‘El bosque mágico’: De los libros a la pantalla chica por arte de magia

La gustada trilogía Los Magos de Lev Grossman (Ediciones B) al tiempo que literariamente fluye de boca en boca como el whiskey en un aquelarre, llegó ya en una adaptación para los amantes de las teleseries, que en Chile podrá sintonizarse los martes a las 21:00 horas, a través de SyFy.
Para nadie es un secreto que las sagas literarias están de moda. Quizá siempre lo han estado. Pero hoy más. A El señor de los anillos o La torre oscura, podríamos sumar Los juegos del hambre, Crepúsculo, Divergente, El corredor del laberinto o Canción de hielo y Fuego por citar algunas de las más célebres. Y, como por arte de magia, esos mundos poblados de seres fantásticos, épicos o distópicos no tardan en llegar a los diversos formatos de pantalla, la chica o la grande, a través del cine o la televisión.
 Ahora, The Magicians (o Los Magos en español), la saga de realismo fantasioso autoría de Lev Grossman, ha sido adaptada a la televisión para gozo de todos los fanáticos que crecieron con las andanzas de Harry Potter y sus amigos voladores de escobas. Y la buena noticia es que ya la podemos ver en Chile, a través de Syfy.
Es una buena noticia, en la era del alto rating que este formato serial consigue despertar entre los televidentes. Y es que a pesar de que series insignias como Breaking Bad llegó a su fin, Game of Thrones concluyó su sexta temporada y pasará un buen rato para que regresé con la séptima ante el retraso de sus grabaciones, o The Walking Dead que aún mantendrá el cliffhanger durante tres meses más antes de revelar a quién le pegó el maldito Negan, todavía existen series de calidad con la cuales se puede sobrellevar la ansiosa espera de consumo de una nueva temporada, de una nueva historia o tan siquiera de un nuevo episodio.
Syfy, por cierto, no ha sido y no es HBO,— el canal por cable que ha ganado millones de dólares y televidentes con sus series— al menos no desde Battlestar Galactica, pero este año, la adaptación y transmisión de la primera temporada de The Magicians, y el anuncio de un segundo ciclo, lo ha convertido en un fuerte competidor en la hora de generar audiencia.
Los Magos, dirigida por James L. Conway, también director de películas y series como Sobrenatural,  trae a los desconocidos —hasta ahora en Chile—:  Jason Ralph como Quentin Coldwater, el joven aspirante a mago; Stella Maeve como Julia Wicker y a Hale Appleman como el sarcástico y narcisista Elliot Wuagh.
Los magos es más que eso
Basada en la trilogía de libros de Lev Grossman, Los magos ha sido descrita simplistamente como una historia “Harry Potter para adultos”, que es a la vez una referencia para nada precisa.
La serie sigue la historia de un grupo de magos jóvenes-adultos que asisten a una escuela de magia, claro, pero la palabra “adulto” es importante en esta historia, ya que en los tres primeros capítulos de la serie, se ve que está en consonancia con el espíritu de los personajes creados por Lev Grossman, con los que aborda temas como la depresión, el abuso sexual, el alcoholismo, el nihilismo, entre otros temas del oscuro entramado del alma.
En síntesis, la complejidad de la relaciones humanas y que en un conjunto con las míticas historias e interesantes personajes, hacen de esta serie de magia un programa de televisión completo y muy atractivo.
Unir elementos mágicos con temas de adultos no es una tarea fácil; no si se quiere lograr con éxito, y a través de un producto cuidado y de calidad. Sin embargo, sus creadores Sera Gamble y John McNamara lograron el equilibrio consiguiendo episodios realmente adictivos.
La actuación de Jason Ralph como el protagonista de la serie, Quentin Coldwater, ha sido increíble y sólida desde el primer episodio, y Ralph entra mucho más en la piel del personaje mientras el show avanza.
Quentin es un personaje difícil de lograr, al menos en la descripción que Lev Grossman ha hecho de él en sus libros: un adolescente quejumbroso, celoso, y egoísta (característica que más se desarrolla en los libros de Lev), pero aun así, siempre termina generando empatía: una mierda buena onda, como se le calificaría en Chile. O sea, es agradable, aun manteniendo esos bordes filosos del personaje literario.
Los Magos, después de solo tres capítulos al aire fue aprobada para una segunda temporada y Syfy, de hecho, ha entregado todo su apoyo a sus creadores. La red está feliz con la dirección que está tomando esta serie, ya que le ha servido como una declaración de principios, de que están dispuestos a entregar un espectáculo que es decididamente más compleja y estimulante y, como resultado, más exitosa, que otras series de su parrilla programática cuyas historias podrían valorarse más comunes.
Por supuesto que ayuda cuando se trabaja con un material tan bueno como son los libros de Lev Grossman, y a pesar de que McNamara y Gamble han hecho cambios significativos de las novelas —que han demostrado ser decisiones inteligentes que solo enriquecen la serie—, se espera que la segunda temporada esté basada en el segundo libro de la trilogía: El Bosque mágico que Ediciones B ya tiene en librerías del país.
Los libros
En la precuela, Los Magos, el autor describe lo que sucede cuando las fantasías se hacen realidad, y lo qué pasa cuando ésta es mucho más dura que el anterior escenario del que tanto —como cualquier fanático de los libros de fantasía— se quería huir.
Para que nadie se pierda en la historia, no está demás revisar la reseña que NerdNews publicó de la  primera entrega de la saga de Los Magos link: http://localhost/nerdnews/?p=11456
Así, puede seguirse la continuidad de la trilogía.
En El Bosque mágico, Grossman retoma ese tema de las fantasías realizadas y lo desvía en una dirección totalmente nueva, como por ejemplo, el cómo Quentín Coldwater descubre que el heroísmo es mucho más difícil de aprender que la propia magia, equilibrando lo épico y las ironías de la vida que suelen presentarse muy a menudo en el camino de su protagonista.
La secuela continúa con el final del primer libro, en donde Quentin se convierte en uno de los cuatro reyes y reinas de Fillory (Julia, Elliot y Janet son los otros tres) la Tierra mágica, similar a Narnia, pero mucho más peligrosa. Acá Coldwater se ve rodeado de lujos y un montón de asistentes que satisfacen todos sus caprichos.
Quentin —a pesar de tener muy buenas intenciones— no es un buen rey. Le cuesta tomar las riendas de su gobierno, evade la responsabilidad cometiendo una y otra vez —ojo a los que están familiarizados con las novelas— Quentinazos.
Paz y ociosidad
Victima del facilismo, quiere ser un héroe, pero no tiene ni la menor idea de lo que eso implica: sacrificarse por el bien mayor, que es una idea que para Quentin, —egoísta como él solo— nunca se le pasa por la mente.
Sin embargo, en esta oportunidad, deja un poco de lado esa inseguridad adolescente, mostrándose un poco más confiado de sí mismo, pero no completamente, porque el autor deja atisbos de esos rasgos que lo hacían tan adorable en la primera parte de la saga: la ingenuidad nerd de su ambiciosa meta como es la de liderar esas tierras idealizadas y mágicas de Fillory.
La paz y el ocio aburren a Quentin. Siente que algo le falta, que no ha cumplido con su misión y anhela con furia una nueva aventura, por lo que se ofrece de voluntario para hacer un viaje junto a Julia, a las islas exteriores para cobrar los impuestos  —Lev como fanático de Lewis Carroll hace referencia a La travesía del viajero del alba—. Una vez allí, Quentin oye la fábula de “Las Siete Llaves de Oro”, una historia sobre un hombre que pierde a su hija y emprende la búsqueda a través de una red de portales que solo se desbloquean mediante llaves de oro mágicas.
La primera llave de oro conduce a Quentin y Julia de vuelta a la Tierra, lugar en el que nunca quisieron estar desde un principio, ahí se reúnen con antiguos compañeros de clase de “Q” y, juntos, comienzan a buscar la forma de volver a Fillory, lugar en donde reinan y se sienten cómodos.
La estructura de este libro es diferente, en esta ocasión, el viaje de Quentin se entremezcla con una serie de flashbacks que muestran lo que sucedió con Julia, la amiga de Brooklyn que no entró en la escuela mágica de Brakebills, pero aprendió la magia por su cuenta. Las escenas de Julia corren en paralelo con los acontecimientos del primer libro, y alcanzan su punto culminante al final, lo que, en efecto, resulta una versión muy diferente de la historia del origen mágico del primer libro.
Reina underground
Julia recuerda que, precisamente entró a dar la prueba de ingreso a Brakebills, pero fracasó y también, de cuando fue lobotomizada con hechizos para no recordar haber sido parte de ese evento de postulación a esa universidad.
Luego, Julia, se une online a un grupo secreto de genios con problemas de salud mental, y en ese tanto, se encuentra casualmente con una tropa de iniciados que practica la mágica de forma ilícita. En este grupo, las personas con talentos extraordinarios participan hackeando con hechizos, casas de seguridad que guardan grandes secretos mágicos y cada vez que pasan una prueba o un nivel, son tatuados con un punto en los brazos.
Julia, a diferencia de su amigo Quentin, tiene que trabajar duramente para conseguir la magia, de hecho, es tan matea que se convierte en un neófita, y más adelante en una de las reinas del underground mágico. Su viaje es un tributo a la creatividad y a la tenacidad nerd-geek: la tecnología mejora la magia. En serio.
Poco a poco, en el presente de la historia, el lector se dará cuenta de lo dañada que está Julia —cuya historia en un principio es algo confusa—,  porque va explicando el porqué de la actitud misteriosa y fría de la chica, que ha perdido gran parte de su humanidad mientras reina.
La verdad sobre lo que le ha pasado se descubre en el flashback final: y es algo horrible, quizás demasiado, y no lo vamos a spoilear aquí, para que el lector interesado lo descubra y se sorprenda.
El viaje del héroe
En cualquier caso, el contraste de la historia de Julia con Quentin añade riqueza a esta segunda entrega. Y las dudas, los miedos, todas esas características tan humanas de los personajes son el verdadero hilo conductor de la trama.
Grossman, en esta versión, consigue ampliar la voz narrativa; hay, en efecto, un tercer protagonista que es el narrador, una presencia separada que va comentando con un grado comedido de sarcasmo e insidia todo lo que sucede.
En el primer libro, el narrador sarcástico se confundía con Quentin, pero en esta ocasión está presente y es la misma voz en ambas historias (En la de Quentin y en la de Julia). Hay que destacar que, este personaje es un factor importante para que el libro sea muy entretenido.
En El bosque mágico, Quentin finalmente gana un poco de madurez, y se convierte en un rey más o menos decente, cuando finalmente se da cuenta que uno de sus grandes errores fue negarle a Julia la verdad sobre la escuela de magia (Esto sucede en el primer libro) cuando ésta lo cuestionó acerca de la universidad secreta. Quentin, sabe que nunca debió haberle mentido por miedo a perder su puesto en Brakebills, porque, después de todo, gran parte de las desventuras de Julia son resultado de su egoísmo e idiotez, y es, en ese momento en que finalmente Quentin se puede autodenominar como héroe.
El bosque mágico, relata el viaje de ese héroe, una línea argumental extraída de las grandes sagas épicas, desde el Cantar de los Nibelungos que plasmara el compositor alemán Richard Wagner en su célebre Tetralogía del Anillo que más tarde inspirara a Tolkien, hasta  La guerra de las galaxias.
Sin embargo, Grossman le niega a Quentin su deseo primordial para regresar y permanecer en Fillory porque ser un héroe es una pega arriesgada y los héroes no siempre obtienen lo que quieren, incluso si terminan en el lado ganador. Ni siquiera por arte de magia.
El Bosque Mágico
Ediciones B
Precio de referencia
$13.000.-
EL BOSQUE MAGICO_LEV GROSSMAN
The Magicians
Por Syfy
Todos los martes, 21:00 horas

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