‘Locke & Key’: Una puerta a la fantasía de terror

Hay veces en las que una puerta no solo es un elemento funcional de arquitectura que separa el interior del exterior de una estancia, objeto o inmueble, sino que al margen del material con el que está construida puede tratarse de un portal que comunica realidades distintas, acaso fantásticos universos ocultos que de pronto, si se les abre, son capaces de desplegar toda una mitología que impacta nuestra vida.

Así puede descubrirse a través de la fascinante y misteriosa historia que narra ‘Locke & Key‘, cómic del escritor estadounidense Joe Hill que viera la luz a partir del año 2008 con arte del dibujante chileno Gabriel Rodríguez y color de Jay Fotos, cuya adaptación a la pantalla chica se estrenó en Netflix el pasado 7 de febrero, y ya está producción su segunda temporada.

En esta obra, en la que Hill expande su mundo literario que transita por el terror, la magia y la fantasía como queda constancia en ‘El traje del muerto’, ‘Fantasmas’, ‘Cuernos’ o ‘Nos4a2’, el lector percibe sin duda que, después de todo, las puertas y sus respectivas llaves, no se encuentran únicamente en objetos inanimados, sino que sobre todo pueden identificarse en el ánimo, el carácter y la conducta de los seres humanos, con múltiples finalidades. Entre ellas, como un medio de protección o resiliencia, como un baúl para atesorar recuerdos, para el resguardo de secretos o bien para abrir paso a increíbles y peligrosas aventuras.

Lovecraft

Una historia que inicia con el asesinato brutal de un padre de familia en su propia casa no puede sino resultar traumática para los personajes que la protagonizan y una semilla con un alto grado de atractivo para el lector que se asoma a ella. Y eso es justamente lo que ocurre al abrir el primer volumen (de los seis tomos recopilatorios publicados por Panini Cómics) de ‘Locke & Key’.

Sam Lesser es el psicópata que desde las primeras páginas llega para destrozar la vida ordinaria y sin demasiados sobresaltos de los Locke. Tras ese homicidio del jefe de la familia, ni la viuda ni los tres hijos, que apenas si logran sobrevivir al ataque, volverán a ser los mismos y ni siquiera podrán recuperar algo de su tranquilidad cotidiana de antaño.

Aunque en su momento renegaban de ese día a día acentuado por la calma y la aspiración de otras vidas en apariencia más intensas y exitosas era habitual, tras los sangrientos acontecimientos de verdad que echarán de menos lo que antes eran. Al menos eso condiciona a Tyler y a Kinsey, hermano mayor y hermana sándwich, pues el pequeño Bode aún no tiene edad suficiente para captar el impacto de lo ocurrido y, más aún, es capaz de seguir adelante sin el peso de la pérdida y la curiosidad por el juego y la aventura.

Los tres chicos y su madre, en un intento por rehacer sus destinos, se mudarán con el tío Duncan, a una vieja y enigmática mansión llamada Keyhouse, ubicada en Lovecraft, Massachusetts, en nueva Inglaterra.

Con esa ubicación lovecraftiana, que es más que una declaración de principios del autor, segundo hijo del matrimonio del maestro del terror Stephen King y Tabitha Spruce, lo que menos podía esperarse es que la misteriosa casona tuviese una historia secreta y sórdida.

Y Hill no decepciona, porque Keyhouse tiene más de una puerta a la fantasía y al horror; a un universo de poderes mágicos pero también de presencias malignas dispuestas a desatar el mal.    

Deberían probarlo

Tyler, con su infaltable gorra beisbolera de los Atléticos de Oakland, se transforma en un ser con remordimientos y ataduras emocionales por no haber sido capaz de auxiliar a su padre Rendell Locke.

El dolor por la orfandad paterna y la culpa, a la vez que le hacen captar la frivolidad de la gente en la que se quería convertir o la falta de empatía de quienes consideraba cercanos, lotransforman en un ser introvertido, inseguro y huraño, pero con una firme voluntad de protección a su familia.

Kinsey, una chica rubia e inteligente pero con demasiado peso sobre sus hombros como para ser atractiva y disfrutar de su juventud, solo quiere pasar desapercibida. No desea que la noten y menos aún que la señalen. Siente que no encaja en su nueva escuela y aquel día trágico en que ella se escondía con su hermano pequeño mientras su padre era asesinado se repite una y otra vez en sus pensamientos. La pesadilla continúa, le provoca ataques de pánico, y por ello solo puede desear que los horrores terminen, que la página de su vida cambie.

Bode Locke, por su parte, es un niño juguetón y aventurero, dispuesto a explorar lo que se le ponga enfrente. Por ello es el personaje guía de la historia. No es tonto y sabe lo que le ha ocurrido a su familia. De hecho, en un simpático pero a la vez macabro guiño metaliterario se lo cuenta a su nueva maestra como trabajo escolar sobre lo que hizo durante el verano. Bode usa en su narración el formato de cómic, uno que desde luego aterra a sus compañeritos.

Pero el menor de los Locke, a diferencia de sus hermanos o de su madre, no siente la necesidad de frenar su vida ni se cuestiona si haberse mudado a Lovecraft fue la mejor decisión.

Por el contrario, su curiosidad y búsqueda de aventura, lo hacen encontrar la primera puerta fantástica, pese a que el tío Dunkie hubiese instado a los chicos a mantenerse alejados de esa zona de la mansión.

Cuando Locke traspasa ese portal, su espíritu es capaz de separarse de su cuerpo. Y lo entiende y sistematiza para repetirlo, para utilizar las ventajas de ser como un fantasma. “Podría acostumbrarme a estar muerto”. “Nada puede hacerte daño cuando estás muerto”. “Nada malo te puede suceder”. “Estar muerto es fácil y seguro es genial. Todos deberían probarlo”, piensa el chiquillo.

Drama

De esa forma progresiva, las puertas se irán abriendo en Keyhouse, permitiendo el paso a poderes determinados en reglas y condiciones por las llaves que las abren. Pero también se despierta así la apetencia de seres demoníacos por utilizarlos para conseguir sus fines perversos.

Sam Lesser fue a prisión por su crimen. ¿Pero se mantendrá ahí para cumplir su condena? Cambiar de forma y tamaño, trasladarse en el espacio y tiempo, entrometerse en mentes ajenas, entre otras facultades fantásticas que proporcionan las misteriosas puertas de la mansión, son demasiado apetitosas como para no desearlas.

‘Locke & Key’ ofrece múltiples aventuras que conjugan mundos mágicos con la vida común y corriente. Es por ello que el poder de su fantasía tiene a la vez una alta dosis dramática, porque se nutre del trance emocional y psicológico de los personajes.

Hill no crea un universo de ficción irreal. Por el contrario, ancla su potente imaginación capaz de crear toda una mitología justo en la problemática vital de sus protagonistas, lo que distingue no solo este cómic, sino el catálogo de su obra.

Jude Coyne, la estrella retirada de ‘El traje del muerto’, Ig Perris en ‘Cuernos’ o Vic McQueen “La mocosa” en ‘Nos4a2’ son ejemplos claros de personajes que no entran en contacto con la fantasía o lo sobrenatural sin un drama personal que atender y de que, verdaderamente, por momentos esos conflictos de la vida familiar o individual los rebasan y son superiores a los que se enfrentan con los seres infernales, míticos: Del más allá.

Madurez

El trabajo artístico de Gabriel Rodríguez en ‘Locke & Key’ no es la de un mero ilustrador, sino que su dibujo es tan poderoso que es indisoluble de la narración, de su estilo estético y de su ritmo dramático.

La manera en que su fino trazo, el ángulo en que las acciones y los personajes se muestran en las viñetas, el dominio discursivo de la gesticulación y la anatomía, son en Rodríguez herramientas de una expresividad deslumbrante que cuentan con claridad una historia con un rango amplio de matices psicológicos y emocionales.

Su dibujo es limpio y elegante, con cierto gusto por la infantilización de los rasgos, pero con un marcado conjunto de distintivos que individualiza a los personajes, con proyección de sus motivaciones no solo exteriores, sino sobre todo internas. Los ojos de cada uno de los niños, la mirada desquiciada del psicópata, la vista desencantada de la viuda o de todo el elenco de seres fantásticos, permiten ahondar en ellos tanto como en la historia misma que se cuenta.

Y el apartado gráfico se complementa de una forma armónica con los diálogos fluidos de Joe Hill, que siempre hacen avanzar la trama, que la resignifican, que le dan claridad total, en tiempo presente, con flashbacks o bien con imágenes que nacen de la imaginación o de los sentimientos de los personajes.

‘Locke & Key’ es una obra que podría asumirse para el público juvenil o incluso infantil. Pero no es así por necesidad. La oscuridad de su argumento, la madurez que de a poco adquieren los protagonistas luego de su trance familiar y la manera en que enfrentan sus miedos y condicionantes, sin duda pueden resultar apetecibles para un público más amplio, incluso adulto, que gusta de la buena literatura gráfica. El caso es encontrar las llaves adecuadas para abrir las puertas al mundo de la fantasía y el terror y sobrevivir en ese universo.

Lo que no es nada fácil en manos de Joe Hill y Gabriel Rodríguez.

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