Rafael Valle: “Themo Lobos fue un artista transversal”

El periodista Rafael Valle se reencontró con Themo Lobos, uno de los historietistas favorito de su infancia, no solo releyéndolo, sino también conociéndolo en persona y, finalmente, escribiendo un libro sobre su vida y su obra. ‘La gran aventura de Themo Lobos’, una notable biografía sobre el artista chileno, es el resultado de muchas horas de conversación entre el periodista y el dibujante, en la residencia que este último tenía en Concón, en las que fue develando su historia dentro de la historieta chilena.
‘La gran aventura de Themo Lobos’ es una contunde pieza histórica no solo porque muestra con detalle, pulcritud y rigor la vida y obra de uno de los grandes creadores del cómic chileno como resulta Themo Lobos, la rúbrica artística de Themístocles Nazario Lobos Aguirre. Además, es un trabajo soberbio porque rescata, de paso, la aventura del cómic chileno, puesto como el marco general bajo el cual transcurre justamente la notable biografía del artista chileno.
Casi examinando el siglo XX por entero, década por década, el autor de este imprescindible libro (con imágenes de archivo de sumo valiosas, ilustraciones hecha por el propio objeto de este estudio y planchas de páginas inolvidables)  se mete de lleno en la cara poco conocida de la historieta local, pero también mira de frente a la gran historia de Chile, sin obviar contexto y su efecto en las vidas de artistas enamorados del noveno arte en un país donde la historieta fue pasión de multitudes, con ediciones semanales de títulos diversos que alcanzaban las cientos de miles de copias vendidas: algo impensado en estos días de redes sociales y una vida cultural que parece menospreciar el cómic.
Así las cosas, el avance de Themo Lobos desde su inquieta juventud hasta convertirse en uno de los referentes de la creación artística local, Rafael Valle la registra a través de una pluma soberbia, una pedagogía necesaria y deja que cada capítulo de su biografía se conecte con el recurso del “cliffhanger” o “Continuará”: un homenaje a un recurso narrativo que tan bien usaba el propio Themo Lobos en sus creaciones: Máximo Chambónez, Ferrilo y Alaraco, entre otros, e incluyendo su trabajo más famoso, Mampato, ese niño que viajaba en el tiempo, creado antes por Eduardo Armstrong y el también notable artista y acuarelista Óscar Vega (padre de otro genio: Félix Vega, el autor de ‘Juan Buscamares’).
El propio Rafael Valle ha dicho que este libro es una especie de “cinturón espacio-temporal” que le permite al lector, tanto lego como más avanzado, a viajar en el tiempo e ir al pasado de un Chile que ya está dejando de existir. También, usar ese recurso del viaje en el tiempo  es un homenaje y tributo a los viajes en el tiempo que Themo Lobos creaba semana a semana en las páginas de Mampato.
Hay algo interesante en ese juego del tiempo. La verdad es que Themo Lobos nunca pensó, era tan práctico que, en el fondo, no pensaba que Mampato podría alterar la historia-, reflexiona Rafael Valle acerca de la manera en que Themístocles Nazario Lobos Aguirrenarrabalos increíbles saltos en el tiempo de Mampato y su compañero de aventuras, Ogú.
-No era ese su interés mostrar cambios en la historia. Creo que hay una alusión cuando le enseña a hacer fuego a los hombres primitivos y dice como “chuta, aquí van a partir las guerras”, pero no se va en mucho rollo con el tema porque al final lo que le interesa y lo que prima es la aventura. Lo suyo tiene que ver con los relatos de aventuras. Y la gran épica no es la literatura seria, o puede ser seria, pero también no serlo. En este sentido, es tan importante echar mano a la matiné de Flash Gordon como a los libros de Jack London o Julio Verne, al menos en el imaginario de Themo Lobos.
-¿Estaba ahí en ese imaginario Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzán, también?
-Aunque no hablábamos de autores o influencias tan específicas, al charlar sobre autores me mencionó que los dos libros que lo habían marcado y que básicamente habían sido los importantes en su vida eran Los Mosqueteros de Dumas y El Llamado de la Selva de Jack London. Pero él leía de todo, leía ciencia ficción, leía clásicos, leía enciclopedias. A mí me importa mucho que sea un gran lector porque creo que ahí está la base de todo. No es solo alguien que dibujara, sino que tenía lo que tienen los grandes autores de cómics y es que son todos grandes lectores. Estoy pensando en dibujantes como Hugo Prats de Corto Maltés o en el creador de Tintín.
-¿Y cuál era la particularidad de Themo Lobos en relación a otros creadores?
-Puedo estar equivocado, pero mi percepción sobre la gente que hace historietas, no toda obviamente, pero creo que tienden a ser muy específicos, es como que escriben de zombis para los que les gustan los zombis o hacen cómics estilo manga para los que les gusta el manga. Pero Themo Lobos hacía historietas para que todos leyeran, era una construcción popular y democrática y, además, la historieta no tenía esa ínfula que ha ido tomando a veces como más intelectual o más de nicho. Antes todos leían historietas. Además, yo creo que Themo Lobos es parte de una cultura que se hizo desde el kiosco.
-¿Cuánto tiempo conversaste con él para reunir el material de este libro?
-Con Themo Lobos habré hablado unos dos años viajando a Concón para encontrarme con él. Yo llegaba, lo saludaba, charlábamos un rato y por ahí, de repente, prendía la grabadora, ahí prendía lo que yo llamo “el cinto espacio-temporal”. Me gusta la idea de pensar que la grabadora también es un cinto espacio temporal, porque Themo con la memoria viajaba en el tiempo cuando te contaba su historia y eso quedó ahí registrado.
-¿Cuándo se te ocurrió la estrategia de hablar de la historia del cómic  chileno y de lo que pasaba en Chile en esa época, pero enfocado en Themo Lobos?
-Yo creo que eso siempre lo tuve más o menos claro cuando empecé a juntar las piezas de Themo. Todo esto partió con que yo era un admirador y después, cuando ya estaba trabajando en un diario, me tocó entrevistarlo varias veces o saber varias cosas relacionadas con él. Y ahí fueron surgiendo datos: de que había estado en esta revista o había estado en esta otra. Entonces, en el fondo, había un gran mapa que podías seguir a través de él. Creo que esa fue también una de las razones por las que me interesó también hacer la biografía, porque claramente él era un testigo protagonista, privilegiado, estaba en el primer plano, pero también en el escenario de fondo. Entonces, era una buena excusa hablar a través de él sobre el tema.
-¿Qué piensas sobre la valoración de la historieta en Chile?
-Creo que la historieta es un reflejo de la idiosincrasia chilena, porque al final este es un país con una memoria súper frágil, todo se olvida súper fácil, desde las cosas político-históricas hasta las cosas culturales-históricas. Eso se puede ver, por ejemplo, en que muchos cines de barrio se han convertido hoy templos evangélicos (…) nadie le toma el peso de que ahí la gente iba a ver cine, se entretenía y aprendía cosas y, a lo mejor, de ahí salió gente que fue un poco más ilustrada que otra. Porque el cine era una cosa súper democrática en los barrios. Y eso también lo puedes aplicar a la historieta y a otras artes y a otras cosas. Yo creo que tiene que ver con eso básicamente.  Y me gusta también esta idea de la panorámica, de que, por desgracia, a veces tienes que tirar 40 años después un fenómeno para darte cuenta de lo bacán que era. Tal vez en su época nadie valoraba y decían algo así como “ah, esto es papel barato que sale todas las semanas”, tal vez lo veían como el diario nomás, entonces era como desechable, pasajero, sin ninguna importancia. Y 50 años después te das cuenta de la cantidad brutal de producción y no solo de la cantidad de producción, sino que también de la calidad de la historia, del dibujo, de los guionistas. Obviamente había cosas mejores que otras, pero ahí había un montón de gente muy talentosa. Y una vez más el tiempo te da la panorámica, el tiempo cuando corre a favor, como digo en la dedicatoria del libro.
-¿Y cómo ves la relación de las nuevas generaciones con este mundo de la historieta?
-Creo que cuesta harto quitarle un celular a un cabro de las manos hoy en día. Entonces ya tienes un punto de partida difícil, porque en el fondo es decirle “eh, mira, esto es revista” y él en el dispositivo está conectado con los amigos, con la polola, está viendo videos en Youtube, está viendo el tráiler de la película que quiere ver, está en Facebook, está tirando fotos, es está tomando la selfie… hay ochenta estímulos. Entonces decirle “oye, esta revista”, es difícil. Podrían hacer una política de Estado en la que a lo mejor a los cabros, en vez de hacerlos leer por enésima vez “La canción de Roldán” como libro obligatorio, también debieran leer historietas como plan de lectura en los colegios -si el plan de estudios incluye historietas- porque al final también es leer, todo lo que sirva para leer es útil. Leer siempre va a ser mejor que no leer.
– ¿Y qué importancia le das a Themo Lobos o qué destacarías en él?
-Creo que es uno de los historietistas más completos, tan simple como eso. Es completo porque no solo era un buen dibujante, sino que era un buen narrador y porque, además, sobre todo en Mampato que es su obra más conocida, tenía cierto rigor didáctico, pedagógico. No siempre había cosas pedagógicas, había también cosas como Máximo Chambónez, que es uno de mis favoritos, que simplemente hacía que te murieras de la risa. Entonces también funcionaba muy bien en la comedia, era un súper buen creador de comedia. Ahora, hay otra gente tan buena como Themo Lobos, pero yo creo que es el más completo, eso es lo que me interesó mucho de él. Y, además, lo otro es que era el más citado como influencia. Nadie habla de Guido Vallejos como influencia o nadie habla de Coré como influencia. Me llama la atención que Themo es transversal y tanto cineastas como escritores y artistas lo citan como influencia. Es algo que he podido observar también con el libro, desde que se supo que el libro se venía hubo mucho interés, y me hace pensar que la gente está muy conectada con el mundo de Themo Lobos.

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