‘Ghost In The Shell’: Abrazar el pasado

Sin duda la adaptación a formato live action del clásico anime de Mamoru Oshii, ‘Ghost in the Shell’, era algo que se esperaba con miedo. Se temía que fuera otra ‘Dragon Ball Evolution’ o algún desastre cinematográfico por el estilo. Pero pese a aquel temor y las ciertas dudas que generaba esta versión protagonizada por Scarlet Johansson esta, terminó siendo una respetuosa versión para el clásico anime de 1995.
Los puntos fuertes en los que sostiene la cinta dirigida por Ropert Sanders, van desde una clara y respetuosa adaptación en las escenas más significativas de la obra de Oshii hasta, la forma narrativa con la que Sanders cuenta la historia y como éste logra hacer una relectura a la cinta de los noventas,  y así mismo hacer que esta no sea un mero calco de la original.
Si en el anime, el argumento se centraba en el conflicto entre La Mayor y el Puppet Master (aquella inteligencia artificial que buscaba destruir a ciertos políticos),  además de teniendo  entremedio la “crisis existencial” por la que pasa la protagonista. En cambio, en la cinta escrita por Jammie Moss, William Wheeler y Ehren Kruger, nos presenta el mismo conflicto, pero con un mayor y profundo enfoque al existencialismo por el cual pasa el personaje de Johansson y la búsqueda que esta deberá realizar para encontrar sus verdaderos orígenes, siendo éste el verdadero conflicto central dentro del filme de Sanders, algo muy distinto a la obra original.
En tanto, si nos referimos al existencialismo de La Mayor, ésta no divaga en diálogos introspectivos o solitarios, –como sí lo hace en el anime-, sino que gran parte de aquello sucede entre La Mayor y distintos personajes, que dentro de dichos enfoques, funcionan como interlocutores que estimulan su placer de buscar sus orígenes o bien de buscar y darle un significado más profundo a su misión y por sobre todo a su alma o “ghost” como dicho aspecto es denominado en la obra.
La integración de dichos personajes para aquellos momentos específicos, fue una gran inclusión en el guión.  Dado que ello, ayuda en el desarrollo que tiene la historia en sí, como también para el desarrollo de la propia historia de nuestra protagonista. Una historia que pese a ser distinta a la del anime original, dentro de lo que es esta película, es bastante creíble y sientes que todo lo que sucede dentro de la cinta va encajando en favor de ella y de su desarrollo.
El mismo respeto que el director muestra con la historia y los personajes, también se ve replicado en las acciones, explosiones, persecuiciones y todo aquel despliegue de violencia e impacto, el cual muchas veces son los puntos más altos pero, no sólo las escenas calcadas al anime, sino que las nuevas escenas con las que Sanders busca que nuestro cerebro se sorprenda, tal como se sorprendió al ver las escenas de la cinta original.
Es justamente ahí en donde el director plantea el principal desafío en cuanto a la acción de la película. En donde claramente se nota la búsqueda por mostrar algo más original, y en donde no sea una adaptación plana y básica, sino que haya una búsqueda dentro de ella.  Esto ya se aprecia a través del cambio de enfoque narrativo que van teniendo las acciones de La Mayor, y acá, con las escenas de patadas, disparos y ataques en cámara lenta, Sanders explota más aquella búsqueda, mostrando coreografiadas acciones que en su mayoría no están incluidas en la película de 1995 y con la cual busca dar su propio sello a este live action, pero siempre guardado cierto respeto por el material original.
Las escenas de acción clásicas en tanto. Esas que ya vimos en el anime, aparte de lo respetuoso que fue Sanders con ella, siento que no hay mucho más que decir, en estas si bien hay algunos riesgos que van ligados a los giros de la historia, éstas aun así presentan esa magia del anime original. Esa mezcla entre lo bizarro y lo visceral. Entre lo gore y lo trash. En definitiva, gracias a esta acción el director coquetea con ese Cine B. Ese cine retrofuturista como el de ‘Robocop’, pero claro, llevado a un punto más pulcro, un poco más limpio, pero con alma trasher. Lo que al igual que en la película, aquel espíritu, -el del alma o el ghost-, son los únicos que valen.
De esta forma, el fragmentado y cibernético futuro que Rupert Sanders nos quiere mostrar a lo largo de los 106 minutos que dura la cinta, pasa la prueba. Se ve real, lejano, pero a la vez cercano. Si bien la pulcridad y la brillantez del avance de las tecnologías se sienten y se aprecian, pero pese a toda esa limpieza, el director igual se las arregla para mostrar caos, impacto visual, y escancias de Cine B y trash, algo que el anime desbordaba, pero que esta cinta no se sobreexplota. De igual manera Sanders se las arregla para meter dicha esencia en ciertas partes, lugares y puntos que hacían que se viera bien visualmente y por supuesto que no se viera forzado, que no fuera solo por meter algo de caos por el simple hecho de querer hacerlo o buscando homenajear la cinta y el género que esta representó, lo cual la hace más valorable y respetuosa en su esencia como producto.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te podría gustar...