Simplemente e-Dem, lo demás sobra

e-Dem: La conspiración de la vida eterna (Mythica Ediciones), es una novela escrita e ilustrada por Cristián Montes Lynch de manera maravillosa. Mezcla historia, mundos distópicos, filosofía mitológica y religiosa arraigada a la ciencia y a la tecnología. Este remix, además de enriquecer el mundo creado por el autor, vislumbra la violencia de Estado, que se impone con su forma de vida ideal. El Desarraigo es el primer libro de esta saga y presenta un esbozo de lo que será la historia una vez culminada, si es que el escritor encuentra los medios o la editorial para publicar los otros dos volúmenes. Es, por tanto, una introducción que si bien no alcanza a desglosar de manera efectiva, la trama igual seduce e intriga. Deja con ganas de más, lo que no es un asunto menor.

En las primeras páginas, e-Dem muestra cómo un hombre es elegido por un ángel fecundado, quien lo desgarra de la Tierra en la que quedan partes de sus raíces ensangrentadas, mientras él se eleva hacia la humanidad, si no logra controlar su deseo; o hacia la divinidad, si alcanza a conquistar la razón. En un plano más terrenal está el profesor universitario José Luis Ortega, un hombre maduro, creyente de Dios, que mantiene una relación sexual con su sobrina Magdalena. Ortega no conecta con ideologías políticas y al parecer al único al que le rinde cuentas es a sí mismo y a la culpa cristiana.  Sin embargo, esta relación  incestuosa concluye abruptamente con la visita de los agentes de Pinochet; y de ellos nada bueno puede esperarse en la trama.

Luego, en un espacio de tiempo indescifrable, se levanta e-Dem: Un Estado hegemónico, gobernado por un Credo que asegura haber alcanzado una de las promesas de la biblia: la vida eterna. En ese contexto, surgen las Vamps, mujeres que se alimentan del apetito sexual de los hombres para sobrevivir, acaso como consecuencia de una enfermedad que les acelera el envejecimiento. Alman Cenintchil, miembro del cuerpo de elite Redentores de La Santa Guardia, una organización policial inquisidora dedicada a exterminar a las Vamps, es seducido por Muna, una mujer que está empeñada en contar una verdad que no se nos revela en este tomo, pero deja un mensaje: “La santa farmacia miente, la infección no existe”.

Cenintchil es rescatado por los Redentores y llevado al cuartel donde se le reprograma para quitarle el virus del enamoramiento. Pero en ese punto es presa de un dolor insoportable que, en rigor, no está programado para sentir; la verdad (spoiler alert) es que Cenintchil está reviviendo el dolor que el profesor Ortega experimentó cuando fue vejado por los agentes de la dictadura chilena del 73. La conexión queda al descubierto, como recuerdo residual de otra vida. O quizá no. Pero el lector no podrá saberlo sino hasta que tenga en sus manos el segundo tomo. Es por ello que recomiendo el inicio de esta saga, pues a pesar de que la historia no está terminada, su cuidada edición y magníficas ilustraciones —literalmente un estilo visual de otro mundo—, generan un placer sensorio que todos merecen experimentar. Y recordarlo incluso en otra vida.

 

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