‘Presencias del mal’: Una sensación de terror amargo

Por Javiera Catalán S.

En la actualidad, a una película de terror se le exige más que estar repleta de jumpscares, o que todos los personajes mueran de maneras atroces, donde la sangre abunda y los cuchillos son las armas predilectas. El género evoluciona, y los guiones están cada vez más pulidos. Es cosa de ver el cine de Ari Aster, donde la tensión de mantiene de punta acabo, y si bien no necesitamos saltar en el asiento, sabemos que tenemos miedo. Porque después de terminar de ver, por ejemplo, ‘Hereditary’, quedamos con una sensación de pánico durante largo rato.

En el caso de ‘Presencias del mal’, dirigida por la italiana Floria Sigismondi– que hace algunos años dirigió ‘The Runaways’, la biopic de la banda del mismo nombre, pero que es mayormente conocida por dirigir videoclips –, no sucede eso. La película que cuenta con un elenco de estrellas en ascenso, como es el caso de Mackenzie Davis (‘Blade Runner 2049’), Finn Wolffhard (‘It’, ‘Stranger Things’) y Brooklynn Prince (‘The Florida Project’), es una adaptación moderna – aunque no tanto, porque son los ’90 – de la clásica novela de terror ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James.

En esta versión, y también en la de 1898,se narra la llegada de Kate (Davis), una joven institutriz a una mansión victoriana, donde debe cuidar y dar clases a Flora (Prince), la hija menor de un matrimonio recientemente fallecido, luego de la extraña desaparición de la antigua institutriz. Con el regreso del hijo mayor, Miles (Wolffhard), que fue expulsado del internado en el que vivía y estudiaba, todo se comienza a complicar, porque extrañas presencias habitan la casa y amenazan directamente la integridad de Kate, que siente que cada día está un paso más cerca de la locura. Esa sensación es alimentada por el hecho de que su madre está internada en un Hospital psiquiátrico. Los tres, junto con la señora Grose, una criada leal, habitan la mansión gigante llena de vestigios de un pasado glorioso.

Y con ese escenario de fondo, un escenario tenebroso, nos intenta guiar, durante los 94 minutos que dura la cinta,por esas clásicas historias de casas embrujadas. Aunque tengo que ser honesta, no lo hace de la mejor manera. La película cuenta con un elenco de actores que han probado su valía, y en parte logran traspasar esa sensación de locura constante, aunque no la de terror. Si hay que destacar una actuación, esa tiene que ser la de Mackenzie Davis, que tiene una evolución, o más bien, un camino a la locura que se hace evidente en cada escena.

Pero el guion no se logra sostener, porque deja muchos vacíos argumentales, que sí, se espera que sean llenados por el propio espectador, pero la verdad, no alcanza para eso. Porque los tópicos que, yo creo son muy superficialmente tocados, daban para una exploración mucho más profunda. Y si bien, como dije al principio, ya no se espera el exceso de sangre en el cine de terror, si la cinta no logra sostener ese pánico sutil que se estila por estos días, al menos dennos un poco de acción, pero no. Aquí no la hay. Intenta ser un thriller al estilo ‘La maldición de Hillhouse’, pero ni con los jumpscares más inesperados logra el efecto deseado.

Me quedo con una sensación amarga, porque esperaba mucho más de esta adaptación, que por lo demás, tiene a Steven Spielberg de productor. Le tenía mucha fe al cast, porque son actores jóvenes que han demostrada que tienen madera, pero ni ellos logran levantar esta historia que se queda ahí, a medio camino.

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