Iron Man aún muerto, sigue siendo el héroe

Tony Stark murió como Avenger. En el clímax de ‘Endgame’, la aclamada secuela final de la saga de vengadores dirigida por los hermanos Anthony y Joseph Russo, el aristocrático superhéroe le arrebata a Thanos (Josh Brolin) las Gemas del Guantelete del Infinito y las coloca en su desvencijado traje para chasquear los dedos, derrotar al mesiánico titán y resarcir el orden del universo, alterado en ‘Infinity War’.

Se trata de un sacrificio conmovedor y una despedida dolorosa porque sabía que ni su cuerpo ni su traje resistirían la energía liberada por las gemas. “Soy inevitable”, exclamó Thanos segundos antes de saberse derrotado. “Y yo soy Iron Man”, le respondió el entrañable personaje interpretado por Robert Downey Jr. en el cierre de un ciclo que inició en 2008 con la primera entrega del MCU (Marvel Cinematic Universe), si bien su presencia, legado y tecnología habría de sentirse aún en ‘Spider-Man: Far From Home’ de este 2019.

Así, después de 23 películas interconectadas, una reorganización de la filial productora para convertirse en un estudio más de Disney en 2015, más de 22 mil millones de dólares recaudados en la taquilla mundial, litros de adrenalina y una profunda huella en la cultura pop a lo largo de 11 años, las tres primeras fases del Universo cinematográfico Marvel concluyeron bajo el liderazgo de Tony Stark, un superhéroe que llega a los cincuenta y seis años de vida, que han tenido sus propias etapas distintivas.

La relevancia de Iron Man en el MCU ha podido apreciarse desde diversas perspectivas. Entre ellas, la poderosa nanotecnología de Industrias Stark con la que él y sus colegas han combatido las diferentes amenazas que múltiples villanos han representado para la humanidad; la unión y camaradería lograda gracias a su ejemplo, valor y carisma, entre personajes con poderes, caracteres e idiosincrasias de distinta naturaleza; y, desde luego, por sus ricas enseñanzas vitales que tienen en el adolescente Peter Parker su mejor botón de muestra.

Por ello, el quehacer de Tony Stark-Iron Man, su imagen e inteligencia, se antoja imprescindible. Aunque ya no estará. Por lo menos, no de la misma manera. Su pérdida es tan grande como su legado. Por eso su funeral en ‘Endgame’, con la asistencia de decenas de consumados superhéroes, resultó un pasaje tan sentido y emocional para el público. Tanto como haberlo visto viajar al pasado e interactuar unos minutos con su padre, darle consejos, sin que éste supiera que tenía a su hijo enfrente.

En ‘Spider-Man: Far From Home’, el mundo lo extraña y lo llora, como lo muestran los medios de comunicación, como queda claro con un abatido y -nuevamente- huérfano Peter Parker (Tom Holland), quien recibe como herencia sus gafas equipadas con E.D.I.T.H. (Even Dead, I’m The Hero -Incluso muerto, soy el héroe), la interfaz de un sofisticado sistema de inteligencia artificial que controla una poderosa red de armas satelitales.

El arácnido adolescente y superhéroe en ciernes, en pleno viaje escolar por varias capitales europeas, las entregará con ingenuidad y torpeza a Quentin Beck–Misterio (Jake Gyllenhaal), que no es el heroico salvador del mundo en un multiverso como asegura, sino un mago de los efectos especiales que siente que su talento fue basureado por Industrias Stark y alberga ansias de venganza y reconocimiento nivel Avenger. En el resto de la cinta, Spider-Man deberá recuperar las gafas, derrotar a Misterio, encontrar su verdadera identidad y, asunto no menos importante, conquistar el corazón de M.J. (Zendaya). Pero ésa es otra historia.

Ésta es la historia de Iron Man.

El surgimiento             

Alemania y Japón son países derrotados en la II Guerra Mundial. El mundo se divide en dos bloques: el comunismo de la Unión Soviética y la democracia capitalista de Estados Unidos. Se origina entonces la “Guerra Fría” y el entorno internacional se tensa con ella. Los cambios en la economía y tendencias intelectuales de posguerra desarrollan nuevos gestores sociales y aparecen el feminismo, el movimiento queer, la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles, el pacifismo y los hippies.

Todo parecería un escenario creado idealmente para el surgimiento de Tony Stark: un multimillonario fabricante de armas que proporciona tecnología bélica a la milicia norteamericana. Solo que ese entorno dista de ser una ficción. Fue tan real como la historia. La creación en ese marco referencial de la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, llegaría con un nuevo súperhéroe: Iron Man.

El creador

En ese contexto social, el editor y guionista de cómics -vigilante y personaje-cameo por excelencia- Stan Lee, entendió que los lectores de Marvel eran mucho más liberales que los otrora fans del Capitán América y vio en ello la oportunidad de desafiar sus habilidades creativas inventando un superhéroe cuyas características principales fueran totalmente opuestas a los ideales que esos entes sociales acogían y difundían: Un capitalista por definición que, a la vez, fuera simpático y vendible.

Es así como Stan Lee, en contra de todo el idealismo de los ’60 y el espíritu pacifista de los nuevos lectores de Marvel, crea al ya casi sexagenario Tony Stark, altamente popularizado entre los economistas recién graduados, gracias a su intérprete en el cine Robert Dawney Jr.

En 1963, el personaje ya estaba concebido, pero faltaba lo más importante: hacer que Stark simpatizara con el público. Para eso, Lee pensó en el piloto, empresario e inventor Howard Hughes: “Era uno de los hombres más coloridos de nuestros tiempos. Era un inventor, un aventurero, un millonario, donjuán y, finalmente, un chiflado”, dijo en los comentarios finales del DVD Iron Man.

Armadura

En mayo del 68, Iron Man hace su debut en papel, gracias a la colaboración del dibujante Don Heck y el diseñador técnico de personajes Jack Kirby. En la historia original, Tony Stark asiste a la prueba de una de sus armas experimentales que incrementaría el poderío bélico de los norteamericanos.

La prueba falla y Stark es herido por una metralla; más tarde, Stark es encontrado inconsciente por los hombres del comandante vietnamita Wong-Chu, quien al descubrir que Stark era diseñador de armas intenta obligarlo a construirlas para ellos. Durante su reclusión, Stark descubre que la metralla no puede ser removida fácilmente de su pecho y que ésta va directo a su corazón. Para evitar su muerte, su compañero de celda, Ho Yinsen, un físico ganador del Premio Nóbel (y admirado por Stark), construye una placa pectoral magnética que evita que el trozo de metal alcance el corazón de Tony.

Lo demás es historia conocida: Tony y  Yinsen engañan a sus secuestradores y construyen una armadura superpoderosa que los ayudaría a escapar de la prisión comunista; sin embargo, el único que logra huir es Tony, ya que Ho decide sacrificar su vida por la de él.

Al regresar a casa, Stark modifica la armadura y la llama Iron Man.

Pro-sistema

No es raro que los héroes de cómics representen en sus aventuras el sentir político de la época en los que han sido creados, como tampoco lo es que quienes los analizan de esa forma, sean señalados como impulsores de la teoría de la conspiración.

En otras palabras, no es infrecuente que los personajes de ficción reflejen la voz del sistema cuando en tiempos de guerra están a favor de la guerra y en tiempos de paz se tornan pacifistas. También, en las mismas historias, son capaces de abogar por la guerra cuando el público está reacio a hacerlo. De alguna manera, son propagandistas ideológicos.

El ejemplo más famoso de esto ocurrió en 1941, cuando el escritor judío del cómics del Capitán América inspiró el debate público al representar en una historieta a Hitler como un supervillano, mucho antes de que los Estados Unidos entrara a la Segunda Guerra mundial. Desde entonces se han producido muchos cómics de superhéroes igualmente controversiales que han tomando posiciones en temas tan importantes como la pena de muerte, el aborto, los derechos homosexuales o la destrucción del medio ambiente.

En cualquier caso, Iron Man fue concebido originalmente como un héroe anti-comunista que ayudaría a incitar el fervor patriótico que se había perdido junto con la popularidad de la guerra contra Vietnam. Cuando a Stan Lee se le pregunta sobre la tendencia pro-sistema de Iron Man, le baja el perfil político a su personaje admitiendo que cuando centró la historia de Stark en Vietnam lo hizo sin pensarlo mucho, porque entendía nada sobre esa guerra y menos sabía el porqué se estaba luchando.

También dijo que su intención nunca fue la de cambiar el sentir político de sus lectores, lo que merece ciertas suspicacias puesto que sabía con anterioridad la impopularidad  de la guerra entre sus lectores, o más aún si se considera el gran esfuerzo por hacer que el héroe mata-comunistas fuera simpático y atractivo transversalmente entre los fanáticos de los cómics.

Claro que siempre queda abierta la puerta de que realmente solo quisiera convencer a los fans más liberales de que el tema de la industria armamentista podría tener éxito al presentarse a través de un anti-héroe redimido y mujeriego reformado, aun a pesar de que a nadie le gusta un hombre que fabrica tecnología bélica.

Amenaza roja

“Uno podría imaginar los procesos mentales de Stan Lee sobre este tema: existen plazos de publicación y se deben cumplir, necesito un nuevo súper villano para este mes. Listo, que sea comunista, porque… bueno, se supone que los comunistas no deben ser amables y ¿a quién le importa si realmente son malos? Lo que es importante es que tienen poderes “cool” con los que pueden amenazar”, escribe  Marc DiPaolo en su libro War, Politics and Superheroes: Ethics and Propaganda in Comics and Film.

Otros ejemplos de reflejo político y de propaganda similar a la contenida en Iron Man son Thor y Hulk, personajes que antes de pasar a la lucha contra enemigos apolíticos extraídos de la mitología y películas de monstruos, pasaron sus primeros años peleando contra amenazas comunistas, como Emil Blonsky, también conocido como la Abominación.

En consecuencia, se podría decir que la mayoría de las amenazas de los superhéroes de Marvel eran “rojos”, aunque esta condición se fue desvaneciendo con el tiempo y los que antes eran supervillanos comunistas ahora son héroes aliados. Natasha Romanova, por ejemplo, de ser una espía rusa conocida como la Viuda Negra pasó a ser miembro de confianza de la fuerza de paz de la ONU S.H.I.E.L.D y parte del equipo de Los Vengadores.

Marc DiPaolo afirma que es difícil interpretar los mensajes políticos en los cómics, porque no siempre los creadores tienen el control de la forma en que sus relatos son interpretados por los lectores. Tampoco tienen el dominio absoluto de sus personajes, debido a que diferentes escritores manejan al mismo superhéroe: “A veces un escritor liberal puede imponer el ideal heroico como lo haría un liberal, mientras que un sucesor podría retratar ese mismo personaje como un héroe conservador. Un ejemplo de ello es el escritor Dennis O’Neil quien retrató a Flecha Verde como Robin Hood, una figura marxista revolucionaria, mientras que los sucesores de O’Neil, Brad Meltzer y Mike Grell, representaron a Flecha Verde como un personaje mucho más de derecha. Algunos fans sólo reconocen la legitimidad de las historias cuando un superhéroe refleja su propia tendencia política; otros exigen consistencia de caracterización, y una minoría son capaces de pasar por alto las contradicciones dramáticas, argumentando que el personaje está ‘pasando por una fase’ o ha cambiado comprensiblemente sus lealtades políticas durante épocas turbulentas en la historia estadounidense”.

La excepción más obvia a esta tendencia es Iron Man, quien se ha enfrentando eternamente contra amenazas rusas y asiáticas, como su archienemigo Mandarín, Genghis Khan; Anton Vanko, el enemigo ruso conocido como el Crimson Dynamo (o Whiplash en ‘Iron Man 2′); y los japoneses de Fujikawa Corporation, quienes mancillaron el orgullo de Stark despojándolo de su negocio familiar: Stark Enterprises.

En 2008, la película de ‘Iron Man’ repitió la historia, pero cambió al original villano asiático por terroristas afganos, más acordes a los tiempos que corrían; en este sentido el personaje volvió a sus raíces patrióticas, aunque la historia intenta presentar cierta ambigüedad en la ficción cuando finalmente el villano no resulta ser un clon del maligno Osama Bin Laden, sino más bien Obadiah Stane, un viejo rival de negocios del padre de Stark, que ha adquirido los planos originales del traje de Iron Man de los terroristas afganos y lo ha utilizado para crear su propia armadura. Lo mismo pasa con ‘Iron Man 3′, donde presentan a Mandarín como un terrorista del grupo Al Qaeda y finalmente nos encontramos con que el verdadero villano es Aldrich Killian, un científico ardido al que Stark menospreció en los noventas.

Cincuentón herido

Según los expertos de acomicbookblog , Tony Stark es la respuesta de Marvel a Bruce Wayne de DC Comics: ambos son  huérfanos multimillonarios que, tras la muerte de sus padres, heredaron tremendas corporaciones; los dos utilizan también los recursos de estas empresas para luchar contra el crimen, mientras que en público se muestran como mujeriegos, despreocupados y cínicos para así desviar la atención de sus actividades secretas. Sin embargo, mientras que a Bruce se le muestra como a un personaje oscuro y complejo, Tony Stark es mucho más alegre, menos comprometido con los cuestionamientos morales que conlleva el poder.

Durante los cincuenta y seis años de su existencia, el personaje ha sufrido importantes cambios. Como ya se ha mencionado, Tony Stark en un principio era un héroe anticomunista, pro-militar. Pero con el tiempo esta característica tan marcada fue adquiriendo matices más complicados como la necesidad imperiosa de rehuir del dolor, la negación del miedo y la depresión.

A fines de los ’70, el escritor David Michelinie introdujo un rasgo distintivo más en la identidad de Stark: la personalidad adictiva. En la serie mundialmente conocida como El demonio en la botella, la armadura de Stark es robada y utilizada para asesinar a un embajador extranjero. Para ahogar sus penas, Tony cae en el excesivo consumo de alcohol y, antes de decidir luchar contra su adicción, aleja de su vida a los colaboradores más fieles y de paso pierde el control de Stark Enterprise. Este tópico fue definitorio en la construcción de la personalidad de Tony Stark y se dice que fue un factor importante detrás de la decisión de contratar a Robert Downey Jr. para personificarlo, porque Robert al igual que Stark tiene su vida privada marcada por las luchas contra las adicciones.

“Aquí tienes este personaje, que en el exterior es invulnerable, es decir, no se puede tocar, pero por dentro está bastante herido. Stan hizo una gran herida en su cara, ya sabes, su corazón estaba roto, literalmente”, dijo el escritor Gerry Conway en los comentarios del DVD Iron Man.


Necesidad heroica

Claramente, como explica Marc DiPaolo, autor de War Politics an Superheroes, “las debilidades sicológicas o discapacidades físicas no son limitantes para hacer de un hombre un superhéroe“.

Tony Stark e Iron Man son un ejemplo notable de ello.

Pero además, esa creación de personajes fantásticos y que representan las tendencias de una época es saludable siempre como una catarsis y esa necesidad de ellos puede hacerlos representativos y queribles. 

Por ello, propagandistas o no, manipuladores de la opinión de las masas o no, puede asumirse como lo hace el cineasta y escritor Guillermo del Toro que “el mundo necesita la mitología de los superhéroes”. Y es que el péndulo de la fantasía va muy ligado al de la realidad, concluye el director de Titanes del Pacífico. Por eso, en “los tiempos más duros, con las realidades sociales más brutales, surgen nuevas fantasías, y éste es uno de esos momentos. Éste es un período política y humanamente muy desconcertante, en el que se ha producido un serio retroceso en la línea ética de la humanidad como especie y se requiere de un replanteamiento de la existencia en términos heroicos”.

Tony Stark está muerto, pero incluso así Iron Man sigue siendo el héroe.

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