Los cantos de Hyperion, primera parte: Un peregrinaje imprescindible a la ciencia ficción

En los tiempos en que los juegos de realidad aumentada han llegado a los teléfonos celulares (Pokémon Go), esos dispositivos que en la novela Cell de Stephen King, adaptada recientemente a la pantalla grande transmiten un virus de agresividad que zombifica a quienes se exponen al auricular, una advertencia podría ser el inicio de una trama maestra en cualquier libro, película o serie de ciencia ficción; sería la clásica forma de expresar el sentido del miedo al desarrollo tecnológico, acaso a la involución y luego a la extinción del hombre al esclavizarse a los avances tecnológicos de las nuevas épocas.
El desarrollo tecnológico, y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) en particular, generan miedo y ansiedad sobre el futuro. Cuando se especula sobre un mundo en el que la raza humana ha logrado convivir con la IA, las cosas se ven de forma negativa, debido a la posibilidad de que los algoritmos de esas inteligencias se conviertan en entidades autónomas y declaren la guerra a la humanidad (Muchos aún no superan Skynet).
Sería lo más probable en un mundo tan imperfecto, ¿no?
En este sentido, en muchas novelas de ciencia ficción la tecnología toma el rol del monstruo, del asesino sangriento, del dios del dolor. Y es éste el escenario en donde se desarrollan las historias de Hyperion y la Caída de Hyperion (Ediciones B), dos de las cuatro novelas que comprenden la saga escrita por el genio norteamericano Dan Simmons entre los años 1989 y 1998, y que desde el mes de junio están disponibles en todas las librerías del país.
Red de mundos
Hyperion, el primer libro de la saga, está ambientado en el siglo 28, en una época cercana al apocalipsis universal. Los humanos han colonizado el espacio y confían plenamente en la tecnología;  la Vieja Tierra ha sido exterminada y los tres poderes originarios compiten entre sí por el control del espacio y, posiblemente, del tiempo: la Hegemonía, los Éxters y el TecnoNúcleo.
La Hegemonía es el gobierno de la Red de mundos, cuyos ciudadanos son dependientes del TecnoNúcleo, adictos a las cirugías estéticas o como Dan Simmons las describe en la novela: tratamientos Poulsen.
De pensamientos superficiales, gustan de la moda postmoderna, son amigos del capitalismo y la propaganda,  muy parecido a lo que se ve en estos tiempos, pero llevado a límites extremos; los millonarios siguen haciendo lo que quieren y la clase baja solo vive o lo intenta.
Aparentemente, la Hegemonía es un gobierno democrático, pero es súper fascista en todo, salvo cuando alguno de sus políticos recuerdan con cariño la figura del ex presidente norteamericano Abraham Lincoln.
El segundo poder en discordia son los Éxters; el autor no da muchos datos de estos seres, al menos en el primer libro. De hecho, lo único que se sabe de ellos es que son bárbaros destructivos, nómadas y que en otros tiempos eran los marginados de la sociedad que al negarse a aceptar ser esclavos de élite (llamados como clase media por los ABC1 de la Hegemonía), huyeron de la Vieja Tierra.
Los Éxters viajan de estrella en estrella, de planeta en planeta, explorando y según lo que se sabe por la Hegemonía, atacando y destruyendo todo lo que encuentran. Después de haber vivido alrededor de cuatro siglos en el espacio, los Éxters comenzaron a adaptarse biológicamente al entorno galáctico explorado, para vivir en armonía con el entorno.
El tercer poder, es el TecnoNúcleo —compuesto por inteligencias artificiales sensibles—, también es un misterio en gran parte de la primera entrega de la saga. El TecnoNúcleo suministra tanto a la Hegemonía como a los Éxters con información y tecnología.  Representa el utilitarismo extremo, aunque también reconoce que algunas variables de la humanidad, simplemente, no pueden ser calculables.
En este reconocimiento y como un intento de resolver este tipo de paradojas universales, el TecnoNúcleo crea a los cíbridos. Seres de ingeniería biológica programados con los recuerdos y la personalidad de seres humanos históricos, como el poeta londinense John Keats, una de las grandes referencias literarias de Simmons, ya desde el título.
Sin embargo, la creación y la existencia de los cíbridos solo agrava los misterios e incongruencias de la vida de la novela. ¿Qué podría pasar si le das alma a una máquina?
Tumbas del tiempo
Las verdaderas aventuras de esta primera parte comienzan con el Cónsul de la Hegemonía, al recibir un comunicado de Maina Gladstone, la Funcionaria Ejecutiva Máxima de la Hegemonía (FEM) dónde le ordena sutilmente unirse a la tripulación de la nave arbolito Yggdrasil junto a otros seis pasajeros en una peregrinación a las aún más misteriosas Tumbas del Tiempo, “en el muy lejano” planeta Hyperion.
El cónsul, por supuesto, no tiene otra opción que aceptar, y como el viaje era largo los tripulantes deciden contar sus historias para encontrar una respuesta al por qué habían sido elegidos para esta misión, si ninguno tenía relación con la iglesia del Alcaudón,  y de paso,  reconocer al —supuesto— agente de los Éxters infiltrado entre ellos.
A partir de ello deriva la estructura de la novela, que en buena medida funciona muy bien incluso como relatos independientes. Contados en primera persona, cada uno de los seis personajes relacionan desde su punto de vista su historia personal con el monstruo-Dios-maquina: el Alcaudón.
Lo fascinante de esta tripulación es que son de orígenes dispares (como la dotación del Enterprises de Star Trek); sin embargo, la diferencia más notable entre ellos es la diversidad de sus creencias.
Río tethis
Cada uno de los siete peregrinos (entre ellos, Het Masteen, templario y capitán de la nave arbolito que nunca alcanza a relatar su historia) representa una religión occidental en particular o punto de vista espiritual, y perciben tanto la misión del viaje y al mismo Alcaudón ilustrada por una estructura de creencias personales.
Dan Simmons utiliza esta diversidad entre los peregrinos para reflejar el principio de que todas las creencias comúnmente aceptadas, buscan su camino hacia la misma verdad.
El Alcaudón —punto focal de la peregrinación—, ocupa una posición cuasi-religiosa en la historia y en la psique de cada peregrino. Ese papel está dictado en gran medida por la relación del personaje con su fe religiosa.
Los Peregrinos 
Lenar Hoyt, sacerdote jesuita, parte de la casi extinta iglesia católica. Su historia está conectada con la de Paul Duré, otro cura que mientras estuvo exiliado en Hyperion registró su historia en un diario. En el comienzo de La Caida de Hyperion Duré renace a partir de los restos de Hoyt (lo juro). Para Hoyt, el Alcaudón es un agente divino de la penitencia y absolución que lo castiga por su debilidad con el dolor físico más terrible y agonizante para luego liberarlo de su sufrimiento.
En un giro perverso sobre la doctrina cristiana: “vida eterna después de la muerte”, el Alcaudón le concede a Hoyt una forma de inmortalidad; sin embargo, el cura de voluntad frágil, casi nula para ser ciertos, lamenta el trato de inmediato y siente una enorme culpa por el destino del cura Paul. Éste, por otro lado, es todo lo que Hoyt no es; y lo demuestra en su coraje al enfrentar y rechazar el Alcaudón.  Esta historia es alucinante en muchas aristas, da un giro de laucha terrible y en La Caída, se pone aún mejor. O peor: dependiendo de la sensibilidad del lector.
El segundo peregrino, es Fedmahn Kassad, Coronel de FUERZA, los militares de la Hegemonía e increíblemente la institución más honorable de todo ese gobierno. Este personaje ofrece un contraste muy fuerte en relación a la perspectiva sacerdotal; mientras que las observaciones de lo aparentemente sobrenatural del Alcaudón de los curas son muy subjetivas y directamente formadas por su fe, el punto de vista de Kassad es más objetivo, y está formada por su naturaleza: Kassad es un soldado palestino, muy profesional, que creció en el seno de una familia pobre en los barrios marginales de Tharsis, Marte; una referencia a la situación actual en el mundo real de los exiliados palestinos en la Franja de Gaza. Su punto de vista del Alcaudón se podría decir que la basa en la imagen de Iblís, o sea, una criatura inmortal de fuego que desafía a los mandatos de Dios, un símil islámico del Diablo o Satanás Cristiano.
Después de haber participado de una brutal guerra antes del comienzo de Hyperion, Kassad percibe el Alcaudón como un arma divina de destrucción masiva que de alguna manera ha logrado infiltrarse en su conciencia. Ante el temor de que el monstruo se convierta en una instrumento poderoso para erradicar a la humanidad, (miedo que resulta bastante cercana a la verdad)  Kassad lleva consigo un arsenal de armas para destruir al monstruo antes de que pueda cumplir con su cometido.
Como humano, Kassad también tiene un lado sensiblero, de hecho, en su historia se revela que tuvo un romance con una misteriosa mujer llamada Moneta pero que —al parecer—, es el propio Alcaudón. No se sabe hasta el final de La Caída de Hyperion. Pero la ama y se dirige a las Tumbas del tiempo para encontrarla y, en ese lugar, hacer lo que el destino le indique: matarla o continuar su historia de amor.
Luego se nos presenta la historia de Martin Silenus, el clásico poeta que se niega a aceptar una sola religión o divinidad. Representa el paganismo, un término genérico para una amplia variedad de religiones politeístas. De hecho él mismo afirma que ha cambiado religiones muchas veces en su vida y tiene dificultad para aceptar la existencia de muchos dioses o muchos sentidos de un mismo Dios.
Para Silenus, el Alcaudón es una bestia asesina, pero a su vez, la musa que inspira su obra más importante. A pesar de la presencia de varios peregrinos de mayor devoción espiritual, Silenus es el personaje más descarado y seguro de sí mismo, y su relación con la criatura parece ser la más personal, tanto así que afirma vehementemente que cuando vivió en la ciudad de los poetas, su obra inconclusa El Canto de Hyperion, invocó el Alcaudón, y no solo eso, sino que todos los eventos relacionados con el monstruo y los del universo entero, están regidos por la prosa de su obra.
Luego, en La caída…, Martin Silenus es castigado por el Alcaudón y lo crucifica en su Árbol del Dolor (no es coincidencia que un pagano sufra un castigo cristiano), mientras que los pecados de Silenus, identificados casi con orgullo por el poeta, son evidentes para todos, y su destino razonable en el contexto de la religión, no se merecía tal castigo. Así lo siente Brawne Lamía y tal vez lo hagan los lectores.
El quinto peregrino es Sol Weintraub,  un erudito judío que viaja con su pequeña hija Rachel, quien sufre el Mal de Merlín. Una especie de enfermedad parecida a la de Benjamín Button, con la diferencia que Rachel la adquirió cuando era adulta y durante un viaje de investigación científica a Hyperion.
Sol busca la cura por años, pero no la encuentra por lo que decide llevar a Rachel a Hyperion con la esperanza de que el Alcaudón la sane o asesine; por lo que tiene que enfrentarse al mismo dilema bíblico que Abraham: entregar —o no— en sacrificio a su hijo para tener la bendición de Dios.
Weintraub es el más simpático de los peregrinos y su actitud hacia el Alcaudón comienza con el cuestionamiento constante de su fe. El judaísmo no tiene una divinidad que se oponga a los designios de Dios, por lo que Sol identifica el Alcaudón como el bíblico Ángel de la Muerte, o sea un agente que no se opone a los designios de Dios, por lo tanto su furia se dirige al mismo Creador (una tradición hebrea de miles de años).
Brawne Lamia, la única mujer entre los peregrinos, y después de Kassad, la más hábil físicamente. Como detective, representa la búsqueda de la verdad, y en esa búsqueda se ve envuelta en una historia de amor con un cíbrido cuya conciencia es la del poeta Jhon Keats y que a su vez, mantiene una relación con el TecnoNúcleo e Hyperion. Cuando el cuerpo biológico de Jhonny muere, instala su consciencia en un disco que inserta en la cabeza de Brawne.
Lamia es la representación del agnosticismo, alguien cuya comprensión religiosa está limitada por su dependencia a la evidencia empírica. En su historia, El largo adiós, no implica el contacto con el Alcaudón, o juicios sobre su divinidad, de hecho solo reúne, junto a Jhonny, una gran cantidad de evidencia que en La caída de Hyperion, juega un papel importante en la revelación de la naturaleza del Alcaudón.
Es aquí cuando el lector descubre más sobre las inteligencias artificiales: Jhonny, amante de Lamía viaja al núcleo y descubre que existen tres fuerzas que están a punto de declararse la guerra por diferencias de opiniones, intereses y objetivos: Los Estables, que desean mantener a la humanidad esclavizada o bien, no desean romper la relación con los humanos; los Máximos, que quieren crear una inteligencia superior máxima que convertirá al universo en una gran computadora, y finalmente los Volátiles, que desean exterminar a toda la Humanidad.
La interacción física de Lamia con el Alcaudón se limita a la culminación de La caída de Hyperion, cuando, impulsada por una fuerza misteriosa y divina, ella lo derrota y rescata al poeta Martin Silenus del monstruo.
Luego tenemos al que solo conocemos como el cónsul, último peregrino en contar su historia. El cónsul es un diplomático muy respetado de la Hegemonía y al igual que la  detective Lamia no sigue o no tiene una tradición religiosa, sino que, como representante político de una sociedad plural, se puede deducir que es ateo.
El cónsul cuenta cómo su abuelo en un viaje no autorizado a Alianza-Maui pierde a su compañero y conoce a Siri, la que se convierte en el amor de su vida. Luego por culpa de las deudas del tiempo (la relatividad aunque se crea de ella como una teoría filosófica, siempre termina presentándose como verdad absoluta), Siri envejece antes que el abuelo y muere.
El abuelo del cónsul al visitar su tumba encuentra su diario y una de las cosas que ella describe es que los habitantes de Alianza-Maui ya no confían en la Hegemonía y están seguros de que los teleyectores —un sistema de transporte instantáneo entre los planetas que también funciona como una Internet interplanetaria, tecnología otorgada por el TecnoNúcleo a la humanidad. Su descripción evoca los portales de las series-películas de Stargate—, contribuirán con la destrucción del mundo.
El cónsul, al iniciar su carrera diplomática  lo destinan a Hebrón y a otros mundos de la Red, convirtiéndose así en primer testigo de cómo los colonizadores de la Hegemonía, en su afán de conquista solo destruyen la vida nativa de los mundos que colonizan. Cuando finalmente es enviado a Bressia, el Cónsul logra que los nativos provoquen a los Éxters ya que a la Hegemonía, en ese momento, le convenía un ataque. Ese plan funciona. Pero cuando llegó el contraataque de los Éxters, el cónsul aún se encontraba en Bressia, por lo tanto, su familia muere en la guerra.
Luego de la tragedia, lo destinan a negociar con los Éxters, pero termina confesándoles los planes de la Hegemonía y les advierte que cualquier ataque que inicien a Hyperion los enredará en una trampa, sin embargo los Éxters no piensan echarse atrás.
Het Masteen, el templario, capitán y último integrante de la tripulación del Yggdrasil,  como se explicó anteriormente, nunca llega a contar su historia, de hecho desaparece misteriosamente casi a la mitad del primer libro, reapareciendo en La Caída de Hyperion para caer inmediatamente en coma y morir. Al igual que el cónsul, la experiencia de Masteen con el Alcaudón es muy limitada, por lo que es difícil definir cuál es su papel. Sin embargo, se sabe que Masteen es un miembro de alto rango de una orden cuasi-religiosa dedicada a la conservación del medio ambiente.
Tramas paralelas
En Hyperion, Dan Simmons nos da a conocer la vida de estos siete personajes y cómo se van entrelazando con las tramas fantasmas de esta hermosa historia que termina con la llegada de los peregrinos al valle de las Tumbas del tiempo, donde cada uno debe enfrentar el Alcaudón para que éste les conceda un deseo o los mate.
Los Éxters o bárbaros están poniendo en marcha un ataque masivo al sistema de Hyperion, que la Hegemonía con su ejército FUERZA, no ha sido capaz de repeler. Todos los actores políticos más importantes de la Hegemonía, mantienen centrado sus intereses en Hyperion, lugar en donde se decidirá el destino de miles de millones.
La novela transcurre a lo largo de dos tramas paralelas. En la primera, vemos los eventos que se desarrolla en Hyperion con los peregrinos en las Tumbas del Tiempo. En el segundo, seguimos a la Hegemonía, a través de Meina Gladstone, (la FEM) mientras se planea la defensa de la Hegemonía del Hombre en contra de los Éxters y las IAs del TecnoNúcleo, aliados muy poco fiables de la humanidad.
Ambas historias se relacionan a través de un segundo cíbrido, Jhon Severn, quién también lleva la consciencia del poeta Jhon Keats (Severn, fue pintor y mejor amigo de Keats en la vida real) la que a su vez, está vinculada telepáticamente a la detective Brawne Lamia.
Gran parte de la trama está contada desde el punto de vista de Jhon Severn, la segunda recreación del poeta Keats, cuyo cuerpo es físicamente idéntico al de Jhon y cuyos recuerdos implantados se basan en la poesía y biografía de Keats.
El chip con la conciencia de la primera personalidad rescatada de Keats, que Johnny enterró en el cerebro Brawne Lamia, la detective, le da a Severn la capacidad de presenciar los eventos en tiempo real en Hyperion a través de sus sueños.
Su propósito oficial como artista es documentar los hechos en Hyperion para la posteridad; pero en realidad, la FEM Gladstone que es consciente de su conexión con Hyperion, lo necesita para mantenerla informada.
Desafío intelectual
Los acontecimientos posteriores tienen múltiples capas y se entrelazan, y se presentan casi como un desafío intelectual, que al terminar el libro el lector va entretejiendo de manera intuitiva, porque existe un momento de difícil articulación. En pocas palabras: la Hegemonía tiene una relación simbiótica con el TecnoNúcleo, una raza de Inteligencia Artificial que ya han formado su propia cultura, sin embargo, siguen ayudando a la humanidad a través del mantenimiento de la red teleyectoras y asesorar al gobierno de la Hegemonía.
Los Teleyectores son la columna vertebral de la Hegemonía, cuyos ciudadanos también tienen implantes cerebrales que les permiten acceder a su esfera de datos. Esta relación ha cobrado un precio muy alto. Uno que hace mucho tiempo llevó a los Éxters considerar el TecnoNúcleo como a un enemigo esclavizador.
Por lo anterior, la Hegemonía es totalmente dependiente del núcleo y, ha sacrificado la capacidad innata de la humanidad para la innovación y exploración, lo que dio como resultado una raza paralizada y decadente. Sin embargo, Gladstone y un grupo selecto de otros políticos (incluyendo a un senador, el difunto padre de Lamia) son secretamente consciente que existe un lado aún más siniestro en esta historia, lo que motiva a Gladstone apoyar fervientemente la guerra contra los Éxters en un maquiavélico intento de liberar a su pueblo.
Sobre los peregrinos, —no es necesario entrar demasiado en detalles, porque Simmons hizo bien su trabajo al introducirnos cada uno de ellos en Hyperion—; terminan separados y son obligados a enfrentarse a sus propios destinos por sí solos. Estas escenas hacen referencia al purgatorio de Dante Alighieri, donde cada uno lleva su propio calvario.
Mientras tanto, en Hyperion, también se nos revela el conflicto que existe entre las tres facciones del TecnoNúcleo, y su desacuerdo al crear una inteligencia máxima y también sobre el qué hacer con la humanidad.
Resulta que los volátiles están detrás de muchos de los acontecimientos de agitación galáctica, pero temen a Hyperion y a los peregrinos, ya que estos últimos son esa “variable aleatoria” —de las que hablamos anteriormente— identificadas por las IAs, y hace que la predicción del resultado de sus planes sea imposible.
Monstruo inteligente
Para cerrar, la mayor amenaza que la humanidad enfrenta en Los Cantos de Hyperion I y II,  es la de la inteligencia artificial, que los esclaviza usando sus cerebros como discos externos. Por otra parte, está el Alcaudón; un monstruo también desarrollado con inteligencia artificial:
Un misterio que se desarrolla lentamente a lo largo de las novelas, pero —al ser parte máquina y parte orgánico— , representa el miedo al desarrollo tecnológico y al Dios encarnado al que los ciudadanos de Hyperion ofrecen sacrificios humanos, por lo tanto no es solo esa dualidad, sino que también es presente y pasado: una maquina asesina enviada desde el futuro, del progreso tecnológico a exterminar a la humanidad, y también un Dios pagano.
En este contexto de la novela, el monstruo representa un oscuro pasado de la humanidad, ese en donde la gente eran seguidores de religiones que utilizan el miedo para controlarlos y en cuanto al futuro, bastante común en Hyperion y especialmente en La Caída de Hyperon, es la forma en los resultados de la regresión del progreso, el desarrollo tecnológico conduce a la involución de las civilizaciones humanas, y a través de estos procesos, el miedo al futuro se fusiona con el miedo al pasado.
Para terminar, la selección de peregrinos que hizo Dan Simmons proporciona un equilibrio específico de creencias y puntos de vista personales, mostrando el Alcaudón desde muchos ángulos. En cada una de estas historias Simmons presenta hábilmente profundos debates filosóficos y teológicos, que el lector intelectual puede gozar con singularidad.
En términos de escritura, la primera parte de la saga es ágil e inspiradora. Algunas partes de las primeras dos novelas son desgarradoras; el autor es demasiado gráfico, sobre todo en las escenas crudas, pero merece la pena el sufrimiento, porque son acontecimientos que juegan un papel importante en el desarrollo de los personajes y, obvio, de la trama.
Hyperion es una novela que no se debe leer por sí sola, no si quieres saber qué pasa con los siete personajes que nos presentó a lo largo de 642 páginas, ya que no cierra la historia. El lector no alcanza a conocer el destino de cada uno de los peregrinos, luego de llegar a las Tumbas del tiempo. De hecho el desenlace se conoce y cierra en La Caída de Hyperion. 
Es, como ya quedó anotado líneas arriba, un desafío significativo para los lectores. Las referencias culturales son múltiples y construyen una serie de significados que pueden someterse a interpretación. Es, sin lugar a dudas, una obra que enriquece.
La saga Hyperion puede leerse como aventura, como ciberpunk, como una alegoría o como novela del estructuralismo literario en clave de ciencia ficción; en cualquier caso, debe ser leída por todo aquel que tenga un mínimo interés por la ciencia ficción… muchos otros la encontrarán imprescindible, dijo Tom Whitmore, columnista de la revista ciencia ficcionista Locus.
Lo es: los lectores de ciencia ficción encontraran un peregrinaje imprescindible.
Hyperion y La Caída de Hyperion
Dan Simmons
Ediciones B
Precio de ref.: 25.900 c/l.

5 thoughts on “Los cantos de Hyperion, primera parte: Un peregrinaje imprescindible a la ciencia ficción

  1. Leí Hyperion hacen muchos años. La mayoría de las conexiones de este análisis se me pasaron por alto en ese entonces, pero aún así disfruté mucho de las historias independientes. Mis favoritas fueron las de Lenar Hoyt y Paul Duré, cuyo terrible destino quedó grabado a fuego en mi memoria, y la de Sol Weintraub, su hija y los “campos antientrópicos” de las Tumbas del Tiempo en el otro extremo emocional, con una historia conmovedora. En general todo me dejó un muy grato recuerdo, algo difuso a estas alturas, por lo que se agradece todavía más el refresco mental que ha significado esta excelente revisión de la novela. Todavía la conservo, en una bonita edición de dos volúmenes de tapas duras. Creo que amerita una relectura, y tal vez continuar con los otros tomos de la saga en algún momento. Esperaré la segunda parte del análisis para a ver si me animo con ellas 🙂

  2. Una de las historias de Ciencia ficción más completas que he leído. A veces imagino a los grandes escritores pensando en la ambientación de su novela para poder imprimir su arte; casi todos eligen su realidad contemporánea, simplemente para evitar tener que describir un mundo nuevo y así dedicarse a plasmar su estructura narrativa y sus ideas. Simmons se arriesga, lleva su ficción al futuro, y logra crear todo un universo nuevo y en él plasma una estructura narrativa muy ingeniosa, además mezcla muchas ideas y conceptos. Es un obra maestra donde nada sobra, sencillamente genial. Y apenas se nota la forma en que te describe ese mundo futurista, amalgama todo de una forma extraordinaria. Me encantó la columna, muy completa.

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