“Buck Rogers en el siglo XXV”

La década de 1980 estuvo plagada de series de ciencia ficción que buscaron capitalizar el éxito —inesperado para muchos, por cierto— que tuvo en 1977 “La guerra de las galaxias”. Sin embargo, no bastaba con un puñado de protagonistas en un ambiente futurista y escenas de acción en el espacio para lograr el beneplácito del público. Una de esas, precisamente, fue “Buck Rogers en el siglo XXV”.
A comienzos de 1978, los estudios Universal iniciaron la producción de una serie de televisión inspirada en el personaje de Buck Rogers, creado en 1928 por Philip Francis Nowlan, que ya había tenido doce películas, una versión en blanco y negro para televisión y muchas otras en radio. A cargo del proyecto pusieron a Leslie Stevens y a Glen A. Larson, quien ya había logrado cierto éxito con otra serie de ciencia ficción: “Galactica: Astronave de combate”. Y la NBC decidió lanzar el episodio piloto como una película, seis meses antes de que comenzaran a transmitir la serie, la cual se extendería por dos temporadas (de 1979 a 1981).
En la historia original de Philip Francis Nowlan, el protagonista se llamaba Anthony Rogers y era un ex miembro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que mientras explora una mina abandonada, se expone a un gas que lo deja en animación suspendida. Quinientos años más tarde, Rogers descubre que el mundo que él conocía ha desaparecido. Y serán la intrépida teniente Wilma Deering y el sabio doctor Huer quienes lo ayudarán a “ponerse al día”, sobre todo al momento de enfrentar la amenaza de los bárbaros Mongols.
Por su parte, en la serie de televisión de Glen A. Larson, el protagonista es el capitán William Anthony “Buck” Rogers (Gil Gerard), astronauta de la NASA y único tripulante del transbordador espacial Ranger 3, lanzado al espacio en mayo de 1987. Pero una falla en el soporte vital deja a Buck Rogers en animación suspendida. Hasta que en 2491, su transbordador es encontrado a la deriva en el espacio por una nave de guerra en la que viaja la princesa Ardala (Pamela Hensley), la más joven de las 30 hijas del emperador Draco. Ellos lo reviven, le explican que estuvo 500 años congelado y que a pesar de que la Tierra sufrió una guerra nuclear a fines del siglo XX, la humanidad logró sobrevivir y llevar a convertirse en una sociedad avanzada.
Rogers, entonces, es dejado en libertad para que regrese en su antigua nave espacial a la Tierra. Pero lo que él ignora, es que el Imperio Dracon realmente desea conquistar el planeta y que pusieron a bordo del Ranger 3 un dispositivo de rastreo que le permitirá a sus fuerzas cruzar la temida barrera de defensa terrestre.
El episodio piloto y el resto de la serie mostraban una Tierra bastante árida, con la población viviendo en un puñado de ciudades protegidas, de las cuales Nueva Chicago —donde aterriza Buck Rogers— es una de las más importantes. Mientras que afuera de dichas urbes solo existe una completa desolación, con las antiguas ciudades del siglo XX convertidas en ruinas y habitadas solo por mutantes deformes producto de la radiación de las bombas nucleares.
Por supuesto, las autoridades de Nueva Chicago no creen que él sea un astronauta del siglo XX y cuando encuentren el rastreador, lo acusan de espía. De modo que Rogers pasará el resto del episodio piloto intentando demostrar su inocencia, al tiempo que ayuda a salvar al planeta de sus enemigos.
Guiones muy flojos
Rogers es acompañado en sus aventuras por la atractiva coronel Wilma Deering (Erin Gray), quien además resulta ser una experta piloto de combate. Además, está presente el doctor Elías Huer (Tim O’Connor), máxima autoridad de la Dirección de Defensa y connotado científico.
A ellos se sumaron el Dr. Theopolis, una especie de computadora con inteligencia propia que es como un disco “tipo frisbee”, pero con luces. Parte del Consejo de Computadoras de la Tierra que ayudaron a los humanos a superar el holocausto nuclear. Un “personaje” que aporta los conocimientos científicos y el toque serio a una historia que muchas veces estuvo al filo de la comedia.
En ese contexto, vale la pena recodar a uno de los personajes más extraños —e inútiles, probablemente— de la serie: el robot Twiki, que actúa como sirviente del doctor Theopolis y amigo de Buck. Se hizo célebre por su insoportable “bidi bidi bidi bidi”, como preludio a alguna frase.
Durante la primera temporada, la serie puso a Buck Rogers en todo tipo de situaciones: combatiendo a la princesa Ardala y a su mano derecha, Kane (interpretado en el episodio piloto por  Henry Silva y luego por Michael Ansara en la serie), a mercenarios espaciales, a un extraño profeta con poderes energéticos, infiltrando una prisión en otro planeta, participando en una versión futurista de los Juegos Olímpicos, protegiendo a una reina de belleza (elegida no por su físico, sino por sus genes) y hasta luchando contra un vampiro espacial.
Los guiones nunca fueron particularmente buenos y la serie siempre se movió al borde del género. Algo que se notaba demasiado al compararla con la otra producción de Larson, “Battlestar Galactica”, con un mayor peso dramático y de la cual incluso “tomaba prestadas” escenas, sobre todo la de la sempiterna nave de transporte entrando a algún hangar.
En todo caso, vale la pena mencionar que la producción, a lo largo de esta temporada, apuesta por reclutar actores de larga trayectoria, tal vez como una forma de enganchar mejor al público. Fue así como vimos a Frank John Gorshin, Jr. (El Acertijo en la serie “Batman” de los ’60), a Peter Graves (Jim Phelps, de la serie “Misión Imposible”), a Buster Crabbe (quien había interpretado a Flash Gordon en los años ’30) y Jack Palance (eterno villano de todo tipo de películas).
El primer ciclo cerró con bajo apoyo de los telespectadores y mala crítica. El propio Gil Gerard manifestaba entonces su molestia con la serie, exigiendo que le dieran una mayor profundidad a los guiones. Al punto que a fines de 1980, llegó a decir que prefería que no hubiera una segunda temporada. Pero la hubo.
Buscando a las tribus perdidas
El segundo ciclo de la serie dio un extraño e inesperado giro. Buck Rogers, Wilma y Twiki se embarcaron a bordo de la nave espacial “Searcher”, cuya misión era buscar los grupos de humanos que se habían dispersado por el universo tras la guerra nuclear de fines del siglo XX. En este punto, vale la pena recordar que esta idea de “las tribus perdidas de la humanidad” en el espacio es un eje fundamental de la trama de “Galactica”, pero al revés: los humanos sobrevivientes del gran ataque de los cilones recorren el universo en busca de sus “hermanos perdidos” que viven en la mítica Tierra. ¿Se acuerdan?
Volvamos a bordo del “Searcher”, nave de exploración al mando del almirante Efram Asimov, un supuesto descendiente del famoso escritor de ciencia ficción Isaac Asimov. A Buck, Wilma y Twiki se suman Hawk, un alienígena que en vez de cabello tiene plumas y que es el último de su especie; el doctor Goodfellow, un científico de avanzada edad y gran curiosidad (interpretado por Wilfred Hyde-White, el coronel Hugh Pickering de “Mi Bella Dama”), quien además es el creador de Crichton, robot que se cree tan superior que no puede aceptar que haya sido creado por seres tan imperfectos como los humanos.
Si en la primera temporada las cosas no convencieron, en esta nueva etapa no mejoraron. Las historias se volvieron aún más débiles e incluso la desaparición de personajes secundarios como el doctor Huer, el doctor Theopolis o la princesa Ardala jugó en contra, sellando el destino de la serie, la cual fue cancelada en 1981.
¿Qué más se puede agregar sobre “Buck Rogers en el siglo XXV”? Básicamente que fue una producción que buscó llenar un espacio en la televisión, pero que no logró convencer al público de la época. Y que para muchos hoy ocupa un lugar en la memoria más por efecto de la nostalgia que por la calidad de sus guiones o efectos especiales. A pesar de todo eso, sin duda, valía un merecido Retronerd.

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