El misterio de la Isla Friendship revelado en “El Verbo Kaifman”

El próximo 26 de noviembre se lanza la versión ebook de “El Verbo Kaifman”, el esperado director’s cut/secuela de “El Número Kaifman” de Francisco Ortega. En NerdNews adelantamos uno de los capítulos más importantes de este thriller de misterio ambientado en el sur de Chile.
Capítulo 94
PUNTA CUCAGUA, CHILE 
Una y media pasada la medianoche y el frío en las estancadas aguas al oriente de la gran isla de Melinka era capaz de rebanar la piel del más curtido de los hombres de mar. Y ninguno de los cuatro tripulantes del lanchón a motor Poseidón lo era. Arrivé iba tras el timón del bote y usando los faros del frente fue cuidando de no acercarse demasiado a la costa. Hacía media hora habían detenido el motor y ahora flotaban en una espera que para Paul Kaifman se estaba haciendo insoportable.
Sarah ofreció otra taza de café, la quinta de la noche, pero solo Leopoldo Domke aceptó, era su manera de capear el frío y también la espera. Paul se asomó a la borda de la embarcación y observó la noche, no había rastro de una isla por ninguna parte. Miró a Sarah y esta arqueó las cejas, ya no tenían energía ni siquiera para hablar.
−Entonces se supone que vamos a entrar por debajo –habló Paul con sarcasmo y duda.
−Exactamente, señor Kaifman –dijo Arrivé sin quitar su vista del frente−, el volcán Melimoyu es hueco por dentro, eso ya lo sabe. Hay grandes grietas para ingresar con vehículos terrestres o aéreos y también canales que conducen el mar hacia el fondo de la tierra.
−Mares subterráneos.
−Como Julio Verne –sonrió Leopoldo.
−Y la isla nos va a llevar allá abajo –continuó Paul.
−¿Qué isla? –preguntó Sarah.
Friendship.
−Querido, Friendship no es una isla… Jamás ha sido una.
−Y la va a conocer ahora –interrumpio Arrivé, indicando a los tripulantes del Poseidón que miraran al frente.
Una nebulosa luz cruzó bajo la superficie del mar, varios metros más hondo que la quilla del bote. Paul se arropó como pudo y salió del puente del bote para ver más de cerca qué era ese monstruo que venía por ellos. Sarah y Leopoldo se encaminaron con él.
Metros delante del bote el agua empezó a hervir, agitada por una mole que emergía en medio de vapores, espuma y olas; un ruido ensordecedor rompió el mudo absoluto de la entrada de mar, chillando como un viejo leviatán venido de quizá qué piélago del pasado remoto del planeta.
−¿Qué es eso?
−La versión de la familia Santos del Nautilus del capitán Nemo −bromeó Leopoldo Domke.
Una esbelta forma metálica de poco menos de ochenta metros de eslora apareció a unos delante de la proa del Poseidón. Desprovisto de armas de cubierta y completamente limpio de detalles que atentaran contra su hidrodinámica forma de tiburón, el submarino detuvo sus máquinas y de inmediato apuntó los dos faros que aparecían en la parte más elevada de la torre contra el lanchón que pilotaba Arrivé. Aunque se notaba el paso de los años, los metales estaban cuidadosamente limpios, mantenidos en operación y resguardados del tiempo y el óxido, U-3007 se alcanzaba a leer a un costado de la torreta.
−Con usted Friendship, amigo Kaifman –indicó Arrivé−, un submarino eléctrico alemán tipo XXI, de los mejores sin propulsión atómica jamás construidos. El diseño absoluto de la ingeniería naval nazi de fines de la Segunda Guerra Mundial, puede navegar hasta setenta días sin necesidad de salir a la superficie. Hay muy pocos en activo, los gringos capturaron casi todos para desmantelarlos, estudiarlos y aplicar retroingeniería en sus propios desarrollos.
−Una isla móvil, que supuestamente no existe y que es tripulada por alemanes –completó Sarah− hijos y nietos de su tripulación original, que pactaron con nosotros años después de la derrota de sus superiores en la invasión antártica del 47.
−La guerra de Byrd –agregó Paul.
−Yo no lo habría dicho mejor –comentó Domke.
−El guionista que está en los cielos tiene un tétrico sentido del humor –continuó Paul−, se supone que voy a bajar al centro de la tierra en una máquina construida por quienes mataron a mi gente, tripulada por sus descendientes…
−Y es solo el comienzo –dijo Sarah.
−¿Y lo de la «isla Friendship»?
−Otra casualidad absurda –continuó la mujer−. Friendship era el código radial usado por el submarino, algún radioaficionado interceptó la comunicación y comenzó el rumor, el rumor se convirtió en mito y el mito en leyenda urbana.
−Voy a acercar el bote al submarino –indicó Arrivé−. Sarah, creo que ya es hora.
−Lo sé.
−¿Hora para qué? –preguntó Paul, Sarah le respondió con una de sus habituales sonrisas y regresó al interior del bote, volvió a los pocos segundos con una pequeño y alargado objeto, parecido a un lápiz pero más grande, agarrado en su mano derecha.
−Tu brazo, Paul –le pidió.
−¿Perdón?
−Te hice una promesa, ¿no? Sacarte eso que llevas en la sangre. Querido, no puedes entrar con un hemoware espía a la Ciudad de los Césares. Lo siento, pero te vas a perder el crucero submarino.
Y dicho esto le agarró el antebrazo y acercó eso que parecía una lapicera. Paul sintió un agudo pinchazo.
−Hasta mañana, bonito –le dijo mientras le inyectaba la solución.
Descarga además las primeras 110 páginas, el wallpaper del arte de cubierta realizado por Carlos @kaekin Eulefi y revisa el booktrailer realizado por Introfilms, aka @Nicolorca con música original de Ignacio Olivares, @iolivares. 
Puedes seguir a Francisco Ortega en twitter, @efeortega; web www.fortegaverso.cl y Facebook www.facebook.com/efeortega
 

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