La obra perfecta de Scorsese o por qué amamos “La invención de Hugo Cabret”

 

Se estrena en Chile esta película que te agarra y no te suelta. "La invención de Hugo Cabret", el primer trabajo en 3D del veterano Martin Scorsese, el mismo violento toro salvaje de "Taxi Driver", derrocha todo lo que la técnica, la relojería del avance y los engranajes del cine moderno puede ofrecerte como espectáculo. Y toda esa parafernalia, todas esas imágenes saliéndose de la pantalla, todo ese vértigo visual con que comienzan las tres dimensiones de "La invención de Hugo Cabret" tienen su piedra angular, sin embargo, en algo anterior, antediluviano, en algo del pasado y algo que sólo maestros como Scorsese pueden transmitir: una telúrica emoción de maravillarse con el cine. Con la magia del cine en sus más sinceras y honestas raíces.

"La invención de Hugo Cabret" está basada en la maravillosa novela que mezcla textos con ilustraciones como los dioses, una maravilla escrita y dibujada por Brian Selznick. Es un libro objeto que ustedes, queridos nerdnewistas, deben leer y que ya pueden comprar en Chile en la librería Que Leo, por ejemplo (además de participar en nuestro concurso para ganar un ejemplar del mismo). Y la película de Scorsese, como si fuera un libro abierto, es felizmente fiel a esta pieza mayor sobre un niño de 12 años, Hugo Cabret, quien vive escondido en las murallas de una estación de trenes en el París de los años 30, como un ser invisible, solitario, con la única obsesión de arreglar, de reparar un pequeño hombre mecánico, un autómata que le dejó su padre como único recuerdo antes de su sorpresiva muerte.

Porque en "La invención de Hugo Cabret" estamos ante la historia de un niño huérfano y lo que vemos es cómo este chico trata de sobrevivir en la jungla hostil de la realidad, simbolizada en la estación de trenes, con un pesado juguetero de nombre George (Sir Ben Kingsley) que lo atrapa robándole resortes y pedazos de juguetes -que, claro, el niño ocupa para tratar de reparar al autómata-, con un guardia sin mucha cabeza (Sacha Baron Cohen) y, lo que parece ser su único bálsamo: la "nieta" postiza del juguetero, la niña Isabelle (Chloë Grace Moretz).

Al duro de Scorsese, de este modo, se el ablanda el corazón con estos dos niños, Hugo e Isabelle, dos candidos testigos de lo que significa maravillarse por primera vez con algo, con descubrir, en el caso de Scorsese como testigo de cargo, una experiencia que, para bien, te cambiará la vida. Y en el caso de Hugo, de la niña Isabelle, será presenciar el naciente cine de los años 30 y, algo mejor, descubrir las fantásticas innovaciones de Georges Méliès: el innovador mago francés del cine que en los inicios del cine, hace poco más de un siglo, innovó con los primeros trucos. Asombró a la gente, virginales espectadores, con efectos básicos en esos días, pero llenos de espectacularidad : gente desapareciendo frente a los ojos de los atónitos espectadores, cortinas de humo, viajes a la Luna, etc.

"La invención de Hugo Cabaret", más que un homenaje al cine, como se ha dicho hasta el cansancio, es, en nuestra modesta interpretación, un tributo a la imaginación, a la creatividad, a la fantasía y también a la ciencia ficción en el cine. Georges Méliès fue un mago pionero, un antepasado directo de George Lucas, de James Cameron, de Ray Harryhausen y de todos aquellos creadores que han presionado a fondo el acelerador de la delirante fantasía en las películas.

En Nerd News amamos la obra perfecta de Scorsese, "La invención de Hugo Cabret", porque resume todo los grandes actos de la vida que, modestamente, importan: la búsqueda de tu lugar en el mundo, la creación, la inocencia, el amor, sobre todo el amor, y sí, es una larga lista de clichés, pero, saben, nunca se han usado tan bien como en esta película que saca a la luz la misma emoción que debieron haber sentido los primeros espectadores de las primeras películas de Méliès.

Amamos "La invención de Hugo Cabret" porque recupera un viejo tesoro, que se creía perdido. Recupera un viejo truco y lo enchula, con el 3D, con la energía visual de Scorsese -un real amante y cinéfilo-. "La invención de Hugo Cabret" nos recuerda de qué material están hechos los sueños.