‘Rogue One’: La historia que faltaba contar en ‘Star Wars’

ADVERTENCIA. ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS.
Hay que decirlo con todas sus letras: el director Gareth Edwards (‘Godzilla’, ‘Monster’) hizo un muy buen trabajo con ‘Rogue One: A Star Wars Story’. Y eso se agradece, porque es la película que muchos esperábamos hace tiempo, capaz de explorar el universo creado por George Lucas hace casi 40 años desde un ángulo mucho más oscuro y adulto.
Rogue One’, tal como lo dice su título completo, es una historia que nace al interior del universo de ‘Star Wars’; un relato en la lógica del spin-off, pero que tiene el gran mérito de que se construye desde la vereda menos luminosa de aquella “galaxia muy, muy lejana”. Porque su tono y ritmo difieren radicalmente de las siete películas filmadas hasta ahora.

Su estética sucia y desencantada, así como el puñado de personajes unidos por las circunstancias y deudas con el pasado, obviamente remiten a títulos del cine bélico como ‘Los doce del patíbulo’, ‘Operación Crossbow’ o ‘Donde las águilas se atreven’. Y que calzan muy bien en este nuevo tiempo de Star Wars.
Su protagonista es Jyn Erso (Felicity Jones), el nuevo personaje femenino del universo de Star Wars, pero que difiere mucho del registro de las princesas Leia o Amidala. Y que nos recuerda que esta galaxia está llena de hijos e hijas en busca de sus padres, algunas veces héroes y otras no tanto, como lo demostraron en su momento Luke y Rey.
Ahora, ese padre comprometido pero ausente es el científico imperial Galen Erso (Mads Mikkelsen), responsable de la construcción de la primera Estrella de la Muerte y cuya vida está estrecha y peligrosamente vinculada a la del director Orson Krennic (Ben Meldensohn). Este último, un ambicioso villano ―con su propia “guardia pretoriana” de Death Troopers― que vale la pena no olvidar.
Por su parte, el capitán Cassian Andor (Diego Luna) se nos muestra como el hombre que se encarga de hacer el trabajo sucio dentro de la Alianza Rebelde y que está dispuesto a mancharse las manos con tal de lograr su objetivo. Pero cuyo pasado representa una carga, a veces, demasiado pesada.
Otros personajes que merecen su espacio son Chirrut  Imwe (Donnie Yen), quien pone la cuota de espiritualidad en medio de una historia que gira en torno al terror tecnológico que representa la Estrella de la Muerte. Y que incluso te hace pensar si existe un verdadero vínculo entre él y los desaparecidos jedis.
Junto a él está Baze Malbus (Jiang Wen), una figura a medio camino entre un amigo y un guardaespaldas, quien al igual que Chirrut  Imwe ofrece pocas pistas respecto de su pasado o por qué está dispuesto a enfrentarse al Imperio.
Y claro, está Bodhi Rook (Riz Ahmed), el piloto desertor imperial que todos intentan encontrar y que busca incesantemente su redención; la segunda oportunidad de hacer lo correcto, al precio que sea.
Una película de Star Wars no estaría completa sin su propio droide. Y en ‘Rogue One’ ese es el droide imperial K-2SO (en la voz de Alan Tudyk), reprogramado por Cassian Andor para ser leal a los Rebeldes. Un personaje secundario, es cierto, pero que tiene muy buenas líneas y ofrece la cuota justa de humor, al tiempo que a través de su sacrificio demuestra su mejor faceta humana, sin ser humano.

Francamente espero que Marvel Comics ya esté trabajando en algo más que la adaptación al cómic de ‘Rogue One’ y decida explorar el pasado de todos estos personajes a modo de precuelas.
Los guiños al pasado de la saga están presentes a lo largo de toda la cinta, y de la manera justa. Una clara concesión a los espectadores más adultos de la saga; aquellos que mantienen viva la emoción de la primera vez que vieron (vimos) esos párrafos de letras amarillas avanzar por la pantalla hasta perderse en el infinito.

¿Por ejemplo? Que Forest Whitaker haya dado vida a  Saw Gerrera, combatiente a quien conocimos en ‘Star Wars: The Clone Wars’ y que volvimos a ver en ‘Star Wars Rebels’; que en los callejones de Jedha, Jyn se tropiece con Cornelius Evazan y Ponda Baba, a quien vimos en Episodio IV durante la pelea en la cantina de Mos Eisley con Ben Kenobi; o la breve imagen holográfica de Oola, la bailarina twi’lek de la corte de Jabba el hutt. Y claro, el sorprendente regreso del Gran Moff Tarkin, el comandante imperial que encarnó Peter Cushing en 1977 y que ahora ha cobra vida digitalizado de manera sorprendente.
Rogue One’ está construida como la mejor precuela de ‘Una nueva esperanza’. Una película que no deja finales abiertos ni veladas promesas de secuelas. Comienza y termina en sí misma, como debe ser. La trama combina de manera eficaz las tensas historias de espionaje con la mejor tradición de batallas a gran escala. Y que tiene a la muerte como la amenaza constante, pero que al mismo tiempo es el paso obligado que convierte a los héroes en leyendas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te podría gustar...