‘Titane’: Afinidades sin esencia

Calificación:

El pasado 2 de diciembre llegó a las salas cinematográficas de México ‘Titane’, la nueva película de la directora y guionista francesa Julia Ducournau (‘Raw‘, 2016), controvertida ganadora de la Palma de oro en el 74 Festival de Cannes, edición celebrada entre el 6 y 17 de julio de este 2021.

Como ha quedado claro en diversas entrevistas con la cineasta parisina, a Julia Ducournau le disgusta que se le refiera como la primera mujer directora que conquistara (en solitario) el galardón destinado a la mejor película en Cannes. Y es comprensible porque el logro no es —ni se incrementa— por su género en un historial ciertamente dominado por hombres, sino por la propuesta y  calidad de su película.

La legítima reticencia de Ducournau para ser clasificada como una mujer directora o directora mujer parecería inscribirse en la agenda social contemporánea que discute sobre diversos estereotipos y roles de género. Y, tal vez, resultaría anecdótica de no ser porque, en esencia, parte de esa polémica preña de profundos simbolismos y significados ‘Titane’.

Una especie de niña Ritalín, Alexia (la debutante Agathe Rousselle), sufre un accidente a bordo del automóvil de su padre. No es que ella lo deseara, aunque sin duda tiene responsabilidad cuando se produce. El papá sale ileso, aunque la chica se golpea la cabeza en el vidrio de la ventanilla y como consecuencia se le debe implantar una placa de titanio en el cráneo.

Lo primero que hace al salir del hospital, en una clara y extraña muestra de su mecanofilia (atracción sexual hacia los autos), es correr a besar el carro recién chocado. Esa parafilia irá en aumento. Tendrá consecuencias y fertilizará la trama.

Años más tarde, Alexia se ha convertido en una sensual —acaso vulgar— bailarina enamorada de los coches tuneados que, en las expos, parece llegar al éxtasis.  Es también una asesina serial. Mata y, mientras lo hace, la película acompaña las violentas acciones con explosivas piezas musicales de espíritu tarantinesco.

Alexia, que continúa bajo el techo de sus padres, se siente cada vez más acorralada por la policía —y, de hecho, siempre, desde niña, luce insatisfecha y nihilista—, por lo que decide no sólo cambiar de vida, sino de identidad, de apariencia y de género. Toma el lugar de Adrien Legrand, un niño desaparecido 10 años antes.

Vincent (Vincent Lindon), el papá de Adrien, es un capitán de bomberos que ha vivido años tormentosos sin su hijo. La vigorexia lo consuela y se arponea las nalgas con anabólicos a cada instante más necesarios en dosis y frecuencia de aplicación. 

Por eso cuando el supuesto Adrien Legrand aparece en la comisaria no duda en aceptar la suplantación, que más que una farsa es una auténtica oportunidad de recuperar la felicidad perdida. Por supuesto, no requiere una prueba de paternidad. ¿Acaso creen que un padre no es capaz de reconocer a su hijo?, pregunta Vincent a las autoridades.

Entonces Vincent se dedica a procurar el bienestar de su hijo Adrien, dueño de una nariz destrozada, un corte de cabello trasquilado y un silencio, en apariencia, impenetrable.

El padre se esmera en consentir a su vástago. Le cocina. Le baila (‘She’s Not There’  de The Zombies) y suma a la otrora asesina serial a su contoneo cuerpo a cuerpo como un muñeco hasta acabar en tiernas luchitas.

También lo enrola en el heroico cuerpo de bomberos y advierte a los demás: Para ustedes yo soy Dios y si yo soy Dios, mi hijo es Jesucristo.

Con sus palabras, Vincent protege a Adrien de los cotilleos, del bullying que recibe ante su apariencia deforme, casi monstruosa. Y sin embargo femenina, delicada. Encantadora.

Integrado a la cuadrilla de bomberos actúa, ayuda a la sociedad al atender sus emergencias y baila con virilidad en el cuartel. No a ritmo de Jean-Baptiste Lully o Jean-Philippe Rameau como correspondería en un ballet de la relevante tradición francesa.

Se mueven, se tocan, se estrellan, en ritualizadas escenas en cámara lenta de slam (‘Crap on my Mind’  de Romanger) o en sonidos synth pop estadounidenses y punzantes (‘Light House’ de Future Islands).

‘Titane’ contiene cuatro escenas de bailes memorables, bizarras; íntimas y grupales a la vez. La puesta en escena de Ducournau alterna la clara austeridad del día cotidiano y los remarcados filtros de colores en secuencias provocadoras, gore, que están ahí para catar la gradación y tolerancia estética del espectador.

Sin duda, deben existir espectadores que se integran en esa propuesta como quien disfruta de la complicidad en una noche en el antro, mientras que el estómago fisiológico y moral de otros puede ser severamente perturbado.

Es el momento de asumir qué es lo que se está viendo en realidad en la pantalla, por lo demás con actuaciones poderosas, carismáticas y —retorcidamente— entrañables.

Desear un desarrollo tradicional y consecuente del argumento y de los personajes, sin duda, puede ser decepcionante. O un enfoque errado. Si se deja de buscar con ansiedad la lógica de la historia, de la vida real, es posible dejarse llevar y conseguir las llaves de un nuevo nivel de significados, como si un easter egg abriera codificados escenarios y mensajes. 

Adrien oculta sus sinuosidades femeninas con vendajes malhechos, para seguir siendo lo que no es. Ella, Alexia, fue quien se destrozó la nariz, estrellando una y otra vez su cara en un lavabo para poder irrumpir en la vida de Vincent.

Gracias a esa desfiguración, ahora Adrien es capaz de sonreír, aunque no parecería quererlo. Alcanza cierta satisfacción al mirar a Vincent continuar su vida gracias a la farsa. Su felicidad paterna se percibe en bailes a ojos cerrados, suelto, despreocupado, contento y en confianza con los muchachos bomberos que tiene a su mando. Incluso, si alguien deseara interrumpir ese estadio idílico no dudaría en reventarlo en el camino. ¿O sí?

Adrien, como todo serial killer, siente los deseos de matar, pero en rigor más bien salva vidas cuando heroicamente brinda primeros auxilios al ritmo de la ‘Macarena’: “Tatatatatatata Macarena, tatatatatatata cosa buena”, canturrea Vincent al motivarlo a dar RCP.

Las líneas siguen torciéndose cuando en lugar de sus fluidos corporales de mujer, el hijo chorrea aceite. Está embarazada. Su aventura de aquella noche en la expo de autos tuneados ha tenido consecuencias, y ahora en su vientre —que necesita deformar para ocultar y acaso impedir su crecimiento— lleva el fruto de su aventura sexual no dentro ni sobre sino con el vehículo saltarín (lowrider car).

¿Es posible que todo se haya desencadenado por la placa de titanio en el cráneo de Adrien? En estas profundidades de la historia, a punto de un alucinante y milagroso alumbramiento, ¿importa?

‘Titane’ es una película que se aborrece o se le rinde culto, casi desde los primeros minutos de su metraje. Haters y feligreses podrían tener razones al argumentar su aproximación a la cinta de Ducournau, porque lo sorprendente es que se trata de ese tipo de obras creativas que admiten y reclaman la interpretación del espectador para cumplir su cometido artístico. Y devuelve al público justo lo que quiere ver.

El cuadrante de posibles significados, así como el aparato crítico bajo el que puede analizarse ‘Titane’ son abundantes y, por ello mismo, líquidos. No definitivos. Las aproximaciones pueden esgrimir puntos postreros del extremismo francés, condimentos del subgénero body horror, postulados del Manifiesto Cyborg de Donna Haraway o una agenda inclusiva posmoderna en la que para no referir titanio ni titania procede el titane.

Es complicado no pensar en David Cronenberg y ‘Crush’ o  ‘The Fly’; en ‘Transformers’, ‘Alien’ y ‘Terminator’; incluso en ‘Christine’, aunque tal vez esas asociaciones no tengan que ver con ‘Titane’, que más bien armoniza —con espolvoreo de buen humor y ternura— en el propio catálogo de Ducournau. ‘Raw’ es ese vínculo.

Y es que la clasificación del género de esta película es tan inestable y subjetiva como su protagonista. ¿Se trata de una obra de terror, de ciencia ficción, de romance; de redención, acaso?

Alexia es una slasher trunca, una amante de las máquinas, un hijo pródigo impostor, una futura madre en apuros, un bombero valeroso y seductor que redime a la psicópata con tendencia dismórfica. Todo en la misma historia de su existencia.

Pero, sobre todo, es un ser que no parecería encontrar su identidad a través de la esencia, sino en la afinidad y apetencia del momento que vive. Y nada de ello, nada de aquello en lo que se convierte, es permanente o definitivo.

Alexia-Adrien es una constante y rabiosa transformación, una incómoda y a la vez amorosa mutación que se libera de la piel de los roles y los géneros. De la sociedad, de la historia y de su tiempo.

Ficha Técnica

Título original:Titane‘.
Año: 2021.
País: Francia
Dirección: Julia Ducournau.
Reparto: Agathe Rousselle, Vincent Lindon, Garance Marillier, Myriem Akeddiou y Dominique Frot.