Ciclo con los mejores vampiros en Matucana 100

El difunto Christopher Lee sólo tuva una hija, Christina Erika, pero como Drácula su descendencia fílmica ha sido prolífica y variada e inmejorable.
El ciclo “Colmillos fríos” de Matucana 100, ofrece algunos de los mejores chupasangres que no han sido interpretados por Lee y la lista para mí la encabeza Roman Polanski con su filme de 1967 “La danza de los vampiros”: una comedia perfecta que subvierte las reglas y el canon instaurado por Bram Stoker bajo la forma de una punzante parodia en donde uno de estos monstruos de la noche, por ejemplo, no muere bajo la exposición de crucifijos los porque de humano era de creencia judía.
Es una película con el propio Polanski en un rol de bufón junto a su mujer, Sharon Tate, antes de ser asesinada por el culto de Charles Manson en una brutal sesión de sangre y locura.
“La danza de los vampiros” es una rareza en el cine de Polanski, junto con “Piratas”, y apela a una comedia inteligente, sofisticada y que se ha mantenido en el paso del tiempo como una de las mejores películas de vampiros aludiendo a su condición de anti vampiro. Porque se ríe de códigos y normas y reglas del cine de justamente Christopher Lee con chispa.
De los años 80 se puede ver en el ciclo del cine de Matucana 100 la visión pop y neón y provocadora del difunto Tony Scott con “The Hunger”, con la triada David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, los tres expeliendo glamour bajo una fotografía publicitaria y digna hija de esos años. Es una película atrevida, que buscó escandalizar en su tiempo, con besos lésbicos y moral de rock & roll y quizás hoy en día no sorprenda tanto y su mérito quede como una buena pieza de museo que supo reflejar su tiempo y su momento.
De los 90, los vampiros son una metáfora para que el crudo director ítalo-americano Abel Ferrara hable de junkies, adictos, drogadictos, calles sucias, pecados y más drogas en “The addiction”. Es un filme imperfecto, sucio, sin acabar, pero que pone en perspectiva el mito del vampiro como una ferocidad siempre aplaudible. Y de los 2000: tres joyas.
Primero: “Déjame entrar”, de Tomas Alfredson, una original visión sueca que habla de bullying, infancia y crecer. Es la historia de un recambio, de un cambio de pareja además, centrada en la búsqueda de nueva pareja y acompañante en la eternidad maldita por parte de una niña-vampira brutal y tan aguda como peligrosa. Ambientada en los 80, es un examen retroactivo a la Suecia de esos años y es una mirada que trasciende el mero terror para reflexionar con agudeza sobre factores sociales y sicológicos sobre el abandono de la infancia en una sociedad supuestamente desarrollada.
Segunda joya de los 2000: la atrevida e inédita en Chile “The thrist”, la sed, del coreano Chan-Wook Park, el mismo insolente de “The oldboy” y que en esta original propuesta melodramática hace lo incorrecto: convierte a un sacerdote, generalmente la antítesis de un vampiro, en un monstruo dependiente de la sangre de los otros.
Y tercero, “Only Lovers Left Alive”, del cineasta indie Jim Jarmusch y una mirada existencialista, lenta y reflexiva sobre el tedio y los límites aceptables de la inmortalidad.
Son estos los hijos de la noche, salidos de la cabeza de ocurrentes autores, directos herederos del Drácula de Lee. Distintos, evolucionados, más complejos y reales. Son las siguientes criaturas de las noche en el paso evolutivo a las que hay que temer. Y admirar.
PROGRAMA 
2 de julio. Only Lovers Left Alive, de Jim Jarmusch. Reino Unido, 2013.
5 de julio. The Hunger, de Tony Scott. Estados Unidos, 1983.
7 de julio. Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Suecia, 2008.
8 de julio. El baile de los vampiros, de Roman Polansky. Reino Unido, 1967.
9 de julio. Thirst, de Park Chan-wook. Corea del Sur, 2009.
12 de julio. The addiction, de Abel Ferrara. Estados Unidos, 1995.
Más info http://www.m100.cl/programacion/colmillos-frios-cine-de-vampiros/

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