‘Interestelar’: El Evangelion según Nolan

En el cine de hoy Christopher Nolan es una institución, o más bien, una religión. Un director que supo dar una mirada dramática, seria y notable a la ficción, dotando a Batman de una trilogía finamente bien armada y verosímil; y que ha desbordado nuestras cabezas con experiencias oníricas y mentales como ‘Inception‘ o ‘Memento‘, generando un lenguaje y autoría propiamente de él, repleto de códigos y símbolos. Porque en sus películas hay eso: fórmulas y verdaderas arquitecturas de su cabeza y una mirada de ver el mundo, su mundo. El planeta Nolan.
Y en su más reciente producción, ‘Interstellar‘, la cual aterriza de lleno al género de la ciencia ficción – sin tapujos en hacerlo notar por las referencias a otras grandes cintas del género como ‘Solaris’ u ‘Odisea 2001′-, hay un siguiente nivel en tal construcción cinematográfica: El Universo de Nolan. Donde como nunca se aprecia su filosofía y ojo existencial, ese que gira en torno al debate entre la razón y la intuición, el héroe y su maldición, la posteridad y la redención, los misterios del cosmos interno y externo, teniendo siempre a “la humanidad” como motor y protagonista.
Aquí conocemos a Cooper (Matthew McConaughey), un granjero e ingeniero (sólo Nolan combina y hace creíble tal mixtura) que debe dejar a su familia, en especial a su hija (Jessica Chastain) en busca de un nuevo planeta habitable para salvar a la raza humana, ya que la Tierra se acerca a su fin, debido a que con el calentamiento global el polvo sofoca y ahoga todo a su paso día tras día. Todo en una estética futurista que singularmente tiene un velo y tufillo analógico y ochentero (los robots no son humanoides, son verdaderos cubos Rubic caminantes).
En total casi tres horas de un intenso viaje que no sólo acampa entre planetas marinos, hoyos negros, galaxias desconocidas, años terrestres versus siderales, sino también entre las decisiones personales y el deber ser. Y con un ritmo que no apela a la acción rápida y efectista, sino a la calma, a la desesperación de la soledad del universo, a una pelea lenta y torpe con mucha gravedad o a la delicadeza de un cálculo que puede salir mal. Angustiante y perfecto.
Dato a sumar son las actuaciones, con McConaughey que hace valer su Oscar (‘Dallas Buyers Club’) y su versatilidad en cualquier género (como pasó en la aclamada serie “True Detective” y su atormentado personaje ancla, Rust Cohle) logrando ser un experto padre astronauta, cuestionado y sufriente; y por el otro lado, Anne Hathaway (Amelia) interpretando a otra mujer espacial que vela por una misión o un sueño personal, más cercana, más humana, más mujer.
En fin, una odisea espacial que por desplante y narración entretiene y funciona, y que si se es fanático de su director, puede hacernos volar a su infinito, y más allá.

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