Cómo la novela Lluscuma, de Jorge Baradit, trabaja en tu mente

Leopoldo María Panero, poeta español y autoproclamada reencarnación de Antonin Artaud, confiesa en su notable poema Nueve novísimos poetas españoles: “Vivo dentro de la fantasía paranoica del fin del mundo y no solo no quiero salir de ella, sino que pretendo que los demás entren en ella”.
El escritor declara así sus principios, la convicción de su cosmos y engrupe al mismo tiempo. Quiere hacernos parte de su ficción de realidad, como todo seductor de las letras que se respete.
Es bajo esa óptica que quizás cualquier lector valiente que se haya aventurado con Lluscuma (Ediciones B), la más reciente novela de Jorge Baradit, aprobaría como descripción de contraportada las palabras de Leopoldo.
Porque en muchos sentidos, eso es Lluscuma, una novela que te abduce a su mundo desde las primeras páginas, y cuando intentas abandonarlo, entre otras razones por el horror que provocan las certezas ahí escritas, ya es demasiado tarde. Puesto que para ese momento, la obra de Baradit ya ha logrado entrar en tu mente, experimentando con tu fisiología sicológica, dejándote sin voluntad y a la merced de su texto.
“Su brain damage, es mi sueldo”, afirma sin reparo el autor en entrevista con Nerdnews.
El despertar de la serpiente
La novela de Baradit es un viaje a lo más profundo y, por qué no decirlo, bajo del ser humano. Un paseo por la conciencia–accidentalmente- perturbada de un joven de 22 años, Fernando Camargo, que al poco tiempo de morir su abuelo encuentra bajo la cama del anciano, una maleta que contiene los secretos más horribles de su vida militar, además de una cinta de video 8mm etiquetada como: “LLUSCUMA, 25 de abril de 1977, video de propiedad del Ejercito de Chile, Alto Secreto Militar”.
Y es en este punto, donde comienza a despertar la serpiente, como el autor denomina al Chile de Lluscuma; una serpiente con pesadillas que incita a los personajes que se mueven sobre ella a buscar la verdad sobre los horrores que se muestran en la cinta, o al menos a intentarlo.
Esto podría verse, desde luego, como un símbolo de nuestros tiempos sociales: “El mito creacional de nuestra patria: el Trentren vilu y el Caicai vilu, la lucha de la tierra contra el agua. La serpiente mapuche dormida. El 27 F fue el despertar de la serpiente, el despertar de Chile. La movilización de las masas sociales; hay un tema ahí que me interesa, y la frase clave es Chile, es una serpiente con pesadillas y tiene que ver con lo que nos está pasando como sociedad, tiene que ver con la memoria, con la desmemoria, de recordar las cosas como uno cree que fueron (…) Todos estamos manejando niveles de recuerdos distintos”, expresó Baradit en una entrevista con radio Zero.
Pero más allá de calzar con esa interpretación, Fernando Camargo; Mako Canelo, su amigo comunista; Sole, su novia; y el detective Carmona, entran en una intensa cadena de sucesos que avivan el suspenso de la novela, permitiendo una caracterización más profunda de Chile, la especulación sobre temperamentos, motivos y estrategias de los personajes y la ansiosa espera de una respuesta. De una confirmación: Chile está en guerra.
Abducción del Cabo Valdés 
Durante la dictadura de Augusto Pinochet, Chile fue escenario de variados hechos fantásticos, extravagantes y hasta milagrosos. Entre los años 1975 y 1978 se dio el auge de Yamilet de Talagante, la niña que poseía el “don de la sanación”; entre los años 1983 y 1988, saltó a la palestra Miguel Ángel Poblete, el joven que veía a la virgen y transmitía sus mensajes al pueblo de Peñablanca; y claro, en 1986, todo Chile se preparó para ver pasar el cometa Halley y no solo como un fenómeno cósmico, sino como una señal llena de significado.
Todos esos acontecimientos actualmente se asumen como distractores de la dictadura. Sin embargo, en abril de 1976, en la pampa de Lluscuma, ocurrió el mundialmente  famoso caso Valdés, cuyo protagonista habría sido abducido por seres extraterrestres, y cuyos detalles hasta el día de hoy no contemplan una explicación clara de lo ocurrido, ya que fue el mismo general Pinochet quien ordenó bajar el perfil del caso, hasta lograr silenciarlo.
No obstante, los anales de la historia chilena relatan que, en la madrugada de ese 25 de abril de 1976, nueve conscriptos se encontraban cuidando material de guerra, en el norte de Chile, cerca de Putre. En esos años, el país tenía problemas limítrofes con Bolivia y Perú, además de una inminente guerra con Argentina por territorios del Sur.
Estos nueve militares, para capear las frías noches de la pampa, bebían un licor nortino conocido como el cocoroco dentro de una pesebrera habilitada para caballos del ejército. Mientras bebían y se contaban historias típicas de jóvenes de 18 años, el cabo de guardia comenzó a gritar desaforado para que sus compañeros, en ese momento sin un atisbo de embriagues, salieran en su ayuda.
—¡Vengan a ver! ¡Cabo venga! —gritaba el vigía.
Cuando los ocho soldados que se habían quedado relegados en la pesebrera salieron al llamado de su compañero, se encontraron con una luz intensa que venía bajando desde el cielo. La racionalidad que provoca el escepticismo, les hizo pensar que esa luz, tal vez, fuera parte de alguna estrategia militar de los países vecinos, por lo que el cabo Armando Valdés, el mayor de la escuadra en jerarquía y edad, se adelantó para enfrentar lo que viniera con ese resplandor.
La luminiscencia siguió bajando y se dividió en dos: una descendió por detrás de los cerros, dejando una estela de radiación que emulaba el amanecer nortino, y la otra, de 25 metros de diámetro, se plantó a doscientos metros de los soldados. Se acercó, los militares solos, sin nadie que pudiese realmente ayudarlos, comenzaron a llorar y gritar, hasta el trastorno. Los caballos relinchaban, alterados y retrocedían asustados buscando alguna salida para escapar.
El cabo Armando Valdés, siguió avanzando hasta quedar frente a la luz y gritó:
—Identifíquense en el nombre de Dios.
De pronto, se vio un destello, como un rayo antes de un trueno y el cabo Valdés desapareció junto a la luz.
No saben quiénes somos
Los ocho soldados, naturalmente, quedaron en estado de shock. Comenzaron a buscar desesperadamente a su cabo, pero no lo encontraron porque Valdés se había esfumado.
Pasaron quince minutos aproximadamente, y los conscriptos sintieron un golpe fuerte y seco contra el piso. Los ocho corrieron hacia el lugar del que procedía el ruido y se encontraron con Armando Valdés, convulsionando y llamando a su madre. De repente, el vestigio de hombre se quedó quieto y dijo la única frase coherente registrada por los soldados: “Ustedes no saben quiénes somos ni de dónde venimos, pero volveremos”.
Desde Putre, enviaron un médico para que lo examinara y lo primero que descubrió fue que el cabo tenía una barba como de cinco días, look impresentable de un militar de la patria. Además, su reloj de cuarzo se había detenido y estaba adelantado en cinco días, cosa que se condice con la barba que Armando llevaba cuando fue encontrado.
Todos los medios nacionales periodísticos y no, hablaron del tema. Armando Valdés apareció en los programas más vistos de la época y científicos extranjeros vinieron a Chile a investigar el caso.
Sin embargo, abruptamente, de un día para otro, se dejó de hablar del tema. Las versiones de los hechos que da el cabo se contradicen, hasta que es silenciado, trasladándolo al sur donde protagoniza otro avistamiento OVNI.  Luego, el tema es totalmente acallado por Pinochet y es ahí donde las antenas paranoicas de Jorge Baradit se activan.
Entorno desquiciado
Sobre este punto de partida, comenta Baradit: “Nuestro país, en su afán de sacarse buenas notas y ser alumno aventajado de la cultura occidental, lucha por mantener los prodigios bajo la alfombra, quiere verse civilizado, moderno y sensato. Pero el entorno es tan desquiciado, hacemos tantos esfuerzos por no ver, que la balanza se mueve naturalmente hacia la maravilla. Ahí estaba el caso de abducción más famoso del mundo y todos lo esquivan consciente o inconscientemente: una dictadura militar sudamericana involucrada en avistamientos OVNI, cómplice en el montaje de videncia mariana, uso de médiums y astrólogos, y se hace poco al respecto”.
Pero el autor se dice sosegado sobre lo que ocurre con esa extraordinaria y mágica materia prima para la ficción literaria: “Estoy tranquilo, esa siutiquería de McOndo fracasó”, valora Baradit y explica: “Lo entiendo en Fuguet, su nostalgia por USA es real, producto de su historia, pero en el resto fue el simple deseo noventero de dejar atrás nuestra bananería milica y querer surfear la ola del desarrollo, jurándonos un pedazo de Europa, tigres asiáticos o país frío llevando un iceberg como símbolo para sacarnos de encima la imagen de país de palmeras, calor y caipirinha. Puro aspiracionismo cuando la verdad seguimos con indígenas, mitología viva y fantasmas hasta el cuello”.
Aunque, si bien el título de la novela hace referencia a los acontecimientos de Lluscuma, en el norte de Chile, y las reseñas y promociones mencionan el caso del Cabo Valdés como columna vertebral de la novela, lo que de alguna manera es cierto, ello constituye solo la punta del iceberg de este gran cyborg textual creado por Baradit.
La política del 73 y la culpa
Existen dos tópicos generales que aparecen en el trayecto de Lluscuma: la política y la culpa.
Cada uno de estos temas, en general, podrían ser el núcleo de una narración independiente una de la otra, pero en la novela de Baradit, están mezclados en un contexto de intencional ambigüedad con respecto a lo que puede considerarse real y a  lo que es imaginado.
A medida que la historia se desarrolla, se ven extraños sucesos que mutan o bordean lo fantástico. Fernando Camargo es en realidad–o no-, un joven demente que, después de haber sido golpeado por su padre, cae por las escaleras y se rompe la cabeza, dejándolo con graves secuelas, entre ellas la disociación de la realidad.
Al enterarse de que su abuelo, columna de la familia, había sido participe activo de la caravana de la muerte, Fernando en primera instancia, siente toda la culpa que debió acumular su abuelo criminal y que, por supuesto, nunca sintió. De hecho, “Fernandote” se deja golpear por sus compañeros de universidad porque cree que lo merece. Debería ser su castigo el ser torturado por pertenecer a una familia “milica y asesina”.
Su abrumador sentimiento de culpa por los crímenes que cometió su abuelo, lo orilló a crear en su mente, una elaborada historia que le dio una nueva identidad y, de esa manera darle frente a su naturaleza, convirtiéndolo también, en un torturador que atormenta a un viejo en estado semi-vegetal con los horribles detalles de los asesinados y torturados que aparecen en el informe Rettig.
“Me sentía impartiendo justicia leyéndole sus atrocidades, pero solo me estaba vengando. Ni siquiera por las víctimas, sino por haberme cagado la infancia, por la decepción, qué sé yo, pero el viejo se secaba, se resquebrajaba, prestaba cada vez más atención a lo que le leía, o eso quería creer yo. (…) Tomaba los aviones de juguete y le explicaba los movimientos de los Hawker Hunter como si su cabeza fuera La Moneda. Puse tanques de juguetes y el viejo lloraba; apagué la luz y lo alumbraba con una linterna y le decía que lo iba a violar y él me miraba con tanta pena”, cuenta Fernando Camargo sobre su abuelo Martin, sintiéndose incapaz de escapar voluntariamente de esa espiral viciosa de paranoia, porque de esa manera Fernando libera su mente de su complicada situación.
Por lo tanto, Lluscuma es una novela que mezclala culpa con la historia política de Chile de 1973, pero ya no desde el punto de vista del familiar del detenido desaparecido ni del torturado, sino desde la mirada de un joven que pertenece a una familia proclive a la dictadura. E independiente de que éste sea o no partidario del régimen, lo lleva a un estado de locura, de tergiversación de la realidad, creando una experiencia alucinante para el lector, que incluso tiene elementos que dan terror.
Jorge Baradit construye así una historia de manera meticulosa, cuya segunda lectura es, sin duda, en muchos sentidos más gratificante que la primera.
Caleidoscopio mental
Jorge Baradit nació en Valparaíso, V región. Vivió su infancia de allegado en la casa de su abuela y su padre trabajaba como chofer en la Universidad Católica de Valparaíso; trabajo que le dio la oportunidad de llevar a su niño libros que encontraba en las mismas bodegas donde guardaban los vehículos de la universidad; entre ellos, La Biblia. Texto que aterrorizó al, en ese entonces, joven Jorge.
Actualmente, ese niño que temía a la oscuridad, a Dios, al apocalipsis y miraba bajo su cama antes de dormir, ya no existe. Creció, en todo caso. Pero a veces vuelve, como ahora, que contempla la realidad desde una mirada tergiversada por los caleidoscopios que son sus ojos y la comparte a través de la literatura. Pero no es siempre así, solo se da el placer de entregar en sus novelas aquellas alucinaciones y pesadillas que se iniciaron con ese terrible miedo al mundo.
Ese niño o lo que permanece de él, se fijó como meta trabajar su voluntad armando un grupo de punk rock llamada Trato Bestial, se obligó a permanecer en calzoncillos por horas bajo la lluvia una madrugada cualquiera, y se instó a escribir una novela en nueve meses digitando un capítulo por día, la que al terminar tituló Ygdrasil
Ygdrasil (Ediciones B) es una historia ambientada en un México futurista “donde una mercenaria chilena llamada Mariana acepta la más peligrosa de sus misiones. Una historia que atrapa al lector dentro de un mundo lleno de grandes transnacionales (con más poder que los gobiernos), tecnología orgánica llevada al límite, un imbunche, soldados muertos que reencarnan como sistemas de comunicación y un chamán que orbita la Tierra”, según escribió en 2007 Alberto Rojas, en El Mercurio.
Un año más tarde, escribió una precuela corta llamada Trinidad y Miquel Barceló, editor de la colección NOVA de Ediciones B, donde aparecieron ambas obras, definió la escritura de Baradit como cyber-chamanismo, definición que, según Wikipedia no es del gusto del autor. Puede ser. Es probable. Igual, en caso de no ser ni lo uno ni lo otro, tampoco es tan descabellado identificarlo de esa manera.
 “No soy capaz de travestirme”
 Luego, junto a otros autores nacionales como Francisco Ortega y Álvaro Bisama, fue encasillado en un movimiento llamado el Freak Power. Eso, tal vez, a un tiempo contribuye vía publicidad a sus ventas pero ayuda también a explicar que sea mirado literariamente como un autor poco serio y que lo que salga de sus obras, al menos en el prejuicio, no esté destinado a correr una suerte muy distinta.
Sin embargo a él le importa poco o nada: “El Freak Power fue un intento por instalar la hiperrealidad, esa necesidad de no darle vuelta la cara a nuestro ADN indígena, mestizo, revoltijo de todo, donde la tecnología se mezcla con chamanes y nuestra historia es la constatación del desorden mental de nuestros proyectos de nación. Hiperrealidad porque la literatura realista no es más que una cuidadosa cirugía donde extirpas todo lo que no es aceptable de la realidad. Nada más fantasioso que ‘la realidad’ en esas obras. Pero ese ‘movimiento’ quedó atrás, algunos prefirieron domesticarse para poder recuperar prestigio académico, empezar a ganar premios y convertirse en hijos pródigos del proyecto literario chileno ‘serio’. Agachar la cabeza para recibir la bendición de los obispos. Limpiarse de sus ropas la mugre y el óxido, la literatura de género y alejarse de quienes pudieran dañar sus imágenes. Ellos tienen proyectos y carreras funcionarias que seguir, no pueden andar en los límites sin dañar su prestigio, los entiendo. Ellos quieren ser reconocidos en otros términos y lo van a conseguir, son muy talentosos. Yo no soy capaz de travestirme o decidir qué dejar atrás”, asegura.
Bajar a mirar
Los ojos de Jorge Baradit continuaron su recorrido por la historia chilena, seguros de que podrían sumergirse aún más en ese mundo oculto y misterioso, al que debe en un inicio su gusto por la literatura de ciencia ficción. Se detienen en septiembre del año 73, en el golpe de Estado contra el presidente Allende; altera los hechos reales, y convierte a Pinochet en un aliado del gobierno socialista para transformarlo en el primer Estado cibernético del mundo y así, en el año 2008, publica la novela retrofuturista, Synco.
Pero, paradójicamente, Jorge Baradit no solo escribe ciencia ficción chamanica o realismo mágico cibernético. Es cierto que en sus novelas no son infrecuentes los potentes mitos creadores de arquetipos como videntes, médiums, indígenas mágicos extraterrestres, fantasmas y muertos; también abundan personajes sedientos de venganza, humanos convertidos en máquinas trituradoras como los soldados de Policia del Karma, novela gráfica publicada el año 2011.
 Y no pueden quedar fuera, los jóvenes desquiciados de Lluscuma, espíritus atormentados, y toda una galería de personajes bizarros y complejos, que de alguna manera reflejan lo que se quiere ocultar de la sociedad chilena: el clasismo, la homofobia, el racismo, la vejez, la libertad, la injusticia, el conflicto político, la propaganda mentirosa, la locura, el apocalipsis, entre otras temáticas de las miserias cotidianas que han sido tratadas, también, por el imaginario del autor.
Todo eso, incluido un cierto reflejo de clasismo chileno que describe, de manera cruda y sarcástica  la entraña de identidad chilena, se ha convertido en un estilo, en una temática, en un sello Baradit.
“No hay intención de ser más o menos irritante para el lector; es limpiarse los oídos y escucharnos, somos así, racistas, clasistas, homófobos y fachos en nuestro fuero interno. La cultura se trata, en buena medida, de consensuar nuestro actuar externo para constituir sociedad y vivir un rato en paz. Para armar sociedad hay que entregar parte de tu libertad, instintos y pulsiones en función de un proyecto. Lo que hay debajo es tenebroso, feroz y hambriento. Me fascina bajar a mirar”.
Y luego sube a la superficie y escribe. Así ha conformado su obra.
Lluscuma (Ediciones B) Jorge Baradit
Precio referencia: $ 12.000

5 thoughts on “Cómo la novela Lluscuma, de Jorge Baradit, trabaja en tu mente

  1. Filete quedó esta reseña.
    El tema que trata Baradit en
    su novela es absorbente, demencial,
    y Paulina se atreve a dar un
    punto de vista comprometido y honesto,
    como lectora y eso se agradece sí o sí.
    Felicito a NerdNews que sigue abduciendo
    a sus lectores con buenas temáticas y plumas.
    Sigan así poh, amiguitos y que la suerte esté
    siempre con ustedes. Piola.

  2. Me gustó mucho el reportaje. Me dieron muchas ganas de leer la novela. En cuanto al autor, encuentro la raja que de sus pesadillas y miedos haya sacado ideas para sus novelas, otra persona acumula esos miedos, los atormenta, los reprimen y deprimen, pero en su caso fue todo lo contrario; la forma en cómo ve a Chile, me da escalofríos. Y es verdad que todos recordamos diferente, y pensar en esa época me da ansiedad y angustia: tantos secretos y misterios incluyendo el del tipo que “conoció” a los seres de otro mundo. Mas aún esa frase de que volverán…me dan ganas de vomitar. Saludos

  3. Finalmente encontré el libro.
    Me encantó. honestamente me dio escalofríos. El caos psicológico es tremendo. Igual estuve superditada por tu nota, pero no importa.
    saludos y felicitaciones.

  4. Entre a esta reseña casi con temor, la vi tan larga que pensaba: “Por favor, no spoilers, no spoiler” Y me encontré con una espectacular carta de presentación de Baradit.
    Nada que añadir, este hombre es un experto en marcar la diferencia. Veré si me hago con un ejemplar mañana en la librería.

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