Ayayai mi querida Star Wars

Por Sebastián González

Acabo de llegar del cine. Fui a ver Star Wars, el episodio VIII: The Last Jedi. Para hacer un contexto, más o menos rápido, les digo que a mi derecha, en mi velador, veo un Tie Fighter de madera que armé a principio de año. Un poco más lejos, en el estante, veo un X-Wing de Lego, un Darth Vader que imita la voz cuando le hablas y un peluche de Yoda que se para a su lado. Al fondo de mi escritorio se para el lightsaber de Qui Gon Jinn y tengo la certeza que detrás de mi clóset se esconden varias naves que antes colgaban desde el techo de mi pieza en una casa que recuerdo con nostalgia. En una casa donde viví mis mozos años infantiles disfrazándome de negro como lucía Luke Skywalker en el Regreso del Jedi.

Sí, soy un fanático de StarWars. No sé cuando fue que se me hinchó la sangre por este mundo maravilloso de ciencia ficción pero es algo que me es difícil explicar. Desde que mi papá me llevó a ver esa primera película que narra canónicamente el viaje del héroe es que sentí –y sigo sintiendo– a Star Wars como algo que me pertenece.

Para serles sinceros también soy alguien que disfrutó con las precuelas. Todas esas funciones las vi el mismo día de estreno y debo confesar que me gustan. Creo que sigo defendiéndolo indefendible con todo este mundo que siguió creando George Lucas con Anakin Skywalker. Sigo pensando que John Williams se lució con la música de las precuelas, y sigo creyendo que el uso del lightsaber por parte de los jedi escalaron de nivel a uno deslumbrante: la pelea de Anakin con Obi Wan la podría ver por horas. Pero lo más importante, me las banco porque más allá del uso de las pantallas verdes, son películas que no perdieron la esencia. George Lucas se las jugó, para bien o para mal, pero siguen siendo verosímiles en su mundo.

Pero vayamos acercándonos al punto. ¿Por qué escribo todo esto? Porque hace dos años apareció el Episodio VII. Volvió a aparecer Star Wars en nuestras vidas, volvió a aparecer esa saga que creímos tan lejana para volver a sentirnos como niños, para volver a renacer nuestro fanatismo que se escondía en algún lado oscuro de la fuerza. Compré la entrada con casi tres meses de anticipación y después de ver la película, en el día de su estreno, traté de convencerme durante semanas que me había gustado.

Pero no. ¿La razón? Muy simple: The Force Awakens jugó con algo con lo que no se juega ni se toca. Transformó la esencia. La película fue avanzando desde sus primeras escenas con motivos que no me calzaban. ¿Cómo era posible que un piloto rebelde –tratando de hacerse el chistosito– le faltara el respeto a un sith? Nunca había visto el uso de la fuerza para detener un disparo de rayo láser. Nunca había visto a un general tan desatinado en su carácter como Hux. Nunca había visto que se usara la fuerza para leer la mente.¿Quién era Snoke? ¿Quién era ese personaje del bar que tenía la espada de Luke? No quiero seguir con las coincidencias sin sentido ni tampoco con las escenas o referencias repetidas… y menos con la muerte de Han Solo.

No me gustó el principio y tampoco me gustó el final. Solo me topé con escenas que sentían que salvaban, pero en una película de Star Wars no pueden haber escenas que salven, para mí es al revés, deben haber muy pocas escenas que podamos juzgar y la película en su mayoría tiene que convencer, creerse dentro de su mundo, uno que ha sido construido con seis películas que la anteceden. Repito, seis películas.

Un año después vi otra película de Star Wars. No era un episodio sino un spin off llamado Rogue One. No me costó ni un segundo darme cuenta de la felicidad de mi cara al salir de la sala, me habían mostrado un respeto muy bien cuidado de lo que es la esencia de Star Wars. Rogue One es una película que mostró un cariño inmenso a lo que es la tradición, lo clásico, que se acerca mucho más a las primeras tres películas que crearon. Rogue One fue un verdadero regalo de navidad: era la película que estuve esperando desde la Venganza de los Sith. La sola caminata de Darth Vader masacrando a los rebeldes me valió más que el Episodio VII. Y fue una película que en lo tradicional supo innovar: tanto en sus naves como en sus mundos. Tanto en su historia como en sus personajes.

Pasó otro año. Solamente vi el teaser del Episodio VIII (I have a bad feeling about this)Pero no quise saber nada. No quería llegar con expectativas. Tenía la esperanza de que algo podía pasar para retomar el rumbo perdido. Ni si quiera compré entradas con anticipación, y aún así encontré en el mismo día de su estreno un asiento en un cine cerca de mi casa y partí a ver Los Últimos Jedi.

El Episodio VIII me confirmó esa amenaza que creía casi fantasma: mi saga de ciencia ficción perdió la esencia de sus antecesoras. Definitivamente perdió el rumbo. Sé que ya no había mucho más que hacer, ya era todo muy tarde si su antecesora había cambiado los paradigmas. Y no se trata de ser reacio al cambio, se pueden innovar cosas como así lo hizo Rogue One, pero no se puede modificar el alma de algo que ya tiene historia.

Salí del cine reclamándole a mi papá sobre la pérdida de esencia: ¿Quién era el líder supremo Snoke? ¿Por qué tenía tal manejo de la fuerza? ¿Porqué nos hicieron tantas expectativas con un personaje que después muere de forma tan estúpida? ¿Por qué me repitieron la misma escena de El Regreso del Jedi con Rey y Snoke? Que escena más floja, además me quedé con gusto a poco con la pelea de Rey y KyloRen contra los samurái de rojo.

¿Qué onda la princesa Leia? ¿Puede volar en el espacio y volver así como si nada usando la fuerza después de una explosión? ¿Por qué Poe Dameron puede enfrentarse solo a un Star Destroyer gigante así como si nada? Más encima vuelve a hacerse el divertido con el general híper tarado Hux. Fue una escena que me hizo apretar los molares. Ese Storm Tropper plateado –que figura fuera de la esencia– nunca tuvo ni pies ni cabeza. La persecución de los cruceros a los rebeldes fue eterna, en un universo tan grande no pueden haber escenas tan lentas. El planeta de los casinos y la gente rica lo percibí lejano a Star Wars, fue algo más parecido al Quinto Elemento o a Star Trek. Y volvimos a Hoth pero en la versión Salar de Uyuni. ¿Qué fueron esos movimientos Matrix de Luke contra KyloRen? ¿Por qué siguen repitiendo las referencias y los rituales? Volvemos a ver el mismo cuento de Yoda y Luke pero ahora con Luke y Rey, por decir uno.

No puedo negar que hubieron cosas que me gustaron, obvio si estamos hablando de un mundo que siento muy cercano, pero he comprendido que desde ahora en adelante tengo que intentar de aflojar la mandíbula y disfrutar de este nuevo mundo de Star Wars ilustrados en los Episodios VII, VIII y probablemente VIX.

Y, por supuesto, voy a seguir agradeciendo eternamente esas historias paralelas como Rogue One, porque si hay algo que tengo depositado en esas películas que vendrán es justamente la esperanza.

 

One thought on “Ayayai mi querida Star Wars

  1. Estoy absolutamente de acuerdo con tu opinión, creo que en el momento que Disney le puso orejas de Mickey a la mascara de Darth Vader sabíamos lo que venía…para mí los ep. VII y VIII se convirtieron en una secuencia de gags sin sentido y carente de la épica que logró construir la saga con las anteriores entregas, espero que los spin off que vienen rescaten algo de esa épica y no se transforme en una comedia, sobretodo con la historia de Han Solo.

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