El futuro que no fue

 

¿Qué pasa cuando el futuro no es como lo imaginábamos? Bases lunares, súper submarinos, comida en píldoras y exploraciones espaciales forman parte de una larga lista de cosas que nunca se concretaron. En ese contexto, resulta fascinante mirar atrás y ver cómo alguna vez se imaginó el futuro, sobre todo en pantalla. Un futuro que ya está convertido en pasado y que claramente no calza. Hoy muchos agrupan estas visiones bajo el concepto de “retrofuturismo”, que perfectamente abarca desde “Los Supersónicos” hasta “2001: Odisea del Espacio”. Aquí van algunas joyitas.

Viaje al fondo del mar (1964): Ambientada en alguna fecha imprecisa de la década de los ’70, asistimos a las misiones del megasubmarino nuclear “Seaview”, diseñado y construido por el almirante Harriman Nelson, y comandado por el no menos audaz capitán Lee Crane. Tanto en su etapa en blanco y negro como en colores, la tripulación del “Seaview” se enfrentaba a extraterrestres, monstruos que gritan bajo el mar, conspiraciones internacionales y ataques de todo tipo. Notable era el súper rayo láser de la proa y el minisubmarino volador que se ocultaba bajo el puente de mando.

Perdidos en el espacio (1965): Es 1997 y la Tierra están absolutamente superpoblada. La única esperanza es iniciar un proceso de colonización espacial y para ello la familia Robinson despega a bordo del Júpiter 2 en una misión rumbo a Alfa Centauri. Lamentablemente el sabotaje del doctor Zachary Smith los saca de su trayectoria, dejándolos a la deriva. Trajes plateados, “armas de rayos”, alienígenas de bajo presupuesto y un robot que se convirtió en un clásico son parte de “ese futuro” medio hippie. 

Tierra de gigantes (1968): El 12 de junio de 1983, el vuelo suborbital 612 que cubre la ruta Los Angeles-Londres, se pierde con todos sus pasajeros tras cruzar una anomalía espacial (hoy diríamos que pasa por un “agujero de gusano”) y es transportado a un planeta habitado por una raza aparentemente humana, pero 12 veces más grande que ellos y con unos 30 a 40 años de retraso en su desarrollo tecnológico. De ahí en adelante, a lo largo de 51 capítulos, estos náufragos espaciales tendrán que vivir escapando de gatos, arañas, policías (todo indica que existe un gobierno global no democrático) y científicos trastornados que desean conocer sus secretos. El compositor de la música de la serie era un tal “Johny Williams”. ¿Les suena? 

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UFO (1970): Es 1980. Los autos tienen puertas que se abren hacia arriba, los hombres visten trajes ajustados y las mujeres tienen el cabello de colores. Ah, por cierto, una malvada raza alienígena visita la Tierra para secuestrar humanos y robarle sus órganos. Lindo, ¿no? Frente a eso, los gobiernos se organizan y crean una agencia todopoderosa que los combata por cielo, mar, tierra y espacio exterior. ¿Su nombre? SHADO, acrónimo de Supreme Headquarters, Alien Defence Organisation. ¡Súper british! Y eso que miraron a futuro sólo diez años.

 

 Cosmos 1999 (1975): El 13 de septiembre de 1999 estalla el basurero de residuos nucleares que durante décadas la humanidad ha ido acumulando en la Luna. Y nuestro satélite natural sale de órbita, expelido a la deriva hacia el espacio profundo. Mientras tanto, la Tierra sufre todo tipo de cataclismos y marejadas como consecuencia de perder la Luna. Pero al mismo tiempo, los 311 habitantes de la Base Lunar Alfa se convierten en algo así como la “primera nave espacial natural sin capacidad de cambiar de dirección” del mundo. Fue el último trabajo entre Gerry y Sylvia Anderson, famosos por otras series como “Thunderbirds”, “Capitán Escarlata” y la mencionada “UFO”. 

 

Buck Rogers en el siglo 25 (1979): Es mayo de 1987 y despega rumbo al espacio el Ranger 3, un transbordador espacial diseñado para exploraciones en el espacio profundo. Su único tripulante (nótese que los transbordadores nunca fueron monoplaza) es el capitán William Anthony “Buck” Rogers (interpretado por Gil Gerard, el mismo que vino invitado a la FIC de este año). Pero “algo sale mal”, su nave se sale de trayectoria y queda perfectamente congelado por 504 años, hasta ser encontrado a la deriva en 2491. 

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