Imperdible Masterclass: ‘Akira’ y su predictivo apocalipsis

Existe la tesis de que ‘Akira’ (1989), la brillante película del director japonés Katsuhiro Ōtomo, es la catalizadora del pensamiento apocalíptico actual, y no sólo en Japón. La sublimidad postnuclear, le llama la erudita y crítica de cine japonés, Freda Freidberg, concepto que acuña las obras animadas, en especial la de Ōtomo, que a través de la memoria colectiva nipona, en especial el recuerdo de las bombas nucleares lanzadas en Nagasaki e Hiroshima, realzan la naturaleza del miedo, el caos, y también la desnaturalización del fin.

Akira’ además de mostrarnos en su trama una tragedia apocalíptica —de forma obvia—, también hace críticas entre líneas, y a veces, bastante explícitas a la sociedad, especialmente en lo que respecta al mal uso de la tecnología y la falta de moral y valores sociales de quienes gobiernan Neo Tokio, ciudad espejo, de grandes alturas, que bajo sus cimientos oculta la más cruel de las miserias.

—Vi ‘Akira’ más o menos a la misma edad que vi ‘Blade Runner’. Me sentí súper interpelado. Era chico y me sonaba a la misma idea de ‘Blade Runner’ del año 82’ que hablaba de un futuro probable y además combinaba súper bien con toda esta idea de que una bomba nuclear lo puede estropear todo. Y yo siendo también un joven, me tocó muy fuerte este discurso de la película que muestra cómo niños son dejados de lado por un estado incompetente donde la posibilidad de un futuro está cortada. Ya viéndola más viejo, toda esa reflexión acerca de un futuro súper nihilista se hizo realidad, especialmente con una pandemia que nos tiene entre cuatro cuerdas, mundialmente hablando. Además, eso se suma a este momento histórico en Chile donde tenemos un régimen completamente inútil y pernicioso que no sólo no nos protege del virus, sino que tampoco es capaz de ser un estado solidario en la peor crisis económica del país en décadas.

Cuenta Ernesto Garratt, crítico de cine, escritor y también director de nuestro medio, quien este martes diez de noviembre a las 19:30 horas, dictará una masterclass de ‘Akira’ y su predictivo apocalipsis actual, a través de Radiodemente.cl (más información en www.radiodemente.cl) y en exclusiva nos da un adelanto de esta charla, en un fluido diálogo.  

—Con relación a ‘Blade Runner’, la película es estéticamente muy parecida y yo creo que debe tener influencia de esta porque ‘Blade Runner’ es del 82’ y ‘Akira’ es del 88’…

—De hecho, Ōtomo ha reconocido que ‘Blade Runner’ es una influencia en su trabajo. ‘Blade Runner’ de alguna manera fue una de las inventoras visuales de lo que se llama el ‘cyberpunk’, que es este futuro de alta tecnología pero con una bajísima calidad de vida en el que vemos diferencias sociales abismantes, donde los pobres son mayoría, la gente vive mal pero tiene acceso a la alta tecnología y hay una élite que controla todo. Esos principios del ‘ciberpunk’ están reflejados en ‘Akira’, y también el juego con el neón, donde en el fondo hay megaciudades, hay una visión nocturna de la vida. Eso sirve mucho para jugar con los contrastes y hablar de manera metafórica acerca de la oscuridad en la que vivimos. El vaso comunicante entre ambas producciones es súper evidente.

LOS NIÑOS COMO VÍCTIMAS DEL SISTEMA

—Hay otro concepto en el que creo son similares y es el del padre ausente. Los niños de ‘Akira’ son como los niños del Sename que no tienen apoyo del gobierno y son huérfanos. En ‘Blade Runner’ tenemos a los androides que también son huérfanos y buscan a su creador porque quieren sobrevivir, tienen como un llamado a “matar al padre”…

—Sí, netamente ‘Akira’ se trata de jóvenes sin padres que están alejados de cualquier cuidado. Eso es súper evidente también en el nexo con ‘Blade Runner’, donde vemos estas creaciones, estos hijos abandonados, en busca del sentido de sus vidas y del creador que les dio esa vida. Ese es el gran tema de la saga Blade Runner y se acomoda súper bien a ‘Akira’ como tema secundario, donde vemos a estos grupos de niños “Sename” como Tetsuo y Kaneda que tratan de validarse y de sobrevivir en un ámbito súper hostil, desde ese punto de vista las dos películas también comparten eso. Y esa figura que acabas de decir, la idea de estar buscando un responsable o viendo más bien como no hay un responsable. En el caso de ‘Akira’, adultos que no son capaces de tomar al toro por las astas y dar una directriz correcta para salir de la crisis permanente en la que se encuentra Neo Tokyo. Katsuhiro Ôtomo, con la pluma genial que tiene, nos grafica tanto en el manga como en el anime una ciudad inmensa, de proporciones mega gigantescas, donde podemos ver una cantidad brutal de crisis tras crisis, marchas estudiantiles, protestas contra el gobierno, tal como lo pudimos ver acá en octubre pasado, en dictadura y durante todo el proceso de estas marchas que ocurrieron el 2006 y 2011. En el fondo lo que hay es una represión cada vez más fuerte de las fuerzas policiales del estado contra estos jóvenes que tienen una lucidez para distinguir lo que a lo mejor vendría a ser valóricamente correcto o incorrecto, pero Kaneda y Tetsuo se ubican en ese lado más cínico, son personajes que no luchan persé con los ideales sino que se meten en esos bandos de una manera accidental por así decirlo.

—Esto también tiene que ver en parte con la Segunda Guerra Mundial, por las bombas gemelas arrojadas en el ’45 porque muchos jóvenes quedaron sin padres, ya que la película empieza con un holocausto…

—En el fondo la bomba nuclear es como un símbolo de cambio y de pérdida de sentido que marca el inicio de ‘Akira’. Por lo menos en el anime, esa bomba es lo que evita que se recree de nuevo esa “autodestrucción” y en el fondo para mí también representa esa necesidad de la búsqueda de identidad. En ‘Akira’ vemos que todos los referentes son súper occidentales, las motocicletas, las formas de vestir, el modo de vida, la ciudad misma, que termina siendo un reflejo o espejo de lo que vimos después de la Segunda Guerra Mundial cuando Japón pertenecía al eje y son invadidos por Estados Unidos. A raíz de esto, las producciones cinematográficas japonesas empiezan a ser víctimas de la censura, nada que involucre realzar la figura paterna del emperador japonés puede ser publicado. En ese sentido, ‘Akira’ es un gran resumidero del sentir cultural y social y del trauma que significa una bomba nuclear. Esto se logra mirando a los niños del pasado, es decir, mirando a estos niños con superpoderes que crecieron siendo conejillos de India de este nuevo Japón que miraba un futuro sin mirar su pasado. Así es como logran de alguna manera encontrar herramientas para el final de la película tener esa especie de semillita de luz que recoge Kaneda y la trata de alojar en su corazón. Entonces eso es súper interesante como reflexión y estructura metafórica para entender por qué ‘Akira’ funciona de esa manera. La mirada de Katsuhiro Ôtomo de esta sociedad súper occidental, es una visión muy decadente en esta película de hace 32 años que tiene un punto de vista bastante distante y poco complaciente de lo que representa el capitalismo versus esa manera de ver la vida.

—Esto suena como una celebración a la reconstrucción del propio ser, del propio Japón…

—Claro, nosotros vemos en la película que ‘Akira’ es un niño con un enorme poder que ha sido cortado en miles de pedazos, ha sido sometido a miles de exámenes, y es porque había que controlarlo. Toda la película trata de cómo controlar el poder, cómo occidente puede controlar a Japón, y ¿cómo lo controla? Poniéndole un poder más fuerte que es el nuclear, eso es lo que representa este niño considerado casi un Dios. Esa imagen es súper fuerte y también tiene un correlato muy hermoso que significa controlar a la juventud. Cuando nosotros crecemos y tenemos ideas propias nos tratan de controlar para que no miremos más allá de lo que se supone que podemos hacer. Piensa tú lo que pasó en Chile con el salto del torniquete de los jóvenes. Ellos estaban hartos de ver cómo el modelo explotaba a sus padres a quienes no veían, o no ven, porque están todo el día trabajando para darles la educación miserable que se supone los va a sacar del subdesarrollo. Ellos son como estos jóvenes que se atreven a faltarle el respeto a los adultos en esta banda de motociclistas porque sienten que no lo merecen. Da la sensación que el mundo de los adultos es un lugar que parece el fin del mundo más que un inicio de una nueva historia. Si te fijas, los paralelos de una sensación apocalíptica entre ambas cosmovisiones, la de Neo Tokyo y el Santiago de 2019, son muy parecidos.

—En cuanto a Tetsuo que fue la víctima de esta experimentación, si hablamos en forma metafórica, se podría interpretar como los experimentos sociales o administrativos de los gobiernos con la gente…

Sí, porque experimentan con la juventud. Es lo que nosotros hemos vivido como sociedad. Yo siendo un joven que el 88’ estaba por la opción NO a Pinochet, he sido un objeto de experimentación de este modelo económico durante 30 años, lo mismo que los jóvenes en ‘Akira’ experimentaron. Se supone que nos dicen que tenemos un poder con las tarjetitas de crédito, lo material, pero en el fondo te das cuenta que el mensaje de la película, esta metáfora tan linda que hay, que te recuerda que sin conocer tu pasado, sin mirar tu propia introspección, tal vez no estás preparado para manejar ese poder porque te terminas convirtiendo en un monstruo. Tal como le pasó a Tetsuo, que se convirtió en un ente que absorbe energía y destruye todo lo que está a su alrededor. Es como cuando dejas que los grandes empresarios de este país te controlen. Para empezar, tenemos todas esas zonas de sacrificio que son donde más votaron apruebo por una nueva constitución, son personas que tienen daños de salud enorme, es la analogía de cómo Tetsuo destruye todo. Y en definitiva es eso, darle poder a personas que no están preparadas para controlarlo, personas que tienen esta mentalidad egótica e infantil. Por eso es tan contingente la comparación con lo que pasa hoy en día, y también el acento propio de este tipo de creación es muy importante hacerlo en los personajes adolescentes. Y ojo, ‘Akira’ fue hecha el 88’, el mismo año que nosotros votamos SI y NO, entonces las sincronías que existen son fabulosas porque se acercan mucho a la realidad.

EL ROL FEMENINO EN SUS EXTREMOS

—En cuanto a esa metáfora que tú mencionas, el reflejo también está en las figuras femeninas. Hay dos figuras femeninas en la película, que pueden representar la ambivalencia nipona, que son la víctima con la novia de Tetsuo, y por otro lado tenemos a Kei que yo la leo como la otra parte de Japón, la más poderosa, que quiere construir una sociedad buena y que es fuerte…

—Kei, es una figura súper fuerte, es una mujer muy determinada para la época, de hecho ella se confunde en el grupo de Los Rebeldes como si fuera una figura masculina, es bien andrógina en ese sentido. Si te fijas, ella es como un rebelde más y Kaneda es quien le da características femeninas cuando se fija en el centro de detención que Kei es bonita y hace que la liberen. Pero lo hace más porque le había gustado, no porque sepa que Kei va a ser detenida porque está dentro de los registros policiales como uno de los sospechosos que están siendo buscados, es el primer atributo heteronormado que le da Kaneda. Pero, en general todos los atributos que vienen después o antes de eso manifiestan que son una pareja de igual a igual y demuestra lo fuerte que es. Ôtomo da en el clavo con la construcción de Kei como un personaje femenino versus la novia de Tetsuo, que al igual que él, tiene esta especie de debilidad frente al poder porque no se rebela contra el. Como Tetsuo, que tampoco absorbe bien el poder, no lo controla, y la novia se deja apabullar por su educación tal vez, por su rol de constante víctima de abusos, seguramente siempre ha sido abusada. Entonces es entender el contexto de esto.

—De hecho es absorbida por Tetsuo…

—Claro, de hecho Kei tiene su propia identidad y fuerza. En ese sentido es un personaje súper visionario porque es una personalidad que tal vez en ese tiempo sería invisibilizada (seguramente este comentario no lo hemos hecho antes porque generacionalmente han sido invisibilizadas), pero en realidad Kei es muy relevante. El papel que hace, la fuerza que le hace al guapo de Tetsuo, si no fuera por ella, Kaneda hubiese estado frito. Aunque es cierto también que Kei estaría frita si no fuese por Kaneda, son un tándem, son un equilibrio. Si te fijas el equilibrio de la pareja está balanceado en esta concepción de jóvenes que abrazan su herencia y su pasado. Pero alguien que no sabe controlar el poder, alguien que se deja convencer o se deja llevar por una energía o visión más occidental de la vida como pasa con Tetsuo (con esto no quiero decir que en Japón sea pareja la cosa con las mujeres) se hace notar de manera super desnivelada, o sea Tetsuo es un poder infinito y su pareja no importa, la cual termina siendo absorbida, es una comida más.

—¿Cómo crees que esta película logró tener tanto éxito en occidente? Considerando que, perdóname el prejuicio, no hay un nivel de análisis tan profundo por parte de las personas de este lado del mundo que van al cine, de hecho las películas más exitosas no requieren de observaciones tan profundas.

—Lo que pasa es que el éxito de esta película no fue inmediato, fue súper pausado. Recién en los 90’ llegó a muchas partes, cuando empezó a instalarse con fuerza el anime y el manga como estructuras culturales, validadas mediante estos encuentros en la Alameda en Estados Unidos con la exhibición de mucho animé. ‘Akira’ encontró un lugar, todos empezaron a darse cuenta de lo impresionante que era, además de que iba muy de la mano con lo que es la producción de manga, que no ha dejado de ser un fenómeno súper exitoso especialmente en occidente. Yo creo que los elementos que la hacen tan fantástica son la manufactura, la velocidad y el universo en que se escribe. ‘Akira’, a 32 años de su estreno comercial, sigue tan vigente como si fuera una obra hecha ayer. Es una obra súper profética, está especialmente dentro de la corriente del cyberpunk, habla de cosas que sí están pasando hoy en día. Estamos rodeados de altísima tecnología, podemos ver nuestras caras hablando por teléfono, algo que mi generación jamás soñó. Si bien no tenemos a niños con superpoderes descontrolados, hay un descontrol de una pandemia y una gran metáfora sobre que el capitalismo no sirve para controlar ese poder de la naturaleza, que está en el fondo yendo contra nosotros mismos.

—Yo creo que los niños descontrolados son los que usan sus tarjetas de crédito que después no tienen cómo pagar, y no pueden acceder a trabajos por deudas, por ejemplo.

—Es un consumo por consumo, y no una actitud más racional y medida. En la película se refleja un síntoma que se advertía a finales del siglo XX, y que finalmente está ocurriendo ahora en las dos primeras décadas del siglo XXI. ‘Akira’, al igual que ‘Blade Runner’, están ambientadas en el 2019, lo cual es espectacular porque están definiendo un año que fue clave para nosotros. Además, quieren esta caótica rebelión en contra de un modelo brutal. Si te fijas, en ‘Akira’, hay unas olimpiadas en curso en un estadio, con la idea de mostrar desarrollo y prosperidad. Es como un sello de garantía de que todo está bien en ese país. Justamente, se supone que este 2020 iban a ser los juegos olímpicos, pero se tuvieron que posponer. Entonces es muy parecido a lo que ocurre en ‘Akira’, es una coincidencia brutal, inmensa, se supo profetizar muy bien.

CONTROLA EL PODER

-Y ‘Akira’ justo estaba debajo de ese estadio…

—Así es, debajo del estadio estaba guardado ‘Akira’, esta poderosa arma que consiste en mirarse uno mismo y rebelarse contra lo que me imponen. Al final, el verdadero poder no es tener el poder, sino controlarlo. Controlar no sólo las tarjetas de crédito, sino también saber vernos en nuestro pasado y hacia dónde dirigir nuestro futuro. Poner ese poder en funcionamiento es súper importante, ese es el mensaje de la película. Saber encauzar y controlar el ímpetu de la juventud, por ejemplo el social. Todos esos enormes oleajes de fuerzas que combaten y erosionan en las bases capitalistas de la película, juegan sobre un hermoso baile de ideas que nos parecen del todo coherentes en el tipo de sociedad en que vivimos actualmente en occidente, especialmente en Chile que es uno de los países más capitalistas del mundo. Aparte de la coincidencia de fechas, está la coincidencia de visiones del futuro. Te juro que yo nunca imaginé que ‘Akira’ iba a ser tan profunda y profética en ese sentido, por lo menos desde el punto de vista del discurso y la metáfora en el relato.

—Esos autores de los años ’40s o ’60s que fueron profetizando lo que iba a pasar ¿Crees que tienen una especie de poder?  o ¿Es por la información que poseen al estar conectados con la realidad, la gente, la calle y el mundo?

—Yo creo que tiene que ver más que con solo la información. Por ejemplo, Clemente Pérez dijo “esto no prendió”, eso es no entender. Creo que no importa que seas educado o seas muy leído, porque puedes leer diarios y aún así no tener idea de lo que está pasando. Si lees el Mercurio o La Tercera, pareciera que no ha pasado nada en términos de movimiento político social en Chile. Con lo que sí tiene que ver es que estos escritores tienen una sensibilidad especial, saben leer la calle, saben leer lo que pasa. Ellos también leen y se informan, pero con fuentes que no intentan construir un espejismo social sino que realmente van de la mano de lo que está sucediendo.

En los años 86-88 yo era de un grupo anti boy scout y hacíamos charlas afuera de la iglesia sobre los peligros de la energía nuclear, de una guerra nuclear y de la contaminación en la tierra. Yo era chico y estaba muy metido con estos temas, junto con los de ese grupo de la iglesia. Cuando salían de la misa en la capilla,  nos miraban con cara de “¿qué es esto? ¿por qué tienen un árbol de algodón que parece una bomba atómica?”. Hablábamos un poco al aire pero ya habíamos personas que, desde una curiosidad infantil, pasamos a entender que este mundo estaba en una fase terminal. Y cuando uno ve películas que tienen esa misma vibración, como aquí en ‘Blade Runner’, es como una confirmación de lo que pasa por lo menos en nivel artístico.

—Es como que te valida un poco la paranoia…

—Claro, porque te dicen que eres paranoico pero cuando llega el apocalipsis tú dices “¿y? yo te dije ¿o no? No me escuchaste”. Como Juan Bautista que dijo que venía y tú no lo escuchaste.

—Hablemos de la música de ‘Akira’. ¿Qué cosas te provocó?

—Creo que la banda sonora de ‘Akira’ es extraordinaria. Es como si fueran sonidos del pasado imperial de Japón, del Japón más clásico, pero retumbando en este Japón hiper tecnologizado. Al igual que me pasa con’ Blade Runner’, la música de Vangelis forma una bisagra estupenda con lo que está pasando en pantalla. Complementa muy bien el espíritu de “ la identidad que teníamos en el pasado”, “El poder que perdimos y estamos recuperando“. Es una disonancia temporal entre algo que fue, algo poderoso, una edad dorada, con algo que tiene poder pero un poder decadente, que se está arruinando y desgastando. ‘Akira’ significa justamente “eso que fuimos”, eso que fuimos y nos desmembraron, aislaron y quitaron. Eso me pasa con la música, la encuentro increíble.

—También está este militar que era como una figura paterna. Es como los padres que te advierten y después que ya no hiciste caso, te tiran un rayo de sol y te cortan en pedacitos.

—Es una función castradora de los adultos. Es como Clemente Pérez que decía “no, si esto no prendió”, tratando de no dejar que los jóvenes hagan lo que quieran. Es un control constante sobre niños con poderes, para usarlos como armas, dirigirlos contra algo, buscando un nuevo camino para perpetuar el poder que tiene. Es análogo a ser independiente en el mundo político, ya que te busca un partido político para dirigirte, conducir tu elección constituyente. Me gustan mucho esas relaciones que hacen con el presente.

—De hecho, en los gobiernos autoritarios, como a las dictaduras, la forma que tienen de mantenerse en el poder es encarcelando o asesinando niños adolescentes. Porque los adultos no van a hacer nada.

—No, los adultos quieren perpetuar esta ciudad gigante y corrupta. Los motores reales de cambio, que tienen el poder para cambiar, son estos niños que miran a ‘Akira’ como una deidad, un pasado que ha sido borrado. Es muy bonita esa metáfora. Además, ‘Akira’ significa luminoso, brillantez, inteligencia, y eso no está en el camino. Es como mirar ese pasado luminoso que ya no existe y se oculta.

Es impresionante cómo lecturas sobre fenómenos del siglo 20 y principios del 21 a nivel global, como los años 80 en Japón, hablan de ese futuro que iba a ser el 2019. Creo que es súper interesante y relevante hacer esa reflexión. Aparte que con Japón compartimos el Pacífico, compartimos esas metáforas sobre qué pasaba con una sociedad que se siente desgastada, acabada. Y, ¿dónde podemos depositar la esperanza? En ‘Akira’, es decir, en la inteligencia, en la luz que creemos perdida.

COORDENADAS MASTERCLASS

La Masterclass ‘Akira y su predictivo apocalipsis actual’, encabezada por nuestro director, Ernesto Garratt, es este martes 10 de noviembre a las 19:30 horas. Para sumarte sólo debes ser parte de la “Legión Demente’. Suscríbete en la web: www.radiodemente.cl desde dos mil pesos mensuales o haz una donación única.

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