Jugadores retrocompatibles: Sometimes They Come Back

Algunas veces, ellos regresan.

Sumergirse en actualizables videojuegos online en las consolas de última generación, en teléfonos celulares y computadores con o sin controles adaptados para mayor manejabilidad, o adentrarse en las arenas virtuales que a través de visores, audífonos y dispositivos táctiles nos aproximan a una realidad inmersiva, no ha evitado que los gamers clásicos sigan disfrutando de viejos amores: de un amplísimo catálogo —todo el que conforma la historia de esta industria— que, como nunca antes, está al alcance de las manos.

Hay, desde luego, un dejo de nostalgia al volver a juegos que nos remiten al final de los años ’70 y de lleno a la década de los ’80 del siglo pasado, cuando la Atari 2600 era la consola que dominaba el panorama de los videojuegos. Fue el primer sistema casero de cartuchos intercambiables que realmente prendió en el mercado —vendió más de 30 millones de aparatos— y su acervo habría de rebasar los 600 títulos, con diversos modos de juego y dificultades.

Muchos de ellos se consagraron como blockbusters y, de hecho, contribuyeron a asentar ese término ya no sólo en las disciplinas escénicas o cinematográficas, sino también en el campo de los juegos de video, cuya evolución transita del ocio y el esparcimiento a la auténtica creación artística.

Desde un inicio, juegos como ‘Asteroids’ —que en 2019 celebró cuarenta años—, ‘Yars’ Revenge’ —el título original más vendido para esa consola, creado por Howard Scott Warshaw, desarrollador también del vilipendiado ‘E.T. The Extra-Terrestria’l—, ‘Missile Command’, ‘Moon Patro’l o ‘Solaris’, causaron sensación en la pantalla por esa posibilidad de aventura que ofrecían protagonizar al videojugador. Quien debía proteger la Tierra de lluvias de meteoritos, invasiones alienígenas o múltiples batallas cósmicas, aunque en términos gráficos, mostraran poco más que la combinación de pequeños rectángulos y cuadrados de colores que se controlaban con un joystick y cuya acción se detonaba con un único botón rojo.

Incluso, muchas de aquellas historias épicas se basaron en sagas, personajes o argumentos cada vez más arraigados en la cultura pop. Es el caso, por ejemplo, de ‘Space Invader’ (Los marcianitos, como a él se referían los legos), creado por el japonés Tomohiro Nishikado bajo la explícita influencia de ‘Breakout’, ‘The War of the Worlds’ y ‘Star Wars’. No es gratuito que este juego ocupe un lugar especial —la portada, pero igual  en páginas interiores— en la novela ‘Ready Player One’ de Ernest Cline, una suculenta muestra literaria fan service a partir de la cultura pop ochentera.

Otros títulos resultan memorables porque hoy, en pleno siglo 21 pandémico, dan la impresión de que con ellos —con la puesta a prueba de habilidades primarias sobre la pantalla, destrezas de entendimiento lógico, de comprensión de mecánicas y scrolls, así como con personajes más que queribles— comenzó todo en el mundo de los videojuegos. ¿O qué podrían evocarnos ‘Mario Bros’, ‘Pac-Man’, ‘Donkey Kong’ o ‘Q*Bert’, sino un aporte pionero de valor y trascendencia incalculable?

Y si se piensa en carreras de autos en videojuegos, si cualquiera ‘Need for Speed’, ‘Gran Turismo’, ‘Dirth Rally’ o algún otro título de alta velocidad —incluidos los karts con todo y sus divertidas trampas— nos provocan una conversación, ¿puede no citarse ‘Pole Position’ y ‘Enduro’ como prueba originaria de adrenalina, de viaje solitario de iniciación e incluso peligro en pistas o carreteras resbaladizas, sinuosas o nocturnas?

Lo mismo sucede en casi todos los deportes. Pueda referirse con mayor precisión y hondura el legado de la saga ‘Madden NFL’ con el fenomenal Patrick Mahomes en la portada de la entrega del 2020, sólo si se parte de que esa emoción emuladora del emparrillado del fútbol americano inició con ‘Football’ ya en 1978.

El fútbol soccer merece páginas enteras para captar su evolución hasta los actuales ‘FIFA’ y ‘Pro Evolution’. Aunque algunos otros podrían considerarse como antecedentes, para el Atari apareció el primer videojuego formal de fútbol que arraigó entre los gamers: ‘Championship Soccer’, en 1980. Un año más tarde el mismo juego habría de catapultarse cuando cambió de nombre para asociarse a la imagen de uno de los mayores íconos futbolísticos de la historia: ‘Pelé’s Soccer’.

Desde entonces, toda plataforma de videojuegos que se asuma competente ha tenido títulos de fútbol como opciones estelares de sus catálogos de juego, algunos inconfesablemente inolvidables para quienes los han jugado, por la experiencia en sí y por lo que ocurría en sus vidas mientras tanto: ‘Soccer’, ‘Kick Off’, los ‘Goal’ y ‘Super Goal’, ‘Nekketsu Kou kou Dodgeball Bu: Soccer Hen’ (en América Nintendo World Cup), ‘Super Sidekicks’, ‘Tecmo World Cup Soccer’, ‘Victory Goal’, ‘World Soccer 94: Road to the Glory’,  los ‘International Super Star Soccer…

Lo cierto es que un gamer vuelve al pasado no sólo por esa nostalgia de lo ya experimentado y de los tiempos idos. Lo hace también por la calidad extraordinaria de esos juegos que acompañaron momentos de su existencia y que, de hecho, aún lo acompañan. ¿O alguien dejó de jugar ya ‘Tetris’, ‘Pinball’ o ‘Casino’ sólo porque entregue paquetes en ‘Death Stranding’ o se conecte con sus amigos para una librar una Battle royale, mientras pelan a los conocidos a través del sistema de audífonos con micrófono?

Esa excelencia busca repetirse y actualizarse o al menos traerse hasta nuestros días con el lanzamiento de decenas de consolas oficiales retro, si bien con un catálogo algo limitado. O con el relanzamiento HD de títulos infaltables que se convierten en nuevas cimas, como los ‘Resident Evi’l, los ‘Mario Bros’ o los ‘Crash Bandicot’.

Pero no olvidemos todos los simuladores disponibles que se nutren de los incuantificables rooms disponibles para revivir cualquier plataforma en los computadores de mesa, en tabletas o más ortodoxamente en alguna consola portátil, arcade —recreativa, maquinita, chispa— o tableros que hoy se pueden conseguir con el atractivo de 10, 12, o 15 mil juegos incluidos para conectarse a las pantallas de televisión. Ese recuerdo no es una invitación a la piratería, claro, sino una descripción de lo que el gamer tiene a su alcance en la actualidad.

Son mundos, universos, para los que no tendremos suficientes horas de vida.

Regresar de algún modo al pasado es atractivo y comercial. Por eso algunas de las consolas de última generación, incluso las que están por llegar, buscan captar al gamer a través de la retrocompatibilidad. Las grandes compañías de la industria saben que esa es una característica de quien toma un control y juega en video. Algunas veces, ellos vuelven a esos juegos que ya jugaron. Aunque, en rigor, nunca se hayan ido de esos viejos amores.

Por José Noé Mercado
Escritor de cifi, fantasía y terror.
Periodista y crítico transversal de la cultura (desde popera hasta la ópera)

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