Una joya de Ghibli: “El castillo en el cielo”

A propósito del anuncio del cierre del estudio de animación Ghibli, el escritor chileno nos deja esta opinión sobre el trabajo de una vida del animador Hayao Miyazaki.
En Tenku No Shiro Rapyuta (Laputa: el castillo en el cielo), el director Hayao Miyazaki se sacó de encima la enorme influencia de Moebius en su imaginería (evidente en Naausica, anterior producción).
La película reúne sus mayores obsesiones en un relato de proporciones épicas que más parece una ópera prog-rock que un relato infantil. Laputa es steampunk antes del steampunk, es una síntesis de aventura, comedia, fantasía, magia y acción como no volvió a producir después.
Además, termina de fabricar su personaje favorito: el niño a punto de pasar a la adolescencia, sufrido pero íntegro, fuerte y consciente de que su rol masculino arrastra una ética inclaudicable, la herencia cultural de un japón que se extinguía. Punto aparte la banda Mama Aiuto, una tropa desopilante sacada de la comedia del cine mudo, ejemplo de la inusual mezcla de registros que siempre ha caracterizado a Miyazaki.
Punto aparte la animación, en Laputa comienza a darse todos los lujos que tradicionalmente se evitan en la animación japonesa. Frente a todo lo que pudiera pensarse, los japoneses evitan animar demasiado, su lipsync es mínimo, recurren al minimalismo, al cuadro congelado y al fuera de cuadro hasta el exceso con tal de ahorrar animación y convirtieron aquello en un valor y un sello. Sin embargo Miyazaki anima todo, al máximo, al detalle, con Laputa da el vamos a una manera de hacer animé lujosa, un festín para el conocedor.
Laputa tiene quizá el arco narrativo más occidental de todos, hay un preámbulo similar al inicio de Star Wars, la captura de una princesa en una escena de acción que irrumpe en la pantalla; la introducción del héroe, Pazu, un niño sencillo en la periferia de la acción que se ve involucrado y llevado por los acontecimientos por un solo y maravilloso móvil: proteger a Shita y eventualmente llevarla a su destino: la ciudad que flota en el cielo. Historia redondita como nos gusta, sin excesos, donde nada sobra, trepidante, emotiva y llena de mensajes positivos sobre el heroísmo, la solidaridad, el amor filial y el sacrificio.
Uno se siente mejor después de ver una película de Ghibli, quiere salir a conquistar el mundo y actuar con la nobleza de sus protagonistas. Ahora que lo pienso, eso es lo que me pasa cuando veo películas en particular de Hayao Miyazaki, me hacen bien para el corazón; cuando las veo con mi hijo disfrutamos a la par, quiero que las vea todas, me gustaría que las memorizara, porque son historias buenas, Ghibli le hace bien al alma.

One thought on “Una joya de Ghibli: “El castillo en el cielo”

  1. Laputa lo encontré demasiado normal en términos de su narrativa próxima a la occidental (nada que decir de la visual, sublime), en ese sentido me gustó más la princesa Mononoke. Pero obvio, Miyazaki-sama es un lujo.

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