Especial ‘Dune’, un desierto que fertiliza la imaginación

Imagen: Roberto Mazuela.

En NerdNews queremos rendir tributo a una de las novelas claves de la ciencia ficción: ‘Dune’. Historia que ha trascendido generaciones, y seducido a productoras hollywoodenses, y a sus directores quienes han emprendido una travesía épica al intentar adaptarla al cine, entre ellos Alejandro Jodorowsky, David Lynch y ahora, Denis Villenueve, quien de la mano de un reconocido elenco —Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Zendaya, entre otros—, lanza el primer avance de esta esperada superproducción: ‘Dune’.

En el año 2014 festejamos los 36 años de la película de David Lynch, bueno, algunos celebramos, otros acá en la redacción se quejaron y molestaron, pero eran los festejos para la memoria y el talento de Frank Herbet: genio de la escritura que vino del mundo del periodismo y se atrevió a soñar una galaxia, no una de hace mucho tiempo ni en una galaxia muy lejana, sino que nos donó con ‘Dune’ un cosmos y un orden a miles de años en el futuro que, claro, tuvieron y aún tienen eco en el presente más tangible y humano.

Tanto la editora y escritora chilena Paulina Arancibia, como el escritor local Alberto Rojas, destacan con sus respectivos y maravillosos textos, ámbitos y esquinas vitales para comprender y conocer el porquéde la trascendencia de este hito de la literatura del siglo XX y sus posteriores viajes, no sólo a través de los libros, sino que también por medio del cine, la TV e incluso, a través de la célebre y fallida adaptación por parte del artista multitask Alejandro Jodorowsky.

En su texto ‘Dune’, un desierto que se expande y avasalla, Paulina Arancibia examina cómo el autor Frank Herbert concibió escribir esta saga galáctica, que hoy más que nunca suena cercana y tangible con sus juegos de poder y resonancias del choque de mundos entre Oriente y Occidente. Además, recuerda lo que para ella fue la fallida adaptación lynchiana y, lo mejor, entrega detalles del gran fracaso en la carrera de Alejandro Jodorowsky con su casi llegada a Hollywood con la adaptación millonaria y estrafalaria de ‘Dune’. Claro, antes de Lynch, antes de que le quitaran el proyecto.

Ernesto Garratt defiende la versión de Lynch de ‘Dune’ y además escribe sobre la versión libre, podríamos acotar, que hizo el chileno Alejandro Jodorowsky en los cómics: ‘La casta de los Metabarones’.

El escritor Alberto Rojas explica, por su parte, en su iluminado texto ‘El infinito viaje de Dune’, una arista notable y desconocida: cómo es que después de la muerte de Frank Herbert, su hijo mayor decidió continuar con la saga y hacerla crecer. Y como si se tratara del guion de una película, sucesos inesperados ayudaron a este vástago a continuar, con ayuda desde el más allá, la historia  de ‘Dune’.

Y nuestra colega, Kobato, tradujo y transcribió la charla que el director canadiense Denis Villeneuve (‘Blade Runner 2049’, ‘Arrival’) dio en el contexto del Shanghai International Film Festival con la periodista Tanya Lapointe y autora de ‘The Art and Soul of Blade Runner 2049’ y ‘The Art and Soul of Dune’.

Disfruten estimados, consumiendo la mejor droga que nos ha dado la literatura de ciencia ficción: la Melange de ‘Dune’.

‘Dune’, un desierto que se expande y avasalla

Para la historia del cosmos, quizá cincuenta y cinco años no son nada, pero para la vida de un libro puede significar dos puntos contrarios: la intrascendencia o la conversión en un título canónico en la mente de los lectores.

Este misterio del porqué sólo algunas obras continúan rondándonos después de varias décadas de la fecha de su publicación, se acentúa con un libro como ‘Dune’ de Frank Herbert, obra que no sólo sigue siendo popular entre los fanáticos del género de ciencia ficción, sino que se ha anticipado a muchas de las inquietudes contemporáneas: la fragilidad medioambiental, la escases de combustibles fósiles y la amenaza del fanatismo religioso, entre ellas.

‘Dune’ es una aventura épica cuya laberíntica trama se desarrolla en Arrakis, un desértico mundo poseedor de los únicos yacimientos de Melange, una especia que es clave para el comercio y control del imperio, y que además otorga a los navegantes (humanos mutantes) poderes psíquicos que son usados para vaticinar los trayectos de los viajes intergalácticos.

Arrakis o ‘Dune‘, se convierte entonces en un planeta sobreexplotado por el imperio gobernado por Padishah Shaddam IV, quien controla los feudos o Casas imperiales, junto a una misteriosa entidad conocida como la Cofradía Espacial que tiene un interés personal en el control de la especia.

También, mezclándose con sus intentos de ejercer el control político, está la orden secreta de las Bene Gesserit, compuesta en su totalidad por mujeres que se entrenan toda la vida para realizar las tareas que se les asignen, y de paso ayudar en la preservación y progreso de la raza. Una versión galáctica de los científicos de Hitler encargados de la higiene racial a través de la eugenesia.

Cuando el emperador Padishah transfiere la administración de Arrakis —de la Casa Harkonnen a la Casa del duque Leto Atreides—, comienza una lucha donde los Harkonnen usarán todos los medios, como el sabotaje y la traición,  para exterminar del universo el linaje Atreides. Cuando el Barón Harkonnen logra asesinar a Leto Atreides, empuja a su cónyuge Jessica e hijo —Paul— a escapar por las hostiles arenas de ‘Dune’.

En esta travesía por la supervivencia, la Dama Jessica y Paul se encuentran con los Fremen, hombres con tradiciones de larga data y creencias que entran en juego cuando se determina que Paul podría ser el kwisatz haderach. O sea, el producto final de un experimento genético, diseñado y profetizado por las Bene Gesserit para que a largo plazo se transforme en el salvador.

Cuando Paul se integra a la tribu, es bautizado por el nombre de Muad’Dib y los eventos tienen lugar durante un período de varios años que, a la larga, permitirá que Paul-Muad’Dib tome venganza por su propia casa y por extensión, libere a su nuevo pueblo.

A grandes rasgos, y muy en general, los párrafos anteriores son sólo un esbozo de la compleja historia de ‘Dune’, y revelar más en una síntesis resulta un despropósito no sólo por el espacio y tiempo que supone, sino también porque restaría delicia a la degustación de una novela en la que Herbert es extremadamente detallista, logrando un mundo singular muy parecido al de la Tierra Media de Tolkien, pero recubierto de misticismo, filosofía y política.

Una obra con ricas lecturas e interpretaciones que todavía hoy, 55 años después de su publicación, sigue siendo actual.

Cazando dunas

Hace más de medio siglo, el en ese entonces periodista, Frank Herbert, llegó a su oficina para continuar trabajando en un artículo sobre el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Debía juntar material y antecedentes que avalaran la venta del artículo a su editor, ya que éste no tenía mucha confianza en el tema que, precisamente, trataba de las dunas.

Cuando consiguió financiar la mitad del viaje, el periodista partió en un pequeño avión hacia Florence, Oregón, donde descubrió que las dunas al igual que los seres vivientes se movían y con el tiempo podían tragar ríos, obstruir lagos y sepultar bosques. “Estas ondas pueden ser aún más devastadoras que las olas”, escribió Frank a su editor; “incluso han causado muertes”, concluyó a partir del artículo que nunca fue publicado.

A pesar de la indiferencia de su editor, Herbert estaba fascinado por el proyecto de detener las dunas, por lo que superpuso la historia en una novela de aventuras originalmente llamada Planeta de las especias. Sin siquiera notarlo, Herbert comenzó a escribir casi setenta páginas a la semana en un momento de la historia en que la ciencia ficción estaba en decadencia.

Por lo tanto, Herbert y su gigantesco manuscrito de más de 500 páginas (entre mapas, glosarios, apéndices y otros materiales) fue rechazado por decenas de editoriales, pero en el año 1965 finalmente fue aceptada por Chilton una pequeña imprenta conocida por sus catálogos de autos.

Los escritores de esa época habían imaginado viajes galácticos por mundos extraterrestres, y habían escrito sobre catástrofes ambientales, pero la escala de ‘Dune’ no tuvo precedentes y sólo fue comparable —como dijo Arthur C. Clarke en su momento—, a ‘El Señor de los Anillos.

“Soy un animal político”, dijo Herbert en una entrevista el año 1983, “Nunca dejé el periodismo, todo lo que escribí trata sobre la escena actual. Las metáforas están ahí”, explicó el escritor sobre ‘Dune’.

“El planeta era algo que realmente se podía sentir”, dice el novelista Kim Stanley Robinson. “Herbert pasó mucho tiempo al aire libre, se puede ver en la escritura que ha visto cosas que sólo pueden ser descritas si has estado allí, físicamente” concluye. 

La Duna de Jodorowsky: La droga sin tomar la droga 

Debido al gran número de seguidores, la trama de ‘Dune’, ha intrigado a muchos artistas de diversos géneros, convirtiéndola en fuente de inspiración para muchas formas de arte y de oportunidades comerciales como, videojuegos, juegos de mesa, numerosas secuelas y la infaltable adaptación al cine.

En 1974, el escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky fue llamado por una conciencia superior, un espíritu consumidor de LSD para adaptar al cine la novela ‘Dune’. El mismo guerrero espiritual que lo incitó a volver loca a la audiencia mexicana con su primera película ‘Fando y Lis’ y posteriormente, con ‘La Montaña Sagrada’.

Esta última recibió buenas críticas de los expertos y numerosos fanáticos alrededor del mundo, por lo que su productor Michel Seydoux dio luz verde para que Jodorowsky iniciara su nueva travesía mesiánica, quien sólo acertó a decir: “‘Dune’, sin vacilar”.

Alejandro admite que ni siquiera había leído el libro. Por lo tanto, con frecuencia alude al destino cuando se habla de la producción. El chileno da a entender que la impulsiva decisión de adaptar ‘Dune’, era parte de un plan cósmico que quiso ponerlo junto con la novela de Herbert. Sin embargo, es una premisa dudosa teniendo en cuenta que la película nunca consiguió ver la luz.

Más tarde, Seydoux alquiló un castillo en Francia como centro de operaciones para escribir la adaptación fílmica de ‘Dune’. El trabajo del autor Frank Herbert era la Santa Biblia de los devotos de la ciencia ficción, pero aun así, los derechos de autor se obtuvieron por prácticamente nada, como si Hollywood hubiese previsto que no se podría dar forma en una película comercial.

“Yo quería hacer una película que diera a la gente que en esa época consumía LSD las alucinaciones que la droga daba sin tomar la droga”, explica Jodorowsky en el documental ‘Jodorowsky’s Dune’, realizado por Frank Pavich.

Para hacer frente a esta imprudente y noble aspiración, buscó a los “Guerreros espirituales”, que van desde el técnico en efectos especiales Douglas Trumbull, conocido por su trabajo en ‘2001: odisea en el espacio’ —Alejandro lo descartó porque su aura no coincidía con el espíritu de su ejército. Un hombre lleno de sí mismo, vanidoso, en su proyecto era el enemigo—, el famoso ilustrador Jean ‘Moebius’ Giraud —director artístico encargado de esbozar más de tres mil paneles del storyboard—, Dan O’bannon; el actor de ‘Kung Fu’, David Carradine; la banda sonora de Pink Floyd; su hijo Brontis para el personaje principal (Paul); Chris Foss, como diseñador de las naves espaciales; el genio Salvador Dalí y su musa Amanda Lear; el icónico surrealista suizo HR Giger, Mick Jagger, Orson Welles, sólo por nombrar algunos de los talentosos artistas que serían parte de la travesía de Jodorowsky.

 Sin duda, era necesario un toque de locura de todos los involucrados para intentar tal empresa.

“Jodorowsky capitaliza el cachet de exclusividad. Daba la maravillosa sensación de ser parte de una elite creativa, y en el tratamiento como una fuente de sabiduría esotérica, Duna de Jodorowsky hace que el proyecto parezca como un evangelio gnóstico perdido. El hecho de que la película no exista para justificar todo esto sólo refuerza su poder”, dice Pavich.

Mi Duna

Jodorowsky pretendía incluir en la película una larga escena, que emula un viaje que atraviesa toda la galaxia para terminar en cero con los piratas de especias, lo mismo que confrontaciones de los gusanos de arena, una fortaleza con la forma de la cabeza del Barón Harkonnen equipado con barreras de enorme cuchillos, y el mesiánico fallecimiento de Paul. Un final fascinante, alterado drásticamente a partir del material de origen.

El héroe, Paul Atreides, el único hijo del duque asesinado y mesías psíquico del planeta Arrakis, es apuñalado a muerte por Feyd, sobrino del Barón Harkonnen, pero su espíritu inmediatamente posee el cuerpo de otro. Luego otro, y otro, y otro, y varias personas a la vez. Luego una multitud comienza a cantar al unísono “Yo soy Paul,” y Arrakis, un mundo desierto casi sin vida, florece de repente con el agua y la vida. Los bosques, los ríos y los animales aparecen de la nada, y todos los humanos en Arrakis inmediatamente se unen a una sola mente con espíritu colectivo. El planeta se dispara a través de la galaxia para difundir sus vibras iluminadoras para el resto del cosmos.

“’Dune’ es el mesías de los planetas, porque es un planeta con conciencia”, cuenta Jodorowsky.

Quien esté familiarizado con la novela original de Frank Herbert sabe lo que es un cambio radical del trágico y ambiguo final del libro. Y cualquiera está en buena posición para experimentar la versión de Jodorowsky, que no depende ni del libro de Herbert ni de la capacidad de la audiencia, o el deseo de entender lo que está pasando.

“Cambié el final, evidentemente… lo hice. Fue mi ‘Duna’. Cuando se hace una adaptación no se debe respetar la novela. Es como cuando te casas, ¿no? Vas con la esposa de blanco, la mujer es pura, pero para poder tener hijos tienes que faltarle el respeto. Es necesario arrancarle el traje y violar a la novia. Y así, sólo entonces, tendrás tu película. Yo estaba violando a Frank Herbert, violando, violándolo, pero con amor, con amor”, expresa el cineasta en el documental.

Y estén de acuerdo o no con los cambios de Jodorwsky, todos los entrevistados en el documental que no formaron parte del propio proyecto —incluyendo a los cineastas Nicolas Winding Refn y Richard Stanley y a los críticos de Drew McWeeny de Hit Fix y Devin Faraci de Badass Digest—, son de la opinión de que ‘Duna’ de Jodorowsky habría sido una película épica, alucinante, impresionante que podría haber cambiado el cine para siempre. Más de una vez, sugieren que pudo haber reemplazado ‘Star Wars’ en la cultura popular.

Cuello cortado

Sin embargo las ideas visionarias de Jodorowsky eran tan impresionantes como caras, por lo que el presupuesto final de la película fue de $15 millones de dólares. Valor que automáticamente hizo temblar los bolsillos de los productores de Hollywood, más cuando se enteraban que en la cabeza del proyecto estaba el poco convencional Jodorowsky; en consecuencia, ‘Dune’ de Alejandro Jodorowsky fue rechazada. Despedido de su propio proyecto porque sus notables ideas eran muy adelantadas para ese tiempo.

Para Jodorowsky la cancelación de la película, no fue un fracaso, sólo fue un cambio de sentido. Una puerta a una nueva creación. Así todo lo que había trabajado en ‘Dune’, (labor que había plasmado en un libro) lo convirtió en otros universos, como el famoso comic ‘El Incal’ y la idea de la concepción de Paul Atreides, a través de una gota de sangre, la usó en su cómic ‘La casta de los metabarones’.

“‘Dune’ es como Paul. Su cuello fue cortado. El film no se hizo, al film lo mataron. Pero como Paul, a ‘Dune’ de Jodorowsky lo puedes ver en otras películas gritando ‘Soy ‘Dune’‘, ‘Soy ‘Dune’”, cuenta Bronti Jodorowsky.

En películas como ‘Flash Gordon’, ‘Prometeus’, ‘Aliens’, ‘Star Wars’, se pueden ver parte de las ideas del equipo de Jodorowsky: —‘Dune’ es como un gran asteroide que casi choca con la tierra, pero aún la logra inseminar con todas estas esporas maravillosas—, dice el cineasta Richard Stanley y concluye—. En un mundo donde ‘Dune’ de Jodorowsky no existe, tal vez tampoco exista ‘Aliens’, ‘Blade Runner’, no hay William Gibson, no hay ‘Matrix’ y todas las cosas que vienen de esta línea.

El crítico de cine, Drew McWeeny concuerda exponiendo que ‘Star Wars’ tiene un montón de referencias a ‘Dune’ de Jodorowsky; las peleas de espada es una gran referencia. “Existe una escena donde Paul pelea con un robot de entrenamiento, la que concuerda mucho con la escena donde Luke Skywalker pelea con una bola”, dice.

Aunque no se filmó y el resultado del filme siempre será un misterio, ‘Dune’ de Jodorowsky es un horizonte cinematográfico del que puede hablarse y con muchas más expectativas de las que alcanzan obras concretadas en el caso de autores de menor envergadura.

La Duna de David Lynch

A principio de los años 80, la hija del productor italiano Dino De Laurentiis convenció a Universal Studios para terminar la tarea antes comenzada por Jodorowsky. El director y guionista escogido para esto fue David Lynch, lo que dio como resultado una película extraña y, para muchos, mala. Todos saben que la novela de Herbert en sí es complicada, pero pareciera que David Lynch se hubiese esforzado para hacerla aún más intragable.

Considerado como uno de los cineastas más creativos e inusuales de su generación, Lynch ha ganado una reputación para enfrentar al público con su distintiva visión personal, mostrando deformidades físicas y psicológicas de forma inquietante. Sus obras a menudo se centran en personas alienadas y obsesivas que reflejan bien su propia personalidad o las de personajes extraídos de la cultura popular estadounidense y el cine.

Hace hincapié, de igual forma, en situaciones siniestras que están fuera de su control; Lynch explora las realidades desagradables y grotescas ocultas bajo la plácida superficie de la existencia cotidiana. Se adopta un enfoque intuitivo, surrealista, para invadir a los espectadores con imágenes sugestivas de prácticamente todo.

En resumen, se caracteriza por querer dejar su sello en cada película que hace. Sin embargo, si una de sus cintas se basa en material preexistente, lo más probable es que cruce la delgada línea entre adaptación y profanación.

En el caso de ‘Dune’, estrenada en diciembre del año 1984, se puede ver una obra profundamente defectuosa, una empresa que ha fallado comercialmente, pero que se las arregló para extraer partes esenciales de una de las obras más densas de la ciencia ficción.

El escritor David Foster Wallace, en su libro, “Algo supuestamente divertido que jamás volveré a hacer”,  publica un ensayo sobre Lynch y dice: “‘Dune’, estrenada en 1984, es, sin lugar a duda, la peor película en la carrera de Lynch, y es muy mala, la verdad sea dicha. De alguna manera parece que Lynch no la hubiese dirigido; ‘Eraserhed’, en cambio, ha sido esa que tienes que vender tu plasma para comprar la obra maestra, con un diminuto cast y equipo a quienes nunca le han pagado. ‘Dune’, en el otro extremo, tuvo uno de los más grandes presupuestos en la historia de Hollywood, y el grupo de personas que trabajó en su producción fue del tamaño de una nación caribeña, y la película contó con costosos y novedosos efectos especiales”.

—Además—continúa Foster Wallace—, la novela de Herbert es increíblemente larga y compleja, a parte de todos los dolores de cabeza que trae una gran producción comercial financiada por un hombre que lleva unos Ray-Ban, Lynch tuvo problemas haciendo la adaptación de la historia, la cual, hasta en la novela es complicada hasta el límite del dolor. En resumen, la dirección de ‘Dune’ requería la combinación de un técnico y un administrador, y Lynch, aunque sea tan bueno técnicamente como cualquier otro, es más el tipo de niño brillante que a veces es ingenioso estructurando fantasías y se sumerge totalmente en ellas, y deja que otros niños participen, únicamente, si él mantiene el completo control imaginativo.

El libro de Herbert ofrece una historia meticulosamente detallada de un futuro oscuro, donde las casas reales comienzan una guerra por el control de la especia y los beneficios que ello acarrea, por lo que el metraje que pretendía Jodorowsky para su película fue imposible. La película de Lynch sufrió numerosos cortes en la edición final, cuyo resultado sólo fue una cinta de dos horas 17 minutos, aun larga para las salas de cine —impensable vender una película de Peter Jackson—. Así, ‘Dune’ de Lynch en lugar de contar una historia, se conforma con mostrarla.

La película se basa en una serie de ráfagas de voz en off y exposiciones entrecortadas.Pensamientos y muecas de los actores, que suelen recordar los gags de Saturday Night Live. Realmente son cosas que, quizás por el año en que fue realizada, ahora se ven hilarantes. En los libros, los personajes pueden decir exactamente qué piensan, se supone que en las películas se deben mostrar de forma diferente, a través de las acciones, el lenguaje corporal, las expresiones faciales,  junto con —por supuesto—, los diálogos. Estas cosas deben servir perfectamente para informar al público del estado mental de un personaje.

Foster Wallace concuerda y escribe: “Se puede ver que algunos de sus defectos son, claramente, responsabilidad de Lynch: escoger al joven nerd, cara de papa, Kyle MacLachlan como un héroe épico y a un tipo que no es actor, Sting, como villano sicótico, por ejemplo. O, peor, tratando de explicar la trama, haciendo los pensamientos de los personajes audibles en la banda sonora mientras la cámara se acerca ponchando a los personajes con gestos pensativos.

El resultado es una película graciosa mientras trata de ser mortalmente seria. Donde necesites una buena definición de fracaso, aquí la tienes, porque eso fue ‘Dune’: un inmenso, pretencioso e incoherente fracaso. Pero buena parte de la incoherencia es responsabilidad de los productores de De Laurentiis, quienes cortaron miles de pies de la película que Lynch había entregado, justo antes del estreno. Hasta en vídeo, no es difícil ver dónde se hicieron esos cortes; la película luce eviscerada, y sin querer, surreal”.

Si el objetivo de la película era crear, al igual que el libro, un mundo que se sintiera totalmente extraño, entonces Lynch y su estilo surrealista, fueron la elección correcta. Con sus secuencias de sueños extraños, plagadas de imágenes de fetos y energías brillantes, y un paisaje inquietante como el infierno industrial del planeta natal de los Harkonnen, pretende poner al espectador en algún lugar desconocido, mientras hace alusión a una historia oculta que no logra reflejar en la pantalla.

Tal vez, ‘Dune’ de Lynch no suena como algo que se apetece mirar. Pero no, no es así. Sin duda es una ciencia ficción diferente a la de ‘Star Wars’, que fue imaginada y desarrollada para entretener. ‘Dune’, en cambio, quería desafiar y aunque sus intentos para pontificar sobre la religión y la ecología pueden haber sido su perdición, esos intentos también produjeron algunos de los momentos más resonantes de la película.

Además, siempre es fascinante ver la obra de Lynch, y si se conoce la trama de ‘Dune’ a partir de la lectura del libro, o de la miniserie del año 2000, la película de 1984 vale la pena de ver. Hay algunas actuaciones que incitan el morbo, como las de Sting (que se ve igual que hoy), otras interesantes como las de Patrick Stewart (maestro de Paul Atreides) y Dean Stockwell (el doctor Doctor Wellington Yueh, también agente secreto del Barón Harkonnen).

Lynch es un autor que fue capaz de resurgir del desastroso movimiento de las dunas, donde fue tragado. Desde entonces, él se ha pegado sobre todo a los pequeños proyectos, películas de bajo presupuesto, que es probablemente donde su peculiar talento calza mejor (qué ahí se quede).

Pero sin duda, su obra no es apreciada a la primera. Y un buen cinéfilo, falto de egocentrismo intelectual, sabe y reconoce que valorar las obras de Lynch, se trata de un gusto adquirido.

El viaje infinito de ‘Dune’

“Es el momento de empezar cuando hay que cuidar atentamente que los equilibrios queden establecidos de la manera más exacta. Y esto lo sabe bien cada hermana Bene Gesserit. Así, para emprender este estudio acerca de la vida de Muad’Dib, primero hay que situarlo exactamente en su tiempo: nacido en el 57º año del Emperador Padishah, Shaddam IV. Y hay que situar muy especialmente a Muad’Dib en su lugar: el planeta Arrakis. Y no hay que dejarse engañar por el hecho de que nació en Caladan y vivió allí los primeros quince años de su vida. Arrakis, el planeta conocido como Dune, será siempre su lugar”.

Con este extracto del ‘Manual de Muad’Dib’, escrito por la Princesa Irulan (la hija del emperador Shaddam IV), comienza ‘Dune’, la emblemática novela que Frank Herbert (1920-1986) publicó hace medio siglo. Y que no sólo ha soportado de manera impecable el paso de las décadas, sino que además marcó el inicio de una de las sagas más importantes de la literatura de ciencia ficción. Y por qué no decirlo, de la literatura del siglo XX.

Desde su primera edición en inglés, en 1965, ‘Dune’ ―ganadora de los premios Hugo y Nebula― se transformó casi de inmediato en un fenómeno de las letras y en un título que fue uniendo generaciones con el paso de los años. Sin embargo, su masificación no se concretaría sino hasta 1984, cuando llegó al cine su adaptación cinematográfica de la mano de David Lynch. Un proyecto tan ambicioso como incomprendido en su minuto, pero que estaba destinado a transformarse en una cinta de culto.

Sin embargo, más allá de esa incursión cinematográfica, ‘Dune’ representa una monumental historia que se proyectó a lo largo de cinco volúmenes más: ‘Mesías de Dune’ (1969), ‘Hijos de Dune’ (1976), ‘Dios Emperador de Dune’, (1981), ‘Herejes de Dune’ (1984) y ‘Dune: Casa Capitular’ (1985). Y que fueron dando forma a un complejo universo a miles de años de distancia en el futuro, donde el poder reside en antiguas familias de la nobleza, como la Casa Atreides o la Harkonnen. Además de la figura de un emperador que gobierna sobre miles de millones de personas en diferentes mundos, en este caso, Shaddam IV, quien al igual que sus 80 predecesores, basa su poder en las brutales y fanáticas legiones Sardaukar.

Pero también existen otros poderes tanto o más importantes, como las matriarcales hermanas Bene Gesserit, maestras absolutas en el campo de la manipulación genética; la Compañía CHOAM, corporación que controla todos los asuntos económicos del espacio conocido; o la Cofradía Espacial, que tiene el monopolio de los viajes interestelares gracias a sus Navegantes, quienes pueden “plegar el espacio” y así guiar enormes naves a través del cosmos sin el uso de computadoras.

En este contexto aparece el planeta Arrakis, un desértico mundo habitado por los enormes gusanos que viven bajo la arena y que producen la sustancia más valiosa del universo: la melange. Una especie cosechada en la superficie de este desértico planeta que tiene la capacidad de prolongar la vida en cientos de años y que permite a los Navegantes de la Compañía CHOAM guiar a los enormes cargueros por las rutas más seguras, pero que también es una droga que genera una fuerte adicción.

Precisamente es hasta Arrakis donde llega la noble familia Atreides, encabezada por el duque Leto, para hacerse cargo de este “feudo espacial”. Una jugada política que obliga a la casa rival, los Harkonnen, a abandonarlo a regañadientes. Sin embargo, a poco andar, Arrakis será el fatal escenario de la caída de la Casa Atreides producto de complejas maquinaciones y conspiraciones políticas. Una cadena de acontecimientos que acabará poniendo a su único heredero, Paul, en el camino de convertirse en Muad’Dib, el mesías que aguardan los fremen, la única tribu originaria de Arrakis.

El arrastre que esta saga generó en diversos públicos, especialmente entre los universitarios de esos años, fue definitivo. Es que el universo de ‘Dune’, al igual que la Tierra Media de Tolkien o los reinos  fabulosos de Robert E. Howard, es una realidad en sí misma. Un lejano escenario futurista en el cual la existencia de estas casas reales tiene su propia lógica, donde no existen formas de vida no humanas ni robots ni computadores (o cualquier otra forma de inteligencia artificial).

Pero el fallecimiento de Frank Herbert, apenas un año después de publicar el sexto tomo, dejó caer sobre su monumental obra un manto de incertidumbre. ¿Llegaba a su fin esta saga llena de intrigas palaciegas futuristas, batallas a escala espacial y tragedias propias de Shakespeare?

El relevo

La partida de Herbert dejó un profundo vacío en el ámbito de la literatura de ciencia ficción y en el corazón de sus lectores. Y durante casi una década el mayor de sus tres hijos, Brian, se convirtió en el epicentro de los rumores sobre un séptimo libro ambientado en el universo de ‘Dune’. La esperada continuación de ‘Casa Capitular’.

Sin embargo, Brian se dedicó durante cinco años a un proyecto diferente: ‘Dreamer of Dune’, una exhaustiva biografía de su padre. Y sólo después de concluir dicho proyecto ―a través del cual conoció mejor a su padre, al autor y a su obra―, por primera vez consideró la posibilidad de entrar al mundo de ‘Dune’. Pero no sería una secuela, sino un precuela ambientada 10.000 años antes de los acontecimientos de ‘Dune’: “La época de la JihadButleriana, la legendaria Gran Revolución contra las máquinas pensantes. Había sido un período mítico de un universo mítico, un período en el que se habían formado casi todas las Grandes Escuelas, incluidas la Bene Gesserit, los Mentats y los Maestros Espadachines”.

Apenas se supo la noticia, diferentes escritores y editores empezaron a contactarlo. Sin embargo, fue a través de Ed Kramer, editor e impulsor de convenciones de ciencia ficción y fantasía, que Brian Herbert conoció a Kevin J. Anderson. Un escritor con trayectoria que tenía un profundo conocimiento de la obra de Frank Herbert. Ambos congeniaron y tras obtener la aprobación de la familia, se abocaron al proyecto de escribir una precuela de ‘Dune’. Pero tras numerosas conversaciones, Brian y Kevin acordaron que el nuevo libro no estaría ambientado en un lejano pasado, sino más cerca de la novela original y que trataría sobre “la historia amorosa de los padres de Paul, el envío del planetólogo Pardor Kynes a Arrakis, los motivos de la terrible y destructora enemistad entre la Casa Atreides y la Casa Harkonnen, y muchos más”, escribió Brian Herbert.

A comienzos de mayo de 1997, el proyecto ya había tomado cuerpo. Entonces, algo inesperado ocurrió. Brian recibió el llamado de un abogado que se había encargado de asuntos relacionados con sus padres, quien le informó que habían aparecido dos cajas de seguridad en un banco de Seattle, pertenecientes a su padre. Cajas cuya existencia él y su familia desconocían. De modo que  concertó una reunión en el banco y ambas cajas se abrieron en su presencia. En su interior se escondía un verdadero tesoro: una serie de documentos y disquetes anticuados que incluían numerosos apuntes para ‘Dune 7′, la secuela de ‘Casa Capitular’.

A pesar de aquel valiosísimo descubrimiento, Brian Herbert y Kevin J. Anderson se lanzaron a explorar y ampliar el pasado del universo de ‘Dune’. Primero concretaron la trilogía/precuela que revisaba la juventud de los protagonistas de ‘Dune’, básicamente el duque Leto Atreides y el barón Vladimir Harkonnen: ‘Dune: La Casa Atreides’ (1999), ‘Dune: La Casa Harkonnen’ (2000) y ‘Dune: La Casa Corrino’ (2001).

Luego viajaron mucho más atrás en el tiempo para su segunda trilogía/precuela, en la cual contaron en detalle la guerra entre las máquinas pensantes y los seres humanos: ‘Dune: La JihadButleriana’ (2002), ‘Dune: La Cruzada de las Máquinas’ (2003) y ‘Dune: La Batalla de Corrin’ (2004).

Desde entonces, ambos autores no sólo han sido los “guardianes” del legado de Frank Herbert. También han sido los responsables de seguir poblando su universo con nuevas obras ―precuelas y secuelas―, muchas veces entrecruzadas con los seis libros originales. ¿Y qué pasó con los apuntes para ‘Dune 7’? Se convirtieron en ‘Cazadores de Dune’ (2008) y ‘Gusanos de arena de Dune’ (2009), cronológicamente ubicados después de ‘Casa Capitular’.

Su lugar en la historia

A pesar del incuestionable peso que tiene la saga de ‘Dune’, el mundo parece estar todavía esperando su redescubrimiento. Es que desde la exitosa adaptación que Peter Jackson hizo de la trilogía de ‘El señor de los anillos’, de J.R.R. Tolkien, tanto el cine como la televisión han estado buscando un éxito similar.

De momento, a nivel cinematográfico, sólo sagas juveniles distópicas como ‘Los juegos del hambre’ o ‘Divergente’ han demostrado ser apuestas exitosas. Lo que ha llevado a muchos a considerar que el formato televisivo es el más apropiado para desarrollar historias de largo aliento.

‘Canción de Hielo y Fuego’, la saga de fantasía épica adulta de George R.R. Martin, es un ejemplo de eso. Y de cómo cinco extensos libros ―todavía faltan dos más por publicarse― pudieron servir como base para una de las series más exitosas de HBO en los últimos años. Precisamente eso es lo que impulsó al streaming AppleTV a “jugarse” por otro proyecto igual de ambicioso y que otras habían intentado adaptar: nada menos que ‘Fundación’, la saga de ciencia ficción de Isaac Asimov.

‘Dune’ camina por el mismo sendero que ‘Canción de Hielo y Fuego’, en términos de la complejidad de su trama, cantidad de personajes y tono claramente adulto. Una historia que podría gozar de una adaptación más fiel en temporadas de 12 o 13 episodios. Bastaría con que una cadena de televisión decidiera tomar el riesgo de filmarla y darle la masividad a escala planetaria que tuvo‘Juego de tronos’.

Es cierto, ya hubo un intento de eso: ‘Frank Herbert’sDune’, miniserie de tres capítulos producida por New Amsterdam Entertainment, Blixa Film Produktion y Hallmark Entertainment, y transmitida por Sci Fi Channel en 2000. Su éxito discreto permitió obtener “luz verde” para una secuela titulada ‘Frank Herbert’s Children of Dune’, cuya trama reunió los acontecimientos de segundo y tercer libro de la saga.

Entre sus actores protagónicos estuvieron William Hurt, Alec Newman, Giancarlo Giannini y Susan Sarandon. Pero todo eso no fue suficiente y el proyecto acabó ahí. Tal vez porque la televisión, las audiencias y la forma de contar historias han cambiado mucho entre comienzos de siglo y la actualidad.

Tal vez eso sea lo que le falta a ‘Dune’: un conocimiento y difusión masivos. Una visibilidad a escala mundial que bien podría traducirse en un fenómeno similar a la saga de Martin. ¿Cómo sería una colección de figuras de acción con personajes como Duncan Idaho, Lady Jessica, Gurney Halleck o el barón Vladimir Harkonnen? ¿O detalladas esculturas para coleccionistas como las de la serie ‘The Walking Dead’? ¿Y qué hay del cosplay? ¿Qué impacto tendría llegar a una convención vestidos como el emperador Shaddam IV o como una hermana Bene Gesserit?

‘Dune’ es y seguirá siendo una piedra angular de la ciencia ficción. Una novela que se prolongó en el tiempo a través de cinco libros más y que hoy sigue creciendo en manos de sus herederos. Nada mal para tener medio siglo de vida.

Master Class de Denis Villeneuve sobre ‘Dune’: “Este proyecto ha sido el mayor reto de mi vida”

*Traducción y transcripción por Kobato.

Como parte de las actividades del pasado Shanghai International Film Festival, el director Denis Villeneuve ofreció una Charla Magistral de casi una hora de duración sobre su rodaje y finalización —aún en ascuas— de ‘Dune’.  Desde Montreal, el cineasta canadiense conversó en cámara —en una Master Class vía streaming—, con la periodista Tanya Lapointe, además de autora de ‘The Art and Soul of Blade Runner 2049’ y ‘The Art and Soul of Dune’; acreditada como productora en IMDb de ‘Dune‘ y, valga la anotación, pareja del director.

En NerdNews transcribimos y tradujimos está charla disponible en YouTube, para que puedas saber de primera fuente, en qué etapa va la realización de esta esperada superproducción.

Denis Villeneuve es considerado por críticos y aficionados como un temerario, y eso se reafirma con su ambicioso y complejo proyecto de adaptación de la novela ‘Dune’ de Frank Herbert.

Sin embargo, lo que el grueso de ese público no siempre sabe es que Denis Villeneuve estaba destinado a trabajar en esta película desde que era un niño, cuando era un pequeño tremendamente asustado del mundo, que inventaba historias para lidiar con sus ansiedades. “(…) lidiaba con muchos miedos y le tenía mucho miedo al mundo. Y mientras me iba a dormir, la única forma en que podía dormir era comenzar a diseñar historias en mi mente y comenzar a crear mundos para ir cada noche” dice el director, quién además nos cuenta sobre el proceso de filmación de este gran proyecto, de sus influencias, de su relación con los CGI, entre otras cosas muy interesantes que llenarán aquellas esquinas desconocidas de un talentoso realizador.

—Estamos ahora en Montreal, y trabajas en ‘Dune’ de forma remota como todos hasta ahora. ¿Cuál ha sido el impacto de la pandemia en tu proceso?

Así es, estoy trabajando en ‘Dune’ ahora. La película estaba casi terminada y casi terminamos de filmar. ‘Dune’ es en lo que estoy trabajando ahora y ha sido hecha de forma inusual; hicimos las tomas importantes y edité esa parte de la película. Planeaba volver a filmar otros elementos de la película después porque quería hacer algunos ajustes. Necesitaba tiempo y es un lujo que tuve ya que, en su momento, no sabía que habría una pandemia. Cuando el virus llegó a EEUU, estábamos por regresar a esos elementos así que el impacto fue en mi calendario y tendré que correr para terminar la película a tiempo. Nos permitieron volver a filmar esos elementos en unas semanas, pero se suponía que lo haríamos antes. Significó además que debimos finalizar algunos elementos de la película como la edición o efectos especiales estando en Montreal al tiempo que mi equipo está en Los Ángeles.

Puedo decir, como director que hay algunas cosas que se pueden hacer de forma remota gracias a la tecnología, como toda la supervisión del equipo de efectos especiales, que fue algo muy sencillo, y me sentí muy cómodo haciendo esto, pero editar, creo que la lección principal para mí es que pensé que podría ser sencillo hacerlo a la distancia, mis editores estaban trabajando virtualmente, a distancia, pero editar es como hacer música con alguien y necesitas estar con esa persona en la habitación. Hay algo importante en la interacción humana como la espontaneidad, la energía y eché de menos no estar en la misma habitación que mi editor.

Como artista, no estar en la misma habitación que mi editor es algo muy doloroso y eso es porque el editor al trabajar la película es como un psiquiatra porque lidia con mi ansiedad, mis ataques de pánico, mis miedos y mis alegrías. Creo que, en el futuro, en el caso de que algo así pase de nuevo, me aseguraré que mi editor esté cerca de mí. La edición es algo muy importante del proceso para mí, posiblemente la parte más importante. Es el momento en que reescribes la película de algunas maneras pues la filmación, la edición y la escritura es algo que mejora la historia. Porque, con la edición, hay algo en el hecho de que tienes todo el alfabeto delante de ti. Todas las palabras están definidas, tienes todas las imágenes y allí no tienes que luchar contra la luz del sol, o los vientos de nuevo, sobre el dolor de cabeza de un actor, es como allí bien, tienes todos los elementos y hay tanta creatividad. Es increíble cómo puedes transformar las cosas, cómo puedes crear un miedo, alegría, tensión, en el montaje. En la sala de edición es algo que… por eso estoy un poco traumatizado por trabajar lejos de mi editor.

También estás trabajando con el compositor Hans Zimmer y mencionó de la intimidad de la creatividad es algo muy importante porque también estás trabajando a distancia con él.

Es lo mismo con el compositor y el reflejo, es que estamos trabajando juntos y las películas también sufren. No es que no lo estemos, pero es verdad. Es como cuando escuchas música o a alguien cantando. Sientes el lenguaje corporal, sientes la energía de la persona que está a tu lado, lo entiendes. Hay cosas en las que no pueden mentir, hay cosas que hay algo “uh” que hay un “um”. No es sólo un proceso intelectual. Es la intuición. Es como una percepción, puedes sentir que hay cosas. El impacto de la película o el impacto de la música cuando estás en la misma habitación, por eso es tan importante para mí cuando la edición está tan avanzada y la película está casi terminada, editar las películas casi terminadas para mostrárselas a la gente a una audiencia real y sentarme con ellos. Es genial que aprendas tanto haciendo esto. Algo que no miente, ves la fuerza, ves el poder de la película. También ves las debilidades y tienes que ser humilde y es muy doloroso para el ego, pero por eso mismo, es necesario pasar por este proceso. Te dice muchas cosas y no puedes hacerlo de manera remota.

— ¿Pero ha resultado bien con los efectos especiales?

Sí. La cosa es que, una de las claves es porque estoy trabajando con un maestro: Paul Lambert (‘Blade Runner 2049’) que tiene una sensibilidad muy similar y la cosa es que el VFX es un proceso. No es que no sea tanto editar como tocar música juntos. El VFX es más un proceso en el que respondes a algo que estás viendo y luego cuando das instrucciones y luego vuelve una o dos semanas después así que… Es realmente un proceso en el que es bueno tener una mente fresca. Es bueno tener una distancia porque necesitas esa distancia para tener una reacción espontánea. Así que fue un éxito.Necesitas el equipo adecuado pero fue bastante bien hasta ahora, diré que el trabajo que estamos haciendo en ‘Dune’ ahora mismo.Tengo la mejor tripulación del mundo y estoy muy orgulloso. Es algo que me animó de una manera que tenemos… uh, tuve reuniones con mi tripulación de VXF en una base diaria. Sí, tenemos esas reuniones, una hora de trabajo todos los días por internet.

Y es algo que he estado viendo en casa, compartiendo con ellos, las mismas imágenes, en las proyecciones profesionales y es un proceso que me ayudó a pasar por la pandemia viendo como las tomas están evolucionando viendo todo el trabajo que ha sido hecho por todas esas personas que están esparcidas un poco por todo el mundo, sabes. Porque todos esos artistas VFX estaban como en Vancouver o Los Ángeles, Montreal o algunas personas en Europa y en Asia; en todas partes. Así pude ver todos los esfuerzos humanos que, cada individuo del equipo hizo desde sus hogares, pero desde mi casa.

LA DUNE DE HERBERT

—Vamos a sumergirnos en el mundo de ‘Dune’ con la adaptación de la novela de 1965 escrita por Frank Herbert ¿cómo acabaste dirigiendo la película? ¿Y qué pensaste de la presión y el desafío que viene con este proyecto?

La verdad es que este libro llegó a mis manos cuando tenía 13 o 14 años y fue por coincidencia. Yo era un adolescente y recuerdo la primera vez que vi la portada del libro en la biblioteca. Y adoraba leer esos libros, siempre buscando nuevo material. Como era muy bueno en ciencias, comenzaba a sentirme maravillado por la ciencia-ficción y me sentí atraído por esa portada con ese hombre con esos ojos azules. Aún lo tengo. Es el libro original,  y lo recuerdo. Recuerdo leer la contraportada y me golpeó, me sumergí en el libro y lo devoré. Me leí todos los libros de la saga, y este mundo… su complejidad, su belleza, la riqueza de sus culturas, la forma en que describen todo contando la historia de un chico que dejaba este mundo, adaptándose a una nueva realidad teniendo la humildad de abrazar esta nueva cultura para ver su desarrollo y sobrevivir esos ambientes. Eso me conmovió mucho. Y también para un niño yo estaba como, pensé que era lo peor que el libro estaba diciendo acerca de la política, de la economía del mundo, están tratando con la explotación de los recursos naturales, destruyendo el medio ambiente. Y para mí era un libro muy complejo y poderoso que cuenta una historia universal. Es muy fuerte y aborda temas muy complejos que importan en los mismos tiempos.

Honestamente, se convirtió en mi libro favorito de la época. Me encantó profundamente. Me sentí totalmente enamorado y se quedó conmigo a través de los años y se quedó como una especie de… algo como un sueño. Me decía a mí mismo un día: Me encantaría llevar esto a la pantalla.Cuando empecé, y por supuesto en el momento en que empecé hacer películas, estaba en Canadá con presupuestos más pequeños, la ciencia ficción estaba fuera de mi alcance. Pero cuando aterricé en Hollywood, empecé a hacer películas con mayores presupuestos y la gente no dejaba de preguntarme cuál sería el proyecto de sus sueños. ¿Qué te gustaría hacer? Y yo seguía diciendo que me encantaría hacer ciencia-ficción y mi objetivo era hacer ‘Dune’ y por casualidad Mary Parent y Kell Boiter de Legendary, consiguieron los derechos y me llamaron. Probablemente fue el encuentro más corto que he tenido en mi vida. Dijimos “hagámoslo”. Es como si desde el principio sintiera que teníamos que compartir la misma sensibilidad sobre el libro y lo que debería ser la historia. Fue una colaboración muy estrecha y este proyecto ha sido el mayor reto de mi vida.

— ¿Tuvo influencia en otras películas que has hecho a lo largo del tiempo?

Diré que aumentó el deseo de estar en contacto con la infinidad del desierto. La forma en que Paul (Atreides), hay algo en el desierto donde el impacto del vacío en el paisaje, el impacto del silencio que trae, se convierte más en un viaje interno, se convierte más en un viaje subconsciente, por lo que significó para el personaje, ir a lo profundo del desierto, y nos vamos a adentrar más en él. Eso es algo que está en el libro y a través del libro, lo entendí. El impacto del paisaje en el alma humana y lo intenté en mi anterior trabajo, mi primera película es sobre un hombre y una mujer que se enamoran en medio del desierto o que, de hecho, no se enamoran en medio del desierto. No es una coincidencia. Es todo lo que está relacionado con el deseo de ver el impacto del paisaje en los humanos, la emoción que la naturaleza provoca en nosotros y creo que en mi primera película hay una duna en el mar, en una película que rodé en Jordania, mi primer largometraje, una adaptación de ‘La mujer que cantaba’, obra de teatro escrita por Wajdi Mouawad. Es una película que abarca un poco del desierto y mientras filmaba ‘Incendies’ en Jordania, lo recuerdo porque había explorado el lugar. ‘Incendies’, es una película que se desarrolla en una especie de movimiento en un extraño país de Oriente Medio, un país que no existe, pero que intenta representar lo que debería ser, el Líbano en un cierto periodo de la historia. Al pasar por Jordania, paseé por todo el lugar, y descubrí Jordania, y mientras veía el desierto por allí, recuerdo que me dije que posiblemente no era un buen lugar para hacer ‘Incendies’,  pero a la vez, que sería insanamente hermoso para ‘Dune’. Y un día, si alguna vez hago ‘Dune’, volveré aquí y lo hice…así que, ‘Dune’ ha estado presente, de alguna manera, en mi trabajo desde hace mucho tiempo.

EL CAST

—Hablemos del proceso de casting y el trabajo con los actores ¿Cómo lo haces? El proceso de casting, de la calidad particular que buscas en un actor y si pudieras usar ‘Dune’ como ejemplo, pero también otras películas…

El casting es algo muy estresante para mí, pero a la vez muy emocionante. Hay mucha tensión porque necesitas encarnar un personaje que le dé vida y palabras a un personaje, más importante, que para encontrar musas necesitas encontrar personas que desencadenen las ideas dentro de ti y personas que desencadenen tu creatividad. No fue un proceso fácil para ‘Dune’. En realidad fue un proceso largo, pero al mismo tiempo muy interesante porque me encanta que la mayoría de mis primeras elecciones estuvieran disponibles y listas para saltar al proyecto. Debido a la naturaleza del proyecto por ‘Dune’, sabes que es una saga como una especie de leyenda. Y la gente estaba tan convencida de que no era difícil convencer a la gente para que se subiera a bordo.

Timothée Chalamet fue mi primera elección al principio. Sólo había un Paul Atreides ahora mismo para mí y había un nombre en la lista.

Conocí a Thimothée y ambos acordamos espontáneamente que trabajaríamos juntos. No fue difícil convencerlo, por varias razones: primero, es un actor fenomenal, tiene mucha profundidad, alguien muy maduro para su edad, porque Paul Atreides es toda un alma en un cuerpo joven y lo necesitaba. Timothée como que en primer lugar, se ve mucho más joven de lo que es. A veces miro en la cámara y se ve como de 15 años de edad. Es muy impresionante que de joven se vea hasta los 23 años o algo así. Eso fue muy útil porque tenía en los ojos algo más viejo y ya… habrá alegría por su edad. El contraste es muy importante y también tiene características que me recuerdan a las estrellas de cine de la vieja escuela de Hollywood. Es una verdadera estrella de cine, tiene ese carisma loco, si pones a Thimothée frente a una cámara, es una explosión, la cámara lo agarra con facilidad, necesitaba ese carisma, porque Paul, en un principio, es un hombre joven y se elevará para convertirse en un líder, en un portador. Sí, yo necesitaba alguien que tuviera el carisma de un líder y a la vez, la capacidad de ser inesperado: que sabe algo y actuar como que no lo sabe, pero a la vez ser una estrella de rock. Necesitaba a alguien capaz de interpretar las distintas capas que posee Paul.

Podría hablar de cada uno de los actores, pero tardaría unas tres horas en hacerlo. Trataré de hablar de algunos más.

Hubo muchos actores como Jason Momoa que fue elegido por una razón, porque quiero decir, Jason tiene una muy buena relación con la aventura y posee una elegancia en la pantalla y al mismo tiempo tiene esa fantástica sonrisa y ese loco carisma en la cámara que es como un bailarín de ballet cuando lucha, por lo que retrató a uno de los mejores luchadores de la galaxia, Así que necesitaba ese tipo de elegancia de caballero y de bravuconería y sentido del humor. Jason fue el héroe perfecto para la oportunidad. A la hora de trabajar con Josh Brolin, él es un actor con el que he trabajado en el pasado y quería volver a trabajar con él.Le quiero como actor y como poeta e interpreta a Gurnley Halleck, que es un luchador y un poeta gruñón. Y aunque su personaje sea gruñón será un poco crudo, hay algo que necesitaba que entendamos. Es el mejor amigo de Paul y necesitaba ese carisma y quería trabajar con Josh de nuevo porque es fenomenal.

También quería trabajar con Oscar Isaac, porque encaja totalmente en la descripción del ‘Duque Leto’ (Atreides) y es uno de los mejores actores que trabajan hoy en día, así que estaba deseando trabajar con él. Está Stephen Anderson que interpreta a un ordenador humano. En ‘Dune’ no hay más ordenadores, los humanos están decididos a dejar de lado los ordenadores y en su lugar trabajar con sus cerebros, lo que creo que deberíamos hacer. La cosa es que yo quería a un actor que tuviera mucha inteligencia en los ojos y que al mismo tiempo fuera como un osito de peluche quería, la espontaneidad con la que amamos a Stephen (McKinle), queremos abrazarlo cuando lo vemos en pantalla.

Una actriz que, elegí espontáneamente de inmediato después de Timothée, fue Rebecca Ferguson, por muchas razones. Es una artista increíble Necesitaba una actriz que fuera capaz de retratar las diferentes capas de un personaje tan complejo para interpretar, como es la Dama Jessica (Integrante de la Orden Bene Gesserit, concubina de Leto Atreides). 

Con Charlotte Rampling quise trabajar por mucho tiempo, y lo cual llega algo legendario  para mí, fue trabajar con Stellan Skarsgård, uno de mis actores favoritos. David Dastmalchian es un viejo amigo mío y quiero que participe en todas mis películas porque lo amo profundamente y su forma de crear personajes.

Con Dave Bautista, es lo mismo. Trabajé con él en ‘Blade Runner 2049’ y no pensé en nadie más para interpretar a Rabban la Bestia y Dave… es el humano más dulce de la tierra, pero es tan aterrador que pensé que sería perfecto para el papel, es un actor que me conmueve profundamente. Con Chang Chen es un actor que sigo desde Wong kar-wai en los ’90 y siempre me ha conmovido profundamente por su naturalismo y es uno de los mejores actores de hoy en día.

— ¿Cómo fue trabajar con él? Y con los actores en general. ¿Cómo se dan las notas? ¿Cómo los diriges una vez que estás en el set?

Hay dos cosas primero. La preparación es muy importante, todo el trabajo intelectual que tengo que hacer antes del rodaje.

Me encanta pensar que, en un mundo perfecto, asegurarme con la idea de que todo está claro y los diálogos y las escenas también. Desde un punto de vista intelectual, todas esas discusiones,se deben preparar, así que, en como estoy haciendo, respecto a la preparación de la película: tengo reuniones con los actores,hablo con ellos acerca de los personajes la lógica y hacer cambios.Y no le tengo miedo a hacer los cambios.

Si creo que un actor tiene una mejor idea en la preparación y sobre el flujo de diálogos, los diálogos, muy a menudo las cosas son y es normal porque tienes que transmitir estas ideas en una pantalla en una página, pero cuando ves a un actor, y miras a sus ojos y sólo en sus ojos, a veces las cosas se pueden transmitir de una manera nueva. Así que es un proceso natural que hago con los actores, cuando estos son toda la parte intelectual se hace cuando estoy en el set, trato de centrarme realmente en la visceralidad de la escena sólo siendo las emociones y dirigiéndose a través de su camino emocional.

Y trato de no ser demasiado cerebral porque siento que está en el camino de las emociones y siento que al final del día estamos viendo a un ser humano que evoluciona a través de una escena, y el impacto de esa escena en este humano que la mayoría de las veces, están ahí desde un punto de vista personal, las ideas están ahí porque han sido instaladas en la escena por el actor. Mi manera de trabajar es que trato de dar al actor tanto como el espacio es posible.

Me gusta asegurarme de trabajar en lugares reales, tanto como sea posible. No es que no prefiera el CGI, sólo creo firmemente que, el escenario debe tener un impacto en el proceso creativo de los actores. Qué sepan que hay una puerta allí, que hay un sofá, el color de la habitación, la luz interactuando con la luz. Si hay plantas, son todas las cosas que desencadenan las ideas en la imaginación. Creará una tensión dentro de él, creará presión o lo contrario de la libertad, entonces estoy allí para observar,y cuando estoy en el set, escuchar las ideas desde un principio. Necesito ser un buen oyente para escuchar al actor para ver cuál es su intuición, a veces tienen muy malas ideas y yo simplemente las descarto y a veces llegan mejores ideas que las mías. Y luego trato de escuchar y tiendo a ver que es un equilibrio que estoy tratando de alcanzar. Algunos actores o actrices también tienen mejor intuición. Es normal… Es un proceso. Es una inspiración que no puedes, no es la ciencia. Es como algo que debes ser sensible y pensar que un buen director es alguien que sabe escuchar bien.

Creo que cuanto más dirijo a los actores, más siento que, hay que dejar una ventana de libertad, que tienes que permitir ese espacio, porque ahí es donde a veces hay una idea muy poética de que pueden llegar al día y que honestamente, creo firmemente en eso. Sí, así que no hablo necesariamente de improvisación, sino que hablo de espacio para crear.

INFLUENCIAS

—Si repasamos tu carrera en un sentido más general, ¿hubo algún director que marcó un rol vital en ti como cineasta? ¿Estas películas han sido orientadas desde ti mismo? ¿Hay películas que han influenciado tanto tu vida, que las has traído aquí?

Hay una docena de cineastas que me impactaron. Muchos. Y es como que cambió el curso de mi vida. Uno de los primeros cineastas que descubrí y que aún hoy tiene un impacto en mí es Steven Spielberg.

Descubrí por qué, porque yo era de un pequeño pueblo donde la mayoría de las películas que llegaban a la pantalla grande eran películas americanas, y había algo diferente en ciertas películas y me di cuenta de que había un nombre adjunto a ellas. Ese nombre significaba que esta película tendría cierta calidad, que tendría cierta sensibilidad, y que esa persona tenía un trabajo y ese trabajo era ser director, y su nombre era Steven Spielberg.

Y cuando me di cuenta de que empecé a ver, el ‘making of’ y a entender la fuerza del poder de ese trabajo, y a través de Spielberg, una de mis primeras películas favoritas fue ‘Encuentro cercano del tercer tipo’. Y en esta película, Spielberg tenía el personaje que fue retratado por François Truffaut,  que es un director francés. Descubrí una nueva ola francesa a través de los extraterrestres… Quiero decir, ‘Encuentro cercano del tercer tipo’ es una película sobre alienígenas y acabo de descubrir a ese director francés que fue parte del movimiento cinematográfico más importante de la historia del cine: ‘La Nueva Ola Francesa’.

Descubrí a François Truffaut, a Jean-Luc Goddard. En las películas de Truffaut había una sensibilidad, este amor por los seres humanos. Hay algo sobre el amor en las películas de François Truffaut. Es un director que para mí es alguien que tiene una especie de empatía que amo profundamente.

Y de Spielberg, por supuesto, creo que aún hoy es el mejor director vivo de la industria cinematográfica, es un genio; cómo puede diseñar una escena y crear una escena con actores, y el trabajo de cámara es tan inteligente e impresionante. Todavía hoy reviso sus películas muy a menudo. Es muy impresionante. Luego de François Truffaut descubrí a Godard, que es un director que es todo inteligencia, juguetón, provocación, y el deseo de provocar.

Era un hombre joven, quería ser arrogante, así que me sentía interpretado con su cine. Descubrí muchos directores a través del tiempo, pero los otros dos que me impactaron fueron Stanley Kubrick por razones obvias.  Cuando descubrí su cine, un nivel de precisión, pureza y equilibrio entre emociones e inteligencia, la poesía cinematográfica de Kubrick está en algún lugar del cielo.

Y el otro, es Ingmar Bergman. Él para mí fue un masivo choque estético. Bergman por la forma en que fue capaz de acercarse al alma humana, la forma en que fue capaz de llegar a lo profundo de la conciencia humana, y su honestidad sobre la humanidad.

Y hay muchos otros como Ridley Scott, para mí, ‘Blade Runner’ fue como un gran y masivo choque estético, y creo que en francés llamamos ‘plasticista’ a alguien que es capaz de crear el mundo visual. Creo que Scott con Kubrick es probablemente los mejores,están de pie en otra galaxia, para mí es realmente muy fuerte.

También hay toneladas de tipos contemporáneos que admiro profundamente en este momento. No hablo sólo de directores franceses como Jacques Audiard, uno de los mejores directores de hoy, también del griego, Yorgos Lanthimos.

Christopher Nolan, creo que es alguien que está fuera de alcance, alguien que siento que es capaz de hacer cosas que pocos directores son capaces de hacer, de trabajar a nivel de tamaño de los proyectos y capaz de mantener su identidad viva. Soy probablemente el mayor, mayor fan de Christopher Nolan en el planeta en este momento.

Realmente hay muchos directores, pero hay uno que cuando hablo con una cámara siempre está conmigo; dos directores de hecho, sus nombres son: Pierre Perrault y Michel Brault. Son directores franco-canadienses de Quebec, directores de documentales.

Hicieron documentales en los años ’60 y ’70 en Quebec que me impactaron mucho. La gente verá sus películas y dirá que no tienen nada que ver con lo que hago. Es verdad, estoy muy, muy lejos de ellos, pero todavía hoy, siento humildad en la relación con la naturaleza, una voluntad de abrazarla, y de intentar sacar poesía de ella, y hay una sensibilidad en su película con la que sigo intentando mantenerme en contacto que todavía, hoy en día, trabajando en Hollywood, diré que Pierre y Michel, todavía están cerca de mí cuando trabajo, incluso si sé que odiarían lo que digo ahora, porque no les gustaba nada el cine de Hollywood. Odiaban Hollywood. No creo que les gustara mi película, pero los amo profundamente y tuvieron una gran influencia en mí.

— ¿Recuerdas la primera vez que viste una imagen de una película que quisieras hacer? ¿Cuándo nació el cine para ti?

Sí, pero antes de decirlo, muy a menudo la gente me pregunta cuáles son los cineastas que me han impactado mucho y siempre olvido la verdadera respuesta porque los cineastas me impactan profundamente. Nombraré dos: André Turpin, era joven en ese momento, joven director de fotografía, empecé a hacer películas con André, y recuerdo que su nivel de precisión y la forma en que se aproximaba a la realidad tuvieron un gran impacto en mí.

Y Roger Deakins. Cuando hablo de cineastas y directores necesito hablar también de Deakins porque es un artista muy conocido por su forma de ser un maestro de la luz. Pero para mí es más que eso.

Sí, es el mejor con la luz y la cámara. Pero también es un loco narrador de historias. Hice tres películas con Roger y a veces la gente me pregunta por qué. Y la verdad, estar con Roger es puro placer narcisista. Me encanta trabajar con Roger porque cada toma es una lección para mí. Compartimos una sensibilidad extrañamente similar. Digo extrañamente porque para mí, él es un maestro, como una especie de Dios.

Sigo pensando que aunque es un amigo cercano, lo admiro profundamente. Tenemos algo similar en la forma en que nos acercamos a la realidad. Es un proceso muy fácil entre nosotros para hacer el trabajo de cámara y acercarnos a los relámpagos y las cosas.Y al mismo tiempo estoy trabajando con un maestro, así que tengo el profundo placer de estar en la escuela aprendiendo, y por eso espero tener la oportunidad de trabajar con él de nuevo porque siento que tengo muchas cosas que aprender sobre el cine, y trabajar con Roger es el más grande privilegio que he tenido en mi vida.

—En realidad, Roger dijo: “Denis hace ese tipo de película que me atrajo al cine cuando era un niño”. Parece que ese tipo de relación los alimenta a ambos. ¿Cómo ha cambiado esa colaboración con el tiempo de una película a la siguiente? ¿Ha habido una progresión?

Definitivamente diré la verdad. Cuando hice el primer largometraje con Roger, honestamente tuve que matar al fan dentro de mí, tuve que aceptar la idea de que yo sería su director y tendré que dirigir a Roger Deakins. Los primeros días fueron muy incómodos. No soy de los que se impresiona fácil en la vida, pero hay algunos directores frente a los que soy tímido y Roger me impresionó demasiado. Desde la primera película nos hicimos muy amigos y después el proceso fue mucho más fácil. Roger es alguien muy exigente con otras personas y con él mismo. Tiene que ser Roger Deakins en cada momento, en cada toma y eso necesita ser un cuadro. Necesita ser perfecto. Tiene que ser perfecto, y hay presión con eso. Y esa presión a veces es algo que puede ser difícil para él y para su temperamento, y a veces me impresionó su estado de ánimo en el set. Ahora estoy totalmente acostumbrado a eso y me siento muy cómodo con Roger.

Siento que la colaboración fue cada vez más profunda en el proceso de diseño de la última película que hicimos juntos: ‘Blade Runner 2049’. Diseñamos la película juntos, me refiero a hablar del idioma porque necesitaba tiempo y me faltaba tiempo para hacerlo solo. Le pedí a Roger que viniera y me ayudara en ‘Blade Runner 2049’ a hacer un guion gráfico de toda la película, y fue, con mucho, el momento más creativo de mi vida. Estar en la habitación del hotel con Roger Deakins, el artista del guion gráfico y James y crear la película. Juntos. Fue como soñar con otra persona, fue un hermoso privilegio. Ambos terminamos acostumbrados a hacer juntos las películas, el uno con el otro y con nuestro instinto. Al punto que no tenemos que hablar muy a menudo, sólo nos miramos y lo sabemos. Se convirtió en una relación muy instintiva y pura, puedo decir.

—Volvamos al momento del nacimiento del cine en tu mente con esa primera imagen que sabías que querías convertir en película.

Les diré algo a ustedes, mis amigos en China. Algo que creo nunca he revelado porque es un poco vergonzoso, pero la verdad es que creo que comencé a dirigir películas cuando era niño. Tenía mucha ansiedad, era un niño que lidiaba con muchos miedos y le tenía mucho miedo al mundo. Y mientras me iba a dormir, la única forma en que podía dormir era comenzar a diseñar historias en mi mente y comenzar a crear mundos para ir cada noche. Recuerdo claramente haber pasado por episodios de películas que estaba diseñando en mi mente. Y creo que es realmente el nacimiento de esta idea de que las historias podrían ayudarme a lidiar con mi ansiedad y mi relación con el mundo, y creo que comencé en la infancia, porque desde muy temprano me atrajo la escritura. Pensé que podía escribir al principio. No creo que sea lo suficientemente bueno para eso, pero descubrí el trabajo de director muy pronto y comencé a obsesionarme cada vez más con la idea de contar historias con una cámara. No tuve la oportunidad de tener una cámara en ese momento, no la tenía, pero estaba haciendo un guion gráfico. Tenía un amigo que era muy bueno.Él dibujaba, yo contaba historias y creábamos mundos desde muy temprano y era una forma de entender el mundo que me rodeaba y escapar a veces, probablemente así que sí, esa creo, es la forma en que comencé a hacer películas.

Y por cierto me disculpo. Con ese amigo, Nicolas Kadima, cuando teníamos 12 o 13 años o algo así, empezamos a hacer storyboards para ‘Dune’. Estaba soñando en ese momento, recuerdo haber leído el libro y empezamos, Nicolas estaba dibujando y todavía tengo esos dibujos. Nicolas dibujando a Paul Atreides y gusanos de arena, y ya soñábamos con eso cuando éramos niños.

DEL DRAMA A LA CIENCIA FICCIÓN

—Como decía, tienes la capacidad en tus películas para crear suspenso y orquestar el sentimiento de incertidumbre y ambigüedad en la mente del público. ¿Puedes hablar sobre los métodos visuales y de audio que adoptas para lograrlo, incluida la paleta de colores, el diseño de producción, el sonido, la cinematografía y la edición?

Lo que pasa es que sobre la tensión, a veces cuando la gente me hace la pregunta siempre siento que es realmente intuitivo y la respuesta siempre es un poco aburrida pero intentaré ser un poco más generoso esta vez.

Creo que uno de los elementos clave, para la tensión es que necesitas traer a la pantalla en la imagen algo con lo que la audiencia se relacione desde un punto de vista subconsciente, ese elemento traerá realidad, puede ser una luz, puede ser una planta, puede ser algo que hará que las tomas se sientan como en un sueño. Hay algo real allí, y la luz es muy fuerte para eso. Es por eso que soy un firme creyente que tratar de aportar tanto, por eso amo tanto a Roger.

Esta idea de traer tanta naturaleza frente a la cámara como sea posible, para que tu cerebro sienta que eso es lo que estás a punto de ver, podría ser real. Entonces necesitas inducir, en la mente de la audiencia, que hay algo que no ves, que está ahí. Y eso que deseas o a lo que le tienes miedo, pero tienes que aportar de alguna manera, puede ser alguna pista, sonido o una presión, con un movimiento de cámara que algo está por suceder o no.

Y luego como una olla en una estufa, te abrirás y esperarás a que hierva el agua y habrá un momento en el que el agua estará lo suficientemente caliente y hervirá, así que tienes que cortar porque ahí es cuando la tensión está al máximo. Entonces, para mí, se trata de la relación con la naturaleza, con el tiempo, por supuesto, y la capacidad de crear tensión en algo que no existe. Es realmente como un aspecto poético de la tensión proveniente de la ausencia de algo y pienso de nuevo que la mejor música para expresar la tensión es el silencio y creo que cuando puedes lograrlo, da mucho miedo.

—Al final de tu primer largometraje, ‘Un 32 août sur terre’,  de 1998, el protagonista aborda un avión de Quebec a Estados Unidos, que hoy parece un espejo de tu carrera de cineasta porque empezaste en Quebec y luego fuiste a hacer películas estadounidenses, entonces, ¿Cómo ha cambiado tu enfoque de la realización cinematográfica o ha cambiado con el tiempo porque comenzaste a hacer estas películas estadounidenses?

Totalmente. Creo que, en primer lugar, al principio era más alguien centrado en el trabajo de cámara, intentaba controlar demasiado las cosas, realmente estaba intentando… En primer lugar, mi primer largometraje fue muy arrogante al tratar de expresarme, existir para crear una identidad que, luego de dos películas me di cuenta que fracasó totalmente.

Frente a eso, decidí que tomaría las cosas de otra forma,  y entonces traté de no existir, pero de comunicar algo de una manera, en que me esfuerzo en ser más humilde, y ​​sólo estar ahí para la historia, en lugar de que la historia esté ahí para mí. No sé cómo decir lo contrario y simplemente poner mi ego en el lugar correcto, y hacer cine por amor al cine y no por intentar existir yo mismo. Ese fue el mayor cambio. También diría que mi relación con los actores cambió mucho. Al principio estaba aterrorizado,como muchos directores a la hora de comenzar a trabajar con actores, es completamente normal. Son una especie muy extraña. Y cuanto más trabajo con actores, más cómodo me siento, por lo tanto, me convierto en un mejor director, trato de escuchar más y de tener más control en lo que estoy haciendo, abrazando la idea de que no siempre tengo la respuesta. Creo que no estoy mal ahora para poder sentirme cómodo sin saber las respuestas.

Como director tienes que responder cientos de preguntas y ahora siento que puedo estar cómodo y puedo perdonarme por no tener las respuestas, ser amable conmigo mismo, simplemente relajarme y esperar a que la flor crezca. Incluso si hay 500 personas esperándote, y el sol se pone y el fuego está ardiendo, tienes que esperar a que la flor crezca y ser paciente y llegará, se abrirá pero debes ser paciente y para eso tienes que salir de la zona de ansiedad y volver a la creatividad.

Así que esas son las cosas que he aprendido a lo largo de los años y, por supuesto muchas cosas en el ámbito técnico.

‘Prisioners’ y ‘Sicario’ son tus primeras películas estadounidenses, y luego pasas a las películas de ciencia ficción con ‘Arrival’, ‘Blade Runner 2049’ y ahora ‘Dune’. La mayoría de la gente piensa que esto es un gran cambio, pero de hecho, a menudo dices que esto estaba alineado con tu pasión desde tu juventud.

Sí, es un buen comentario. La gente a menudo me dice cómo es que ahora estás en la ciencia ficción, ¿por qué vas allí? Como digo que no fui allí, volví a casa. Amo la ciencia ficción, mi sueño era hacer ciencia ficción desde el principio. Y creo que para hacer buena ciencia ficción debes dominar muchos elementos, y probablemente (la ciencia ficción)sea uno de los más complejos de dominar porque, es una forma y un género muy difícil. Y para poder hacer eso, necesitaba perfeccionar mis herramientas en otros géneros, para estar más cerca de la realidad, para profundizar en el sueño. Y también pude hacer ciencia ficción ahora porque tengo acceso a presupuestos más grandes. Y también porque ahora tengo más experiencia para poder trabajar con equipos más grandes, VFX con mayor complejidad. Nunca, nunca podría haber hecho ‘Dune’ como mi primera película. Estaría  muerto ahora mismo.

—Como lo mencionaste anteriormente, pero para ti es importante que estos mundos de ciencia ficción se filmen en lugares reales, no frente a una pantalla verde, y la tecnología ha evolucionado rápidamente. ¿Cuál es tu relación con los efectos visuales?

Lo que pasa es que las computadoras son herramientas muy poderosas. Pueden darnos alcance para muchas cosas, pueden crear mundos que no pudimos hacer por mucho tiempo. Digamos que en el pasado los directores y artistas visuales eran maestros y eran capaces de crear cosas con técnicas muy complejas que, hoy son 10.000 veces más fáciles con la ayuda del computador. Así que definitivamente diría que tenemos mucha más flexibilidad.

Ahora, el peligro de esto es que, personalmente, siento que al final del día el alma de la película está en las palabras y los actores y que para sacar lo mejor de ella, necesitas que los actores estén inspirados, y para estar inspirado creo que se necesita una cierta cantidad de realidad. Y cuando tengo que hacerlo, diré que personalmente no lo disfruto, a veces cuando trabajas en un entorno virtual es muy difícil, porque no es cierto que las ideas salgan de la nada.

Soy muy anticuado, respondo a la luz que enciende una mesa, a la posición de una silla en la habitación, a los actores que caminan hacia la ventana en cierta posición. Pero para eso necesitas una ventana, necesitas algo afuera, necesitas alimento para la imaginación, para la creatividad, y frente a una pantalla verde… necesitas presencia.

Es algo por lo que siempre lucharé como director, por tener la mayor realidad posible.

En ‘Dune’ creamos esos sets locos, eran enormes, pero teníamos que pensar en ello. Creamos un mundo, creamos un nuevo planeta, necesitamos algo material para poder crear eso y creo que estos entornos, esos entornos reales fueron útiles.Entonces, por supuesto, las computadoras pueden ayudarnos a extenderlas para hacer el mundo más grande, para que las cosas vuelen en el cielo, creo que sí, puedes hacerlo perfecto después, con la computadora. Pero el núcleo, los elementos que rodean a los actores deben ser reales.

—Como cineasta, cinéfilo, alguien que va al cine, en tu opinión, ¿qué hace a un gran cine? En otras palabras, ¿Cuáles crees tú que son los más importantes componentes de una gran película?

Poesía. Creo que al final del día, las cosas por las que el público se dice por qué vamos a ver películas, es conmoverse por la poesía de una imagen. Cuando hablas con la gente, si menciono el título de una película, en tu mente aparecerán espontáneamente algunas imágenes. Esas imágenes que se han quedado contigo por una razón. Hay algo que se adentra en tu interior para tocarte porque esas imágenes tienen un significado profundo. Y el significado es algo que está orquestado por el movimiento frente a la cámara y la luz, el diseño, los elementos, que crean un significado que no es intangible, que es invisible, se llama poesía y que al final del día, es la belleza del cine y, como cineasta, intentas crear tantos momentos como ese como puedas en una película.

Eso es lo que yo diría.

El destino aguarda en este primer tráiler de ‘Dune’

El miedo es el asesino de la mente.

Finalmente y tal como lo habían anunciado, Warner Bros. lanzó el primer tráiler de la segunda adaptación cinematográfica de la novela de Frank Herbert, ‘Dune’

En este teaser, que marca el primer vistazo oficial audiovisual de la cinta, comienza con Paul Atreides (Timothée Chalamet) haciendo una prueba con Helen Mohiam (Charlotte Rampling) y donde le dice que está soñando con el futuro.

Luego, aparece Paul entrenado con Gurney Halleck (Josh Brolin) que se intercala con Mohiam diciendo que los ancestros de Atreides nunca lograron gobernar. Ahí, se muestran imágenes de la llegada de la casa Atreides a Arrakis, el planeta donde sucede la acción de ‘Dune’.

Con eso, hay imágenes de varios personajes como Duncan Idaho (Jason Momoa), Glossu Rabban (Dave Bautista), Stilgar (Javier Bardem) y Chani (Zendaya).  “El miedo es el asesino de la mente. No debo temer”, dice Paul al final de este adelanto, justo antes que aparezca un gusano gigante de arena.   

Recordemos que la cinta está dirigida por el director canadiense Denis Villeneuve (‘Arrival’)  y su guión fue escrito por Jon Spaihts (‘Doctor Strange’), Villeneuve y Eric Roth (‘A Star is Born’). Además, la cinta tiene como fecha de estreno el 18 de diciembre de este año, siendo uno de los pocos estrenos de Warner Bros. que no sufrió recalendarización por la pandemia del Covid-19.

A continuación los dejamos con el avance.

En defensa de ‘Dune’ de David Lynch

Debo ser de los escasos seres vivos que defienden la adaptación de ‘Dune’ filmada por David Lynch. Más que con la trama geopolítica y las complejas luchas de poder que cruzan la novela de Frank Herbert, lo acertado de la cortada versión que pudimos ver hace poco más de 30 años en cines, se condice y relaciona muy bien con el propio mundo fílmico de Lynch: un cosmos onírico, el mundo de los sueños y sobre todo, de las pesadillas, enraizadas en una puesta escena enchufada sin ápices de razonamiento cartesianos claros en los rincones del inconsciente.

“El durmiente debe despertar”, frase e idea leitmotiv del libro ‘Dune’ en referencia al joven Paul Atreides, la última esperanza de una casta, los Atreides. Condenada a la traición y maldita debido a las maquinaciones de emperadores y aliados cínicos en un futuro distante en miles de años y con tecnología de punta que convive con maneras y usos medievales de juegos de poder. Es decir, una mezcla explosiva.

En ese contexto, David Lynch se focaliza en su actor fetiche, Kyle MacLachlan, que a lo largo de sus películas ha representado la misma idea que hay en su interesante ‘Dune’: el durmiente que “despierta” y debe integrar de una manera peculiar el mundo soñado/idealizado con el mundo pesadillado/real en el que le toca moverse por la fuerza y motor del drama.

En ‘Dune’, la fundacional colaboración entre Kyle MacLachlan y David Lynch, el actor personifica quizás no tanto a Paul Atreides, este joven Duque y héroe, como sí a la idea del héroe o más bien del anti héroe lynchiano: a good kid, un chico bueno y casi en la esfera de la bondad sin grises, quien es extraído y colocado en una realidad oscura y adversa. Porque Paul Atreides, en una nueva realidad—Arrakis—, bajo el sol y el desierto y las dunas, debe hacerse un hombre y para eso debe vencer sus pesadillas y miedo: el mal ulterior y final que es el gran tema de David Lynch en su peculiar filmografía.

En 1984, con ‘Dune’, Lynch sienta las bases de su trabajo con Kyle MacLachlan y dos años tarde debutan con ‘Terciopelo azul’: donde el personaje de Paul Atreides, claro, en otro registro, contexto y realidad, se reencarna en Jeffrey Beaumont: un good kid de la América real y profunda, de los años 80, atento a los valores del sueño americano y quien, en una trama sórdida y compleja, atraviesa el espejo y “despierta” en la pesadilla del sueño americano.

El mérito de ‘Dune’, como pasa en ‘Terciopelo azul’, es que Lynch usa y trasviste el género del melodrama o de la space opera y les da, a cada cual, unas interpretaciones audiovisuales superiores y casi místicas desde el punto de la imagen. Su versión de ‘Dune’, desde el punto estricto de la historia, a secas, claro, puede ser confusa y limitada respecto del texto original, pero desde el punto de vista de la construcción pictórica y de imagen, resulta un viaje material al mundo de las pesadillas. Hay varias escenas: los sueños de Paul Atreides, la búsqueda formal de Lynch por plasmar en imágenes y fundidos esas pulsiones subconscientes, junto con otras formas más materiales como las espectaculares escenografías, naves o la música invaluable de Toto, un tema en sí mismo, cimientan el camino no para un cine tradicional, sino que para un tipo de puente que traduce esas sensaciones y sueños e imágenes que tenemos cuando estamos dormidos.

En ‘Terciopelo azul’ pasa lo mismo, quizás con mejores resultados, porque Lynch filma a Jeffrey Beaumont o sea, su Paul Atreides 2.0, en momentos mágicos e irreales como cuando encara al rostro de la locura a cargo del fallecido Dennis Hopper.

‘Dune’ de David Lynch, es imperfecta, claro, pero es el germen y raíz para que el propio David Lynch pudiera ser aquel durmiente que debe despertar para realizar una de las carreras más brillantes y lúcidas de los últimos 30 años en cine y TV.

Recordemos que Kyle MacLachlan fue, de nuevo su rostro —hace 30 años—, como el agente Dale Cooper, un investigador que escuchaba con mayor atención el mundo de los sueños y de lo no tangible que el de lo real y lo concreto para dar con el asesino de Laura Palmer. Surrealismo en estado puro, la serie ‘Twin Peaks’ y la película de 1992: ‘Twin Peaks: Fuego camina con comigo’, fueron el cierre de un ciclo lynchiano junto a Kyle MacLachlan donde es imposible no considerar el aporte de ‘Dune’: germinal, iniciática, compleja e inabarcable. Una odisea en el espacio, una sinopsis de lo que pudo ser una grandeza de película, un sueño fabuloso que apenas se pudo recordar por los cortes, por las presiones de los productores, por todo lo real y humano.

Pero está lo soñado. Un camino que Lynch ya sabe cómo mostrarnos y que aprendió con la peor pesadilla que un director puede tener: una película errática, paquidérmica y mutilada.

Un gran y hermoso yerro humano.