Retronerd: Matías Bertucci critica y analiza la pieza maestra de Nolan, “Memento”

“Memento” (2000) – “Tú no buscas la verdad. Tú fabricas tu propia verdad”

El recomendado de fin de semana. (Amazon Prime y Netflix)

Con un escueto presupuesto de 9 millones de dólares, Nolan logró plasmar su sello de autor en esta peculiar película.

La trama nos presenta a Leonard Shelby, interpretado eficientemente por Guy Pearce. Un ex investigador de una compañía de seguros, que padece amnesia anterógena, no pudiendo retener sus recuerdos, y quien, sin embargo, despierta cada mañana intentando ordenar su mente, avanzando en su intento por encontrar al asesino de su esposa y vengar su muerte.

Varios elementos narrativos resultan efectivos en Memento para mantener tenso, expectante y alerta al espectador.

Por un lado, tenemos la trama principal en dónde los hechos se presentan en orden inverso, algo que desconcierta al espectador y logra un efecto de empatía con Leonard.

Alternando a este desenlace, en blanco y negro y en tradicional orden cronológico, a través de llamadas que recibe, vamos descubriendo pistas para entender los procedimientos de Leonard para recuperar información día a día, e intentar armar el puzzle en su cabeza.

También conocemos la historia de Sammy Jankis y su esposa, con la cual Leonard traza un paralelismo al presentar supuestamente la misma condición patológica que Sammy; y vemos secuencias del momento en que la esposa de Leonard es asesinada, en un desenlace que genera dudas sobre la coherencia narrativa en el surgimiento de la enfermedad mental en el actor principal, quizás el punto más flojo de la película.

Nolan nos hace cuestionar la naturaleza de los recuerdos, y su relación con la identidad, mientras juega retorcidamente con la propia percepción del público sobre los hechos, otorgando a cuentagotas esas recompensas mentales asociadas a cada pieza del puzzle que podemos ir encajando, mientras nos consternamos con lo que vamos descubriendo.

En este sentido, Nolan nos hace pensar en el concepto de tiempo, y su relación con la psiquis humana, al igual que luego replicaría en otras producciones, como Insomnia, The Prestige, Inception, en dónde diez años después, la trama de los recuerdos termina pasando al plano de los sueños, o su éxito de ciencia ficción Interestellar. Una dedicación temática que también comparte con su hermano, Jonathan Nolan, autor de Memento Mori, novela que sirvió de musa inspiradora para Memento, y creador de la extraordinaria serie de HBO, Westworld en dónde el tiempo vuelve a ser un peculiar protagonista.

Recordemos que Leonard Shelby está atrapado en un eterno presento. No sabe de dónde y cuándo viene porque lo recuerda y por eso no conoce su destino ni su futuro a ciencia cierta. Solo sabe que está atrapado por siempre “aquí y ahora” y lo único que es capaz de guiarlo sos auto mensajes que se envía a sí mismo a través de sus tatuajes cruzando su cuerpo y las notas personales que deja a sí mismo en fotos Polaroid.

Un clásico as bajo la manga, típico del director, también está en los giros repentinos e inesperados en la trama. En Memento, esto no es la excepción.

La fascinación por explorar la mente humana, y su relación con la identidad, es una marca personal del director, quien finalmente termina abordando en sus producciones la concepción del tiempo, caracterizándolo como un personaje más de su historia.

El actor principal, y todos nosotros como espectadores, transitamos la película atrapados en un limbo temporal permanente, desconectados con el pasado, y sin comprender el futuro. La narrativa de la historia en diferentes direcciones temporales adquiere un simbolismo especial en este sentido.

En fin, la película termina funcionando como una sesión de psicoanálisis, en dónde el protagonista va adentrándose en la profundidad de su mente, sus recuerdos, sus pensamientos y sentimientos asociados, para descubrir finalmente su trauma.

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