Sangre, meta y lagrimas, la última balada de Walter White

Todas las cosas malas deben llegar a un fin, así decía uno de los anuncios de la última temporada de “Breaking Bad” y así fue.
Termino, sí, créanlo o no, el reinado de Heisenberg llegó a su fin la noche de este domingo, tras 5 temporadas impecables. Un final que dejó miles de viudas, un cierre digno para una serie que cautivo a miles de fanáticos.
Ahora en Nerd News repasaremos el cierre de la creación de Vince Gilligan, así que sino quieres llenarte de spoilers, te lo advertimos desde antes. ¿Listo?, aquí vamos.
Recapitulemos en dónde estaba Walter, antes de este último capitulo titulado “Felina” o mejor dicho cuál fue la escena clave antes del comienzo de este capitulo. Vemos al ex profesor de química en un bar llamando a su primogénito, la última oportunidad que tiene de hacer entender a su familia el por qué hizo todo, pero al igual que el resto de sus planes, esto se derrumba debido a que Junior no le cree en absoluto y le desea la muerte, por haber asesinado a su tío Hank.
Luego de esto, Walter White, deja de existir, el último aliento que tenia de humanidad se pierde y es Heisenberg quien sale a luz. En ese instante vemos en la televisión una entrevista a la familia Schwartz, quienes niegan rotundamente tener alguna relación con White y sólo le otorgan la creación del nombre de la empresa, Gray Matter Technologies. Ahí es cuando vemos a Heisenberg en la barra con su cara de maldad pura e ideando un plan en su mente, para luego volver y darnos cuenta que sólo queda el vaso con alcohol, ya que éste ha desaparecido y al parecer va a cobrar venganza por todo.
Y es aquí donde comienza el fin de todo, con un Walter, o mejor dicho, un Heisenberg robando un auto congelado, el cual no quiere partir, con la policía cerca y diciéndole  “llévame a casa y yo haré el resto”, hasta que finalmente al tratar de bajar el visor, se caen las llaves del coche, permitiéndole arrancar.
Luego pasamos a una bencinera, donde nuestro protagonista se hace pasar por un reportero del New York Times, durante una llamada telefónica y toma los datos de sus ex colegas para hacerles una visita.
Por la noche, Gretchen y Elliott llegan a su casa, mientras Walt,  se encuentra oculto en las sombras y los sigue silenciosamente hacia el salón. Tras un momento, Gretchen finalmente descubre que está allí y suelta un grito. Con un cuchillo en mano, Elliott trata de proteger a su mujer, pero Walt permanece impasible y les convence para que le acompañen hacia su coche para recoger algo.
Tras reunir el dinero de Walter, alrededor de diez millones de dólares, en una mesa de la casa. Walt les ordena a que se encarguen de hacer que el dinero le llegue a Walter Jr. en cuanto cumpla 18 años, ya que el gobierno impediría cualquiera de sus intentos de dar el dinero a su familia, pero nadie cuestionaría una donación de ricos benefactores que ya han donado a víctimas del abuso de metanfetamina.
Para garantizar que la pareja seguirá sus indicaciones, Walt hace un gesto hacia la ventana y surgen dos puntos rojos de láser, apuntando a Elliott y a Gretchen, que se quedan aterrorizados. Les explica que ha contratado a dos de los mejores asesinos del sudoeste del país para asegurar la cooperación de los Schwartz, pase lo que pase.
Elliott (Adam Godley), Gretchen (Jessica Hecht) and Walter White (Bryan Cranston) - Breaking Bad _ Season 5, Episode 16 - Photo Credit: Ursula Coyote/AMC
Para sorpresa de todos, sus supuestos asesinos no son más que “Skinny” Pete y Badger, quienes se meten en el coche de White y le entregan dos inofensivos punteros láser. Walt les entrega un fajo de billetes a cada uno y les pregunta si saben algo sobre el cristal azul que sigue apareciendo en las calles. Estos les responden que es mejor que nunca y se confunden al ver que Walter no es el responsable de ello.
Es en ese momento cuando White se da cuenta que Jesse sigue con vida y que Jack y Todd no han cumplido con la promesa de eliminar a su ex-compañero.
Es aquí donde vemos a Pinkman, quien está soñando despierto, concentrado en un trabajo de madera, haciendo una caja. Mientras se dedica a admirar la caja terminada, su mente vuelve a la actualidad: sucio, con pelo largo y barba, sigue siendo un prisionero en el laboratorio de Todd.
Walter se dirige a la casa de los White para recuperar la capsula de ricina de su lugar oculto.  Antes de salir, se detiene en el salón y tiene un recuerdo de su fiesta de 50 años, con un montón de invitados en el salón y Hank invitándole a acompañarles en una redada de la DEA.
“Puedes vernos derribar un laboratorio de meta, tener algo de emoción en tu vida,” bromea Hank. “Algún día,” responde un Walter tímido.
Por su parte, vemos a Lydia en su encuentro en la cafetería con Todd en donde pide su té habitual. Estos se sorprenden completamente cuando Walt, enfermizo, se sienta junto a ellos para proponer la venta de una nueva receta para cocinar meta sin necesidad de metilamina. Al tener a Walt fuera de su vista, Lydia asegura a Todd que no tienen intención alguna de hacer negocios con él.
En el desierto, Walt prepara un elaborado aparato utilizando una parte de puerta de garaje y la base de una silla de escritorio. Al pulsar un botón de la llave del coche, Walt hace que el instrumento empiece a moverse hacia un lado y a otro metódicamente.
Al inclinarse para ajustar el aparejo, su anillo de boda se sale de su camisa y él lo sujeta durante un instante antes de meterlo dentro de la camisa: todavía tiene cosas por hacer.
En una nueva escena, vemos a Marie llamando a Skyler en su nuevo hogar, para avisarle de que Walter ha sido visto por la ciudad. Está segura de que ha aparecido para ir a por alguien de la familia. Skyler promete estar atenta y cuelga el teléfono.  La cámara avanza y se ve que está cara a cara con Walter, que ya está en la cocina.
Walt le dice que quería tener una despedida digna y le asegura que a partir de esa noche, estará a salvo del grupo de Jack. Éste también le entrega el ticket de lotería con las coordenadas de GPS, explicándole que lo puede utilizar para que la DEA encuentre el sitio en el que están enterrados Hank y Gomez, lo que le ayudará a la hora de tratar con el fiscal.
Walter trata de explicarle por qué empezó a cocinar metanfetamina, pero Skyler le interrumpe: “Si tengo que oír una vez más que has hecho esto por la familia…” comienza a decir Skyler, fastidiada.
“Lo hice por mí,” confiesa Walt. “Me gustaba hacerlo. Era bueno haciéndolo. Y estaba realmente… estaba vivo”. Es aquí cuando realmente comienza el camino de redención de Walter, un camino forjado por sangre, meta y lagrimas, en el cual quiere definitivamente enterrar a Heisenberg y dejar que de sus últimos suspiros, el otrora tímido profesor de química.
Antes de irse, Walt observa a la pequeña Holly dormir en su cuna. Al salir de la casa, Walt observa desde lejos a Walter Jr. llegar a casa desde el instituto.
Ya en la noche, Walter conduce hacia el territorio de Jack y sus hombres. Kenny es quien le recibe en el portón, echándole un vistazo al auto antes de entrar y escoltar a Walter hacia la casa del grupo. Walt estaciona el vehículo en paralelo al lado de la casa y en cuanto se bajan, otro de los hombres revisan a Walter y se apodera de su billetera y las llaves del coche, en las que está el botón que activa el dispositivo.
Dentro de la casa, Walt trata de captar la atención de Jack por su nueva receta, aunque él se niega a oírla. Kenny prepara su pistola para ejecutar a Walt, pero Jack le ordena a que se lo lleve afuera, al ocurrir esto, Walt se esfuerza en gritarle a Jack que le debe la muerte de Jesse y a que ahora trabajan juntos como socios.
Jack ordena a Todd que traiga a Jesse y lo lleve hacia la casa para que Walt vea como se equivoca. Mientras todos esperan a que Todd regrese con su prisionero, Walt recupera las llaves del auto sigilosamente.
“¿Esto a ti te parece un compañero?”, pregunta Jack en cuanto aparece Jesse, encadenado y maltratado. Los ojos de Walt destruyen a Jesse culpándolo de todo lo malo que le ha ocurrido, especialmente con la muerte de Hank, éste  ni siquiera es capaz de mantener fija su mirada.
De pronto, Walt se abalanza sobre él, derribándole contra el suelo. Jack ordena a Todd a que les separe mientras el resto del grupo se ríe. En cuanto Todd se agacha, Walter aprieta el botón para activar su dispositivo.
El M60 de Walt asciende en el maletero del coche y empieza a disparar automáticamente múltiples balas de un lado a otro de la casa. El equipo de Jack es masacrado. Entre el caos, Walter se estremece.
Jesse se acerca a Todd desde atrás, quien sigue con vida, y le rodea el cuello con sus cadenas, estrangulándole hasta que se muere. Mientras lo hace, Walt apunta una pistola a la cabeza de Jack, que se encuentra herido.
Quieres tu dinero, ¿no?” ofrece Jack. “Si aprietas el gatillo, nunca vas a—” pero Walter dispara antes de que termine la frase.
Walt tira la  la pistola por la sala hacia Jesse, quien se quitado las esposas tras buscar la llave en los bolsillos de Todd. Jesse recoge la pistola y apunta a Walter.
Aquí se produce un duelo entre el cariño y estimación que siente Pinkman hacia el señor White y otra de odio y desprecio por todo lo que ha tenido que pasar Jesse durante este largo camino.
“Quieres hacerlo,” implora Walt, pidiendo a Jesse que le mate.
“Di que lo quieres,” responde Jesse amargamenet. “Nada va a pasar hasta que te oiga decirlo.”
“Lo quiero,” concede Walt mientras Jesse nota que surge sangre en el cuerpo de Walt por una herida de bala en el torso.
“Pues hazlo tú mismo,” le dice a Walt, dejando caer al suelo el arma y caminando hacia fuera.
De repente, el teléfono de Todd empieza a sonar: Lydia  es la que llama, pero el que responde es Walter. “¿Ya está hecho?”, pregunta Lydia muy pálida desde su cama. “¿Está eliminado?”
“Está eliminado,” le informa Walt, para su sorpresa. “Todos están eliminados.”
Walt, mientras sale del edificio, le pregunta a Lydia como se encuentra y revela que puso la ricina en el sobre de Stevia que ella ha utilizado en su té. Lydia se queda atónita.
“Adiós, Lydia,” dice finalmente Walt, tirando el teléfono.
En el exterior, Walt hace contacto visual con Jesse una vez más. Los antiguos compañeros se miran durante unos segundos antes de que Jesse se meta en el auto de Todd, arrancando y conduciendo hacia el portón del territorio para marcharse. Jesse grita y empieza a soltar lágrimas: por fin es libre.
Esa escena resume en completo a Jesse, tras pasar por el peor infierno, es salvado por el mismo demonio que alguna vez fue un inocente ángel, que no tenia idea en que lió se estaba metiendo, cuando le propuso cocinar por primera vez, su libertad estaba ahí, pero también dejaba atrás a su amigo, a su profesor, al señor White.
Por su parte, Walt entra en el laboratorio de Todd, admirando el lote que Jesse había estado preparando previamente. Empieza a acercarse un sonido de sirenas de policía a cierta distancia. Walt sigue contemplando el laboratorio y recoge una máscara de gas. Sonriendo, pone su mano en uno de los toneles diseñados por él y por Jesse. De fondo comienza a sonar Baby Blue de Badfinger.
La mano de Walter se relaja y él se cae al suelo, dejando un rastro de su propia sangre en el tonel.
La policía entra en el laboratorio y se acercan, pero llegan demasiado tarde: Walter yace muerto en el suelo, con una mirada fija y serena en dirección al techo.
Mientras sigue sonando Baby Blue, la cámara comienza a alejarse y podemos ver el cuerpo de Walter en el suelo rodeado por agentes de la policía, es el fin, pero su rostro nos indica que tal como se lo dijo a su esposa, murió sintiéndose vivo, en un laboratorio en el cual encontró un modo de sobrevivir, de hacerse importante, de valorizarse, de dejar por un momento el cáncer y sus problemas; a la vez de crear un monstruo como Heisenberg y un imperio que será difícil de superar. 
De esa forma todos los círculos se cierran, los cabos sueltos son sellados y concluye de una manera que todos recibieron lo que se merecían, porque a la larga, todas las cosas malas deben llegar a un fin. Hasta siempre Walter Hartwell White y a todos los personajes que lo acompañaron en esta odisea, que tengan todos un día A1.

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