Recuerdos del recién fallecido Ray Bradbury

 

Ha muerto el maestro. Aquí recordamos cuando vimos la serie en la televisión local inspirada en sus célebres “Crónicas marcianas”, con esa atmósfera increíble, bien lograda y que transmitía la misma sensación de pesadez psicológica y melancolía que había en el relato original que posteriormente leímos. O cuando nos topamos con el libro de “Fahrenheit 451”, algunos antes de ver esa estilizada película de Truffaut otros después. De todos modos, son varios los relatos que pululan de él y que más de alguno ha sacado a colación en alguna conversación. Por eso les dejamos aquí un enlace con algunos de ellos: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/rb.htm

Lo curioso de dejarles este enlace de él es que el propio Bradbury comentó lo siguiente al New York Times sobre Internet:

“Es una gran distracción. Yahoo me llamó hace 8 semanas. ¡Querían poner un libro mío en Yahoo! ¿Saben qué les dije? Al demonio con ustedes. Al demonio con ustedes y con internet. Es una distracción. No tiene significado; ¡no es real! Está en el aire, en algún lugar”

 Como sea Ray, aquí en el aire, te hacemos este homenaje.

 

CONFESIONES DE BRADBURY

 “Mi mayor influencia es John Steinbeck. Leí Las viñas de la ira cuando tenía 19 años. Cuando escribí Crónicas marcianas necesitaba una estructura. No me di cuenta que había recurrido a Las viñas de la ira; Crónicas marcianas es completamente la estructura de Las viñas de la ira. De noche, solo, cuando tenía 12 y miraba al planeta Marte yo pedía “llévenme a casa”. Y el planeta Marte me llevó a casa y nunca regresé. Lo importante es que cuando salí de la escuela no teníamos dinero. Yo no podía ir a la universidad y lo mejor que ocurrió fue que fui a la biblioteca. La biblioteca educa. Los profesores inspiran, pero la biblioteca te satisface.”

 

“Publiqué la primera versión de Farenheit, El bombero, en una revista de ciencia ficción, Galaxy, en febrero de 1951. Y vino Ballantine (el editor) y leyeron mi novela corta de veinticinco mil palabras y me preguntaron: “¿Puedes alargarla?, ¿puedes escribir otras veinticinco mil palabras?, publicaremos la novela completa y tienes que encontrarle un título porque no es El bombero”. Me quedé pensando en cuál era la temperatura en la que los libros se queman. Llamé al departamento de química de la Universidad de California y no sabían, llamé a otra universidad y tampoco. Me dije: “Bobo, llama el departamento de bomberos”. Y llamé al jefe de bomberos, “¿podría decirme a qué temperatura los libros arden y se queman?” Dijo, “espere, ya vuelvo”. Volvió y me dijo “el papel de los libros arde y se quema a los 451 grados Farenheit”. “Eso es bueno”, le dije. Entonces le di vuelta, tenía que ser Farenheit 451.”

 

CRÓNICAS MARCIANAS, PRIMERA PARTE

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