Me casé con un nerd: Insomnio en la ciudad

Las mujeres tenemos problemas para conciliar el sueño en las noches, eso todo el mundo lo sabe. He probado la leche con hojas de naranjo, contar ovejitas, leer un libro latero, pero nada, absolutamente nada me funciona mejor, que cuando mi marido me empieza a contar historias de cómo se fraguaron series nerds que sólo él conoce, o biografías de actores de culto que interpretan a geeks.

Logro llegar despierta sólo hasta que menciona fechas y nombres de personajes fantásticos.

Sí, me casé con un nerd, todo esto está basada en la más estricta realidad, puede te cueste creerlo pero se trata de la pura y santa verdad. Debo decir que amo a mi maridito, es un tipo extraordinario, de verdad, es inteligente, guapo a su modo, muy sexy, a su modo, y le amo, pero cuando comienza a enumerar, entusiasmado, sus conocimientos y ese conocimiento geek es acerca de cómics, películas, serie e incluso de lo que hace la exploración Discovery en Marte, pues me pongo en mute. Modo silenciosa, pero atenta a sus comentarios, aunque no sabría repetir lo que me dice.

Pero por Dios, cuando bajo la guardia, cuando no puedo dormir en las noches de estrés y eso, sus discursos son mejores que pastillas para dormir. De hecho, muchas veces pienso que yo y él deberíamos estar en ese gran programa de TV llamado “La bella y el geek”, porque algo así es lo que nos pasó al momento de conocernos. Él, tan re nerd, tan geek, yo, tan yo no más. No es que me encuentre normal, pero sí una persona promedio. Pero él, mi maridito es único, especial, único en su especie.

Puede enumerar sin pestañear todos los personajes de Viaje a las estrellas, también se sabe de memoria dos cuentos de Crónicas marcianas y hablan sin cesar de una cosa llamada La Teoría de las cuerdas. Además dibuja cómics, escribe cuentos de vampiros y sinceramente creo que es brillante. La verdad.

Pero para dormir, cuando me ataca ese insomnio producto de mi estresada vida en el mundo real y lejos de extraterrestres y superhéroes, con pegas demandantes, la dulce voz de mi hermoso marido, con su cantar de cantares nerd, es un bálsamo para mis oídos, un río de calma y paz.

¿Su último intento —exitoso por cierto— para lograr que me durmiera? La historia y orígenes de Galáctica. Lo terrible de la situación es que, a estas alturas, se me confunden los nombres: Evangelion, Galáctica, Resident Evil, y había otra… mmmm ¿cómo se llamaba? No me acuerdo, pero actuaba Mark Harmond, creo, y la daba Telecanal las mañanas de domingo. Me torturaba con ese bodrio. ¡Stargate! Ése era el nombre. Y no, no era con Mark Harmon, era con Richard Dean Anderson.

El cable, durante los fines de semana, está plagado de contenido nerd de todo tipo: True blood, Game of thrones, Smallville, The walking dead y un largo etcétera.

Aprecio el superpoder de mi hombre: el poder soporífero que pueden tener sus relatos. ZZZZZZZZZ.

Pero la mejor defensa es el ataque. Y lo bueno, es que yo también encontré mi arma secreta en la televisión de pago para torturarlo de vuelta: Discovery Home and Health. Ese paraíso de la mujer moderna, por cliché que suene, puede ser el escudo para neutralizar sus excesos de nerderíos. Cuando su cuota ya llega a excesos un poco intolerables, pues uso esta kriptonita  Así es que ya saben, la clave está en apropiarse del control remoto y someter a tu nerd a un suplicio de maratones con vestidos de novia y mamás que no sabían que estaban embarazadas. Ahí sabrán lo que es bueno.

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