Robocop: un Frankenstein moderno

Tras los fracasos de remakes como El vengador del futuro de Len Wiseman (2012), El planeta de los simios de Tim Burton (2001), Star Trek: into darkness de  J.J. Abrams (2013) y La invasión (2007), los amantes del cine, específicamente los del género ciencia ficción, tuvieron todo el derecho patalear cuando en marzo de 2008 la Metro-Goldwyn-Mayer anunció el remake de RoboCop. Y tenían razón.
La versión moderna de RoboCop inició el año 2008, en medio de una serie de hechos desafortunados, cuando en la  Comic-Con de San Diego, Darren Aronosfky (El cisne negro, Pi, Requiem por su sueño) fue anunciado como cabeza del proyecto, solo para abandonarlo dos años después debido a la incertidumbre que generó la crisis económica que golpeó a los estudios MGM, llevándolos incluso al borde de la bancarrota.
En 2011, el director brasileño José Padilha fue contratado por los estudios fílmicos, gracias al éxito comercial de sus películas Tropas de Elite 1 y 2, y en ese periodo la historia del ciborg ochentero comenzó a bosquejarse con trazos fundamentados.
Sin embargo, las peleas entre los productores y el director José Padilha, así como la renuncia de actores taquilleros como Hugh Laurie (quien interpretaría al CEO de OCP: Dick Jones), sumado a los aires de infortunio y desaliento que venían rodando la cinta desde la fecha en la que fue anunciada, obligaron a los estudios a suspender el proceso de filmación hasta septiembre del 2012.
Modelo 2014
Contra todo pronostico, RoboCop 2014 surge conservando elementos claves de la versión del holandés Paul Verhoeven, pero dejando fuera la sátira política y las reflexiones filosóficas sobre la tecnología, el capitalismo y la máquina versus el hombre, tan marcadas en la versión del 87, dando como resultado una película tipo videojuego, de las que Hollywood se está haciendo experto.
Pese a que la película de Paul Verhoeven estrenada en 1987 hoy se ha convertido en todo un ícono referente del género fantástico, en el año de su estreno su recaudación no fue espectacular. Pero, desde entonces, lo que sí obtuvo fue un éxito rotundo en críticas, de público y especialistas cinéfilos.
RoboCop  cosechó 53,4 millones de dólares solo en Estados Unidos, lo que la posicionó como la décimo octava película más taquillera del año. Su presupuesto fue de 13 millones, de modo que dio beneficios si se toma en cuenta lo recaudado en el mercado estadounidense, y mucho más por lo que recaudó en cines de otros países.
Las cosas, esta vez parecen distintas. El remake dirigido por el director brasileño supera los 100 millones de dólares en su primer fin de semana a nivel mundial. De momento, la misma cantidad que ha costado hacerla, sin contabilizar los gastos de promoción.
Sin embargo, después del estreno de la versión 2014, es fácil deducir  por qué se retrasó hasta febrero de este año y también, el porqué su debut fue tan discreto. Robocop 2014 se trata de una película tan carente de carácter que llega a ser graciosa. Y lo único “rehecho” de la original, es el porqué OCP se ​​toma la molestia de poner los restos de un hombre dentro de un robot. En este caso, se explica que lo hacen por dinero.
OmniCorp quiere expandir su negocio trayendo esta peligrosa tecnología dentro del territorio norteamericano, y la solución que se les ocurre para que eso suceda es convertir a sus robots en máquinas mitad hombre. Aunque también se puede leer que si el robot falla, es decir, le dispara a un civil, pueden echarle la culpa a un error humano librando de culpa a la empresa.
Después de tan interesante y breve intercambio de ideas, esta película que apela a la nostalgia del espectador que vio el original se hunde más allá de la mediocridad. Y es que a partir de ese punto, el guión de Joshua Zetumer no parece tener idea sobre a dónde llevar la micro. Incluso, hacia el final de la cinta apenas se puede distinguir quién es el verdadero villano.
Tal como sucede en la versión de 1987, Alex Murphy (Joel Kinnaman) es asesinado. Pero en el remake, el compañero de Murphy no es una chica ruda, sino Lewis, un hombre que lo deja abandonado, luego de que a Murphy le tienden una trampa, porque su extrema honradez está molestando a unos policías corruptos y a un narcotraficante llamado Antoine: le ponen una bomba en el auto y como consecuencia de la explosión pierde una pierna, un brazo, sufre quemaduras en el 80% del cuerpo y se queda paralítico. Muy hollywoodense, por cierto.
Todo lo anterior sucede mientras el CEO de OmniCorp, Raymond Sellars (Michael Keaton), y el Doctor Norton (Gary Oldman), un científico experto en robótica especializado en fabricar prótesis para las personas que han perdido brazos o piernas en accidentes, casualmente, están revisando las bases de datos de lisiados e inválidos, para encontrar a su candidato.
Alex Murphy está en estado crítico, pero se le puede salvar y además, es policía. Es el candidato perfecto. Así que lo toman y lo terminan de mutilar para meterlo dentro de la armadura de RoboCop. Pero Alex sigue siendo consciente de quién es, quién fue y en lo que se ha convertido, por lo mismo desea morir.
Hasta este punto, y ya cerca de la mitad de la película, no pasa nada de importancia: entre que le borran el cerebro porque los recuerdos de su vida humana no le permiten ser ciento por ciento efectivo en sus tiros, le implantan chips de combate, y le descargan los archivos criminales de la policía en el cerebro, aún no se entiende para dónde se dirige la línea argumental.
«¿Qué es esto? ¿Dónde está el toque humano de la versión de Paul Verhoeven?», podría cuestionarse el espectador.
Claro que para quien gusta de las explosiones, sonidos estruendosos y escenas sin demasiado transfondo, la película puede no ser aburrida. Pero se nota mucho la limitación del director y el guionista al no atreverse a plasmar algo que ameritara un remake de una cinta y un personaje que han envejecido bien con los años. Y por eso el asunto se vuelve decepcionante.
Back to the eightys
Y es que el Robocop original de Verhoeven, en su estructura narrativa, sus escenografías y desarrollo de personajes, representa una mezcla compleja de géneros, utilizando elementos extraídos de la ciencia-ficción, del género gansteril y del romance.
RoboCop del 87, al igual que la última versión, trata de un oficial de policía de Detroit llamado Alex Murphy (Peter Weller), al que asesinan mientras cumplía su deber. Luego los restos de su cuerpo son transformados en un cyborg súper tecnológico, programado para restaurar la ley y el orden.
Y aunque le habían borrado su memoria, cuando su ex compañera Lewis (Nancy Allen) lo llama por su nombre, Murphy comienza a tener flasbacks de su vida como humano que lo incitan a buscar información acerca de su propio pasado, para luego vengar su muerte, causada por mafiosos y el CEO de Omni Consumer Products, en una ciudad post-industrial, un Detroit de pesadilla asediado por los conflictos urbanos. Bastante similar al Detroit post bancarrota del año pasado.
RoboCop es una película palomitera que marcó el debut cinematográfico en Hollywood del distinguido director holandés Paul Verhoeven, cuya obra aclamada por la crítica incluye Turkish Delight (1973), Soldier of Orange (1978), Spetters (1981), The Fourth Man (1983), y Flesh and blood (1985).
Verhoeven inicialmente rechazó el libreto de RoboCop: “Solo es un guión de acción”, declaro al  New York Times.  En una lectura posterior, sin embargo, el cineasta vio en ella temas filosóficos como los temas cristianos de la muerte, la resurrección, la redención y accedió a hacer la película.
Pero antes, Verhoeven estudió clásicos de acción como Rambo y Terminator, para aprender de la edición y el ritmo del género que tantos millones de dólares y espectadores le dio en esa época a la industria cinematográfica.
Las habilidades visuales adquiridas por Verhoeven le permitieron una transición sin tropiezos en Hollywood. RoboCop, no es solo una película de acción, de romance, comedia, fantasía y venganza, sino también un entramado complejo, rebelde e incluso un texto utópico que aborda el problema de la paranoia humana dentro de una sociedad tecno – capitalista.
De hecho la película se centra en tres temas críticos: el capitalismo, los medios y la tecnología. Sin embargo, a pesar de la diatriba intrínseca en las escenas, al final termina reafirmando el capitalismo y el conservadurismo que se propone criticar.
La película de Verhoeven comienza con los ejecutivos de la OCP (Omni Consumer Products), una gran empresa tecnológica vinculada con los militares. OCP tiene un contrato para dirigir el Departamento de Policía de Detroit y su vicepresidente Dick Jones (Ronny Cox), un visionario capitalista, intenta requisar las nuevas oportunidades que ofrecen la expropiación urbana y la privatización de los servicios sociales.
Dick Jones es uno de los vicepresidentes malignos que usurpa el control de la empresa. Y Bob Morton (Miguel Ferrer) es un despiadado y arribista ejecutivo que va dejando gente pisoteda en su camino a la cima.
El presidente revela orgullosamente el último plan de OCP: construir la futurista “Ciudad Delta” —que en la última versión de la película comienza con ésta ya construida—, para garantizar que nada perturbe la metrópoli-empresa gestionada por ellos mismos.
El vicepresidente Jones presenta un robot diseñado para reemplazar al ineficiente policía humano, el Ed209 que está programado para la “pacificación urbana”. Jones le pide a un joven ejecutivo simular un asalto y el policía del mañana emite al hombre una advertencia para que deje caer el arma; el ejecutivo obedece, pero algo va mal con el robot, por lo que el empleado asustado intenta esconderse, aunque todo es en vano, porque al final es brutalmente asesinado por el Ed209.
Cuando el presidente de la corporación le expresa a Jones su profunda decepción, el jefe de departamento, el joven Bob Morton, aprovecha la oportunidad y expone un nuevo plan que implica la construcción de un cyborg (hombre-máquina). Y cuando recibe el visto bueno del presidente, se gana la antipatía de Jones por haberlo desplazado ante el jefe.
Este melodrama proporciona el marco para la crítica del capital corporativo. Las palabras iniciales del presidente presentan a OCP como una corporación racional, humanitaria e innovadora del futuro. Sin embargo, OCP bajo el control de Jones, actúa como un monopolio del mal que se beneficia de la delincuencia, no la elimina.
El contraste entre Jones y el presidente se utiliza como un recurso dramático a la crítica de la ideología de la empresa y el desarrollo, pero solo para terminar reconstruyéndolo. La expansión del capital tiene una ética oculta, y esto se revela en los personajes de los archirrivales, el vicepresidente Jones Dick y el ejecutivo más joven de la corporación, Bob Morton, un personaje ultra competitivo y cruel que cuando su colega es asesinado por el Ed209, hace bromas de mal gusto como: “Así es la vida en la gran ciudad”.
Y en cuanto al menoscabo de Jones, Morton dice: “Es viejo, somos jóvenes, y así es la vida”, sin tener consciencia de que se ha metido con el tipo equivocado. De hecho, Jones al ver amenazada su carrera y posición en la empresa manda a un mafioso para asesinarlo. A lo largo de RoboCop, se puede ver que las vidas humanas son fácilmente desechables en la búsqueda de la ganancia, y el dinero media todas las relaciones personales.
La película también, utiliza la metáfora del juego. Clarence J. Boddicker (Kurtwood Smith), el suche de Dick Jones, en el momento en que va a asesinar a Bob Morton le pone un video hecho por Jones, quien le dice con sarcasmo: “Piense en esto como un juego, Bob. Cada juego tiene un ganador y un perdedor. Te lo estoy cobrando”. Aquí Robocop muestra un aspecto fundamental tanto para la ideología capitalista como para la imaginación popular.
El individualismo convierte la vida en un juego en el que los derechos y libertades fundamentales deben ser ganados en lugar de ser concedidos. Los desafortunados perdedores y no jugadores, simplemente deben aceptar su condición de actores sociales sin garantías ni derechos.
Para reforzar este ataque, la película también construye su narración en torno a la libre empresa como un sistema autolegitimado de robo. Los miembros de la pandilla de Boddicker (asesinos de Murphy), se preguntan por qué molestarse en robar: “Robamos bancos, pero nunca nos quedamos con el dinero. Robamos dinero para comprar coca, y la vendemos para hacer más dinero. Inversión de capital. ¿Tanta molestia? Podríamos robarlo. No hay mejor manera de robar que la libre empresa”, divagan los hampones.
Además de su representación del saqueo legalizado, la libre empresa también es retratada como una anárquica guerra de todos contra todos. En una de las escenas del hilarante noticiero de la película, un hombre cualquiera es entrevistado en la calle y dice: “Es una sociedad libre, excepto que no hay nada gratis. No hay garantías, ya sabes. Estás por tu cuenta. Es la ley de la selva”.
A través de esta sátira, RoboCop construye uno de los casos más fuertes contra el capitalismo monopolista, hasta el momento entregados por Hollywood, sin contar Cosmopolis, ya que no es una idea original, sino que está basada en la increíble novela de Don DeLillo.
“Denos tres minutos y le daremos el mundo”
La manipulación de la información por los medios de comunicación, también es un tema que deliberadamente se satiriza en Robocop. De hecho, a lo largo de la película, aparecen continuos insertos de un noticiero que apoya a la Corporación en sus maquinaciones para obtener ganancias. Este “teatro dentro del teatro” trabaja para mostrar cómo la información objetiva no es más que parte del arsenal de construcciones ideológicas.
RoboCop comienza con un noticiero que critica con brillantez el género. El slogan del noticiero es: “Éste es su noticiero. Denos tres minutos y le daremos el mundo”. El informativo ofrece una realidad social y política ultra comprimida, solo un poco más absurdo que los sesenta minutos de los noticieros nacionales de la actualidad, cuyo contenido no ofrece más de diez a doce minutos de noticias reales.
“La objetividad periodística es en sí misma problemática con sus limitaciones de tiempo, códigos dramáticos, y los marcos ideológicos que filtran la realidad representada”, explica el profesor de filosofía Steven Best en Jump Cut: A Review of Contemporary Media.
En RoboCop se muestra cómo los noticieros hacen parecer que todos los acontecimientos son iguales. Después de reportar un acontecimiento político, los presentadores de noticias simplemente sonríen y pasan a la próxima nota, como si todo tuviera el mismo valor. Esta sátira funciona porque exagera ligeramente lo que ocurre en los noticieros reales. Lo suficiente para exponer la artificialidad de la televisión.
Los acontecimientos representados en estas escenas son secuencias manipuladas por el director para que coincida con la actitud cínica general de la película y, de esa forma, reforzar su crítica a la tecnología y el capitalismo.
Valle inquietante
Sin embargo, la crítica más aguda de RoboCop no es dirigida contra los medios de comunicación o el capitalismo, sino en contra de la tecnología. En el mundo paranoico de la película, la tecnología está fuera de control. La película muestra los seres humanos tratando de dominar la naturaleza tecnológica, pero finalmente fracasan: por ejemplo, Ed209 dio una respuesta equivocada a la simulación de asalto; después no podía bajar por las escaleras para perseguir a Robocop.
Robocop tampoco es controlado por los humanos. De hecho él encuentra inteligentemente las maneras para anular su programación, sobre todo esa que le prohíbe detener a cualquier ejecutivo de la OCP, para finalmente asesinar al Videpresidente Jones.
A pesar de su programación, algo de su memoria vuelve. Desarrolla voluntad propia y escapa de la estación de policía. Al final de la película, él recupera su identidad y se identifica como “Murphy”. A pesar de todos los intentos de la empresa para producir una máquina ideal, una simulación tecnológica perfecta de un policía, los componentes humanos regresan en su totalidad con sed de venganza. Y así RoboCop se transforma en un Frankenstein moderno que se rebela contra sus creadores tecnócratas.
En este sentido, la película intenta enviar una advertencia contra el tecnicismo, una ideología que ve la tecnología como la solución a todos los problemas y busca el dominio técnico (no calificado) del mundo.
El mundo moderno ha visto la victoria de la voluntad, dispuesta exclusivamente para el bien de la tecnología. Esta sería nihilísticamente absorber la moral y los valores humanos dentro del movimiento ilimitado y autónomo de la tecnología. Mientras que la tecnología siempre se ha constituido como elemento fundamental de la existencia humana, cuyo objetivo consiste en reemplazar la vida natural con máquinas y crear un ambiente artificial y procesado.
El robot pertenece a la era industrial, con su multiplicación infinita de objetos idénticos dentro de una serie. El robot liquida la metafísica del ser y la apariencia; y trae todo a la lógica estrictamente técnica de la producción, gobernado por el valor de cambio. En RoboCop, el robot no es la analogía del hombre, pero si su equivalente. Ambos están serializados.
El experto Masahiro Mori habló en los años 70 de una hipótesis en el terreno de la robótica y la animación traducida como Valle inquietante que asegura que mientras más se asemeja una réplica antropomórfica al ser humano real, se produce una reacción fóbica de rechazo. La teoría que involucra la asimilación, la empatia, el parecido y finalmente la repugnancia retoma conceptos de lo inquietante en términos psicológicos planteados por Ernst Jentsch y, posteioromente, Sigmund Freud.
En este sentido, la cinta describe cómo las producciones culturales mecanizan las emociones y cómo estas explotan en un mundo difuso y socialmente esquizoide. Ésta es la sensación que Robocop llega a conocer muy bien cuando es sacudido por los recuerdos de lo que fue, cuando experimenta su antigua vida en ráfagas reducidas y entrecortadas; de esa forma, Murphy o la máquina, simbolizan la desintegración esquizoide del ego; un relato dramático sobre cómo los valores sociales sucumben bajo los poderes abstractos de la ciencia.
En última instancia, RoboCop solo proyecta miedo y paranoia hacia el inminente cambio tecnológico. Una debilidad clave de la película es que su crítica es de una sola dimensión, la tecnofobia hacia la automatización. Da un poderoso juicio del tecnicismo, pero no muestra formas del cómo la gente podría tener una relación positiva con la tecnología.
Crea una idea terrorífica en la que la tecnología es el mal que borra la esencia humana, es la sustitución del ser natural por su maquinaria artificial. La película permanece bloqueada por el drama del hombre contra la máquina, cuando podría haber sugerido la posibilidad de una tecnología humanizada y socializada que no diera tanto miedo.
Delincuencia y anarquía 
La película es más reaccionaria en su tratamiento de la delincuencia. Muestra el crimen como el peligro anárquico del futuro. En un nivel fundamental, la narrativa de RoboCop, está controlada por las características típicas del género, la que se articula en torno a los binarios del bien contra el mal y el orden contra el caos. Se trata de transmitir una imagen de una metrópolis moribunda, devastada por la delincuencia y la anarquía.
Debido a su forma tradicional del género (acción-ciencia ficción), carece de cualquier contexto histórico que permita analizar la naturaleza de la crisis, sea esta el capitalismo como la causa última del desorden social. De esa manera, la representación del crimen en la película se une perfectamente con las fantasías de la subversión social y el programa contra la delincuencia y las drogas que Reagan implementó entre los años 80 y 84, época en que la lucha contra la delincuencia y las drogas se convirtieron en un frente para aumentar la vigilancia y el retroceso en los derechos constitucionales.
Sin excepción, cada pato malo en la película queda vencido por las fuerzas del bien, paradigmáticamente representado por el incorruptible RoboCop, aunque quizás represente el argumento de que se necesita un funcionario robotizado para alcanzar la verdadera condición moral.
RoboCop enseña la lección de que el bien siempre gana. Nos dice que el orden social solo es posible a través de la imposición y la aceptación de la autoridad externa y que, lo más importante, un capitalismo moribundo es preferible a cualquier otro sistema que pudiera sacarlos de esa destrucción.
Sin embargo, en ningún momento sugieren que los graves problemas sociales que plantea —desde el desastre nuclear hasta el control monopólico—, son inherentes al sistema corporativo que critica. El presidente es retratado como una víctima ignorante e inconsciente de la usurpación del control de la empresa por el vicepresidente Dick Jones. En relación con la maldad de Jones, el presidente se erige como el capitalista racional y benéfico que quiere traer un mejor mañana. Su posición y su función nunca se cuestionan.
De esta manera, el final de la película, legitima y exonera al sistema corporativo reduciendo los problemas estructurales del capitalismo a las cuestiones de la sicología individual. La película podría haber mostrado todo el liderazgo de las empresas que practican la corrupción y el engaño público. O podría haber hecho una conexión explícita entre la investigación corporativa y la exigencia de ganancias. En su lugar, solo condena la avaricia y la ambición en el plano de los valores personales, en el personaje de Dick Jones.
Tal como está, RoboCop no ofrece una crítica estructural del capitalismo, sino un juego de moralidad que reafirma el capitalismo, las virtudes morales, —y en los recuerdos de la vida de Alex con su esposa e hijo—, la familia tradicional.
Sin embargo, y a pesar de lanzar panfletos anti-sistema, no se puede exigir una crítica profunda a una película palomitera, eso sería pedir demasiado. En última instancia, los límites inherentes de la industria de Hollywood y su forma narrativa tradicional evitan las críticas más radicales. En RoboCop vemos la contradicción habitual entre la agrupación de textos progres y las formas narrativas tradicionales.
La resurrección de Robocop como Murphy, ese momento final cuando sonríe y recupera su antiguo nombre, es una entrega indignante a la forma del género. Es culminante,  completa la teoría de cierre, la resolución y la redención que estructura la película.
Ese momento no es satirizado. Propone la recuperación completa del contenido perdido de su identidad humana, la supresión de su angustia a pesar de su físico destruido, su masculinidad perdida y el resto de su vida, la resolución de cualquier delirio condenatorio de Murphy.
La escena final podría haber contenido patetismo al hacer preguntar al espectador a dónde irá a parar este ser sin hogar ni familia, tal vez la búsqueda de una vida en medio de las ruinas de la modernidad industrial. En cambio, se sabe que todo va a estar bien y se puede imaginar que RoboCop —como todos los superhéroes—, a pesar de caminar solo, camina alegremente, quizás todavía atrapando a los malos.
Porque Alex Murphy como RoboCop, finalmente se ha convertido en el pistolero moralmente consciente que siempre había querido ser.
Sin duda, cada espectador decodifica RoboCop de una manera diferente. Algunos encontrarán apoyo para sus creencias conservadoras en la necesidad de una orden o de héroes redentores. Otros serán hipnotizados por el gran espectáculo de la película y la ven o verán solo como un recuerdo de sus placeres culpables. Y quizás para otros, la película va a agudizar —o despertar— su paranoia y escepticismo hacia los medios de comunicación, el capitalismo y la tecnología. Una especie de Frankenstein que siempre se volverá contra sus creadores.

 

2 thoughts on “Robocop: un Frankenstein moderno

  1. Coincido plenamente con Paulina.
    Onda que a mí y a mi polala
    no nos tincaba. Fuimos a verla
    y nos dimos cuenta de que se esmeraron
    en hacer una película con mejoras visuales
    y todo eso. El robocop se ve la raja, pero
    descuidaron la historia. Eso se nota y es una lástima
    porque podían haberla ahondado respecto a la original,
    pero filo. Igual está entretenida. Aunque solo eso. De ahí No pasa.
    Saludos a todos.

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