El día que vi ‘La Guerra de las Galaxias’

Este 25 de mayo se conmemoran 40 años del estreno oficial de ‘Star Wars‘, o como se llama desde hace ya un buen tiempo, ‘Episodio IV: Una nueva esperanza’. Sin duda, el hito fundacional de la saga creada por un joven George Lucas y que desde entonces ha entrecruzado la vida de múltiples generaciones sin distingo de género, edad o raza en todo el mundo.
Pero lo cierto es que el estreno en Chile demoró. Y mucho. Técnicamente ‘La Guerra de las Galaxias’ (ese fue el título original acá) llegó a un puñado de salas nacionales recién el 20 de marzo de 1978; casi un año después de que Estados Unidos y el resto del planeta enloquecieran con la épica historia del joven Luke Skywalker, la valiente princesa Leia, el contrabandista Han Solo, R2-D2 y el villano de villanos, Darth Vader, entre otros.
A riesgo de tener que ir a buscar mi carné a la más profunda de las alcantarillas, debo decir que mi primer contacto con ‘La Guerra de las Galaxias’ fue antes de su estreno. Con apenas siete años, un fin de semana mis padres me llevaron al cine; una experiencia esporádica y mágica, y por lo mismo, atesorada en tiempos en que no existía la televisión por cable ni Netflix ni el “on demand”.

Como de costumbre, tomamos el metro Línea 2, hicimos trasbordo en Los Héroes y enfilamos hacia la estación Universidad de Chile. De allí caminamos hasta el cine Astor, que hoy alberga una multitienda. La película era ‘Simbad y el ojo del tigre’ y como ya había visto el adelanto meses antes, sabía que me esperaba una aventura de esas que no se olvidan.
Ya ubicados en nuestras butacas, la luz se apagó y comenzaron los comerciales, el infaltable noticiario alemán y un par de sinopsis (lo que hoy llamamos trailers) que ya no recuerdo. Y entonces, sin previo aviso, la pantalla explotó con el rugido de naves espaciales, duelos con sables de luz, criaturas tan extrañas como fascinantes y personajes que me dejaron alucinado. Al final, en la pantalla solo quedaron las palabras de “pronto estreno”.
Debo reconocer que disfruté la aventura de ‘Simbad y el ojo del tigre’, pero mi mente ya no estaba ahí. Se encontraba a millones de kilómetros de distancia, precisamente, en una galaxia muy, muy lejana.
Salí del cine Astor con la misión autoimpuesta de averiguar todo lo posible sobre aquella película que en algún momento llegaría a Chile. O mejor dicho, que debía llegar.
Lentamente fueron apareciendo notas en los diarios e incluso una selección de fotos en un número perdido de la revista Paula. Y los recorté todos, guardándolos como si fueran reliquias sagradas. En un mundo sin internet, la poca información disponible era un bien más que preciado.
Hasta que se anunció la fecha de estreno y yo perseguí sin tregua a mis padres para que me llevaran a verla. Algunos compañeros de colegio ya la habían visto y yo trataba de que me contaran cómo era, sus impresiones, pero al mismo tiempo, sin revelar nada de la trama.
Finalmente llegó el día y fuimos al desaparecido cine Windsor (hoy convertido en sucursal de un banco). Primero hicimos la fila para comprar la entrada y luego una fila aún más larga por la misma Galería Windsor, para poder entrar.
La ansiedad me devoraba entero, los minutos no avanzaban y la fila tampoco. Hasta que la gente comenzó a moverse, llegamos al ingreso, nos cortaron la entrada y yo arrastré a toda velocidad a mis padres hasta nuestros asientos numerados. Y cuando en la pantalla aparecieron las grandes letras de ‘Star Wars’ y comenzó a avanzar el texto introductorio que se perdía en el infinito, seguido de la primera imagen del destructor imperial persiguiendo la nave de la princesa Leia, perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba.

Dos horas después, cuando la cinta acabó y se prendieron las luces, yo solo pensaba en cómo hacerlo para verla otra vez; la función que estaba por comenzar, al día siguiente, el próximo fin de semana, lo que fuera; lo único importante era que fuese lo antes posible.
Eran otros tiempos y la idea de repetirse ‘La Guerra de las Galaxias’ por segunda vez no prosperó. De modo que tuve que esperar años para volver a verla en una copia en VHS de muy mala calidad. Y claro, años más tarde, me reencontré con ella en televisión abierta, un domingo por la noche en Canal 7.
Mientras tanto, traté de reconstruir toda la película en dibujos, diseños de cazas X-Wing y TIE fighters, alguno que otro disfraz mal logrado; todo servía para mantener viva aquella magia cinematográfica que —ya lo presentía— se volvería imborrable.
Hoy ‘Star Wars’ está a la distancia de un click, en todos los formatos físicos y digitales. Está en la televisión, en los computadores, en los tablets, en los celulares. Pero sobre todo, en los corazones de todos los que, siendo niños, nos maravillamos con aquella historia que nos marcó para siempre. Felices 40 años.

 

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