Por qué “Saga” es la nueva sensación del cómic gringo

Pocas las veces un cómic me ha atrapado de la manera en que lo ha hecho “Saga”: una fresca y novedosa manera de reinventar la ciencia ficción, usando viejas herramientas, códigos y modos de la sci fi -ciencia ficción- como si fuera la primera vez que se utilizaran.
Supe de “Saga”, de la editorial Image, antes de que resultara victoriosa como Mejor historias Gráfica en 2013 en los premios Eisner y premios Hugo. Pude leer y ver “Saga”, por primera vez en junio de 2012, en la maravillosa tienda Meltdown Comics, de Los Angeles, California, propiedad del chileno Gastón Domínguez.
Desde esa oportunidad no he parado de estar atento a lo que ocurre con la voz narradora de esta fantástica y maravillosa y atrayente historia: Hazel, hija de Alana y Marko y quien en el primer arco dramático de esta “novela gráfica” cuenta cómo llega a nacer en las peores condiciones posibles: su madre, Alana, es una humanoide con alas de hadas, del planeta Landfall; y su padre, Marko, un humanoide con cuernos de Wreath, luna de Landfall. Ah, y ambos son enemigos mortales porque el planeta de Alana está en guerra con la luna de Marko.
En el planeta de Alana son tecnológicos, mientras que en el mundo de Marko usan la magia. Agua y aceite, pero para efectos dramáticos, es la mejor combinación posible y la mejor mezcla que el talentoso escritor Brian K. Vaughan concibe para elevar el rango de su ya respetable carrera, que cuenta los aportes “Y: The Last Man”, “Ex Machina”, entre otras, y su aporte como creativo y guionista de la serie “Lost”.
Y no es menor “Saga” sea un salto de lo que el señor Brian K. Vaughan, aliado con la talentosa dibujante Fiona Staples, defiende como ciencia ficción inteligente y con unos pincelazos de realidad con el que cualquier ser que siente y piensa se puede identificar.
Altamente atractiva y adictiva, “Saga” está pensada como si fuera un producto pop, sin complejos y en donde quizás los intelectualoides se sentirán demasiado comunes y corrientes.
Historia familiar, en el literal sentido de la palabra, o sea, es que es sobre una familia, este álbum de fotos con las vidas de Hazel, y sus padres Alana y Marko, es una película hecha viñetas, una narración digna heredera de la matiné de Star Wars, de la interracialidad de “Viajes a las estrellas” (es decir, que haya relaciones entre distintas especies extraterrestres) y de una imaginación sin temor al ridículo que es capaz de darle una fuerte personalidad a un aristócrata con cabeza de televisión, a un caza recompenzas que adora a su felino sidekick -que detecta mentiras y mentirosos- y una babysitter fantasma que está cortada por la mitad, mientras sus tripas cuelgan.
La historia de Marko, un soldado prisionero que usa magia, que desparrama hechizos y que es un galán con las chicas; y la de Alana, su cancerbera, enemiga natural y quien cae bajo los encantos de Marko cuando comienza a leer una novela rosa que le cambia el punto de vista respecto de quienes deberían ser sus “enemigos” naturales, caben en el molde de “Romeo y Julieta”.
Es decir, es una historia de amor imposible, pero lo notable y lúcido que hacen Brian K. Vaughan y Fiona Staples es comenzar esta “Saga” desde el centro. La voz de la hija dice en la primera página “Esto es como una idea se vuelve real”, mientras la vemos la cara de su madre puja para hacerla nacer: “¿Estoy cagando?, ¿estoy cagado? Se siente cómo si estuviera cagando…”, dice Alana y su marido, Marko, le responde mientras trata de recibir sin novedad a su hija en pleno alumbramiento: “Sólo sigue pujando, estamos tan cerca”.
“Seriamente, tú nunca querrás tener sexo conmigo si te defeco entero”, sigue diciendo ella, insegura. “A menos que secretamente quieras eso… por favor, que no te guste eso”.
Son esos brotes de humor y realidad los que hilan, zurcido narrativo tras zurcido narrativo, esta “Saga” interestelar que parece ser fuera de este mundo por su lisérgico y divertido diseño realista y visualmente superior, pero que gracias a la armoniosa comunicación creativa entre Brian K. Vaughan y Fiona Staples, se convierte en un producto humano, terrícola, sensible de este planeta.
Porque de lo que habla “Saga” es de cosas mundanas y tocables, simples y comprensibles para todos. Lo de ciencia ficción, las herramientas y excusas que usan los autores a nivel narrativo sirve para hacer fluir una historia que debería encontrar un destino en el cine sin problemas.
“Saga” es un clásico instantáneo porque su universo en expansión, con hoyos negros, zonas luminosas y claroscuros, se reconoce y refleja en ese otro universo que conoce todo ser humano al momento de nacer: una familia.

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