Los cazafantasmas están de luto

Es probable que muchos no recordaran su nombre con absoluta claridad. Pero seguramente al enterarse de la lamentable partida de Harold Ramis —director, productor y actor estadounidense fallecido este lunes a los 69 años— y ver su foto en los medios, muchos rescataron de su memoria al doctor Egon Spengler, de “Los cazafantasmas”.
Es que a pesar de su variada y exitosa trayectoria en Hollywood, incluyendo la magistral “Hechizo del tiempo” —aquella hilarante pesadilla que tenía como telón de fondo el hoy famoso Día de la Marmota—, fue muy difícil superar la imagen de aquel excéntrico científico que junto a sus amigos se dedicaba a perseguir todo tipo de espectros por las calles de Nueva York.
Irónicamente, Ramis fallece el año que se conmemoran tres décadas de su estreno. Sí, ya han transcurrido treinta años desde que vimos por primera vez “Los cazafantasmas” en el cine (en mi caso, en el desaparecido cine Ducal, en el centro de Santiago). Una película que combinó magistralmente humor y terror —bueno, no tanto, pero me consta que más de alguien saltó de su butaca en su momento— con una estética pop ochentera que comenzaba a partir de los créditos iniciales, cuando el inolvidable logo de los cazafantasmas llenaba toda la pantalla al ritmo de la pegajosa canción de Ray Parker, Jr.: “If there’s something
strange in your neighborhood. Who ya gonna call? Ghostbusters!”.
Los cazafantasmas” son parte de la memoria de una generación. Basta revisar las fotos — año tras año— de las diferentes Comic Con en Estados Unidos y otros países para encontrar siempre a un par de tipos caracterizados (con uniforme y equipos) como cazafantasmas.
Es que fue una cinta que se reía del terror —y de los burócratas de la ciudad— a través de un puñado de científicos entrañables. De alguna forma, me parece inevitable pensar que ese trío-cuarteto de mosqueteros de lo paranormal fueron el antecedente más claro del actual fenómeno de “Big Bang Theory”.
¿Cómo olvidar al Dr. Peter Venkman (Bill Murray), un charlatán tan oportunista como encantador? ¿O al inocente Dr. Raymond Stantz (Dan Aykroyd), responsable de crear aquel enorme marinerito de masmelow? Y claro, la mente detrás de aquel grupo, el Dr. Egon Spengler (Ramis).
El grupo no podría estar completo sin el desempleado devenido en cazafantasmas de Winston Zeddmore (Ernie Hudson), la sensual Dana Barrett (Sigourney Weaver), el torpe contador Louis Tully (Rick Moranis) y la secretaria Janine Melnitz (Annie Potts), eternamente enamorada de Spengler.
Hay que reconocerlo. “Los cazafantasmas” marcaron un antes y un después en la industria del entretenimiento, saltando de la pantalla grande al cómic y a la televisión en formato animado. Pero también es cierto que la segunda parte fue un bodrio que no llegó a estar a la altura de la original, lo que posiblemente selló su destino y explica por qué no hubo “Los cazafantasmas 3”.
Mucho se ha hablado de hacer un remake que uniría a los cazafantasmas originales con una nueva generación, que Bill Murray no quería aparecer en ella (lo que muchos atribuyeron a un simple tema de dinero), que no había un buen guión, etc. Tal vez no sea mala idea revivir la franquicia con un equipo más joven que reciba el testimonio del grupo original.
Lo importante es revivir ese encanto y las ganas de salir de la sala de cine creyendo que es posible atrapar espectros con esas armas que funcionaban con energía nuclear. ¿Cómo olvidar esa escena de la cinta original en la que los tres, dentro de un ascensor, deciden prender por primera vez uno de los equipos que llevan en la espalda? De antología, un clásico imperecedero.
Harold Ramis ya no está aquí; se adelantó a sus amigos al cruzar al “más allá”. Es el cazafantasmas que llegó más lejos, entrando por la puerta grande a la eternidad.

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