Ficción versus realidad en ‘Mujercitas’

Consuelo Terra es periodista UC , dibujante y lectora de cómics. Ganadora de tres premios MAGS de Revistas, del Premio Periodismo Sustentable 2016 y del Fondo de Creación del Libro 2017, con su primera novela gráfica ‘Mamá, yo te recuerdo’ (en coautoría con Emiliano Valenzuela), pronto a ser publicada en el sello Reservoir Books de Random House Chile.

También estuvo a cargo del arte del cómic periodístico ‘Dead in the desert: Water station save lives’, publicado en la antología ‘Border-X, a crisis in graphic detail’ este año en Estados Unidos.

Ahora en NerdNews, te dejamos con su nueva historieta semanal:

Gabriel Rodríguez: “Se vienen más desafíos a la imaginación”

El talentoso dibujante chileno anuncia que la segunda temporada del show de Netflix basado en su cómic, comenzará pronto sus grabaciones con los debidos resguardos y protocolos. Además, analiza su vida profesional en este escabroso 2020, y el estado del cómic nacional.

Gabriel Rodríguez está trabajando a full en su casa. A pesar de la pandemia y el confinamiento, su vida laboral sigue siendo más o menos lo mismo: dibujar sagradamente desde el hogar para editoriales norteamericanas. De hecho, por eso mismo, su nombre ya está consagrado en el cómic chileno como el coautor, junto a Joe Hill, de la estupenda saga ‘Locke & Key’, que además de las glorias de crítica y premios, ahora cuenta con una versión como serie de TV en Netflix.

En un momento de pausa en su agenda, Gabriel comenta para NerdNews cómo percibe él el desarrollo del talento local en el mundo de las historietas, en un 2020 que sin duda será difícil de olvidar.

— ¿Cómo crees que el crecimiento del cómic chileno en el presente,  a nivel de artistas y creación?

—Creo que la creación de cómics ha mantenido un proceso bien interesante los últimos años. Yo soy parte de una generación que entró con ganas de hacer cosas en este medio a fines de los noventa, principios de los dos mil, en que hicimos intentos de proyectos locales, muchos de los cuales simplemente no fueron sustentables. Sin embargo, dio pie para darse cuenta que había talento y calidad de trabajo capaz de estar a la altura de publicaciones profesionales internacionales.

Gabriel Rodríguez cuenta que con el advenimiento del trabajo en línea, algunos artistas chilenos, incluyéndose,  comenzaron a hacer labores para editoriales foráneas, lo que les permitió desarrollar dedicación al oficio y continuidad en el trabajo. “Eso nos ayudó poco a poco convertirlo en sustento y, posteriormente, pensar en cómo volcar esa experiencia a proyectos locales. Aún es muy difícil hacer proyectos sustentables en Chile en forma constante, porque por hábitos y demografía nuestro universo de lectores potenciales es aún muy pequeño, pero en las últimas décadas ya se han generado proyectos locales que han dado de qué hablar, hay experiencias de novelas gráficas nacionales que se ha publicado exitosamente en el extranjero”.

El caso de Gabriel Rodríguez no sólo es un dibujante chileno de exportación. Su labor en ‘Locke & Key’ por ejemplo ha sido publicada en Chile bajo la marca editorial de Arcano IV. “Somos muchos autores que estamos trabajando con continuidad para proyectos editoriales internacionales y algunos hemos podido traer algunas de las obras que hemos hecho para otros lectores en ediciones locales para lectores chilenos”, dice con entusiasmo.

“Eso ha permitido que luego de nosotros, nuevas generaciones de artistas y autores puedan seguir proyectándose profesionalmente en otros lados, que hayan ido surgiendo más proyectos locales con voz propia y, sobre todo, difundir el interés por el formato de lectura y el potencial de desarrollo creativo que tienen las historietas. El cómic es un género literario más que se aprende en los colegios, padres e hijos comparten la lectura de historietas, y proyectarse en este campo es algo que se entiende como difícil, pero posible”.

Entonces, reconoce señales positivas para un pequeño mercado, sin duda, pero que se ha abierto camino hacia una fuente de creatividad rica en talentos. “Y todos esos eran signos impensados hace 25 años y me hacen mirar con optimismo el futuro, en especial en tiempos en que necesitamos potenciar al máximo las capacidades creativas y de comunicar, que al final es empatizar, de las personas”.

—Estás ocupado actualmente en el crossover ‘Sandman’ de Neil Gaiman y ‘Locke & Key’ ¿no?¿Qué más has hecho en tu ocupado 2020?

—El último par de años ha sido bien interesante y muy excitante en cuanto a trabajos. Pude hacer mi primer trabajo como guionista y dibujante, ‘La Espada de Las Eras’, en que pude realizar mi personal visión en clave de fantasía y ciencia ficción de la leyenda de Excalibur que sirve de homenaje a los cómics europeos del mismo género que me resultaron de gran influencia en mi juventud y espero poder seguir desarrollando a futuro. Pude también completar un proyecto que hace mucho tiempo quería desarrollar, una adaptación como novela gráfica de ‘La Isla del Dr. Moreau’ de H.G.Wells, libro que en base a una metáfora sobre la naturaleza habla sobre la responsabilidad del poder y su control mediante la capacidad o no de empatizar, en que no sólo coescribí la adaptación junto a Ted Adams, sino también hicimos un trabajo visual muy ambicioso junto a Nelson Daniel que nos acompañó con su maravilloso trabajo de color. (La editorial) IDW además se la jugó con una edición de lujo muy cuidada, que incluye una galería con el proceso de trabajo y escaneos de los lápices preliminares de las dobles páginas que construyen todo el relato.

Pero su lista de trabajos cumplidos tiene un broche de oro. “Y cierro el año concretando algo que llevábamos hace años con Joe Hill: regresar a Keyhouse con la familia Locke, en nuevas historias de ‘Locke & Key’. Estoy ahora dibujando una miniserie de tres números llamada ‘In Pale Battalions Go’, ambientada en los años de la 1ra Guerra Mundial, y luego continuaremos con un proyecto que imaginamos como posibilidad hace diez años, y que afortunadamente DC comics nos dio la autorización para hacer: una miniserie de dos números extra largo llamada ‘Hell & Gone’, que será un crossover de ‘Locke & Key’ con el clásico y multipremiado‘ Sandman Universe’, el mundo creado por Neil Gaiman, Sam Kieth y Mike Dringenberg que consolidó el cómic como literatura adulta de calidad luego de la irrupción de ‘Watchmen’ y ‘The Dark Knight Returns’. Con estas dos historias, cerraremos un séptimo volumen de ‘Locke & Key’ llamado ‘The Golden Age’, centrado en la familia de Chamberlin y Fiona Locke y sus hijos. Y eso es sólo el comienzo, porque ‘The Golden Age’ será sólo una puerta de entrada que conectará la saga original ya publicada de ‘Locke & Key’ con ‘World War Key’, una serie de seis volúmenes de precuelas y secuelas de la saga original, que esperamos nos mantenga bastante ocupados los años por venir.

— ¿Qué tal fue tu experiencia al ver que Netflix hizo la serie de ‘Locke & Key’? ¿Alguna novedad?

—A pesar de la crisis sanitaria mundial, creo que estamos en condiciones de anunciar que por fin se iniciará la grabación de la ya anunciada segunda temporada de ‘Locke & Key’ para Netflix. Se están diseñando protocolos de aislamiento y cuidado sanitario que permitan retomar la filmación en Canadá a la brevedad, aunque desde hace meses se ha estado trabajando en los guiones de la temporada, la preproducción y dirección de arte. He tenido la tremenda suerte de que tanto Netflix como IDW Entertainment y los showrunners de la serie, Carlton Cuse y Meredith Averill y su equipo, nos han tenido al tanto del trabajo que han hecho, nos han invitado a ver las filmaciones e incluso ¡a aparecer en un cameo en la primera temporada!

Para mí ha sido fascinante el proceso de ver como un equipo completo de talentosísimos creativos y experimentados técnicos se han inspirado en un trabajo que hicimos con tanta dedicación, para hacer una adaptación que es su propia visión de la misma historia y personajes, contada con otras claves y objetivos. Creo que al final, el fin último de todo trabajo creativo es ese, inspirar y detonar más creatividad. Ya entrando en planes para la segunda temporada, Carlton y Meredith nos han revelado cuáles son sus planes para el resto de la historia, que se vienen muy entretenidos, y aún más, junto al nuevo director de arte de la serie, Mark Steel (‘Umbrella Academy’), me han invitado a colaborar en la producción haciendo el diseño de dos llaves mágicas que no existen en la historia original del cómic y que serán claves para el desarrollo de la historia en la serie de Netflix”.

Gabriel Rodríguez no pierde su capacidad de asombro ni cuotas de humildad a la hora de narrar el fascinante proceso creativo vivido en la adaptación de su cocreación con Joe Hill por parte de Netflix. “Así que a pesar de la obligada distancia que por un buen tiempo impondrán las circunstancias actuales, se han esforzado por hacerme parte de esta nueva etapa, cosa que sinceramente les agradezco con mucha humildad. Así que a prepararse, porque en muchos formatos diferentes, se vienen más desafíos a la imaginación y a lo que las historias hacen posible recorriendo nuevos pasajes y habitaciones en las laberínticas entrañas de la Casa de Las Llaves”. 

Marcela ‘Maliki’ Trujillo: “El dibujo es una manera de comunicarse con uno mismo”

La autora de libros como ‘Diario íntimo de Maliki 4 ojos’ y ‘Quiero ser flaca y feliz’ habla sobre cómo se ha adaptado a las dificultades de los artistas en tiempos de Covid-19, la importancia de la inspiración, los orígenes de Maliki y lo que el cómic representa para ella.

A Marcela Trujillo se le puede llamar de muchas maneras. Ilustradora, pintora, dibujante y la mitad del Podcast ‘La Polola‘ (que hace con la ilustradora Sol Díaz). Pero en el mundo del cómic, ella es ‘Maliki 4 Ojos’, la mujer que cuenta su vida en viñetas y que navega sobre las inseguridades, felicidades y reflexiones de su ser. 

Si me preguntan, no se puede hablar de ‘Maliki’ sin hablar de su creadora. Desde su comienzos en la Revista Trauko, donde ella era una punk que había estudiado Arte en la Universidad de Chile, hasta su último libro ‘Diario Oscuro‘ que trata sobre una depresión que tuvo la autora hace dos años y que fue publicado en noviembre del año pasado.

Ahora, en tiempos de cuarentena, Marcela Trujillo ha estado encerrada junto a sus dos hijas adolescentes en su departamento. Más específicamente, en su pieza que se ha transformado en un pequeño taller. 

— ¿Cómo has estado con todo el tema del encierro? 

La verdad estoy bastante acostumbrada a estar encerrada trabajando. Para mí, mis horarios de trabajo podrían incluir estar encerrada en mi casa por un periodo largo de tiempo y todavía no tendría esa necesidad de salir. Soy muy de trabajar en mis proyectos que a veces son largos. Aunque extraño mucho pintar y estar en mi taller, como también extraño poder moverme.

Marcela Trujillo cuenta que ha estado haciendo muchas cosas: clases online, haciendo encargos, avanzando en su próximo libro que está en etapa de guión. Y confiesa que el tema económico siempre ha sido complicado en su condición de artista y más ahora, en el curso de esta pandemia.

Estoy acostumbrada a la incertidumbre”, lanza al aire como si nada. “Para mí es bastante normal no saber qué va a pasar el próximo año. No tengo ninguna seguridad económica, yo estoy acostumbrada de que mi vida sea así (…) Y en este confinamiento hemos tenido la oportunidad de  conversar en familia temas que son realmente importantes. Esa parte de la pandemia ha sido súper positiva en el sentido que uno está obligado a mirar cosas que son fundamentales”. 

Esa visión de Rayos X, surgida en cuarentena, para la dibujante chilena es parte además, del sello de las personas que, sin o con pandemia, “trabajamos en las artes”.

Ella explica: “Es parte de nuestra pega tener esa mirada que va más allá de los logros, de los éxitos, de lo que está bien o mal. Sino ver como en rayos x emocionales y humanos (…) Es bacán conectarse con la gente a un nivel profundo y no superficial y exitista de como estábamos acostumbrados y eso lo he agradecido”. 

—Estudiaste pintura en la Universidad de Chile, hiciste diplomados en animación en Nueva York  y haces un podcast junto a Sol Díaz  ¿Cómo te adaptas a estos formatos nuevos y qué es lo interesante de cada uno de estos? 

—A la gente de mi generación nos enseñaron a ser muy enfocados en una meta: a tener una profesión y ser el mejor de esa profesión. Pero cuando volví de Estados Unidos y de Alemania con mis hijas luego de diez años, me encontré con las generaciones más jóvenes (que eran mis alumnos) y vi que ellos no tenía esa presión. De que tenían que aspirar a ser una sola cosa.

Tenía alumnos que habían estudiado otras carreras, otros que estudiaban como diez cosas más.  Está internet que te entrega la posibilidad de estar en muchos lugares a la vez, de conocer gente de otros países sin tener que viajar. Yo vi eso en mis alumnos y me llamó mucho la atención que fueran capaces de hacerlo y de que yo tenía el rollo de no saber si ser pintora o dibujante de cómics. Como que no tenía en mi cabeza el permiso para hacer las dos cosas. 

La inspiración de Maliki

La etiqueta entonces, de lo que se supone uno es, versus lo que uno podría llegar a ser, le llevó a una reflexión sobre la identidad artística. “Hice un una exposición individual en la Galería Gabriela Mistral, llamada ‘Maliki vs Trujillo’ y estaba siempre súper complicada con el tema de qué soy. ¿Qué hago? ¿Hago animaciones, pinturas, cómics? y después, cuando empecé a publicar mis cómics, me di cuenta que es bacán lo que hacían los jóvenes. De hacer varias cosas, de no tener un solo objetivo, sino de poder disfrutar los procesos”.

Por eso—dice—, no teme a ingresar a un curso de escritura de cuentos sólo por el placer de hacerlo, sin tener la presión de “triunfar” en ese proceso. De ser la “ganadora”. Sin embargo, tres semanas más tarde confiesa que solo pudo hacer tres clases ya que el tiempo no le dio.

—Has hecho una serie de cómics autobiográficos que tienen un estilo muy reconocible ¿Cuáles son tus inspiraciones? 

El tema de la inspiración ha sido un camino largo. De hecho, el personaje de ‘Maliki’ era como una ‘superheroína’ de la inspiración. Como artista y criada en las bellas artes, una de las cosas que por obligación debes tener, es la creatividad. Y te haces las preguntas de ¿Qué vas a crear para tu próxima exposición? ¿De qué vas a hablar? Si quieres postular a un fondo, tienes que inventar un proyecto para mandarlo al Fondart y tienes que saber cuáles son los objetivos y todo lo que te piden llenar. Entonces, el artista contemporáneo, que depende de los fondos del Estado, tiene que hacer un plan. Y es muy loco porque la inspiración funciona de una manera mucho más orgánica, no es tan racional, no es planificado. 

Entonces—cuenta—, estando como una estudiante en Nueva York, llegó la inspiración sobre cómo escribir y narrar episodios sobre la falta de inspiración, y cómo solucionarlo. “Pensé de que sería bacán tener un especie de ángel de la guarda de la creatividad que te ayudará cuando no se te ocurren ideas. Se me ocurrió esta niñita que era como una especie de hada madrina, que tenía ampolletas en la cabeza y cambiaba las tuyas cuando te faltaba la inspiración. Había un cuento que inventé para eso y al final, nunca lo hice, pero quedó el nombre y la idea de este personaje que era yo con las ampolletas”.

¿Y de dónde proviene la inspiración en el día a día de Marcela Trujillo? “Viene de las cosas que elijo como mías; de los libros que leo; de las revistas que miro; de los temas que me importan; de las imágenes. No es que hay un hada que te ayude a que se ocurran cosas. Cada persona es distinta, pero en mi caso, el estímulo de afuera es súper importante”.

La visión de una artista underground

Marcela Trujillo abraza con fuerzas las ideas que dieron nacimiento al cómic under, hace décadas. Su trabajo ha remado por esas aguas desde que era una artista sin kilometraje aun en su ruta de vida profesional. Pero ella siempre supo que lo suyo estaba fuera de la corriente principal. De hecho, ella misma explica como si esto fuera una clase, las aguas que separan lo under del mainstream en materia de cómics. Dice:

El Cómic Undergroundnace en Estados Unidos en los años setenta y es una especie de respuesta a una ley que existía y que prohibió los cómics para los niños porque ‘eran muy violentos’” (específicamente, de la Comics Book Authority formada en 1954). 

Entonces, de repente aparecen los políticos diciendo que “los cómics son una mala influencia para los niños porque los transforman en violentos” y fue por esos años que empieza el Cómic Underground, como una especie de protesta, pero también como una ironía al sistema y su cinismo, de querer culpar a los cómics de un tema que tiene que ver con la sociedad. La violencia y  la guerra es un tema político, los cómics no tienen nada que ver en eso”.

Haciendo memoria, ‘Maliki‘ recuerda cuando trabajó en la legendaria revista chilena Trauko, pudo leer revistas europeas disponibles  en las oficinas de la publicación. “Fue la primera vez que leí cómics de adultos (…) Y cuando vi los cómics de Robert Crumb (Zap Comix) y los Freak Brothers y algunos españoles como Nazario o Max, me dio mucha risa. Yo era joven y encontré que esas historias eran muy chistosas y si alguien quería dibujar un cómic, que dibujaran eso, no los otros que eran fomes”. 

Y “los otros” cómics eran esas “historias muy filosóficas y tenían que ver con la psicología masculina. Con relatos del héroe y con mujeres tetonas que eran muñecas inflables o brujas. Yo nunca me identifique y nunca me gustaron”.

Tampoco le llaman la atención demasiado los superhéroes. “Yo leía Pato Donald, La pequeña Lulú. Y después, de grande, leí los cómics Underground de la Trauko y cuando me fui a Nueva York, lo único que consumí fue cómic independiente, que es el siguiente paso del Underground: Revista Raw, Art Spiegelman (‘Maus’), Chris Ware (‘Rusty Brown’), Julie Doucet (‘My New York Diary’) , Phoebe Gloeckner (‘Diario de una adolescente’), Aline Kominsky-Crumb (‘Love that bunch’) y Debbie Drechsler (‘La muñequita de papá’), todos los autores que vienen después del Underground y que son considerados del cómic independiente, ese es el cómic que leo, hago y enseño”.

—Tú mencionaste el cómic como herramienta política. Considerando el estallido social y la pandemia ¿Cuál es el rol que toma el cómic en un momento como este? 

Creo que la palabra ‘Política’ es mucho más amplia de lo que se asume. Creo que todo es político. Hablar de tu vida es político, porque las personas somos parte de la comunidad y hablar de los cuerpos también, porque las leyes también nos tocan. Cuando hablas de tu vida,de tu cuerpo,  de tus relaciones, también estas hablando de política porque las mujeres estamos en desventaja en muchos aspectos. 

No es necesario hablar de política a través una historieta sobre un presidente o las leyes. Yo creo que con hacer un cómic sobre tu vida y dar tu opinión de lo que tu piensas y de lo que te está pasando, eso ya es político. Y eso es lo que trato de que mis alumnos hagan y de lo que hablo con Sol (Díaz) en ‘La Polola’ o en la Revista Brígida, donde las autoras puedan tener un espacio para poder poner en dibujo sus voces y eso ya es político.

—Me habías mencionado de que este tiempo para los artistas ha sido complicado ¿Cómo crees que van a ser los cómics post-pandemia?

—Cuando volvamos a salir a la calle y a trabajar, eso se va a ver. Se verán las consecuencias de todos esos problemas económicos, sociales y mentales. La gente va a tener caleta de angustia y ansiedad (…) En algún momento eso va a colapsar. Tienen que reconocer que cuando es difícil o no funciona, se debe pedir ayuda. Y a nosotras, las mujeres, nos cuesta mucho pedir ayuda. Nos educan para que tengamos que ayudar. Somos las buenas, las que ayudamos al hombre, si tenemos un pololo chanta ‘No, pero pobrecito, porque debe tener un problema’ y lo aceptas igual, al gallo que te pega también porque ‘Pobrecito, la mamá le pegaba cuando chico’. 

Y creo que nos cuesta decir que hay cosas que nos superan, que ya no aguantamos más ¿Cuántas familias ahora tienen a la mujer que está cuidando a los hijos, está trabajando y lavando la ropa? Está haciendo todo en la casa y se deben ver esas inequidades en términos de pareja. 

—Para ti ¿cuál es la importancia del cómic como medio? 

—El cómic nació como un elemento de entretención. Siempre eran los monitos que salían en el diario y tiene una cosa muy popular. El dibujo representa un lenguaje infantil y tiene una cualidad liviana, la puedes llevar al baño y leer en cualquier lado. Es una cosa como el agua, llega a cualquier parte. Es barato además. Hay excepciones como la novela gráfica, pero puedes hacer cómics y publicarlos en internet.

¿Se va acabar el cómic por falta de plata? No creo. Porque en Japón nació como una manera de subirle el ánimo a la gente de una manera muy económica, que era hacer dibujos y publicarlos en los diarios y revistas. El manga nació de esa manera, cuando Japón estaba en el suelo y no había nada para subir los ánimos. Y para mí, dibujar es la manera que tengo para poder comunicarme conmigo misma.

Al rescate del noveno arte nacional

La muestra “El noveno arte” estará hasta el 25 de agosto en la Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo, Las Condes, y reúne obras originales en tinta sobre papel y acuarela, presentadas por La Factoría del Cómic, formada por  el crítico de cine Leopoldo Muñoz y  Cristián Maturana, dos fervorosos coleccionistas privados.

 

El crítico de cine Leopoldo Muñoz dice que leyó por primera vez un comic cuando tenía cuatro años, y lo marcó de por vida. El titulo lo recuerda bien: “Asterix”, la serie de historietas cómicas francesas cuya primera aparición data de 1959, y que a las manos de Leopoldo llegaría en la década de los 70.

Cristián Maturana, en tanto, dice que su relación con los cómics no fue así de fundacional, lo suyo fue algo más bien heredado, y mucho más ligado a las artes visuales. Ingeniero en sonido de profesión, viene de una familia de coleccionistas, su padre y su abuelo dedicaron su vida a reunir pinturas y piezas visuales.

Pese a eso, ambos han llegado a la misma conclusión respecto al panorama actual del cómic y la ilustración nacional: En la era digital, donde todos los formatos y los soportes se extinguen de a poco, es necesario ir al rescate de este noveno arte.

Así se gesta la exposición ‘El Noveno Arte: Historieta, cómic e ilustración en Chile en el Siglo XX’, una muestra que reúne noventa originales fechados entre 1905 y 2000.

En Chile, hubo dibujantes increíbles, todavía los hay, pero este es un siglo de oro de la caricatura en Chile. Ese exacerbo cultural no es conocido por todos, especialmente porque la distribución de revistas y publicaciones ya murió”, reflexiona Leopoldo Muñoz.

Autores indispensables del cómic nacional como Pepo, Lukas, Themo Lobos o Coke Délano se hacen presentes en este patrimonio artístico, que Leopoldo y Cristián vienen reuniendo desde hace décadas, y que hoy, a través de “La Factoría del Comic”, decidieron mostrarlo a la comunidad.

Las cosas en la casa no sirven, las cosas hay que mostrarlas, todo ese arte no serviría de nada si se quedara guardado en una caja, donde solo pueda ser mirado por ti y nadie más”, dice Cristián Maturana.

Una labor arqueológica 

En la exposición pueden encontrarse trabajos publicados en revistas chilenas clásicas. Desde la fundamental y longeva ‘El Peneca’, pasando por la mítica ‘Mampato’ y la terrorífica ‘Doctor Mortis’ , también está presenten las de humor político como Topaze y La comedia humana, y las de humor más picaresco como ‘El pinguino’ y ‘Can Can’, incluso los originales de ‘Condorito’, la revista más internacional de las caricaturas chilenas.

Para ambos coleccionistas, reunir obras nacionales de principios del siglo XX en muchos sentidos se asemeja a una labor arqueológica.

Uno encuentra primero la obra, y después encuentra la revista y el año en el que fue publicada”, relata Leopoldo Muñoz ” Hay una hoja que se corrompe por el paso de los años, la tinta también porque hay un dibujo hecho a mano, entonces hay toda una recuperación (…) Siempre me fijo en el arte: la técnica, el trazo, el dibujo, la intención. Los colores, o el uso, los matices, o el uso del claro – oscuro

Cristián Maturana en tanto, destaca el valor sociológico que esconde una muestra como esta:

Es invaluable. Un dibujo te puede decir mucho: por qué se hizo, con qué técnica, por qué había gente que pintaba mejor que otra, gente que era más hábil solo con el lápiz, o solo con la pluma. O también el hecho de que todos estos autores eran amigos, y compartían entre ellos, en medio de toda la bohemia de la época.

La muestra también integra dibujos originales de suplementos de diarios nacionales como ‘Pocas Pecas’ de El Mercurio, ‘Icarito’ de La Tercera o ‘Remolino’ de Las Últimas Noticias, y otros que fueron inspiradores para el aprendizaje escolar.

El fin de los soportes

Leopoldo Muñoz y Cristián Maturana son nostálgicos cuando hablan de la situación actual del cómic en nuestro país, del cierre de las revistas, la escasa lectura que hoy caracteriza a las y los chilenos, y  el poco alcance que tienen las publicaciones en papel.

Hoy día la imprenta está desapareciendo. Este tipo de muestras son importantísimas, así como el archivo en papel que se vaya guardando de aquí en adelante, en un par de años más todo va a ser digital y no habrá ningún soporte físico en el cual tener un archivo, dice Cristián Maturana.

Leopoldo Muñoz, por su parte, guarda cierto optimismo y se atreve a poner sus esperanzas en algunos exponentes nacionales como los ilustradores Leo Ríos y Cristiano:

La escena del cómic nacional está llena de talentos, de grandes dibujantes, no solo en el humor, sino también en ilustración. Hay toda una generación sub 60, que no es muy conocida, pero que ha sido el eslabón entre los maestros que se fueron, y el hecho de que siga el noveno arte siga vivo”.

COORDENADAS:

Fecha: 22 de junio al 25 de agosto de 2019
Lugar: Sala de Exposición. Casa-Museo
Santa Rosa de Apoquindo
Padre Hurtado Sur 1195 / Visviri 1200
Teléfono: 22 896 98 90
Horario: Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas
Entrada: Liberada