Gabriel León, autor de ‘Pandemia’: “Tenemos que cambiar absolutamente nuestra relación con la naturaleza”

El doctor en biología molecular y autor del podcast ‘La Ciencia Pop‘ habla sobre el génesis de su último libro ‘Pandemia’ y como ha cambiado nuestro entendimiento de las enfermedades, sobre qué significa divulgar ciencia actualmente y las personas que la cuestionan.

El nombre de Gabriel León es sinónimo de ciencia en Chile. Desde que dejó la academia en 2017, el bioquímico se ha dedicado a escribir libros relacionados a explicar la ciencia de manera simple, partiendo con ‘La Ciencia Pop’ (2017), que fue éxito de ventas.

Desde ahí, la carrera del bioquímico se ha centrado en ser un embajador de la ciencia en nuestro país, divulgando temas de interés en su propio programa de radio y en otros de sus  libros como la segunda parte de ‘La Ciencia Pop’ o  ‘¿Qué son los Mocos?’ (2019). Sin embargo, según el autor, una reunión con su editora en abril de este año fue el primer paso para escribir su último libro: ‘Pandemia: Una historia sobre ciencia, enfermedades y el virus que cambió nuestras vidas

“Yo había hablado de la pandemia en enero del 2020 en la Radio Zero y estuve comentando sobre esta enfermedad que había en China y la gente estaba preocupada de si podían venir o no sus encomiendas de AliExpress”, recuerda León y agrega que su editora le dice: “¿Oye y has pensado en escribir algo sobre la pandemia?”, y le digo que bueno que lo menciona porque creo que sería un muy buen tema y sería interesante para darle un poco de sentido a esto para entender de dónde sale y particularmente, para entender este cambio cultural con respecto a cómo entendemos la enfermedad”

Con eso, afirma que la mirada de las enfermedades, los virus y las bacterias han transmutado drásticamente en los últimos dos siglos 

—¿Cómo ha cambiado la mirada de las enfermedades a lo largo de la historia?

—Inicialmente no entendíamos qué eran las enfermedades o por qué se producían. Tampoco entendíamos cómo funcionaba el cuerpo humano y la aproximación a nuestra explicación era bien esotérica, apelaba sencillamente a ideas preconcebidas con respecto al funcionamiento del cuerpo o la naturaleza de las enfermedades.

Además, habían dos teorías interesantes al respecto: una que era la teoría de las humores que decía que el cuerpo humano estaba constituido por cuatro líquidos o humores, la sangre, la flema, la bilis negra y la bilis amarilla y el equilibrio entre estos cuatro humores era lo que hacía que una persona estuviera sana, por eso que cuando alguien estaba sano se decía que estaba de buen humor y es el origen de nuestra idea contemporánea sobre el humor y cuando alguien andaba de mal humor es porque estaba enfermo y tenía desequilibrados los humores. Por otra parte, para nosotros las enfermedades no eran causadas por bacterias o por virus porque en esa época no habíamos siquiera visto bacterias o virus, y por lo tanto, en nuestra mente, las enfermedades nacían como una contaminación del aire que eran los miasmas, vapores pestilentes que salían de las ciudades y eso era lo que nos enfermaba.

Entonces tú comprenderás que con estas ideas con respecto al funcionamiento del cuerpo humano y con estas ideas con respecto a las enfermedades nuestra aproximación terapéutica para tratar una enfermedad era espantosamente mala. Por ejemplo si alguien estaba enfermo se decía que tenía un desequilibrio de humores y para ‘equilibrarlos’ se botaba sangre hasta que mejorabas, lo que era conocido como una ‘sangría’. A veces, botaban la sangre hasta que te morías y claramente no funcionaba. 

Esa idea recién comenzó a cambiar a partir de 1840. Ahí comenzó a cambiar esta idea de las enfermedades y empezamos a entender mejor el funcionamiento del cuerpo humano y fue sólo hacia finales del siglo XIX que logramos entender bien a las enfermedades.  O sea ocurrió hace nada. Todas esas experiencias que tenemos con las enfermedades tratándolas como un cuadro que se produce por el ataque de un virus o una bacteria, son ideas que tienen apenas 150 años.

—Considerando que la pandemia comenzó hace casi un año y se ha dicho que nuestra sociedad cambiará luego de esto ¿Qué se podría esperar como cambios permanentes?

—Yo creo que lo primero es tratar de entender un poco de dónde viene la pandemia y ciertamente viene de nuestra relación descuidada con la naturaleza y que nos va a ayudar a enfrentar también la crisis climática. Tenemos que cambiar absolutamente nuestra relación con la naturaleza. No podemos seguir destruyendo los bosques, no podemos seguir depredando la naturaleza, no podemos seguir expandiendo las ciudades, quitándole terreno a la fauna silvestre y es un desafío súper interesante. 

Probablemente los otros cambios tienen que ver con cómo cambiamos las formas de producción. Hoy en día, el trabajar desde casa para mucha gente se ha convertido en una alternativa tremendamente válida. Se ahorran los tiempos de traslado, lo que impide que estén en contacto con otras personas, cierto, y pueden hacer desde sus casas un trabajo perfectamente normal, lo que a muchas empresas le implica que los costos por arriendo de oficina, calefacción, mantención o cafetería bajen.

Deberíamos replantearnos cómo estamos generando riquezas, cómo estamos produciendo, cómo estamos trabajando ¿Vale la pena tomar un avión para ir a una reunión a Concepción desde Santiago por ejemplo a una reunión de una hora y media? Tal vez no, porque eso implica tener dos horas y media de tiempo perdido para ir al aeropuerto cuando Zoom ha demostrado funcionar súper bien. También podría haber cambios en los sistemas de salud públicos, que han llevado la sobrecarga de trabajo en esta pandemia y con las políticas públicas que deberíamos incorporar a partir de lo que estamos viendo actualmente.

Ciencia en Chile

Gracias a los avances científicos de los últimos 50 años, las personas han podido lograr cosas impensadas como viajar al espacio o comunicarse a un clic de distancia. Sin embargo, para los que se dedican a la divulgación científica como Gabriel León, y especialmente en este país, explicar el impacto de la ciencia y ser escuchado no es una tarea fácil.

Al preguntarle sobre cómo se ve la ciencia en Chile, especialmente con la aparición del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MICITEC) en 2018, responde:  

“Creo que el desarrollo de la ciencia en Chile es un tema que está al debe para el Estado. No es culpa de un gobierno en particular. Ha costado muchísimo que las personas que toman decisiones entiendan el valor de la ciencia. Tengo la sensación de que tiene que ver, por un lado, con una idea errónea de que la ciencia es o un gusto de países ricos o porque sienten que la generación de riqueza no depende de las ciencias sino de otras cosas como cosas del suelo, de cultivar plantas y que la ciencia en el fondo ofrece respuestas de muy largo plazo.”

Con eso, agrega que otro problema importante es que la comunidad científica ha estado aislada de la sociedad, que les ha costado salir de los laboratorios y universidades y explicarles a las personas el rol de las ciencias. Según él, es un problema sistemático y que el Ministerio apareció como una institución que podría ayudar a cerrar esa brecha, pero que sus objetivos se vieron trastocados por el estallido social y la pandemia. 

“Tengo la sensación de que necesitamos más tiempo para lograr cosas más importantes. Particularmente, posicionar a las ciencias como un actor relevante en el futuro del país y por otro, volver a levantar la idea de que necesitamos invertir más en ciencia, pero de la mano con eso tiene que venir también un plan explicando para qué. En ese sentido implica necesariamente que la ciencia debe convertirse en un actor relevante para planificar el futuro del país, porque no podemos decirle a la gente saben qué, dennos más plata para investigar porque nos van a preguntar ¿Para qué? y eso requiere una conversación previa para definir qué tipo de ciencia vamos hacer, para cuál país. Si bien el Ministerio es un punto de partida, el desarrollo de la conversación todavía está muy en pañales.”

Los tecnologizados que cuestionan y el valor de la divulgación científica

Cualquiera que haya navegado en internet y revisado redes sociales, lo más probable es que se haya topado con algunas comunidades que cuestionan lo que ha ciencia ha probado por más de una vez. Terraplanistas o los antivacunas han proliferado en esta era donde los avances tecnológicos son cada vez más comunes. Pero también, personas como Gabriel León se han dedicado férreamente a explicar al ciudadano corriente el valor del conocimiento exacto y la importancia que puede tener en el futuro.

—Como divulgador científico ¿Te has topado con gente que cuestiona la ciencia y por qué crees que existen estos grupos en una era tan tecnológica?

—Sí, me he topado con estas personas muchas veces y me han tratado de todo, desde ignorante hasta que soy pagado por las grandes empresas farmacéuticas, transnacionales y montón de ideas súper ridículas. Pero es interesante la pregunta de fondo y creo que tiene que ver con el hecho de que a pesar de que vivimos en una sociedad que depende profundamente de la ciencia y la tecnología. Muy pocas personas entienden cómo funcionan la ciencia y la tecnología.

En el fondo, tú no necesitas entender cómo funciona un televisor para ver televisión o entender cómo funciona un teléfono celular para usarlo, y por lo tanto, estamos relacionándonos con la ciencia y la tecnología en la superficie solamente. Eso queda manifiesto cuando uno ve a terraplanistas que utilizan la tecnología y teléfonos celulares, vuelan el avión y usan GPS, pero como no tienen idea cómo funcionan, eso no los hace entrar en conflicto con esta otra creencia, porque si supieran cómo funciona un satélite, un GPS o internet, tendrían muy claro que un modelo de tierra plana es incompatible con eso, pero como no lo entienden, les da lo mismo.

Según Gabriel, esta dependencia ciega de los seres humanos con la ciencia y la tecnología fue predicha hace mucho tiempo por el astrónomo estadounidense, Carl Sagan —divulgador científico que falleció el año 1996—, cuando dijo que uno de los grandes problemas de la sociedad era esta subordinación ofuscada, ya que nadie sabe cómo funciona y esto es una receta para el desastre “y yo creo que estamos viviendo justamente ese desastre” explica el bioquímico, y agrega “Es tan fácil usar la tecnología el día de hoy, es tan fácil que ciertamente da espacio para que uno crea cualquier cosa y por otro lado, tiene también un componente social y que se ajusta a esta idea de la posmodernidad, donde todas las opiniones son válidas y por lo tanto si yo quiero creer que la tierra es plana, es mi opinión y tiene que respetarla, lo que ciertamente es una tontería porque no estamos discutiendo sabores de helado, estamos discutiendo hechos. Por lo tanto cuando las personas discuten hechos, lo que importa no es la opinión si no que la evidencia que uno pone sobre la mesa para defender los hechos y esta suerte de “es mi opinión tienes que respetarla” cuando va de la mano con este tipo de creencias, de personas que no entienden cómo funcionan las ciencias y la tecnología, da como resultado este tipo de corrientes, que tiene otro componente que es el tercero, que tiene que ver con lo bien que muchas personas se sienten adhiriendo a estas corrientes de pensamientos porque se sienten especiales, porque son los únicos que saben ‘la verdad’. Una verdad que además está oculta para el resto, ellos no son los borregos, entonces esta sopa de usar tecnología sin necesidad de entenderla, de que todas las opiniones son igualmente válidas y esta superioridad intelectual que se produce cuando uno sabe una verdad que está oculta para el resto, genera un escenario en el que estas teorías evidentemente van a florecer y se van a distribuir como fuego en maleza seca. Es uno de los males de los tiempos, yo tengo la idea de que esto muy probablemente va a pasar cuando internet esté incorporado ya no como una tecnología disruptiva si no cuando sea otra tecnología pero para eso falta un tiempo.

¿Qué es lo más extraño que has escuchado de teorías anti-ciencia?

—¡Uf! Alguna vez leí a alguien que decía que a las vacunas se les ponía mercurio porque el mercurio es un metal líquido y con ese metal líquido te podían controlar desde el espacio. O sea, con un satélite podían saber dónde estabas, lo interesante de esa idea es que todo el mundo anda con un celular en el bolsillo, y por lo tanto nadie necesita ponerle un chip a una vacuna.

Imagínate la idea. ‘vamos a hacer una pandemia para que todo el mundo tenga que vacunarse y así ponerles un chip’  pero si es innecesario, si ya todo el mundo tiene un celular ¿cachai? Ese tipo de ideas ni siquiera se sostiene en su delirio. Son así de ridículas en el fondo. Yo diría que esa idea es probablemente una de las más delirantes que he escuchado alguna vez con respecto a  teoría de conspiración.

—¿Cuál es la importancia de la divulgación científica hoy en día y en nuestras vidas?

—Yo creo que ahí el gran logro. El gran gol que tenemos como divulgadores científicos es  explicar cómo funciona la ciencia y qué es la ciencia y básicamente, generar cultura científica. Usualmente,  las personas se relacionan con la ciencia a través de las noticias científicas y leen que la NASA descubrió cosas o peor, no le explicamos a la gente cómo eso ocurre.  Sencillamente es algo que aparece y da la sensación de que los descubrimientos científicos son eso, chispazos de que aparecen de la nada.

La ciencia ocurre en el vacío aparentemente y no, la ciencia es una actividad humana y muchas veces lo que las noticias científicas no muestran son todos estos caminos que hemos seguido que no llevan a ninguna parte, tenemos que devolvernos, intentarlo por otra parte y eso tiene que cambiar. En el fondo la ciencia no es una bolsa con respuesta, es una forma de pensar y esa es la idea que tenemos que instalar acá, el cómo opera la ciencia porque una vez que las personas entiendan funciona, van a poder diferenciar a la ciencia de la pseudo-ciencia.

Si tú entiendes cómo opera la ciencia vas a poder entender muchos fenómenos complejos como el cambio climático. Vas a poder generar vínculos entre ideas y vas a poder entender el actual panorama y por lo tanto, el gran valor de la divulgación científica va mucho más allá de aprender cosas entretenidas o de hacer noticias científicas, tienen que ver con el concepto de cultura científica de entender qué es la ciencia y cómo funciona y cuando consigamos eso va a ser mucho más sencillo que las personas informadas, que entiendan cómo funciona la ciencia, sean más responsables en su toma de decisiones, van a cuestionar a las autoridades, van a saber distinguir cuando algo es ciencia y cuando no, es algo que para mi entender todavía falta bastante camino por recorrer.

—¿Y qué países serían como un ejemplo de esta cultura científica, por lo menos en la población?

—En Estados Unidos, a pesar de la ignorancia rampante que parte importante de la población tiene (igual que en otros países del mundo por cierto), no es algo particular de ese país. Hay muy buenos divulgadores y muy buena escuela de comunicación científica.

En Europa y en Japón también, pero particularmente, diría que son países que tienen muy buena educación en los colegios, donde los niños aprenden no sólo cosas si no que aprenden a pensar, y esos países son aquellos donde las personas que aprendieron a pensar, se convierten en adultos que también saben pensar y por lo tanto, si bien tiene que ver con la cultura científica también tiene que ver con la educación.

Insisto, no con aprender cosas si no que aprender a pensar. Aprender a cómo funcionan las ideas y eso a mí entender marca una relación importante entre las disminuciones de estas creencias extrañas, esotéricas y curiosas versus la calidad de la educación y muy probablemente, ver que van de la mano. Entre mejor es la educación que los niños reciben y las niñas reciben, más raras son estas creencias exóticas.

—Considerando el lugar de la ciencia en la historia ¿Cuál es la marca que deja en la humanidad? 

—Creo que en ese sentido, tiene un rol súper importante la historia de la ciencia, porque no aparecemos aquí en el 2020 con autos con computadores, con internet, con corazones artificiales, con vacunas. No, nuestra especie tiene 250 mil años de historia y hace 200 años la esperanza de vida no superaba los 30 años. No podíamos volar, no habíamos ido a la Luna, no conocíamos el espacio. Imagínate que recién hace 100 años descubrimos que el universo tenía más de una galaxia, entonces creo que es importante enterarse de aquello.

En ese sentido, la historia de la ciencia nos permite ilustrar lo lejos que hemos llegado en tan poco tiempo. Entender cómo hemos cambiado nuestras creencias y las hemos reemplazado por hechos que podemos demostrar, que son comprobables. Tengo la sensación que  la historia de la ciencia va a ser fundamental para entender cómo estamos aquí.

Además, para poder reconocer el legado de las ciencias se requiere tiempo. Descubrimientos que se hicieran hoy tal vez en veinte años más, van a ser relevantes y en ese sentido, las ciencias son mucho más fáciles estudiarlas hacia atrás que hacia adelante. Es mucho más fácil entender cómo llegamos aquí que predecir dónde vamos a estar en diez años más. Cuesta mucho anticiparse a lo que va a ocurrir, es un ejercicio mucho más fácil y a mi entender más relevante, entender la historia. Reconstruir, para decirle a la gente ‘Usted no sabe cómo llegamos acá,  pero fíjese que fue así, de aquí a acá; de allá a acá y sabe que ninguna de estas cosas estaba planeada: Eso fue por accidente, ese fue un error, eso fue casualidad, eso sí fue intencional y esto no fue accidente’  y eso va mostrando realmente cómo opera la ciencia y uno la valora en ese contexto, en el contexto de la historia humana.

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