Me casé con un nerd: Muebles Nuevos

Y sí. Hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, mi marido -antes de serlo- compró toneladas de cómics, revistas, VHSs, DVDs y toda suerte de contenidos y formatos nerd que, poco a poco, se fueron tomando la habitación matrimonial en forma de cerros, montones, torres de pilas con ese material, que empezaban en el suelo y terminaban en el metro y medio de longitud con una sinuosidad e inclinación digna de la torre de Pisa. Recuerdo que la primera señal de que algo no marchaba bien con ese cúmulo de cosas -que ¨algún día valdrán mucha plata¨- fue para el terremoto de 2010 cuando todo se desplomó y ahí quedaron esas joyas de colección, desparramadas por todas partes. Supimos entonces que había que tomar cartas en el asunto: mi marido se deshizo de varias porquerías y yo mandé a hacer tres muebles tipo estante para acomodar sus cachivaches.

Pero lo cierto es que tanto he renegado de la nerditud que yo misma el otro día me vi enfrascada en una conversación tan nerd como surrealista. ¿Tema? Hacía alusión a uno de esos viejos VHSs que desempolvamos para ver: ¨Terminator 2¨. Me enfrasqué en una discusión sobre John Connor y su papá. ¿Cómo era posible que si el niño todavía no había nacido hubiese mandado a su papá a que viajara al pasado para que conociera a Sara Connor? Con lápiz y croquera en mano -esa misma donde hace dibujitos desproporcionados y caricaturas ridículas- mi marido me empezó a explicar algo llamado ¨teoría de las cuerdas¨. Una vaina sobre la posibilidad de los tiempos paralelos, la relatividad, etc. Me sentí como Humbertito. Después de 30 minutos de explicaciones, no lograba convencerme. Nos dieron las 2 de la mañana y nada. Era como cuando a una le explican cuándo un jugador de fútbol está off side. Si yo fuera nerd, habría entendido la teoría de las cuerdas a la primera. ¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?

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