¿Qué tiene que ver The Batman con Nosferatu y el expresionismo alemán?

Pues todo. En estas líneas te comentamos cómo la película de Matt Reeves conecta no solo con el noir, sino que hace click con el antecedente directo del cine negro: el expresionismo alemán y su cantera de monstruos como Nosferatu, que celebra por lo demás un siglo de vida. The Batman de hecho puede leerse como una película de terror y si me apuran me atrevo a decir que en muchas escenas me imagino a Nosferatu reencarnado en este héroe de Gotham City.  Un murciélago antropoformizado o un hombre disfrazado de murciélago… no es mucha la diferencia ¿no?

Por Ernesto Garratt

The Batman y The Joker, por sintonizar dos títulos recientes de DC Cómics, están poniendo a los superhéroes en las coordenadas que logró el Nuevo Hollywood de los años 70s. Esa decir, le sacamos a la ecuación el número de matiné y le adherimos un sano adultocentrismo o más bien contenidos bien hechos y para adultos en la pantalla de cine.

Es decir, The Batman tiene a veces una especie de actitud de The Godfather wanna be. O sea, cuando Bruce Wayne está en el funeral del alcalde de Gotham City, el director Matt Reeves aborda la construcción solemne de ese réquiem como si estuviera poseído por el espíritu de Francis Ford Coppola en El Padrino, filmando la construcción de una escena del crimen con la vivacidad de la multitud agrupada, a sabiendas de que en el detalle está todo el secreto del éxito cuando quieres que tu película sea algo vivo.

Por momentos también hay más inspiraciones del Nuevo Hollywood: La conversación, del propio Coppola, también se respira por acá cuando Batman, más detective que superhéroe, se pone a escuchar y espiar vidas ajenas como lo hace Gene Hackman en la clásica cinta de 1974.

El director Matt Reeves está haciendo un blockbuster. No hay duda. No hay que engañar a nadie. Pero en la pantalla de cine hay brotes de ambición y consciente evolución de un género que solo es gringo, porque nació gringo, crece gringo y seguro desaparecerá gringo: el género de los superhéroes.

Los vaqueros fueron otro producto que solo han creado los gringos en el cine de matiné de hace más 100 años y las películas de vaqueros también tuvieron su nacimiento, crecimiento y canto del cisne.  

El Nuevo Hollywood fue un periodo de revisionismo para el western con títulos como Pequeño Gran Hombre, de Arthur Penn y con un iluminado Dustin Hoffman contando el lado de los indios en la Conquista y/o Masacre que fue ir hacia el Oeste.

Me atrevo a decir que Joker y The Batman son desconstrucciones y revisiones en ese mismo sentido, pero en lo que a comics se refiere, ya que es salirse del molde tradicional e intentar dar lecturas más amplias y predecibles que lo visto hasta ahora en este género.

El cielo se cae a pedazos en este homenaje y tributo al cine negro o noir. Casi siempre de noche, con lluvia, y nubes cargadas sobre la ciudad. Gotham City bien podría ser la ciudad de Los Angeles, en noviembre de 2019, como se nos muestra en Blade Runner de 1982 y de Ridley Scott. A saber, una urbe barroca, sobrecargada de miseria pese a su aparente prosperidad y donde el crimen es pan de cada día.

Menciono Blade Runner porque esta versión de The Batman bebe de las mismas aguas que la película de ciencia ficción de 1982: el cine detectivesco y noir desarrollado entre los años 30 y 50 del siglo pasado en Hollywood.

Recordemos que Batman en los cómics nace como un héroe-detective, un enmascarado que usa su fuerza y, claro, su poder deductivo para resolver casos en una América sobrepoblada de crimen. En un estado de cosas donde la corrupción toca a las fuerzas del orden y tanto el policía como el delincuente parecen estar hecho del mismo material carente de probidad, un “héroe” como Batman cobra vital e imaginativa relevancia en 1939.

Ver surcar los cielos nocturnos a Batman puede parecer una visión terrorífica. No es gratuito que esta versión de Matt Reeves comience en Halloween, la fiesta que reúne a monstruos, porque uno de sus rincones oscuros parece ser el lugar indicado para Batman: junto a las criaturas de la noche.

Robert Pattinson es más Batman que Bruce Wayne y esto quiere decir que es más la máscara que busca dar miedo durante el curso de este filme, que el joven millonario con cara de pena buscando una secreta venganza.

The Batman de hecho es una película de terror y si me apuran me atrevo a decir que en muchas escenas me imagino a Nosferatu reencarnado en este héroe de Gotham City.  Un murciélago antropoformizado o un hombre disfrazado de murciélago… no es mucha la diferencia ¿no?

The Batman destila en excesivo -no me molesta ojo, solo que es excesivo y está bien así- homenaje al noir y al cine negro y por eso hay contrastes de sombras, claroscuros, colores puros como el rojo y la idea de una eterna noche reinando sobre la ciudad. El cine noir o negro de Hollywood se vio fortalecido en su génesis hace 90 años con la llegada de técnicos y artistas y directores que huían de la Alemania nazi. Una diáspora de artistas que ayudaron, muchos de ellos, con el lenguaje del Expresionismo alemán en el cine.

La Alemania de entre guerras fue en el siglo XX la cantera fértil para el nacimiento del expresionismo alemán: estilo o escuela de cine que privilegia, en simple, hacer match entre el entorno distorsionado del personaje como justamente una proyección de sus personales horrores mentales. Y en un país en entre guerras, cruzado por el caos, la derrota, la miseria y lo más más horrible del ser humano, el expresionismo alemán hace un siglo dio origen a clásicos de la ciencia ficción como “Metrópolis” de Fritz Lang (los creadores de Superman sacaron el nombre de la ciudad de su personaje justamente de este clásico); y también a los monstruos en el cine como “Nosferatu” de F.W. Murnau: el centenario vampiro fílmico y bastarda adaptación de la novela Drácula de Bram Stoker.

Entonces, Nosferatu, película hito del expresionismo alemán y un relato de terror sobre un antihéroe artistócrata, amigo de la noche, con habilidades sobre humanas y con la imagen simbólica del murciélago como caballito de batalla, está en el ADN fílmico y narrativo de The Batman, especialmente en esta versión fílmica de Matt Reeves. ¿La razón? The Batman rinde tributo al cine negro clásico (sí, también al neo noir  Seven de David Fincher) y el noir es descendiente directo del expresionismo alemán. Por lo tanto, el cromosoma dominante del héroe de Detective Cómics  es el cine negro-expresionista,  más si hay un crimen en una ciudad corrupta donde desplegar los arquetipos típicos que se reparten en este tipo de hilo narrativo: la femme fatale; Selina Kyle; el honesto policía, Gordon; el héroe sobrehumano pero hiperhumanizado en esta versión, The Batman; los villanos corruptos, El Pingüino, y el master of puppets tipo Doctor Caligari, a cargo de Acertijo o Mr. Paul Dano.

Entran a un bar Nosferatu y The Batman hablando de expresionismo alemán. El chiste se cuenta solo: hay un montón de similitudes entre ambas figuras aunque estén separadas por el océano del tiempo. La barrera de un siglo entre el vampiro y el millonario que se disfraza de murciélago, sin embargo, se acorta gracias a las pistas y mecanismos del cine que, guataje más, efectos especiales menos, sigue siendo y operando con la misma eficacia en los biógrafos de la Alemania de entre guerras o en la sala IMAX del Chile de 2022.  Mientras haya un mundo hundido en el caos y un alma en pena siendo el monstruo de alguien más, siempre tendremos una buena historia a la cual aferrarnos para exorcizar nuestros propios monstruos internos.

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