‘Sombras en fuga’: El viaje intergaláctico de los Delphiki

Llega a Chile —vía Nova. Ediciones B—, la nueva novela del escritor norteamericano y maestro de la ciencia ficción, Orson Scott Card. La flamante Sombras en fuga es la continuación de La sombra del gigante, el primer capítulo de la llamada “Saga de las Sombras” como la conocen sus fanáticos, devotos al universo de “Ender” Wiggins (once novelas y diez relatos breves) pero ahora centrados en  las aventuras y desventuras de uno de los personajes principales de El Juego de Ender: Julian “Bean” Delphiki.
Claro que conviene recapitular antes de seguir, por si alguien no tiene claro de dónde parte Scott Card.
Andrew “Ender” Wiggins es el protagonista de aquella novela de culto cienciaficcionista en la que se convertiría El juego de Ender (1985) llevada al cine incluso en 2013 bajo la dirección de Gavin Hood, con Asa Buterfield y Harrison Ford en lo roles centrales.
La historia narra cómo niños de entre cinco y trece años con talentos inusuales son reclutados por la milicia intergaláctica (la Flota Internacional), para combatir contra alienígenas llamados Fórmicos, agresiva raza extraterrestre mejor conocida como Insectores.
Después de ser sometido a un brutal y manipulador régimen de entrenamiento, Andrew se convierte en líder y estratega de la guerra y matanza indiscriminada de esos bichos interestelares, apoyado por Julian “Bean” Delphiki, apodado en esta novela como “El Gigante”.
La Sombra del gigante ocurre en paralelo a El juego de Ender; o sea, cuenta la vida de Bean desde su juventud en las calles de Rotterdan, hasta ese momento en el que es reclutado en la escuela de batalla y conoce a Ender Wiggins.
“’El Gigante’ había sobrevivido en las calles de Rotterdam, había encontrado modos de protegerse de enemigos más corpulentos y capaces mediantes una combinación de inteligencia, ferocidad u oportuna confianza. Luego cuando lo encontró Sor Carlotta, ‘El Gigante’ había sido reclutado en la Escuela de Batalla y había sido mejor en todo”, relata Cincinnatus, uno de los tres hijos de Julian.
Tras esos sucesos, en Sombras en Fuga se revelan nuevos temas relacionados a la identidad de Bean: al final, el resultado de un experimento genético que le permite poseer una inteligencia sobrehumana pero, en contrapartida, le provoca un crecimiento corporal acelerado que lo condena a morir a los veinte años de edad o menos.
Lo anterior permite suponer, el padecimiento de una serie de aberraciones por esas relatividades del tiempo, muy en la sintonía de lo que experimenta el Joseph Cooper de Matthew McConaughey con su hija Murph en Interstellar.
Idiotismo o normalidad
“La activación de la clave de Anton había sido el objetivo del experimento que había creado al Gigante y sus hermanos asesinados en el laboratorio ilegal de Volescu veintidós años atrás” relata Ender Delphiki.
En el año 2210, la nave espacial Heródoto deja la Tierra con cuatro pasajeros y uno de ellos con la esperanza de que la Ley de la Relatividad les dé el tiempo suficiente de vida, para que los científicos en la Tierra logren una cura para su terrible dolencia llamada: la clave de Anton (la que sin duda igual le habría servido al lloroso Cooper cuando mira el video enviado por su otrora pequeña Murph y capta que le rebasó en edad).
Cinco años después, en tiempo de la nave Heródoto y casi cinco siglos en tiempo de la Tierra, los hijos pequeños de Bean: Carlotta, Cincinnatus y Ender (este último nombrado así en honor al amigo y líder de Bean, Ender Wiggins), tratan de aprender cómo coexistir, mientras cada uno cumple una tarea en pos de la sobrevivencia en la nave, al menos hasta colonizar un nuevo planeta.
Mientras tanto, en la Tierra, los científicos trabajan activamente en la investigación de la enfermedad y en encontrar la fórmula que detuviera el gigantismo, pero no bajara los niveles de inteligencia del sujeto. Nada sencillo. Ahí el núcleo de la tensión.
“Aunque descubrieran un mecanismo para cambiar simultáneamente las moléculas genéticas de cada célula del cuerpo (y era improbable lograrlo sin lesiones ni pérdidas), no había modo de modificar su ADN en un solo paso que detuviera el gigantismo sin volverlos idiotas. No idiotas. Normales. Pero esa posibilidad era insoportable”, narra Ender.
Complot
La vida de “El Gigante” se ha extendido por la baja gravedad abordo de la Heródoto, lo que permite que su corazón siga bombeando sangre a su cerebro a pesar de su tamaño, cada vez más grande.
Debido a esto, Bean debe permanecer en posición horizontal en una bodega de carga con el fin de no hacer esfuerzos físicos. Pero, a pesar de su estado casi paralítico, sigue controlando y vigilando a sus hijos a través de su holopantalla, lo que lleva a los niños a esconderse en puntos ciegos de la nave con el fin de no ser oídos por el padre.
En una de esas reuniones, Cincinnatus (Sergeant), el hijo militarizado de Bean, trata de convencer a sus dos hermanos de matar a “El Gigante”, argumentando que solo es un sujeto que genera pérdidas de recursos para su propia sobreviviencia.
Carlotta (la ingeniera), que es sumamente sensible a las manipulaciones de Sergeant, no se decide a tomar parte del plan, pero Ender (el biólogo) deja clara su postura dándole una paliza a Cincinnatus; lo muele a palos y le rompe la nariz, solo por insistir en la idea de asesinar al padre.
De esta manera, Ender pone fin al liderazgo de Cincinnatus.
Y en ese punto, Ender y Carlotta informan a “El Gigante” de los planes de Sergeant, por lo que Bean los cita y pone en su lugar, recordándoles que los tres son sumamente inteligentes, ninguno más que otro. Por lo tanto deben aprender a convivir.
Sin embargo esa no es una misión sencilla. De hecho, la tarea se dificulta aún más por la incompatibilidad de caracteres, ya que a pesar de ser niños ultra inteligentes, siguen teniendo seis años y se la pasan discutiendo por cosas insignificantes, como celos y rencores pueriles nacidos del ego, como quién es mejor, el científico, la ingeniera o el militar.
Y a pesar de su inteligencia, cada uno es incapaz de comprender el punto de vista del otro. Por ello, mirando el mundo real, eso parezca no ficción, más que ciencia ficción pura.
“Era como compartir la habitación con tres Newtons. Newtons y Einsteins que tenían la egolatría absoluta de la infancia. Y siempre serían así” describe “El Gigante” sobre sus hijos.
Ellos no entienden que solamente juntos podrán sobrevivir.
La cura
No obstante, el anterior punto no es el que realmente construye la historia.
Esos pasajes, son más bien una forma en que el autor construye la personalidad de cada uno de los personajes, una vertiente para ayudar al lector a conocer mucho mejor a cada uno de los protagonistas de esta historia.
La verdadera cuestión se centra, como puede adivinarse, en la cura.
La desactivación de la Clave de Anton queda relegada a segundo plano. De hecho, cuando Ender a través de la información compilada gracias al sistema de comunicación llamado Ansible (especie de red global de comunicación) y comienza a entrever que no existe manera de desactivar la clave, ésta vuelve a quedar relegada porque Carlotta se da cuenta de que una nave espacial está orbitando un planeta que podría ser habitable por seres humanos.
Así comienza otra vertiente de la acción que construye Orson Scott Card.
Fórmica
Bean y sus hijos cambian el curso de la nave tratando de no alterar los índices de gravedad ni de velocidad que pudiese matar a “El Gigante”.
Sin embargo, no pueden anticipar quién o qué está en esa nave espacial sin abordarla. ¿Los atacará, puede ser perjudicial para la superviviencia y la proliferación de la raza humana?
Estas preguntas mutan a miedos cuando Cincinnatus deduce que la extraña nave es fórmica, una nave colonial de extraterrestres Insectores que ha estado en el espacio durante siglos.
“El Gigante” envía a Cincinnatus a investigar la nave, cuyas dimensiones son incalculables, aun para ellos.
Ahí Cincinnatus se encuentra con un grupo de seres horrendos y salvajes. Una mutación genética de fórmicos llamados Rajos (una extraña cruza de ratones con cangrejos), creados por la reina de los Insectores para alimentar a los zánganos.
Lo anterior hace suponer a Bean que, precisamente, es una colonia de Insectores sobrevivientes al exterminio de Ender Wiggins. Por tanto, junto a sus hijos crean un plan de exploración, ya que necesitan saber quién pilotea la nave para neutralizarlos y comenzar a colonizar el planeta que orbita.
En ese sondeo se encuentran con la cámara de la reina de la colmena, la que está muerta y seca y muchas obreras en la misma condición. Con el tiempo, y después de adormecer con un espray anestesiante a los Rajos llegan al cuarto del timón donde encuentran a cinco machos Insectores o zánganos.
Con un intento de comunicarse, Ender se entrega a ellos y se comunican a través de imágenes mentales. En esa sucesión de imágenes, el grupo de niños se entera que ese navío fue enviado a explorar galaxias muchos años antes de que Ender Wiggins exterminara su raza; y cuando las reinas de las colmenas murieron en esa cruda guerra, también lo hicieron la reina y obreras de la nave. Sin embargo, los hombres sobrevivieron, pero en muy malas condiciones.
Cuando finalmente se genera un lazo entre ellos, llegan a un acuerdo: los niños deben asesinar a los Rajos y a cambio los dejarán vivir con ellos para que juntos comiencen a sembrar y colonizar el nuevo planeta.
Nueva información
Bean, con ayuda de los conocimientos de ingeniería de Carlotta y los biológicos de Ender, logra también abordar la nave de los fórmicos, y lo dejan en un hábitat artificial creado por los Insectores para producir flora y fauna de su planeta natal.
Una vez instalado, los zánganos intercambian información con “El Gigante” y éste aprende de ellos mucho. Como que tienen mente propia, contraria a la creencia popular, y a todo lo que Ender Wiggins había enseñado en su libro La voz de los muertos o La reina colmena.
Esta nueva información le da la idea a Bean de comunicarse con Ender Wiggins para sacarlo de su error, aun sabiendo que pondría en sobre aviso a la Flota Internacional de la existencia de estos seres, los que terminarían siendo asesinados y  por consiguiente enviaría al fracaso el viaje intergaláctico de los Delphiki.
Tumbado en la hierba fresca y disfrutando de las bondades del ecotat (hábitat ecológico), Bean comparte tres días con los machos Insectores; estudia de cerca la raza y descubre que las obreras de la colmena eran capaces de rebelarse contra la reina y recuperar su independencia y autonomía de vuelo.
Otro error de información divulgado por Ender Wiggins.
Por esta razón y otras que el lector irá descubriendo, es que “El Gigante” decide no hablar con Andrew y se queda tumbado descansando, aprovechando las bondades del lugar hasta que es despertado por sus tres hijos para darle una información de suma importancia.
Una revelación sin duda transcendental y que dejará al fanático de este mundo intergaláctico con la boca abierta y rodando por el espacio.
Subrayado
Sombras en fuga no es el tipo de historia a las que nos tiene acostumbrado Orson Scott Card. En rigor, parece más una novela de transición que deja con hambre de más.
Los personajes no son tan expuestos a situaciones moralmente difíciles, como en El Juego de Ender, pero aún así logra atrapar. Sus diálogos son lo mejor de la obra, incluso permite al lector olvidar que los personajes que están hablando son niños.
Son esas frases que dan ganas de marcar con lápiz para luego postear en Twitter para dejar pensando por horas a todos los seguidores después de acumular retwitts.
Lo complejo es que se trata de una novela difícil de penetrar, en el sentido de que si no se cuenta con los referentes de El juego de Ender o La Sombra del Gigante, no se entiende por sí sola.
Es necesario tener conocimientos de uno de los dos libros anteriores, y no hace mal conocer ambas sagas a nivel trivia, o el lector ocasional corre el riesgo de sentirse completamente perdido, ya que finalmente —sin Anastasia Stelle ni Christian Grey ni látigos— estas poco más de cincuenta sombras, son también sombras de Ender.
Sombras en fuga
Por Orson Scott Card
Nova (Ediciones B)
Precio de referencia $6900

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