‘Mamá, yo te recuerdo’: Imágenes familiares

“Nunca me sentí más humano que mientras mi madre yacía en cama agonizando. No se trataba de esa fragilidad del hombre del que se dice que «no es más que humano», sometido a debilidades o vulnerabilidades. Era una oleada de tristeza y de pérdida que me daba a entender que estaba siendo expandido por el dolor. Había recuerdos, por todas partes, sin evocar. Había imágenes, visiones, voces, y también el hecho de que el último aliento de una mujer le estaba dando expresión a la humanidad constreñida de su hijo.”, relata Jeffrey Lockhart, protagonista de ‘Cero K‘, la reflexiva novela de ciencia ficción muy de Don DeLillo.

Y de esa misma humanidad constreñida de un hijo que mira cómo su madre, a semejanza de un libro, pierde las páginas que contienen su historia trata ‘Mamá, yo te recuerdo‘, novela gráfica de Consuelo Terra y Emiliano Valenzuela publicada bajo el sello Reservoir Books de Penguin Random House Chile.

Las anteriores son premisas que también nos pueden remitir, en la actualidad, a la cinta ‘The Father‘, protagonizada por el oscarizado Anthony Hopkins y Olivia Colman, quienes entregan interpretaciones conmovedoras. Pero a la vez, esta novela gráfica, es muy distinta. De inicio, los papeles se invierten: hay una madre y un hijo.

Es además, una historia tomada de la realidad. Un proyecto conjunto entre Emiliano Valenzuela y Consuelo Terra que surgió de una entrevista que ella le realizó a él en 2013 para la Revista Paula y que al año siguiente ganara un premio como mejor fotorreportaje.

Miedo fatal

Emiliano, cronista y fotógrafo, como su padre, intenta reconstruirse a través de las memorias que comparte con su madre, justo en el momento en que ella comienza a mostrar los primeros síntomas del Alzheimer. Son imágenes, fotografías, pero a la vez recuerdos y visiones del pasado que la premiada periodista Consuelo Terra recrea a lo largo 124 páginas, que desprenden exploración personal y amor familiar bajo el denominador común del no olvido.

La trama comienza con “una historia de terror” que marca a tres generaciones de mujeres de la familia materna del protagonista: La bisabuela, la abuela y su propia madre: Teresa Castro. Ella es una profesora de artes plásticas que hereda la valentía de su bisabuela (la de Emiliano) que en el año 1915,  al huir de unos bandoleros, se esconde con su hijo en brazos, en medio de la helada hierba de los campos de Doñihue, para morir poco tiempo después de una neumonía.

El miedo y la incertidumbre también fueron parte de la vida de su hija (la abuela de Emiliano), cuando tuvo que emigrar del campo luego de quedar huérfana y sin claridad en el futuro; y de la hija de su hija, Teresa (la madre de Emiliano), que viajó hacia Argentina huyendo de otro bandolero mucho más cruel y sanguinario: Augusto Pinochet.

“Ahora pienso en el miedo fatal que les tuvo mi bisabuela a los bandoleros. El mismo miedo que recorre a mi madre desde 1973. El mismo miedo que sintió mi abuela al emigrar sola desde el campo tras la muerte de su madre”, escribe Emiliano en las primeras páginas de la novela.

Lo que protegemos

El horror que impulsa la voluntad de las tres mujeres las obliga a luchar y sobreponerse con dignidad frente a todo; y es también el motor de Emiliano, quien no sólo reafirma su reflexión inicial cuando dice creer que “las imágenes viven en la sangre”, sino que va más lejos al aseverar que también viven en ella todos los valores y  detalles —como los aromas, los sonidos, y las emociones— que forjan al individuo.

“Quizá en eso hay algún valor que no logro ver. El Frágil valor de proteger. El antiguo gesto que hizo esa mujer de tomar al hijo y llevárselo a un lugar seguro que finalmente los mató a los dos”, escribe el protagonista en un momento de cuestionamiento y lucidez.

Y este valor, este antiguo gesto de salvaguardar a los nuestros —al menos el noble intento de hacerlo— que irrumpe en la mente de Emiliano toma forma concreta y puntual al momento de ser padre y, aún con mayor fuerza, al recibir el llamado que le avisa sobre el estado de su madre. El Alzheimer hace su primera aparición, corrosivo e implacable.

“Cuando mi madre empezó a olvidar las cosas, yo comencé a recordarlas”, escribe como una declaración de principios que sumerge al lector empático. Y los recuerdos afloran, con fecundidad y ternura. Ahí están las imágenes de un pequeño Emiliano vestido de vaquero en las calles santiaguinas en los años ochenta; una ciudad sombría, militarizada y empobrecida, que no obstante es iluminada por el resplandor de una madre, que con su mágico “Sana, sana, potito de rana” y un beso elimina, por ejemplo, el dolor de su hijo que acaba de caerse.

Ahí toman forma también la imagen de una madre que cuelga la fotografía de Salvador Allende con la misma devoción de un cristiano que fija sobre la pared un cuadro de Jesucristo; la de una madre que huele a trementina, generosa, a veces temerosa y resignada, pero que afloraba en esplendor frente a su hijo: “La joven linda, alegre, consecuente, que amaba a Allende y que estuvo siempre en contra de la dictadura”.

Y no faltan lasimágenes de un niño recibiendo sus primeras figuras de acción —un chiquillo que cree, en rigor, que vive en el mundo de la Guerra de las Galaxias— o las del hombre que no comprende, en primera instancia, y se molesta, cuando su mamá olvida las cosas.

Una mujer que, de hecho, ya hay que proteger como ella lo protegió a él en el pasado.

Se trata de memorias muy gráficas, no sólo hechas de tinta y palabras, que devuelven como reflejo la humanidad a Emiliano y a su madre; a esa mujer llamada Teresa Castro, que a través de los relatos de su hijo revela conceptos que van desde la vulnerabilidad emocional y etérea hasta una fragilidad mundana, mucho más material, y que Consuelo Terra registra con elegancia, emotividad y la empatía de aquel que comprende una historia y se identifica con ella.

Quizá por eso surgió este libro, como un flechazo con los personajes que la periodista conoció a partir de aquella entrevista de 2013, y que, tal vez, le hizo entender que en esta historia si bien cada uno tiene sus propios caminos, todos poseen un metraje de fotoramas nostálgicos, emotivos y conmovedores. Porque eso es lo que plasma en la novela y ofrece al lector: una serie de imágenes no sólo de una familia, sino familiares. Que nos son comunes a través de nuestros propios lazos de sangre.

Ficha Técnica

Título original:Mamá, yo te recuerdo’.
Editorial: Reservoir Books (Penguin 2021).
Autores: Emiliano Valenzuela – Consuelo Terra.
Precio de ref.: $12.000

Monitos que marcaron mi infancia: Parte II

Consuelo Terra es periodista UC , dibujante y lectora de cómics. Ganadora de tres premios MAGS de Revistas, del Premio Periodismo Sustentable 2016 y del Fondo de Creación del Libro 2017, con su primera novela gráfica ‘Mamá, yo te recuerdo’ (en coautoría con Emiliano Valenzuela), pronto a ser publicada en el sello Reservoir Books de Random House Chile.

También estuvo a cargo del arte del cómic periodístico ‘Dead in the desert: Water station save lives’, publicado en la antología ‘Border-X, a crisis in graphic detail’ este año en Estados Unidos.

Ahora en NerdNews, te dejamos con su nueva historieta semanal:

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