El Universo Steampunk del escritor chileno Alberto Rojas llega a Amazon

Su novela “La sombra del fuego” ya está en Amazon. Acá el escritor nacional habla en profundidad de sus motivaciones, de lo que significa crear ciencia ficción en Chile y de cómo se hace para revivir al Teniente Bello.
El teniente Alejandro Bello, de 27 años, se perdió en las inmediaciones de Cartagena a bordo de su biplano Sánchez-Besa. Sus compañeros e instructores, que habían salido con él ese día para realizar un vuelo de prueba para obtener su licencia de piloto de guerra, lograron regresar al aeropuerto de Lo Espejo, atestiguando que Bello se había internado en una intensa neblina, para jamás saber de él.
Hasta ahí el paralelo con la historia real de Chile. El punto de arranque de “La sombra de fuego” (Ediciones B), del escritor y periodista Alberto Rojas, cuya edición digital ya está a la venta en Amazon.com. “Este libro se lanzó en septiembre de 2011 y sigue funcionando. Ya hay gente que ha dejado sus comentarios en Amazon.com diciendo que les gusta el libro”, cuenta el autor.
La trama de la novela, plantea que Bello no desapareció realmente, sino que entró en un especie de agujero de saltos en el tiempo, que lo desvió a un irreconocible Chile de 1881, cuyas fuerzas militares y gubernamentales están concentradas en resistir la guerra contra Bolivia y Perú que, en esa realidad, son potencias bélicas.
La realidad que enfrenta el piloto es totalmente opuesta a la que él conocía. De hecho, Bello llega justo cuando el país está perdiendo la guerra y el Presidente Aníbal Pinto, al no encontrar manera de revertir tal derrota, decide trasladar el gobierno a Concepción, hasta que ve en la maquina voladora de Alejandro una posibilidad de salvación.
El periodista y escritor, Tito Matamala dice: “La sombra de fuego de Alberto Rojas apela al concepto de la ucronía, es decir, juega con la historia y especula con hechos que no ocurrieron —desde nuestro punto de vista—, pero que pudieron haber ocurrido. La ucronía también se relaciona con los modernos e intrincados planteamientos de la mecánica cuántica, la que abre esa loca posibilidad —con sólida base científica— de que existan mundos paralelos, tantos como las alternativas que uno pueda imaginar”.
Así puede entenderse la obra de Rojas, ya que su ficción especulativa, y el steampunk en particular, da la sensación de que el mundo es más grande al ofrecer un universo lleno de posibilidades, incluso más de las que podríamos ser capaces de imaginar.
Subgénero
“La sombra de fuego” junta, además, varias de las obsesiones del autor; por un lado, está la fascinación que tiene por la figura del teniente Bello y, por otro, “la ciencia ficción y las temáticas de viajes en el tiempo. Tenía muchas ganas de escribir algo que estuviese dentro del subgénero steampunk. No sé, de algún modo, todo esto entró en una batidora, se mezcló y salió ‘La sombra de fuego’”, asegura Rojas.
El steampunk es un subgénero de la ciencia ficción relativamente nuevo (década de 1980), pero que remonta sus raíces a la ciencia ficción de Julio Verne y H.G. Wells. La expresión más frecuente de steampunk implica imaginar un mundo en el que el vapor, antes que el motor de combustión interna, es la forma dominante de energía.
Normalmente, el steampunk evoca una historia alternativa que se entrelaza con aspectos de los tiempos modernos y elementos de la estética victoriana, los materiales y su cultura.
Este concepto fue acuñado en 1987 por el escritor K.W. Jeter, en la revista “Locus”, para describir en una palabra sus propias novelas.
Desde entonces, el steampunk ha experimentado un crecimiento constante en la cultura popular, la transformación de un género marginal a una forma de ficción de gran atractivo para el mercado masivo con ejemplos en el cine, la literatura, novelas gráficas y otros formatos narrativos.
En Chile, Alberto Rojas y el escritor Francisco Ortega son los únicos autores, al menos contemporáneos, que han incursionado en el subgénero. “1899” de Ortega es un ejemplo de steampunk puro.
En rigor, ’1899’ y ‘La sombra de fuego’ son obras como primas hermanas, ambientadas en la misma época, pero su segunda mitad del siglo XIX es distinta a mi segunda mitad del siglo XIX, en términos políticos, en términos tecnológicos. Pero en este minuto sin falsas modestias, creo que son las dos obras steampunk del momento”, expresa Rojas.
En ‘La sombra de fuego’, Rojas fue capaz de concebir y extrapolar un pasado retrofuturista y, a partir de ello, crear un mundo entero. No se trata solo de la fusión de obsesiones y mezclas de personajes históricos con submarinos ultrapotentes o trenes aéreos movidos por válvulas de vapor. No. Tampoco el motor de la novela es su arquitectura o el contexto por donde se mueven los protagonistas, sino las raíces de las mismas ideas, del amor, la ira; y el corazón humano en conflicto consigo mismo.
“La sombra de fuego” es un drama de amor, una tragedia y una realidad contemporánea que se presenta de manera fantástica y cinematográfica.
Desasosiego ignorado
Los personajes de Alberto Rojas suelen estar en tránsito. Pero no en el sentido on the road de la novela de Jack Keruac, sino que se mueven por la autopista de su propia vida. Hacia un punto determinado, un instante emotivo o un estado de reposo o menos doliente, en donde encuentran la pausa necesaria para asumir que uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser verdaderamente. Y lo consiguen solo cuando son capaces de no traicionarse a sí mismos, de librarse de esos juicios ajenos que opinan, condicionan o hieren.
Alejandro Bello, en “La sombra de fuego”, se ve enfrentado contra su propia moralidad cuando tiene que atacar sorpresivamente desde el aire al “Huascar” y al “Manco Cápac”, los acorazados peruanos que bordeaban las costas de Valparaíso. El teniente ama ser piloto, ésa es su pasión: volar, sentir el vértigo que provoca el miedo controlado solo por su experticia. De hecho, en varias oportunidades reconoce que la sensación de estar en el aire con el Sánchez-Besa no se asemeja a ninguna emoción experimentada en tierra.
Sin embargo, en ese Chile alterno, ese poder acarrea muchas responsabilidades, de las que Bello no rehúye, pero que claramente lo complican desde su interior.
“Alejandro entonces se quitó las antiparras de vuelo y vio que la sección central del blindado había desaparecido por completo, mientras la proa y la popa se hundían por separado, dejando en la superficie un reguero de barriles, trozos de barandales y cuerpos sin vida. Todos esos años se había preparado para la guerra, pero ahora, ante ese macabro espectáculo, se sentía solo y vacío” describe la novela.
Alejandro Bello no es entendido. O muy poco. Y quizás tampoco entiende mucho, pero alcanza a comprender que al no ser entendido no le importará a nadie más que a él, por lo que no tiene que asumirlo como una tragedia. En rigor, lo que verdaderamente le hace “irse para adentro” es que las expectativas que tenía como piloto no corresponden a una realidad que le supera.
Bello, al final, asume que su vida en esa realidad ya no está dentro de un paréntesis temporal, porque éste se ha cerrado. O eso cree. Tiene que ser así, porque hacia esa perspectiva encamina sus pasos.
Un paréntesis cerrado que enmarcó ese universo de Alejandro Bello, piloto veinteañero, común pero educado. Caballero de alto honor y valores. Un teniente que, a pesar de haber sido entrenado para pilotear un avión en zonas de guerras, no tiene habilidad para luchar cuerpo a cuerpo, porque físicamente es más un señorito victoriano que un soldado en campaña, y termina por buscar motivaciones para no terminar con el corazón quebrado. Y es ahí, en ese punto que, mientras intenta infructuosamente integrarse en una sociedad que ignora su desasosiego, aparece Isidora Rodríguez. Un amor, tal vez imposible, porque son
dos almas que no coincidieron en sus tiempos.
De la persona al personaje
“Tu padre quería que tuvieras esto cuando fueras mayor”, dijo Obi-Wan Kenobi al darle la espada láser a Luke Skywalker. De manera similar, los abuelos de Alberto, en ese entonces un niño chileno de diez años, le regalaron una colección de novelas de Emilio Salgari.
Aunque no recuerda cuál de todos esos títulos leyó primero, se entusiasmó con todas esas aventuras épicas y así comenzó la fascinación por la literatura fantástica y la ciencia ficción de este periodista y escritor chileno. A partir de ese interés inicial, continuó leyendo las colecciones de libros colombianos del sello Oveja Negra, que sus abuelos compraban en los kioscos del barrio Brasil.
Entre esa multiplicidad de ejemplares, Rojas se encontró con la saga “Fundación” de Isaac Asimov y la fascinación se transformó en un auténtico alucine: “Debí tener como nueve o diez años. Después, en el colegio, tuve la suerte de que incluyeran libros de Bradbury como ‘Crónicas marcianas’, ‘Fahrenheit’ y ‘El hombre ilustrado’. Luego descubrí a Julio Verne y H.G. Wells. En esa época no había tanta oferta literaria como ahora. Y, obviamente, después fui conociendo otro tipo de autores como Philip K. Dick, Frank Herbert con la saga Dune, y desde ahí se fue formando cierta inquietud en mis gustos”, cuenta el entrevistado.
Alberto, igual que el Hugo de Martin Scorsese y tantos otros personajes retratados por la ficción, fue un niño solitario. Por ello, su rutina durante los veranos consistía en ver televisión, disfrutar de la mermelada de mora que cocinaba su abuela y leer mucho. Así pasó mucho tiempo, hasta que a su casa llegó una máquina de escribir.

Y es que los días de verano que antes destinaba a leer los destinó a pasar a máquina las historias que escribía a mano, en las hojas sobrantes de los cuadernos Austral que utilizaba durante el año escolar. Cuando tomó práctica en la digitación, Alberto se aventuró en dos cuentos originales, que mostró a su madre dejándola sorprendida y, a la vez, orgullosa de la exquisita imaginación de su hijo.

“Todas las historias que escribí de niño las guardo como elementos de nostalgia”, explica el autor. “Ahora las he releído y hay cosas que reflejan quién era a los 12 ó 13 años. Tengo una narración como de monstruos en el espacio y en el fondo tiene una trama muy parecida a las películas que veía en ese tiempo. Vi muchas cintas de ciencia ficción de los años 70 y creo que de ahí partieron en mí varias ideas muy buenas que creo que en algún momento voy a explotar. Hay una historia, y esto lo cuento con mucha vergüenza, que es sumamente parecida a ‘Avatar’: trata de la colonización de un mundo por parte de los exploradores terrestres pero a gran escala; ellos se están instalando en ese planeta y entran en conflicto con los nativos”, cuenta el autor.
Delirando
En general, Alberto no mostraba sus textos. De hecho, los escribía para él. De esa forma llenaba aquel vacío que dejaba la inexistente literatura de ciencia ficción que era de su gusto. Cuando publicó su primera novela, “La lanza rota”, Rojas declaró que era el libro que a él le hubiese gustado leer cuando tenía catorce años.
El proceso que lo llevó a convertirse en el escritor que es actualmente fue muy parecido al ejercicio que hace un deportista antes de competir en la maratón. Escribir, desde su punto de vista, es un acto muy empírico, porque tampoco existe un manual que diga cómo hacerlo.
“Siento que es eso, ahí es donde se cierra el círculo”, reconoce. “Sentía que al escribir a tan temprana edad, de algún modo era más que un reto; era decir: ‘¿sabes?, yo puedo hacerlo. No soy Ray Bradbury, no soy Asimov, pero puedo armar una historia’. Tampoco he estado nunca en un taller literario; comencé de a poco y de repente me lancé en esta aventura que nace, más que nada, desde mi inquietud personal”.
Rojas, a la fecha, ha publicado tres novelas: “La lanza rota”, “La hermandad del viento” y “La sombra de fuego: el último vuelo del teniente Bello”. En conjunto, se trata de obras que son una rareza dentro de la narrativa chilena, en la medida de que invitan a sus lectores a una habitación de extrañezas. Y, muy probablemente, ése es el distintivo que lo ha convertido no en un escritor masivamente reconocido, pero sí en un autor único en su género.
Historias con universos paralelos, mundos fantásticos, personajes identificables y recreaciones históricas independientes de los manuales de Sergio Villalobos o Gabriel Salazar, trazan bosquejos históricos que producen la sensación de estar delirando.
Mundos en colisión
Alec Austin, colaborador de “New York Review of Science Fiction”, dice que dos de las quejas más comunes acerca de la fantasía épica son, primero, que están dominadas por las sagas; y, segundo, que la mayoría de las series son exhaustivas y de baja calidad.
En realidad, son quejas más que aceptables, pero que de alguna forma también tienen algo de prejuiciosas.
En ese sentido, a Alberto Rojas no deja de conmoverlo que haya gente que lea cuatro o cinco libros de quinientas páginas cada uno: “Hay gente que la considera literatura basura, y quizás no es lo que a mí me interesaría leer, no son esos mis libros de cabecera, pero encuentro fantástico que haya gente que lea esas sagas y que eso les haya servido de plataforma y trampolín para incentivar el gusto por otras lecturas; ‘Cazadores de sombras’ o ‘Harry Potter’ son ejemplos de ello y los encuentro súper meritorios”.
Toda ficción requiere un equilibrio entre los elementos de lo extraño y lo familiar. Pero después de años de explotación comercial, sin embargo, muchos elementos de extrañeza en la fantasía se han utilizado tan mal que han llegado a parecer típicos dentro de las novelas del género.
“Creo que las sagas tienen riesgos y cosas buenas”, asegura el periodista. “Son el mejor camino para leer que hay hasta ahora, porque si estamos con la postura de que los jóvenes no leen y nos quedamos solo en ese discurso, no se gana nada. Cada vez que me hablan de esa problemática, en charlas o en seminarios yo les respondo: ‘¿No leen? No leen esto, pero están leyendo todo esto otro’. El problema es que hay dos mundos que están en colisión.
Finalmente los lectores juveniles se reconocieron a sí mismos como una masa crítica, como un movimiento consumidor, que están en este lado de la vereda y en la vereda del frente están muchas veces los profesores de Lenguaje con la literatura clásica, que no los entusiasma; se genera un diálogo entre sordos. Entonces les digo: ‘¿saben qué más? Crucen la calle. Tú, que eres profesor de Lenguaje, cruza la calle y valida lo que están leyendo tus alumnos porque en el fondo están leyendo y mucho’”.
Fantasía épica
Alberto Rojas ha publicado dos novelas de fantasía épica: “La lanza rota”, y la secuela “La hermandad del viento” (Editorial Universitaria). Ambas están ambientadas en un mundo mágico muy lejano, llamado Kalomaar, y combinan aventura, magia y suspenso, con la presencia de numerosos personajes fantásticos.
“La lanza rota” surge por el interés de Rojas en la fantasía, la ciencia ficción, el terror, la fantasía épica y todas las mezclas que existen entre los géneros. “Y, de alguna manera, ‘La lanza rota’ es una novela juvenil de fantasía donde está muy plasmado el arquetipo de lo que es la novela de aventura; la búsqueda de los personajes en función de un objeto mágico que representa una amenaza, es más bien clásico”, explica el autor.
“La hermandad del viento” sucede dos años después de los eventos narrados en la primera obra, tiene los mismos elementos fantásticos pero, según reconoce Rojas, es distinta: “Encuentro que tiene otros elementos y además, profundizo a los personajes”.
Actualmente, Alberto Rojas trabaja en una historia entresacada de ese mismo mundo: “Se trata de un spin-off de ‘La hermandad del viento’. Gira en torno a Tramey, que es la capitana de un barco pirata. Ella aparece en esa novela y de algún modo esta historia cuenta sus comienzos, porque ella es amiga de los piratas que salen en ‘La lanza…’ y ‘La hermandad’. Pero quería despegarme de la saga, por eso la elegí como protagonista, y el resto de los personajes son nuevos, pero siempre en este mundo mágico que es una mezcla de Sandokan, Conan el bárbaro, y ese tipo de cosas”.
De esa manera, Alberto Rojas hace un homenaje a sus influencias, a sus gustos e intereses; y al mismo tiempo crea un universo personal, alucinante, en el que sus personajes se comunican entre ellos y con su autor: “De hecho, creo que esta fantasía que escribo es mucho más tributaria de este tipo de literatura que me interesa tanto. Me siento mucho más cómodo pensando en Michael Moorcock, autor de la saga de ‘Elric’ y Robert E. Howard, que es el creador de ‘Conan’; definitivamente, ése es el tipo de fantasía que me gusta más”, finaliza.
La Sombra de Fuego: el último vuelo del teniente Bello Amazon.com Edición Kindle 7. 99 US / 4095 Pesos

7 thoughts on “El Universo Steampunk del escritor chileno Alberto Rojas llega a Amazon

  1. Todos hemos dicho en algún momento eso de “más perdido que teniente bello”. Por eso me gusta la obra de Rojas, porque siento que entre otras cosas igual le dio un destino a ese personaje del que todos sabemos, gracias a la creación de mundos paralelos.

    Filete el artículo de Paulina Arancibia. Lo vi hasta hoy, pero me gustó la parte de entrevista que nos permite cachar más acerca del autor. Saludos a todo el staff.

  2. Creo que la obra de Alberto Rojas necesita ser masificada porque su talento es justamente ese: como escritor es un estupendo artista de la literatura pop, de gusto amplio pero a la vez de refinada redacción y estilo. Y, por si fuera poco, un gran creador de imágenes, como si se tratara de un guión. Notable lo de Alberto Rojas.

  3. Pedazo de sorpresa, hasta ahora sólo conocía a Baradit en lo que respectaba a ciencia ficción nacional. Lo sé, doy vergüenza, pero vamos, la vida es joven y todavía queda mucho tiempo para ponerse al día.
    Me parece algo único tomar un personaje histórico e introducirlo en un hoyo de tiempo, más que único, magnífico, algo digno de leer, analizar y sobre todo difundir. Habrá que incar el diente a La sombra del fuego.
    A penas llegue a la librería lo pediré.

  4. Siempre me intrigó el destino final de don Bello, quizás la respuesta está en este libro. Un final mucho más divertido y menos inoficioso que el real.
    Es bueno lo de Alberto Rojas, rescata y transforma un personaje tan arraigado en nuestra jerga cotidiana y tan desconocido a la vez.
    Buena entrevista, éxito!!

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