“Dark Skies”

El próximo 22 de noviembre se cumplen 50 años del asesinato del Presidente John F. Kennedy, en Dallas, a manos de un inesperado atacante solitario: Lee Harvey Oswald. Una versión oficial que desde entonces ha sido constantemente desafiada por un sinnúmero de teorías conspirativas que involucran desde su entonces Vicepresidente, Lyndon B. Johnson, hasta la mafia. Pero ¿y si detrás de su muerte hubiese existido una conspiración mayor?. ¿Una que involucrara… extraterrestres?.
Esta era la premisa de la serie de NBC “Dark Skies” (1996-1997), creada por Brent V. Friedman y Bryce Zabel. Y que aunque tuvo solo una temporada de 18 episodios más el capítulo piloto, se volvió un programa de culto.
Inspirada en el éxito arrollador de “Los archivos secretos X”, “Dark Skies” es sin lugar a dudas el mejor de todos los programas de televisión que se inspiraron en los misteriosos casos que cada semana investigaban los agentes del FBI Fox Mulder y Danna Scully. Con una diferencia importante: “Dark Skies” no estaba ambientada en la década de 1990, sino treinta años antes.
“Mi nombre es John Loengard. Estoy grabando esto porque podríamos no amanecer vivos. Ellos están allá afuera, son hostiles y hay poderosas personas que no quieren que lo sepamos. La historia, tal como la conocemos, es una mentira”. Así comenzaban los episodios, dando a entender que los principales acontecimientos históricos de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX —y su repercusión mundial— eran producto de una gran conspiración que buscaba encubrir la existencia de alienígenas hostiles.
John Loengard (Eric Close, a quien posteriormente veríamos en “Taken”, de Steven Spielberg) y su novia Kimberly Sayers (Megan Ward, que luego apareció en episodios de “CSI”, “NCIS”, “Boston Legal” y “General Hospital”) son dos jóvenes que trabajan en el Washington de la administración Kennedy. Son tiempos de optimismo para Estados Unidos. Sin embargo, el destino hará que John pase de ser un simple asistente en el Congreso a convertirse en un agente dentro de la misteriosa agencia Majestic 12, liderada por el enérgico Frank Bach (el impecable J. T. Walsh, a quien recordamos de “Buenos Días, Vietnam”, “Cuestión de Honor”, “Hoffa”, entre muchas otras).
Es ahí donde descubre que a fines de la década de 1940, el gobierno estadounidense de Harry Truman tuvo contacto con alienígenas hostiles que habían llegado a la Tierra exigiendo la rendición incondicional de la humanidad. Y que desde entonces se mantenía una especie de “guerra secreta” con ellos. Pero Loengard no está de acuerdo con sus métodos e intenta poner sobre aviso al gobierno, hablando directamente con Robert Kennedy, hermano del entonces Mandatario y Fiscal General del país. Una decisión que le cuesta empezar a ser perseguido tanto por Majestic 12 como por los “grises”, esos típicos extraterrestres bajitos, cabezones, de ojos grandes y dedos largos. Pero delatar a Majestic 12 no impide el asesinato de Kennedy y es el fin de “Camelot”.
En los capítulos posteriores la serie también empezó a incluir otras figuras de la época, como Los Beatles, Robert Kennedy, Jim Morrison y J. Edgar Hoover.
A pesar de su original e interesante trama, de su impecable reconstrucción de época (mucho antes de “Mad Men”) y sólidas actuaciones, el rating no la acompañó y “Dark Skies” fue cancelada al término de su primera temporada, dejando trunco un proyecto realmente ambicioso. Porque el plan original contemplaba cinco temporadas, avanzando en el tiempo hasta el presente: la primera cubría el período 1961-1969, la segunda los años entre 1970 y 1979, la tercera iba de 1977 a 1986, la cuarta abarcaba de 1987 a 1999 y la quinta se enfocaba en un estremecedor desenlace entre 2000 y 2001.
La cancelación de la serie obligó a buscar una especie de cierre en el último capítulo, algo que no dejó contentos a los espectadores y que ciertamente fue muy distinto del plan original.
“Dark Skies” fue una serie que merecía un mejor destino. Tal vez se adelantó a su tiempo.
Pero al menos queda el consuelo de que hoy toda esa primera temporada está disponible en DVD, lo que permite volver a disfrutarla o —para los más jóvenes— descubrirla. Y créanme, vale la pena.


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