‘Ghost in The Shell’: Escarbando entre la chatarra

Está en cine el animé original de 1995 y se estrena pronto la versión live action. Es decir, es claro, es temporada de ‘Ghosth in The Shell’. Y acá hablaremos de la animación de los años 90. Y aquí vamos:  Apestando a metal oxidado y capaz de impregnarlo todo de futuro y de caos cibernético, la cinta de Mamoru Oshii es capaz de contener distintas capaz y matices. Al igual que los circuitos de un cyborg, los relatos que oculta esta obra del cyberpunk japonés son complejos e impactantes. Como engranes oxidados, podridos y en desuso que tratan de volver a moverse es como me siento luego de ver e intentar procesar todo lo que expone ‘The Ghost in the Shell’, aquella clásica y visceral obra del director japonés Mamoru Oshii, responsable de traer a la vida –cual Dr. Victor Frankestein-, parte del universo creado por el mangaka Masamure Shirow.
Era así que en 1995, Oshii despertaba y desataba todo aquel mundo construido por Shirow, dándole vida, textura, tripas y corazón a un material tan potente como lo es ‘The Ghost in the Shell’, una de las películas de animación japonesa claves no sólo dentro del género del anime, sino que también la cinta se instalaría rápidamente en un sitial dentro de otros géneros igual de intensos y radicales como lo son la ciencia ficción y el propio cyberpunk.
¿Pero qué contiene ‘Ghost in the Shell’ que cada cierto tiempo nos hace estar hablando de ella? ¿Qué claves narrativas podemos encontrar dentro de la obra de Masamure Shirow y Mamoru Oshii que nos haga apreciar el género?  La historia nos lleva al 2029 en donde La Mayor Makoto Kusanagi y su compañero Batou, -ambos cyborgs que trabajan para la policía nipona-, buscan a una inteligencia artificial denominada The Puppet Master, un terrorista informático que busca destruir la estabilidad política instaurada en la futurista sociedad a la que nos adentra esta cinta.
Retrofuturista y Cyberpunk
 Antes de apreciar a ‘Ghost in The Shell’ como parte importante de las obras cyberpunk que nos ha regalado la cultura oriental, hay que poder apreciarla como un producto artístico que perfectamente calza dentro de los parámetros del retrofuturo. Un género que comparte líneas con el Cyberpunk, pero que de algún modo logró implantarse como un género propio, principalmente por ciertas joyas del Cine B durante los 80 y 90, es acá donde nos podemos topar con cintas como: ‘Soldado Universal’ (1992), ‘Robocop’ (1987) e incluso la clásica ‘Terminator’ (1984). Tres cintas que  dentro de sus similitudes  podemos encontrar la evolución tecnológica a cargo de circuitos, computadoras, maquinas inimaginables y un sinfín de arquitectura tecnológica y futurista con las que el hombre ha soñado desde los años 40, pero el contraste de aquella brillante sociedad se encuentra en los sueños rotos, en la distopía y en la tristeza  expuesta por las personas que la habitan.
¿La razón? Pese a todo lo que se ha logrado por medio de la utopía tecnológica, no es suficiente para encontrar la utopía social, ni menos la felicidad que ha buscado la raza humana. En este sentido, ‘Ghost in the Shell‘ no son solo maquinas, androides y ciencia ficción, sino que el arte contribuye con esta idea de retrofuturo, en donde personajes casi irrelevantes dejan en claro aquella idea de descontento social por el que pasa la sociedad y los humanos en general.  Si nos enfocamos en este punto de vista, los personajes que automáticamente se vienen a la mente son los recolectores de basura, personajes que claramente no son trascendentales para el flujo de la historia, pero son los personajes más indicados para ver la miseria, la suciedad y el lado feo de aquel futuro, que más que soñar con la esperanza, nos hace creer en el miedo que sin importar el futuro en el que estemos, seguiremos siendo iguales que ahora, seres emocionales, básicos e instintivos.
Por otro lado, estos mismos personajes son los que nos muestran que pese a lo esperanzador que pueda sonar el futuro, aquello no será para todos ya que si bien vemos instalaciones tecnológicas, pulcras y brillantes dentro de los escenarios por los que se mueven nuestros héroes, también podemos ver óxido, desgaste, desinterés, calles sucias y polvorientas, edificios que se quedaron pegados en un futuro opaco y gris y que no pudieron seguir el avance a la par del resto del entorno.
Es por medio de aquellos matices y ligeras texturas que Mamoru Oshii nos lograr transportar a un escenario completamente retrofuturista, pero aun así un futuro que se siente más humano que otra cosa, y en donde ninguna máquina y tecnología por brillante que sea  podría lograr la anhelada utopía dentro de la sociedad y sus propios habitantes.
 Si bien el retrofuturo se aprecia dentro de lo que son los espacios, las calles, las habitaciones y los lugares por donde nuestros personajes se mueven, por su lado la corriente llamada cyberpunk se apropia y se aprecia dentro de todo el diseño de los personajes creados por Shirow.  Acá vemos cables, conectores, enchufes, piezas metálicas dispersas, un tanto caóticas, otro tanto realistas, pero aun así todas ellas son parte de un futuro, aquel futuro distópico, disperso, y es aquí en donde aparece toda la estética punk. Y la podemos ver con claridad a través de las máquinas desarmadas, de los cables sueltos, de los planos mostrando androides hechos trisas o torciéndose tal y cual la cinta nos tuerce y nos estruja cada uno de los sentidos, con el afán de que procesemos cada una de sus partes y es por toda aquella visceralidad visual, que la estética cyberpunk resalta sobre cualquier cosa en la cinta de Mamoru Oshii.
 Envolviéndonos en su arte, en su arquitectura, finalmente en todo lo que guarda relación con el diseño de personaje, que a fin de cuentas son la gran esencia cyberpunk que nos deja el arte de Masamure Shirow.
Algo más que cables sueltos
Uno de los puntos clave dentro de todo el universo que construyó, trituró y digirió el mundo de ‘Ghost in the Shell’, sin duda fue una filosofía y un idea que ha estado presente en distintas fábulas, historias y narrativas: el concepto de inteligencia artificial. Aquel concepto que ha retumbado en nuestros oídos a través de clásicos audiovisuales de la ciencia ficción como lo son ‘Blade Runner’ de Ridley Scott o la contemporánea ‘Inteligencia Artificial’ de Spielberg, o inclusive la infantil y profunda fábula de ‘Pinocchio’, todas ellas han coqueteado, jugado, armado y desarmado aquel concepto tan propio de la ciencia ficción y sus derivados.
 ¿Y de qué hablamos cuando hablamos de inteligencia artificial? Para el desaparecido informático John McCarthy y referente de la Inteligencia Artificial, el concepto de este tipo de inteligencia significa: “la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cómputo inteligentes”.
Por medio del concepto definido por McCarthy es que en ‘Ghost in the Shell’ nos encontramos con The Puppet Master, villano principal del arco argumental de la película. Este prófugo personaje es establecido como una inteligencia artificial autónoma, cuyo modus operandi es infiltrarse en la mente humana. Y una vez adentro, las rompe, las consume, las tritura, y, finalmente, las hackea y toma control de ellas sin que sus víctimas tengan conocimiento alguno de aquel ataque. Es decir, que cuando este personaje logra contralar a sus víctimas, estas pierden conciencia y control de su cuerpo y todo aquello pasa a los circuitos del titiretero, quien de este modo prácticamente es una cyber inteligencia dentro de la mente de los humanos a quien ataca.
Otro punto acerca del tópico de la inteligencia artificial que toca la cinta tiene que ver con la toma de conciencia y el raciocinio cibernético que con el pasar de los minutos se generan dentro de La Mayor Makoto Kusanagi, la protagonista de este relato.
Si bien ella posee conciencia plena de que es un  cyborg, esta comienza a tener cuestionamientos acerca de su propio ser, sus funciones como droide y los recuerdos que esta guarda en su inconsciente como parte de su vida previa como humana. Kusanagi, así las cosas, cuestiona más y más sus capacidades y su ser, su aspecto, y reflexiona sobre que pasó con la persona que era antes de ser convertida en un cyborg.
De esta manera, el corazón de esta obra mayor va ligada a una metáfora cibernética en razón de los pensamientos de la mayor y el puppet master, como los personajes con más matices dentro de la cinta, pero esencialmente esta profundidad pasa en mayor medida por el personaje de Kusanagi. Aviso de Spoiler ¿ok? Advertidos.
Y eso se vislumbra especialmente cuando la crisis de conciencia de ella aumenta  y es capaz de llevar a cabo un sobre análisis de su propia realidad y situación, en donde el pensamiento de que nada es real prevalece y a la vez la vida misma es descartada como algún objeto de valor. Y eso es algo que finalmente logra que el personaje se entregue completamente a su cyber alma, como ellos la llaman. Todo lo anterior sucede cerca del final, sin diálogos, sin expresiones, solo las experimentales sinfonías de Kenji Kawai musicalizando un montón de acción que pasa tan rápido como los movimientos de La Mayor, y sus decisiones de ataque y contraataque frente a aquel tanque con forma de araña  que a ratos se asemejaba al ED-209 de Robocop 2 de 1990.
Es así como la obra Shirow experimenta con este concepto, la inteligencia artificial, un emblema un poco más crudo y violento que los Replicantes de ‘Blade Runner’ o del inocente David de ‘Inteligencia Artificial’. Y, simplemente, otra respuesta a la interrogante acerca del límite que tienen las máquinas y que es lo que éstas podrían llegar hacer si tuvieran la capacidad y el raciocinio humano.
Como vemos, tanto en su arte y su filosofía cibernética, ‘Ghost in The Shell’ nos transporta y nos impacta. Hablar de ‘Ghost in The Shell’ no es sólo hablar de un buen manga o una correcta adaptación cinematográfica, sino que cuando se habla de ella, es hablar de una de las animaciones japonesas que constantemente se encuentra en los rankings, acerca de los animes o las películas de animación japonesa más importantes, o impactantes o simplemente esas cintas que tienes que ver y de las cuales no te arrepentirás.
 Dentro de todo lo que representa la cinta y la obra en general siento que es un homenaje a otras grandes obras del género cyberpunk llevadas a cabo en el Japón, tales como: ‘Tetsuo the iron man’ (1989) y ‘964 Pinocchio’ (1992). Si mientras la primera nos rompe y nos golpea en la cara por lo trasher y violento de su diseño, el cual es igual de tosco y destartalado que la maquinaria de ‘Ghost in the Shell’, la segunda nos cautiva con su historia y filosofía acerca de la inteligencia artificial y del contacto humano con una máquina, una narrativa con la que ‘Ghost in the Shell’ coquetea e intenta retratar pero bajo sus propias reglas.
Sin duda esta cinta tiene muchos matices que hay buscar, distintos apéndices que diseccionar en cada una de sus visionadas, por lo mismo es un lujo que Cinemark la esté pasando en distintas fechas y horarios, en idioma original y adaptada a los nuevos formatos de pantalla. Pero sin importar las mejoras y los atractivos de esta versión,  ‘Ghost in the Shell’ sin duda seguirá oliendo a metal, cables fundidos y a cabezales gastados de un VHS, ya que por más que mejoremos la tecnología y las máquinas, estás en su esencia siempre serán un montón de cables, piezas de metal y circuitos eléctricos.

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