‘Creed’: Bajo los cascos de un semental italiano

Si tú peleas. Yo peleo“. Una frase que luego de seis películas, el original gangster de la calles de Filadelfia pudo, a base de golpes, aprender y desarrollar. No como lo que vivió junto a Tommy Gunn (Tommy Morrison) en la quinta versión de esta saga, sino de una manera distinta. Quizás fue porque en ese entonces aún tenía muchas cosas que perder, o simplemente porque aún no tocaba fondo en su vida, ni en el ring.
Pero esta cinta, y tras haber colgado los guantes en la sexta, no gira en torno al legado del semental italiano, sino que más bien busca un legado aparte, el cual va unido con sudor y sangre a la carrera del campeón de la gente.
Por un lado tenemos a Adonis Johnson (Michael B. Jordan), un joven que quiere demostrar con su boxeo que puede salir adelante, construyendo su propio camino. El problema que por sus venas corre sangre Creed. Adonis es el hijo ilegítimo de Apollo (Carl Weathers), el ex campeón del mundo de los pesos pesados, que falleció a manos de Iván Drago (Dolph Lundgren) en la cuarta entrega. Donnie jamás llegó a conocer a su primogénito y tras la muerte de su madre, pasa sus primeros años de vida en familias y centros de acogida, hasta que un día es adoptado por la esposa viuda de su padre, Mary Anne Creed (Phylicia Rashād). Con ella vive una vida llena de lujos y con un trabajo estable, hasta que lo abandona para perseguir el sueño de ser un boxeador profesional.
De aquí en adelante todo es cuesta arriba para Johnson. Como los son todas las películas de ‘Rocky‘, una lucha constante contra la adversidad. Nadie acepta a Adonis en su gimnasio, por lo que decide partir a buscar a la única persona capaz de entrenarlo, el mismísimo Rocky Balboa. Y es que tras tres combates, sí tres, Balboa y la familia Creed aún tienen una deuda pendiente.
Rocky (Sylvester Stallone), vive su vida normal en el restaurante Adriana, alejado de todo el mundo del boxeo, visitando a su familia en el cementerio y dejando que el tiempo pase en él. Pero cuando este joven con ansias de construir su propio legado y demostrar que está en ese lugar no por ser el hijo de alguien, acude pidiéndole ayuda, éste decide amablemente no participar de ese sueño. Aunque tras varios intentos y al ver la determinación del muchacho, Balboa acepta.
A base de jabs, ganchos, sangre, sudor, moretones y un entrenamiento a la vieja escuela, el héroe de Filadelfia toma el manto de Mickey Goldmill (Burgess Meredith) y Paulie Pennino (Burt Young), construye su propio modelo de guía y decide entrenar a Adonis, quien vive en constante lucha con su apellido paterno, el cual lo persigue como un oponente entre las cuerdas para noquearlo.
Y como si la campana para un nuevo round sonara, este par debe sondear obstáculos hasta conseguir sus objetivos. Pero tal cual ocurre en el ring, uno de los asaltos de la vida los tumba y no los deja levantarse; el viejo semental está enfermo y ya la lucha no está centrada en un campeonato, sino en la recuperación de Rocky, quien vio partir a su esposa por culpa del cáncer y sólo espera su tiempo para estar con los suyos. Aquí es donde todo se complica y el árbitro comienza su conteo, por lo que ambos deben darse valor y fuerzas, para ponerse de pie y salir de esa situación. Adonis, por su parte, debe aceptar su legado, sus guantes que envuelven sus puños y sus pies, se mueven por la sangre que corre por sus venas y es momento de forjar ese destino que estuvo buscando. Rocky, por otro lado, debe ganar otra lucha, que como siempre será difícil, pero no imposible para él.
Una cinta de boxeo, que al igual que sus predecesoras, va más allá del deporte y se enfoca en los deseos de vivir, de superación personal y emocional, que se forjan a través de una amistad y el respeto. Además, nos enseña que hay que vencer, no al adversario que se nos interpone en nuestro camino, sino que a nosotros, a nuestros miedos y dudas.
Un gran filme dirigido por Ryan Coogler que se arma perfectamente con las actuaciones de un esplendido Stallone, que nos demuestra que sí sabe actuar y que no es simplemente un héroe de acción. Punto aparte es el trabajo de Jordan, que a pesar del fiasco de ‘Los Cuatro Fantásticos‘, demuestra su calidad actoral y que es merecedor de llevar el manto del boxeador de Filadelfia. Una música que acompaña adecuadamente a los protagonistas y escenas tremendas, como el trote de Creed por las calles hasta el gimnasio donde está Rocky, acompañado de las motos, la cual sin ninguna palabra, que al menos los espectadores entiendan, emociona y saca más de alguna lagrima hasta el más rudo peleador.

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