‘El ejército de los muertos’: Una lamentable producción que nació muerta

Hay dos maneras de hablar de esta nueva película de Zack Snyder.

La corta: qué gran porquería.

La larga: argumentemos el juicio anterior.

Zack Snyder dirigió en su tierna juventud una de las mejores películas de zombis que recuerdo haber visto: ‘El amanecer de los muertos vivos’ en 2004, tremendo debut de Snyder como director que fue además el remake de ‘Dawn of the dead’ de 1978 del maestro George Romero, el patriarca de las películas de zombis.

Con ‘El amanecer de los muertos vivos’ Snyder tributó con calidad al maestro Romero. Todo gracias a un asfixiante ambiente, un mall convertido en paseo de muertos vivos (metáfora más viva que nunca, ¿no? en el Chile neoliberal en pandemia) y el liderazgo actoral de la talentosa Sarah Polley. Con ‘El amanecer de los muertos vivos’, Snyder parecía tener un futuro brillante en el cine. Fui de los que pensó eso.

Qué manera de equivocarme.

Dieciséis años después y varias torpezas y pocos aciertos de enorme presupuesto formando parte de su cuerpo de trabajo (‘Watchmen’, su corte fútil de ‘La liga de la justicia’, la mediocre ‘Batman vs Superman’, la infumable ‘Sucker Punch’ y la mejor ‘Man of Steel’ merced Nolan), llegamos a esta: su nueva película de zombis, ‘Ejército de los muertos’, estreno en Netflix y una nueva confirmación de que la promesa del cine de Snyder nunca se cumplió.

De hecho, esa promesa sólo decreció con cada nueva película, cuál más burda que la anterior y cuál con más e innecesarios efectos especiales que la anterior. Porque a medida que aumentaba los títulos a su haber como “director”, Snyder patentaba con un derroche de efectos digitales su rúbrica como autor, dejando de lado algo lo que parecía ser lo valioso de su opera prima: la recreación realista, detallada y con aspiraciones de lecturas sociales de la condición humana encarando el terror de lo irreal. Del fantástico. De lo sobrenatural. Esa interesante fuente de drama se diluía una y otra vez en acuarelas mediocres hasta llegar a esta: la más mediocre de todas.

Sinceramente para que una historia me importe, una de corte clásico, de género, la que sea, tengo que notar el desarrollo de los personajes en una zona donde no me parezcan de cartón piedra. Y eso es justamente lo que NO se ha hecho en esta película “muerta en vida”, liderada por Dave Bautista.

El musculoso héroe que ha elegido mejores roles que sus contemporáneos musculosos como Dwayne Johnson (el chiste le sale bien en Guardianes de la galaxia y en Blade Runner 2049 está contenidamente bien) se merecía una mejor película que esta bazofia. Bautista como Scott Ward, un outsider que debe regresar a Las Vegas infectada de zombis tras sostener en su conciencia una terrible culpa, escolta a regañadientes a su hija veinteañera como parte una expedición de renegados al corazón de un imperio de muertos vivos para abrir una bóveda antes de un ataque nuclear.

Es cierto que la película intenta rodear el cliché con algunas soluciones interesantes (los refugiados en la frontera con los zombis, usar Las Vegas como un set de la cultura chatarra) pero a pesar de esos intentos de CPR, esta lamentable producción nació más muerta que la alegría post dictadura en Chile.

Nada parece resucitar a esta autopsia hecha historia: desde un inicio inquietante, pero que luego se hunde en un coma profundo e irrecuperable. Por más intentos de maquillar la vida (¿por qué se abusa de esos primeros planos a foco y los fondos completamente blur?), ‘Ejército de los muertos’ no logra convencer ni un momento pese al derroche de recursos y vacíos efectos especiales.

De hecho, durante la autodestructiva carrera de Zack Snyder, este director y escritor (perdonen si me río) se ha convertido no en uno de los mejores cineastas contemporáneos, sino que en uno de los más grandes gerentes de efectos especiales de la industria. Da lo mismo si este señor tiene a Sir Laurence Olivier delante de su cámara, a Snyder sólo le va a preocupar “dirigir” trucos y como director de efectos especiales, sin duda lo hace menos mal como director.

Una paradoja crucial para un artista cuyo único talento es generar discusión en torno a sí mismo, pese a su completa ausencia de talento artístico. ¿Cómo recupero ahora todo el tiempo que perdí viendo estos 148 minutos? Un tiempo muerto que ya no volverá. Nunca más.

Ficha técnica:

  • Título original: Army of the Dead
  • Año: 2021
  • Duración: 148 min.
  • País: Estados Unidos.
  • Dirección: Zack Snyder
  • Guion: Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold. Historia: Zack Snyder
  • Música: Junkie XL
  • Fotografía: Zack Snyder
  • Reparto: Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone.

‘The Mandalorian’ Temporada 2: La Fuerza que nos devolvió ‘Star Wars’

Calificación:

Es tan reconfortante concluir que la marca ‘Star Wars‘ se encuentra en un renacimiento definitivo de la mano de Jon Favreau y Dave Filoni: verdaderos guardianes éticos y estéticos de una franquicia dejada a la mano de Dios cuando el corsario J. J. Abrams la destruyó y convirtió en un mero infomercial para poner en vitrina juguetes nuevos.

Después de exponerme a dos temporadas de  ‘The Mandalorian’ (responsabilidad de Favreau y Filoni) y cuyo último capítulo, ‘El Rescate’,  disponible desde hoy Disney+, sólo me resta decir que el espíritu original de la saga respira sano y fuerte de nuevo. El actor chileno-norteamericano Pedro Pascal como el guardián mandaloriano de un “Niño Yoda” perdido en un mar de confusiones tras el fin del Imperio y el ascenso de la Nueva República, es metáfora suficiente de la protección que hay que ejercer sobre ‘Star Wars’ para evitar que piratas y gente sin talento le haga más daño del ya realizado.

Creo que represento a muchos cuando digo que ver de nuevo los paisajes de Tatooine y asistir, en general, otra vez a los escenarios, naves y personajes de la primera trilogía, Jawas, Merodeadores de las Arenas, Mos Eisley, Hott, Stormtroppers, cazas Tie, X-Wings, espadas lásers, jedi de verdad, no sólo es un acto de nostalgia: es revisitar esos viejos amores, pero con un punto de vista nuevo y vital. Y este nuevo prisma consiste en dotar de protagonismo a los personajes de segunda línea, que antes ocuparon el mero telón de fondo en la trilogía original.

Además, ‘The Mandalorian’ lo que ha hecho es hablar del gran tema que cruza la saga  ‘Star Wars’, y es ese asumir la paternidad y velar por los hijos como si el mundo se fuera a acabar. El mando y ‘El niño’ (The Child) no lo saben al inicio de su encuentro en el capítulo 1 de la serie, pero son un padre y un hijo que van a recorrer un largo camino juntos. “This is the way”, como reza el mantra de los mandalorianos y que es el nuevo “Use the Force” de la franquicia clásica.

Mandalorianos y Jedi, eternos y mortales enemigos como se menciona en la serie, son ambos, un tipo de samuráis que se mantienen como ejemplares en extinción en un mundo que cambia constantemente. El código de honor es lo primero para ambos. El deber ser. Mandalorianos y Jedi de este modo se aíslan, se ponen sobre el mundanal ruido y aunque no sean oficialmente lo que parecen ser (Ahsoka Tano, que renunció a la orden jedi; Boba Fett, clon que heredó su traje mandaloriano de su “padre” Jango Fett), en esta nueva frontera se sirven de las apariencias para lograr lo más escaso: la idea de un orden, ya que se ha perdido para instaurar uno nuevo. Y en ese vacío que implica el reemplazo de un poder por otro, aparece una zona anárquica y salvaje. De película de vaqueros, la verdad. 

De hecho, esa sensación de un mundo que está en proceso de modificación, donde en verdad no importa si gobiernan los pro Imperio o los pro República porque al final igual va a faltar el pan, es la instalación de una idea destacada de la serie, porque es la base para que el gen del western funcione: un mundo al mismo tiempo en destrucción y fundación, sin Dios ni Ley, hay bandoleros, outcasts, los buenos, los malos y los feos.

Y hablo de películas del oeste porque es otra de las vestimentas que la serie usa para revivir en gloria y majestad la identidad ‘Star Wars’. La cantina, el héroe solitario, los duelos, el paisaje desértico, se reintegran como valores primarios a la hora de continuar la aventura narrativa de este spin off para streaming que posee más calidad artística que los cuestionables Episodio VII, VIII y IX.

“La gente en verdad cree que quiere libertad, pero en verdad quiere orden”, dice un oficial del imperio en el capítulo 14. Se trata de una gran frase porque define con certeza el tono y manera de abordar este universo creativo ambientado sólo cinco años después de ‘El Regreso del Jedi’.

Es decir, después del fin (la única trilogía buena), se inicia con ‘The Mandalorian’ a dibujar un nuevo círculo. Es cierto, seguimos presenciando una pieza de matiné, pero con los pies en la tierra y donde las ponderaciones a escala humana —por mucho alíen que haya en el cuadro— es la norma con la que se mide la unidad de acción. Es decir, ambivalencias morales, ni buenos ni malos, sólo una gran área de flexibilidad y cambios donde los habitantes de este universo tratan de sobrevivir a la vista de lo ocurrido hace cinco años: cuando unos lunáticos rodeados de osos de peluches en la luna de Endor celebraban  el exitoso “ataque terrorista a la segunda estación espacial Death Star que dejó millones de muertos”.

Esa línea, de otro piloto imperial, es también una de las genialidades que el team de  Jon Favreau y Dave Filoni pone de relieve en esta relectura más compleja y por eso dramáticamente más rica de ‘Star Wars’. No se trata de una apología a los malos. Para nada. Pero se trata de darle más tridimensionalidad y reflexión a un mundo que sigue siendo coherente a la línea argumental de los Episodios IV, V, VI y sobre todo a los estupendos aportes a la franquicia de las animaciones ‘Rebels’ y ‘Clone Wars’.

‘The Mandalorian’, con sus perfectos capítulos ‘The Jedi’ y ‘El rescate’, y una estupenda performance general, me ha devuelto la fe en esta saga. Ya con volver a ver a Luke Skywalker yendo al rescate de ‘The Child’ en una de las mejores secuencias de la franquicia, me doy por pagado y sólo me resta decir: La Fuerza es fuerte en ‘The Mandalorian’ porque “This is the way”.

Ficha Técnica

Título original: ‘The Mandalorian‘.
Año: 2020.
País: Estados Unidos.
Dirección: Jon Favreau (Creador), Jon Favreau, Dave Filoni, Rick Famuyiwa, Bryce Dallas Howard, Peyton Reed, Robert Rodriguez, Carl Weathers
Guion: Jon Favreau, Dave Filoni, Rick Famuyiwa (Personajes: George Lucas)
Música: Ludwig Göransson.
Reparto: Pedro Pascal, Gina Carano, Giancarlo Esposito, Sasha Banks, Carl Weathers, Timothy Olyphant, Horatio Sanz, Omid Abtahi, Mark Kubr, Barry Hanley, Michael Biehn, Rosario Dawson, Temuera Morrison y Katee Sackhoff.

Asif Kapadia, documentalista: “Diego Maradona es la contradicción, es el ángel y el demonio”

A propósito de la muerte de Maradona, revivimos la entrevista al ganador del Oscar, Asif Kapadia, director de un lúcido retrato, tanto al lado oscuro como la faceta luminosa del ex astro del balompié argentino en su documental ‘Maradona’, un trabajo que fue bien recibido en el Festival de Cannes 2019.

Una de las interesantes hipótesis que lanza el revelador documental ‘Maradona’, estrenado en el Festival de Cannes 2019, es que dentro del ex 10 de la selección argentina, el recién fallecido Diego Maradona, había en verdad dos personalidades que chocaban: Diego, que fue el humano real, el chico de la barriada, el niño sensible que luchó por sacar a su familia de la miseria; y estaba Maradona, el personaje fanchote, duro, una máquina en la cancha, que se inventó Diego y que usó como herramienta para cumplir el anhelo de salir de la miseria siendo el mejor jugador de fútbol del mundo.

Y lo logró. Pero un par de declaraciones en el documental llaman la atención. Por ejemplo, un exentrenador o excompañeros prefieren mil veces a Diego que a Maradona. Prefieren al “buena gente” que al semidiós, en quien debió convertirse el deportista para tocar el cielo.

El documentalista Asif Kapadia, ganador del Oscar al Mejor Documental por su soberbio retrato ‘Amy’ de la autodestructiva cantante inglesa Amy Winehouse, también tiene clara su preferencia.

“Creo que Diego…, pero es el mismo tipo. Él es ambos…, es la contradicción, es el ángel y el diablo. Es el tipo que realmente quieres y que es divertido, y con el que te quieres juntar. Y también tienes a este tipo raro que si tienes una pelea, tú lo querrás, y eso es lo que creo que es increíble de este hombre”, decía el director sobre un Maradona aún vivo.

—¿Y cómo fue trabajar con él, que estaba mayor y enfermo?

—El hombre con el que me encontré es realmente encantador, cuando está en un buen día, está feliz. Es un hombre realmente cautivador, realmente amable y educado. Tuvimos una conversación realmente buena, su cerebro está bien, recuerda historias, es un muy buen contador de historias y muy carismático. Pero en otras ocasiones, cuando estaba cansado, no le gustaba hablar, y te dabas cuenta que no era el día para hacerlo y que había que volver otro día. Como realizador, cuando miras atrás, a lo mejor nos pasa a todos nosotros, la persona sobre la cual hacía una película en 1994, 1995 y 1996 en Nápoles, es como alguien que es una persona diferente, es un ser humano distinto ahora…, y cuánto recuerda de ese hombre y, como todos, hasta dónde cambiará esa historia. Así que cuando hice la película sabía que quería hablar con él, porque todo lo que vi y lo que investigué es la historia que es, pero cuando le preguntas a él te entrega una respuesta completamente diferente. Aun cuando sea su vida y es quien estuvo ahí, a veces hay que preguntarse si es el mejor testigo de su propia historia. Ése es el desafío.

El documental se centra básicamente en sus años jugando en el Nápoles: un equipo caído en desgracia, al borde de la tabla de posiciones y cuyo ascenso despega con el fichaje de un Maradona que venía de jugar en España. A través de valiosas imágenes de archivo, el filme se desarrolla con escenas que conciernen a esa época y los años que pasó en Italia, y que incluyen sus espectaculares jugadas en el Mundial de México 86, como su polémica “Mano de Dios” contra Inglaterra.

—¿Por qué decides tomar ese momento en Italia?

—Porque estuve tempranamente haciendo investigación en Argentina y después estuve investigando en Barcelona. Y bueno, en la película tenemos una versión larga del joven Diego en su país, en Argentinos Jr. y en Boca, y después tenemos una larga parte en España y una sección realmente larga en Cuba.

—Así que podrían hacer una serie de televisión sobre eso…

—Podríamos hacerlo, pero mi intención era hacer una película. Estaba pensando en hacer algo para que personas que no están interesadas en Maradona y que no les gusta el fútbol puedan ver esta película. Y tuvimos que tomar una difícil decisión, que era saber cuál era la principal historia, cuál era el lado grande, cuál tenía que ser la parte más extensa, y cuándo fue que se convirtió en el mejor jugador del mundo: Nápoles, cuándo fue que ganó el Scudetto; o Nápoles, cuándo fue que comenzaron todos sus problemas.

LA EXPOSICIÓN DE LOS DÍAS OSCUROS

En la película se habla sin tapujos de su adicción a la cocaína, de su relación con la mafia napolitana, La Camorra, y del nacimiento de un hijo fuera de su relación oficial en Italia.

—¿Tuviste alguna presión o alguna opinión de Maradona respecto a no mostrar algo como lo de La Camorra o la cocaína?

—Yo le hablé acerca de todo esto y no hubo presión para no mostrar aquello, porque todo sucedió, y sabemos que la persona que llegó a Nápoles es muy diferente a la persona que dejó Nápoles. Algo pasó entremedio, pero no quería hacer una película estilo tabloide o controversial, no era mi intención. Quería ser neutral, mostrarlo, preguntarle, hablar sobre lo que pasó…, así que bueno, es parte del drama que pasó, alguien se volvió adicto, en alguna medida se volvió adicto y tuvo problemas de adicto, así que teníamos que tratar eso de una manera sensitiva.

—¿Y sobre su primer hijo que no reconoció al inicio?

—Honestamente, cuando comencé a hacer la película pensé “no me interesa con quién tuvo una relación, no me interesa”. Yo no leo revistas ni veo programas de ese tipo. Y después comienzas a hacer la película y dices “esto es importante, es realmente importante”. Es un punto importante en su vida, y creo que hay un antes y un después de Diego Jr. Puede ser una coincidencia, pero yo creo que no lo es. Creo que la gente cubre con drogas, alcohol y cosas por el estilo el dolor de mentir. Y creo que hubo un dolor que él mismo tuvo de haber sido un hijo no reconocido, y eso marca un cambio en su carácter y coincide con el triunfo de la Copa del Mundo, cuando se convierte en alguien poderoso, en el mejor jugador del planeta, y a partir de entonces, ves que su rostro es distinto…, si lo miras antes y lo miras después, te das cuenta que no es bueno mintiendo.

—Las secuencias del partido de Argentina contra Inglaterra en el Mundial de México 86 fluyen muy logradas ¿Cómo fue para ti y tu equipo trabajar esas imágenes de archivo?

—Todos los de mis equipos han hecho películas para el cine y eso es lo que yo quería, que no se viera con la estética de un documental…, que fuera una gran película y que sonara así. Y tuvimos la oportunidad de hacer en el Lumiére Cinematique el sonido, la canción y las voces. Y las canciones son increíbles, las letras de Argentina son particularmente brillantes, pero es una cosa que con la traducción inglesa se pierde el humor de las canciones, que en realidad son muy divertidas. Así que para mí era importante dar esa energía de lo que era estar en un estadio, y el drama, y luego poner eso también en los efectos especiales. Yo traté de hacer la versión más honesta de la vida de Diego, de mostrar que lo que le sucedió a él, a todo el mundo le puede suceder, y que también hizo lo que otros jugadores hacen. No quería juzgarlo, y es como que la gente tiende a juzgar y a decir “Oh, miren, es un tramposo”, pero todos los jugadores hacen eso. El fútbol es un deporte de engaños, eso es lo que decía la frase de Menotti, tienes que hacer lo que tienes que hacer para ganar, engañar a la gente, porque eso es el fútbol.

‘Perrote y la umbra del sol’: Capítulo 10, parte 2

Atrapados.

Ha llegado el final del camino. Se cierra el primer arco argumental de ‘Perrote‘, historieta del ilustrador nacional, Víctor Silva, quien ha demostrado una gran capacidad para mover la cámara, como si esto fuera la mejor película de acción.

No tienen nada que envidiarle Otomo, Katsihiro. ‘Perrote‘ es una obra completísima que habla acerca de un mundo post apocalíptico y con solo ver su diseño de producción, sus personajes, su detalle, uno cae rendido.

Bueno, sin más preámbulos sólo les recuerdo que pueden adquirir el Integral de ‘Perrote‘ en papel desde ahora: se trata de una hermosísima edición.

‘Perrote y la umbra del sol’: Capítulo 10, parte 1

Una nueva batalla para sobrevivir.

En esta nueva edición de ‘Perrote‘ de Víctor Silva, nuevamente somos testigos de la infinita capacidad que tiene este artista nacional, para mover la cámara como si esto fuera la mejor película de acción.

No tienen nada que envidiarle Otomo, Katsihiro. ‘Perrote‘ es una obra completísima que habla acerca de un mundo post apocalíptico y con solo ver su diseño de producción, sus personajes, su detalle, uno cae rendido.

Bueno, sin más preámbulos sólo les recuerdo que pueden adquirir el Integral de ‘Perrote‘ en papel desde ahora: se trata de una hermosísima edición.

‘El Mandaloriano’: Un lujo que honra el valor inapelable de la paternidad

Calificación:

En la saga original de ‘Star Wars’ el único padre que aparece en escena es un mal padre: Dart Vader, exjedi y ex Anakin Skywalker y la saga básicamente es sobre su redención frente a su heredero: el joven aprendiz de Jedi Luke Skywalker cuyo progenitor le corta la mano para decirle “Yo soy tu padre”.

Pura buena onda.

Ahorrándose seis películas, la maravillosa serie ‘El Mandaloriano’ cubre más o menos lo mismo, pero en menos rango temporal y quizás más al hueso: Mando (con la voz de Pedro Pascal) es un mandaloriano, uno de los últimos de su especie, cazador de recompensas mateo y cuadrado que se humaniza como nunca imaginó cuando elige sin pensar, proteger y adoptar a una guagua de “sólo 50 años” de la misma raza que Yoda: The Child.

‘El Mandaloriano’ es entonces sobre cómo un padre —no biológico, que escoge serlo, en vez de que le toca serlo— viaja con su pequeño vástago adoptado por el parque temático de ‘Star Wars’, pero como ninguna serie o película de la saga lo había hecho antes.

El showrunner Jon Favreau mueve a este dúo dinámico por los clásicos set de la primera —y mejor trilogía— y así pronto caemos en la cuenta de que su cámara registra todo con el mismo espíritu de la cinta original de George Lucas: es decir, espíritu de western filtrado por el aroma de matiné, donde lo que importa es la aventura misma más que las sobreexplicaciones y las quintas derivadas que no aportan nada.

‘El Mandaloriano’ sabe perfecto cuál es su identidad, aunque al héroe no se le vea la cara. Este es un habitante de un universo imperfecto, con bares con tipos duros, cazarrecompensas sin Dios ni Ley, con soldados imperiales aún haciendo de las suyas y una Alianza Rebelde controlando apenas lo ganado justo después de ‘El regreso del Jedi’.

Y esto es esencial para comprender lo bien que funciona este producto. Aparecen a cada momento, decorados, personajes, naves, fondos, que hemos visto en la saga original, pero Jon Favreau los reutiliza y les da un nuevo significado y vuelta para que su ejercicio narrativo sea más que un simple acto de nostalgia.

Y creo que esa es la clave. Jon Favreau entiende que esto no debe ser conjugado en modo pretérito, nostálgico, como algo lindo que ya pasó y no volverá. Todo lo contrario, su genialidad es ‘contar’ este cuento como si fuera un eterno presente. Ahora mismo, como si estuviera pasando en este instante frente a nuestros ojos.

La historia de Mando y el niño, tanto en su primera como en la actual segunda temporada, puede comprenderse en una lectura interpretativa como la experiencia de un fan adulto que revive de nuevo su pasión por ‘Star Wars’ junto a su hijo, viviendo ambos una conexión “actual” y “presente” de un relato más viejo que el hilo negro: la épica de una aventura de matiné. Pero reactualizada, registrada y puesta en cámara como si el tiempo se hubiera detenido a inicios de los años 80s, como si expandiera y rindiera tributo a la estética de ‘Star Wars’ de su edad de oro.

O sea, tras varios episodios en el cuerpo de esta maravillosa serie, resulta un deleite ver cómo revisitan Tatooine, se meten con los Monstruos de las Arenas para “humanizarlos”, o se “dialoga” con los Jawas o vemos a Mando y The Child volando en deslizadores imperiales sobre las dunas y que imaginamos no se cuántas veces que volábamos en los bosques de Endor siendo niños (hablo por las y los cuarentones como yo).

La Fuerza es fuerte en ‘El Mandaloriano’: un lujo que honra el valor inapelable de la paternidad y tributa la idea de reconocer no sólo a un hijo, sino que además de cómo el heredero —la serie en sí misma— mira con devoción a su fuente de origen, una saga criticada, pero jamás igualada. Hasta ahora por lo menos. Porque ya lo dice el viejo dicho: de tal astilla, tal palo pues.

Ficha Técnica

Título original:The Mandalorian‘.
Año: 2019.
Duración: 40 min.
País: Estados Unidos.
Dirección: Jon Favreau (Creador), Dave Filoni, Deborah Chow, Rick Famuyiwa, Taika Waititi y Bryce Dallas Howard.
Guion: Jon Favreau, Rick Famuyiwa, Christopher Yost (Personajes: George Lucas).
Música: Ludwig Göransson.
Fotografía: Greig Fraser y Barry Idoine.
Reparto: Pedro Pascal, Gina Carano, Carl Weathers y Werner Herzog.