Elemental, mi querido Fincher

Por Francisco Ortiz.

En este pandémico 2020 se cumplieron 28 años del debut de David Fincher como director de cine con la caótica ‘Alien 3′, la tercera parte de la saga nacida en la mentes de Ridley Scott y Dan O’Bannon con ‘Alien: El Octavo Pasajero‘ y continuada por James Cameron en la correcta ‘Alien: El Regreso‘. Difícil debut en una película que tuvo críticas no muy agradables en su momento, pero que fue nominada a los Oscar en la categoría Mejores Efectos Visuales y que finalmente perdió contra la comedia ‘La muerte le sienta bien’.

Pero los antecedentes de David Fincher vienen de mucho antes, cuando trabajó en ILM (Industrial Light And Magic) y estuvo encargado con el equipo de aquel entonces de ‘Star Wars: El Regreso del Jedi’, ‘Indiana Jones y el Templo de la Perdición’, ‘La Historia Sin fin‘, entre otros. Es decir ya coqueteaba con el cine sci-fi y manejo de FX en sus inicios, sumando a eso sus trabajos publicitarios y videos clips musicales (muy en la era MTV) en donde la estética minuciosa ya era su marca registrada.

Pero ¿qué nos gusta de él?, ¿qué hace que sus propuestas nos dejen marcando ocupado? Pueden haber variadas respuestas, pero todo pasa por los estímulos psicológicos que nos entrega en sus proyectos, por esos los 90s fueron su marco teórico, un director adelantado y que tenía que sobresalir en una década donde la violencia de Tarantino y el esteticismo de Wes Anderson se estaban tomando el cine, y es ahí donde aparecen ‘Seven‘, ‘The Game‘ y ‘Fight Club‘ que hace trabajar nuestras mentes poco preparadas para sus plot-twist y acción psicológica, un prólogo de lo que vendría en el Siglo XXI: el reconocimiento a su trayectoria.

Porque la mente humana es el laberinto que le gusta explorar, ejemplos como ‘Zodiac’ y ‘Perdida‘ en el nuevo milenio nos traen ese juego de manipulación y psicopatía en su máxima expresión, mundos que nos llevan hasta lugares emocionalmente destruidos. Y eso que todavía no hemos caído en el apartado técnico donde la fotografía, su predilección por los planos detalle y las texturas, y esa paleta monocromática que caracterizan sus películas (donde el cyan y el amarillo brillan) para dar sensaciones narrativas, son en su particular la marca registrada de su estética.

Otro punto es que ha crecido en el manejo de ciertos protagonismos: a excepción de ‘Alien 3‘ en sus comienzos, las siguientes películas fueron protagonizadas por hombres hasta que de apoco empezó a darle roles mucho más fuertes y empoderadas a las mujeres: ‘La Habitación del Pánico’, ‘Perdida’ y ‘La Chica del Dragón Tatuado’ ayudan a equilibrar la balanza y le entregan un espacio emocionalmente fuerte llevando la batuta en esos proyectos.

Y llegamos a los hits, esos que marcan la historia comercial de un director de cine, esos que están en las listas de premios, pero no por casualidad o moda, sino por merecimientos propios: ‘La Red Social’ llegó justo para retratar una década donde el narcicismo digital y la generación Millennials empezó a tomarse las redes sociales con un ojo cínico, pero filmado de manera versátil y artesanal. Y claro, no olvidar su multipremiado ‘El curioso caso de Benjamin Button‘ que equilibra su experiencia en ILM con una historia muy emocional que termina siendo un cuento de alegrías y tristezas que reflexiona sobre la vida.

No podemos dejar de lado su serie ‘Mindhunter’, posiblemente el terreno narrativo que más acomoda a Fincher y que más perturba a la gente, esa búsqueda de la fragilidad del pensamiento humano para cometer asesinatos atroces muy apegado a los mundo de Edgar Allan Poe y Stephen King.

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