‘El Agente Topo’: Volver a ser visto

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Nuestra sociedad pareciera olvidar que los adultos mayores siguen siendo personas. No es para nada nuevo prender la televisión, y ver el caso de algún anciano abandonado, a quien sus vecinos, y por pura buena voluntad, alimentan y cuidan. Personas olvidadas no sólo por sus familias, sino también, por el Estado.

Muchas veces creemos que después de los 65 años, la vida social se termina. Pensamos erróneamente, que ya no es edad para hacer nuevos amigos, mucho menos para enamorarse otra vez. Y cualquier manifestación “humana” —tan sencillas como las descritas—, por parte de nuestros abuelos,son motivo de mofa; porque, una vez más, ya sea con el olvido o más directamente, la falta de entendimiento, los incapacitamos como seres humanos que aman y sufren igual que todos.

Chile, por lo demás, es un país triste para habitar siendo viejo. Si ya es un país injusto con la mayoría de su pueblo, con los viejos es mucho más cruel. Los despoja de dignidad, y les entrega migajas después de décadas de trabajo, incluso los obliga a seguir trabajando muy pasada la edad aceptada, o simplemente los desatiende a tal extremo, que muchos mueren esperando un poco de respeto.

Si hablamos de representación en los medios, la ancianidad es todo un tema. Primero, es bien sabido que a las mujeres no se les ofrece trabajo en televisión después de “cierta edad”, y si logramos encontrar a hombres, son aquellos que han ostentado un cargo de poder por largo tiempo. Segundo, si la persona presentada en medios, no pertenece a este selecto grupo, usan su imagen e historia, para generar lástima y rating. Víctima para la audiencia y carnada para los medios. Una realidad triste e injusta.

Estas imágenes, admítanlo o no, nos han insensibilizado o acostumbrado a ver ese trato hacia los adultos mayores, por tanto, nos convencemos de que no hay otra forma de verlos, sino como ciudadanos de segunda clase.

Maite Alberdi, documentalista y guionista chilena, logra a través de su cine, sacudir la estela cegadora que, nos ha hecho olvidar que ‘para allá vamos’ y les devuelve la dignidad con sutileza, y sobre todo mucho cariño a quienes filma. Lo hizo con ‘La Once’, el documental de 2014 donde filmó durante cuatro años las reuniones mensuales de un grupo de amigas, que por más de 60 años de juntaron sagradamente a tomar el té.

También en ‘Yo no soy de aquí’, su cortometraje del 2016, donde una mujer vasca residente de una casa de reposo quiere recordar su pasado, aunque nadie la oiga. Y ahora, con su cuarto largometraje, ‘El Agente Topo’, lo vuelve a hacer. Este documental que tuvo su estreno en el Festival de Cine de Sundance con una excelente acogida, es una historia de espías, pero no de las comunes.

La misión

Todo comienza con un casting en el que Rómulo, el dueño de una agencia de investigación, intenta dar con el hombre más idóneo para llevar a cabo una misión de encubierto. Las características que el elegido debe tener son pocas, pero claves: tener entre 80 y 90 años, ser autovalente, manejarse con la tecnología y tener disponibilidad para vivir tres meses, internado en un Hogar de Ancianos.

Al llamado,se presentan varios adultos mayores, pero es uno el escogido para infiltrarse a vigilar a una anciana por encargo de su hija. Por su carácter afable, su discreción y, sobre todo, sus ganas de ocuparse en algo luego del fallecimiento de su esposa hace pocos meses.

Sergio Chamy, tiene 83 años, tres hijos, es viudo y se ha convertido en el Agente Topo, al interior de una casa de reposo en El Monte. Eso sí, antes, debe entrenarse en el arte del espionaje, aprender la jerga del oficio, los códigos que permitirán mantener su coartada y a usar un celular para poder informar todo lo que sucede al interior del lugar, donde la mujer que contrata los servicios de Rómulo, sospecha que maltratan a su madre.

Una vez adentro, a Sergio, que es automáticamente aceptado por los residentes del hogar, le cuesta asumir su papel de espía, y se enfoca en la cotidianidad de la vida de los ancianos. Algo que Rómulo considera como nimiedades poco útiles para el desarrollo de la misión.

Entre medio hay espacio para formar nuevas relaciones y terminar otras; y para demostrar que nunca es demasiado tarde o viejo para hacer nuevas amistades. Porque el Agente Topo, más que dedicarse por entero al trabajo de espiar a su blanco, comienza a entablar relaciones con las personas, y de a poco se convierte en el confidente de varias de las mujeres del ‘hogar’.

Sentirse útil de nuevo

Desde el comienzo de esta cinta, que se extiende por 90 minutos, hay un objetivo claro que motiva a nuestro protagonista a llevar esta misión adelante: quiere volver a sentirse útil. Y aunque no lo dice de forma explícita, sí revela que a esa edad es difícil que le den trabajo, y en esa desocupación obligada, pasa sus días recorriendo el mall que queda junto a su casa.

Además, en su nuevo estado de viudez, acostumbrándose a estar solo después de muchas décadas acompañado, un poco de trabajo no le vendría mal para despejar la mente de los recuerdos que van y vienen, de una vida entera de casado.

Este empleo le permite a don Sergio, volver a sentirse útil en una sociedad que lo ha relegado a un papel secundario. Igual que lo ha hecho con la mayoría de los ancianos residentes del hogar. Y en esas largas conversaciones con otros adultos mayores internados, que comienzan por encargo de Rómulo para averiguar sobre su “blanco”, se convierten rápidamente en algo más profundo, el Agente Topo, se da cuenta que el sentimiento es compartido.

Todos han sido abandonados en alguna medida. Algunos, incluso, deben ser engañados para no sentir ese olvido del que son víctimas. Y las mismas trabajadoras del hogar simulan ser familiares que llaman para saludar, para no hacer sentir la falta de cariño a los que no reciben visitas.

Y así, muchas historias se desarrollan en la misma línea. Sin profundizar mucho, podemos asumir que se trata de una trama triste, que me hace pensar —nuevamente— en esa frase que llevo escuchando durante muchos años: “todos vamos para allá”.

Pero Maite Alberdi, los filma con tanto cariño que ‘El Agente Topo’ pasa a ser de esas películas inolvidables para la mente y para el corazón. Al igual que lo hizo en ‘La Once’, donde podemos o no estar de acuerdo con las ideologías de las protagonistas, pero sí podemos situarlas en un contexto y empatizar con ellas.

Aquí es lo mismo, pero desde otra mirada, un poco más lejana y que observa desde la distancia las dinámicas sociales, que a diferencia de lo que muchos creen, no mueren al pasar los años.

Hace poco más de un año tuve la oportunidad de estar en Madrid, y una de las cosas que más llamó mi atención fue ver a ancianos en las calles con normalidad. Compartiendo un café o una cerveza en las terrazas de los restaurantes, o conversando en las bancas de las plazas. Aquí no se ve eso, los ancianos han sido confinados a sus casas, y ojo, que esto ocurre desde mucho antes que la pandemia nos afectara.

Emotividad a flor de piel

Tuve la suerte de nacer cuando dos de mis abuelos estaban vivos. Y de compartir toda mi infancia viviendo en la misma casa con uno de ellos, por lo que esta película me llegó muy profundo si de identificación se trata.

Ver a don Sergio Chamy, sin duda fue como una ola de recuerdos, que incluso ahora, escribiendo esto, hace que se me paren los pelos, porque me hace pensar en mis tatas. Creo que esos recuerdos pueden llegar a la mayoría de los espectadores, y convertir a este largometraje documental en una obra entrañable para todos.

‘El Agente Topo’ es una película, insisto, filmada con cariño y sutiliza. Y a pesar de estar situada en el interior del hogar, un lugar íntimo de convivencia entre los residentes nunca abusa de su poder y no invade a estas personas, que se convierten en los protagonistas que mueven la historia.

Con esta película, Maite Alberdi, les devuelve su valor a los adultos mayores, los volvemos a ver y desde una perspectiva poco explorada. Sin victimizarlos, como sujetos que sufren, aman y quieren sentirse valorados. Los vemos como personas, que claro, necesitan de nuestra ayuda, pero siguen siendo individuos.

Con una delicadeza característica de esta realizadora, ‘El Agente Topo’, que cuenta con una fotografía simple pero que funciona muy bien, es una historia de espías única, donde la misión de investigar al interior de una casa de reposo es tan sólo una excusa para hablar de un tema mucho más profundo y problemático. Del abandono, del olvido que los afecta como personas y también a sus memorias. De la culpa y de esa necesidad de volver a ser vistos como personas.

Esta cinta, que pueden ver exclusivamente en Cinépolis Klic, es un deber ver, ya que retrata un tema universal, que cada día se vuelve más contingente. Las poblaciones de todo el mundo envejecen, la esperanza de vida es cada vez más alta, y no podemos permitir que la negligencia sea sinónimo de ancianidad.

Al menos, existe la esperanza de que producciones como esta, visibilicen una realidad que hemos intentado, a punta de indiferencia, ocultar bajo una alfombra que ya no aguanta más secretos. Que bueno es, entonces, devolverles su valor a través del cine, un lenguaje que, muchas veces, cala más hondo que cualquier discurso político.

Ficha Técnica

Director: Maite Alberdi
Guion: Maite Alberdi.
Año: 2020.
País: Chile.
Productor: Marcela Santibañez.
Reparto: Sergio Chamy y Rómulo Aitken.

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