe aceptar que sus mestizos irán perdiendo las características que los hacen humanos, sino también porque conoce la verdadera intención de los oankali y les guarda cierto rencor.

A pesar de lo mucho que los ama.

Mientras que Akin —después de pasar los primeros años de su vida entre los humanos resistentes luego de ser secuestrado—, elige la libertad y autonomía de la humanidad, aun sabiendo que, en algún momento de su historia se matarán los unos a los otros, porque  “la contradicción humana” en algún momento primará, cosa que se ve en muchas oportunidades entre los resistentes.

“Duerme —le aconsejó el ente Akjai—. Eres demasiado joven para todo esto. Ahora argumentaré yo en tu nombre.

—¿Por qué? —preguntó. Estaba casi dormido, pero la pregunta lo reconcomía—. ¿Por qué te preocupas tanto tú cuando ni siquiera le importa a mi propio grupo familiar?

—Porque tienes razón —le contestó el ente Akjai—. Si yo fuese de la raza humana, pequeño construido, personalmente sería resistente. A toda la gente que sabe lo que es llegar a un fin debería permitírsele continuar, si es que pueden hacerlo. Duerme.”, respondió la entidad Akjai al joven Akin.

Y en este punto destaca por qué la ‘Xenogénesis’ funciona tan bien a un nivel imaginativo, ya que a través de ella Octavia E. Butler invita al lector a considerar los límites de sus propios moldes. Y de igual forma, brinda un mensaje de alerta: que como humanidad se debe aprender a manejar las diferencias de manera que se respeten tanto la libertad como la necesidad de trabajar en unidad, para la sobrevivencia del planeta y de nuestra especie.

Futuro

‘La estirpe de Lilith’ es una aventura reflexiva fascinante que en muchos momentos nos hace evocar ficciones más que vigentes y que tienen también como motores dramáticos el poder jerárquico, la supresión emocional, las modificaciones genéticas y, en suma, las distopías más temidas.

Al tiempo que podríamos pensar en obras como Equals, 1984 o Un mundo feliz —sin contar culturas y naciones jerárquicas de la vida real que ofrecen ejemplos de esa “contradicción humana”—, Octavia E. Butler dinamita las maquinarias y la industrialización del imaginario cienciaficcionista para entregarnos una novela cruda, donde incluso las maquinas son biológicas e interactúan de forma simbiótica con las razas.

La escritura de E. Butler es poderosa y la metáfora de su historia lo es aún más, toda vez que no se divisa muy lejano un futuro terrible en donde como raza debamos reconocer que, tal como reza el slogan de la trilogía ‘Partials’ de Dan Wells, “la única esperanza para la humanidad no es humana”.

Ficha Técnica

Título: ‘La Estirpe de Lilith’.
Autora: Octavia E. Butler.
Editorial: Nova (Penguin Random House 2021).
Precio de ref.: $34.690 (Buscalibre).