Apuntes sobre ‘La casta de los Metabarones’ (o la ‘Dune’ de Jodorowsky)

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Después de la imposibilidad de realizar su propia versión de ‘Dune’, el franco-chileno Alejandro Jodorowsky se quedó en el tintero con varias ideas que había desarrollado durante años para adaptar la novela de Frank Herbert en la pantalla grande.
Es sabido, gracias al genial documental ‘Jodorowsky’s Dune’, que el chileno había realizado un sinfín de cambios a la novela original y que no había respetado en su integridad la historia de Herbert. Estaba lo básico: luchas de poder entre distintas castas de nobles y aristocracia en el año 10.000. Pero Jodorowsky transportó las ideas de Herbert, desde la ecología y la drogas recreacionales, hacia un misticismo más explícito y a la experimentación más ruda de los sicotrópicos y con cuotas de violencia y castración más hardcore.
Si revisamos la obra en el cine y los cómics de Jodorowsky, la violencia y la casi aguerrida relación de padres-hijos juegan un papel crucial en la construcción de sus universos surrealistas y provocadores, como ‘El topo’, ‘La montaña sagrada’ y ‘Santa sangre’. Y tras la frustración de ‘Dune‘, el chileno movió todas esas ideas a ‘La casta de los metabarones’: su propia versión libre de ‘Dune’, por decirlo de alguna manera, y una espléndida pieza de arquitectura narrativa que aparece como arco íntegro a comienzos de los años 90.
Si bien es verdad que el “último” Metabarón, este guerrero invencible cercano y similar a Paul Atreides, el héroe de “Dune”, aparece como personaje secundario en ‘El incal’, el cómic creado por el chileno en 1981 con el francés Moebius, es en 1993 cuando Jodorowsky da cuerpo y forma su extraordinaria saga galáctica, con los espléndidos dibujos del argentino Juan Jiménez.
Y ojo, que acaba de aparecer el librerías una más accesible edición española que en un solo tomo reúne, a lo largo de 588 páginas, y recorre el árbol genealógico de esta casta de guerreros estelares cuyos principales enemigos son… ellos mismos: con sus tortuosas y desgarradoras relaciones familiares, donde los padres son entes castigadores y fuertes y los hijos mutilados, que llevan injertos robóticos en pies, oídos, genitales, e incluso cabeza, deben seguir cuidando el crecimiento de esta casta invencible.
Hay ecos y tufillos de ‘Dune’, claro, pero Jodorowsky toma su propio camino basado en sus propios códigos e inquietudes como artista. Si vieron su última película, ‘La danza de la realidad’, una autobiografía semi imaginada, queda claro en su propia historia de vida la compleja relación que él mismo tuvo con su padre, un inmigrante ucraniano de origen judío en Tocopilla, pequeña localidad del norte chileno. Allí nació Jodorowsky y según sus propias memorias y filme, su padre era un hombre de duro carácter y de aún más dura crianza. Violento, intenso, el camino de la brutalidad y fuerza física era su destino y, según queda claro, el de su descendencia.
Esos pasajes de vida en el norte de Chile, en un ambiente claramente hostil y con una figura paterna casi salvaje y anclada en una recalcitrante y violenta visión de mundo, fueron el caldo de cultivo para dar pie al mundo imaginario y de ciencia ficción de ‘La casta de los Metabarones’, un cosmos cercado por una violencia pocas veces vistas en el cómic sci fi europeo.
Publicada en Francia por primera vez, este es un producto 100% europeo, claro, por lo avant-gard, innovador y arriesgado. Pero se trata además de un cuento con guiños a un tipo de chilenidad, a nuestra tosquedad y fuerza bruta. Y hay links con nuestra idiosincrasia: “por la razón o la fuerza”, reza una fuerza invasora de pontífices estelares que amenaza con destruir el mundo de Don Nicanor Rosamel de Rokha: homenaje a los poetas Nicanor Parra y Pablo de Rokha en el capítulo “Cabeza hierro, el bisabuelo”, una historia de un Metabarón sin cabeza que busca el amor y se encuentra con la cabeza de un poeta que durante cinco mil años ha esperado un cuerpo. Y el objeto del deseo y de los afectos de Cabeza de Hierro es la hija de Don Nicanor: Doña Vicenta Gabriela de Rokha: sus guiños a Vicente Huidobro y Gabriela Mistral.
Usando lo mejor de las estructuras del matiné, con los continuará, Jodorowsky además sale de la solemnidad de ‘Dune’ en ‘La Casta de los Metabarones’ usando a dos androides cómicos, Tonto y Lothor, que relatan el árbol genealógico de esta casta.
De este modo, la estructura narrativa es simple y clara: toma los nombres de los tatarabuelos, tarabuelas, bisabuelos, bisabuelas, abuelos, abuelas y así, para organizar y dar cuerpo y alma a cada componente de este árbol genealógico brutalmente entretenido.
Othon, Honorata, los tatarabuelos y fundadores de la casta; Agnar y Oda, los bisabuelos, y todos, deben sacrificarse y someterse al dolor y mutilación de alguna parte de sus cuerpos. “No hay felicidad para Los Metabarones, sólo sufrimiento”, reza uno de los robots narradores de esta aventura y prodigio del cómic francés, que debería alguna vez ser llevada, no al cine, sino que a la TV por una empresa rupturista y moderna como HBO.
‘La Casta de Los Metabadores’, la propia versión libre de ‘Dune’ de Jodorowsy y Juan Jiménez, no tiene nada que envidiarle a ‘Game of Thrones’. Y, claro, tampoco a ‘Dune’.

El viaje infinito de ‘Dune’

“Es el momento de empezar cuando hay que cuidar atentamente que los equilibrios queden establecidos de la manera más exacta. Y esto lo sabe bien cada hermana Bene Gesserit. Así, para emprender este estudio acerca de la vida de Muad’Dib, primero hay que situarlo exactamente en su tiempo: nacido en el 57º año del Emperador Padishah, Shaddam IV. Y hay que situar muy especialmente a Muad’Dib en su lugar: el planeta Arrakis. Y no hay que dejarse engañar por el hecho de que nació en Caladan y vivió allí los primeros quince años de su vida. Arrakis, el planeta conocido como Dune, será siempre su lugar”.
Con este extracto del “Manual de Muad’Dib”, escrito por la Princesa Irulan (la hija del emperador Shaddam IV), comienza ‘Dune’, la emblemática novela que Frank Herbert (1920-1986) publicó hace medio siglo. Y que no solo ha soportado de manera impecable el paso de las décadas, sino que además marcó el inicio de una de las sagas más importantes de la literatura de ciencia ficción. Y por qué no decirlo, de la literatura del siglo XX.
Desde su primera edición en inglés, en 1965, ‘Dune’ ―ganadora de los premios Hugo y Nebula― se transformó casi de inmediato en un fenómeno de las letras y en un título que fue uniendo generaciones con el paso de los años. Sin embargo, su masificación no se concretaría sino hasta 1984, cuando llegó al cine su adaptación cinematográfica de la mano de David Lynch. Un proyecto tan ambicioso como incomprendido en su minuto, pero que estaba destinado a transformarse en una cinta de culto.
Sin embargo, más allá de esa incursión cinematográfica, ‘Dune’ representa una monumental historia que se proyectó a lo largo de cinco volúmenes más: ‘Mesías de Dune’ (1969), ‘Hijos de Dune’ (1976), ‘Dios Emperador de Dune’, (1981), ‘Herejes de Dune’ (1984) y ‘Dune: Casa Capitular’ (1985). Y que fueron dando forma a un complejo universo a miles de años de distancia en el futuro, donde el poder reside en antiguas familias de la nobleza, como la Casa Atreides o la Harkonnen. Además de la figura de un emperador que gobierna sobre miles de millones de personas en diferentes mundos, en este caso, Shaddam IV, quien al igual que sus 80 predecesores, basa su poder en las brutales y fanáticas legiones Sardaukar.
Pero también existen otros poderes tanto o más importantes, como las matriarcales hermanas Bene Gesserit, maestras absolutas en el campo de la manipulación genética; la Compañía CHOAM, corporación que controla todos los asuntos económicos del espacio conocido; o la Cofradía Espacial, que tiene el monopolio de los viajes interestelares gracias a sus Navegantes, quienes pueden “plegar el espacio” y así guiar enormes naves a través del cosmos sin el uso de computadoras.
En este contexto aparece el planeta Arrakis, un desértico mundo habitado por los enormes gusanos que viven bajo la arena y que producen la sustancia más valiosa del universo: la melange. Una especie cosechada en la superficie de este desértico planeta que tiene la capacidad de prolongar la vida en cientos de años y que permite a los Navegantes de la Compañía CHOAM guiar a los enormes cargueros por las rutas más seguras, pero que también es una droga que genera una fuerte adicción.
Precisamente es hasta Arrakis donde llega la noble familia Atreides, encabezada por el duque Leto, para hacerse cargo de este “feudo espacial”. Una jugada política que obliga a la casa rival, los Harkonnen, a abandonarlo a regañadientes. Sin embargo, a poco andar, Arrakis será el fatal escenario de la caída de la Casa Atreides producto de complejas maquinaciones y conspiraciones políticas. Una cadena de acontecimientos que acabará poniendo a su único heredero, Paul, en el camino de convertirse en Muad’Dib, el mesías que aguardan los fremen, la única tribu originaria de Arrakis.
El arrastre que esta saga generó en diversos públicos, especialmente entre los universitarios de esos años, fue definitivo. Es que el universo de ‘Dune’, al igual que la Tierra Media de Tolkien o los reinos  fabulosos de Robert E. Howard, es una realidad en sí misma. Un lejano escenario futurista en el cual la existencia de estas casas reales tiene su propia lógica, donde no existen formas de vida no humanas ni robots ni computadores (o cualquier otra forma de inteligencia artificial).
Pero el fallecimiento de Frank Herbert, apenas un año después de publicar el sexto tomo, dejó caer sobre su monumental obra un manto de incertidumbre. ¿Llegaba a su fin esta saga llena de intrigas palaciegas futuristas, batallas a escala espacial y tragedias propias de Shakespeare?
El relevo
La partida de Herbert dejó un profundo vacío en el ámbito de la literatura de ciencia ficción y en el corazón de sus lectores. Y durante casi una década el mayor de sus tres hijos, Brian, se convirtió en el epicentro de los rumores sobre un séptimo libro ambientado en el universo de ‘Dune’. La esperada continuación de ‘Casa Capitular’.
Sin embargo, Brian se dedicó durante cinco años a un proyecto diferente: ‘Dreamer of Dune’, una exhaustiva biografía de su padre. Y solo después de concluir dicho proyecto ―a través del cual conoció mejor a su padre, al autor y a su obra―, por primera vez consideró la posibilidad de entrar al mundo de ‘Dune’. Pero no sería una secuela, sino un precuela ambientada 10.000 años antes de los acontecimientos de ‘Dune‘: “La época de la Jihad Butleriana, la legendaria Gran Revolución contra las máquinas pensantes. Había sido un período mítico de un universo mítico, un período en el que se habían formado casi todas las Grandes Escuelas, incluidas la Bene Gesserit, los Mentats y los Maestros Espadachines”.
Apenas se supo la noticia, diferentes escritores y editores empezaron a contactarlo. Sin embargo, fue a través de Ed Kramer, editor e impulsor de convenciones de ciencia ficción y fantasía, que Brian Herbert conoció a Kevin J. Anderson. Un escritor con trayectoria que tenía un profundo conocimiento de la obra de Frank Herbert. Ambos congeniaron y tras obtener la aprobación de la familia, se abocaron al proyecto de escribir una precuela de ‘Dune’. Pero tras numerosas conversaciones, Brian y Kevin acordaron que el nuevo libro no estaría ambientado en un lejano pasado, sino más cerca de la novela original y que trataría sobre “la historia amorosa de los padres de Paul, el envío del planetólogo Pardor Kynes a Arrakis, los motivos de la terrible y destructora enemistad entre la Casa Atreides y la Casa Harkonnen, y muchos más”, escribió Brian Herbert.
A comienzos de mayo de 1997, el proyecto ya había tomado cuerpo. Entonces, algo inesperado ocurrió. Brian recibió el llamado de un abogado que se había encargado de asuntos relacionados con sus padres, quien le informó que habían aparecido dos cajas de seguridad en un banco de Seattle, pertenecientes a su padre. Cajas cuya existencia él y su familia desconocían. De modo que  concertó una reunión en el banco y ambas cajas se abrieron en su presencia. En su interior se escondía un verdadero tesoro: una serie de documentos y disquetes anticuados que incluían numerosos apuntes para ‘Dune 7′, la secuela de ‘Casa Capitular’.
A pesar de aquel valiosísimo descubrimiento, Brian Herbert y Kevin J. Anderson se lanzaron a explorar y ampliar el pasado del universo de ‘Dune’. Primero concretaron la trilogía/precuela que revisaba la juventud de los protagonistas de ‘Dune’, básicamente el duque Leto Atreides y el barón Vladimir Harkonnen: ‘Dune: La Casa Atreides‘ (1999), ‘Dune: La Casa Harkonnen’ (2000) y ‘Dune: La Casa Corrino’ (2001).
Luego viajaron mucho más atrás en el tiempo para su segunda trilogía/precuela, en la cual contaron en detalle la guerra entre las máquinas pensantes y los seres humanos: ‘Dune: La Jihad Butleriana’ (2002), ‘Dune: La Cruzada de las Máquinas’ (2003) y ‘Dune: La Batalla de Corrin’ (2004).
Desde entonces, ambos autores no solo han sido los “guardianes” del legado de Frank Herbert. También han sido los responsables de seguir poblando su universo con nuevas obras ―precuelas y secuelas―, muchas veces entrecruzadas con los seis libros originales. ¿Y qué pasó con los apuntes para ‘Dune 7′? Se convirtieron en ‘Cazadores de Dune’ (2008) y ‘Gusanos de arena de Dune’ (2009), cronológicamente ubicados después de ‘Casa Capitular’.
Su lugar en la historia
A pesar del incuestionable peso que tiene la saga de ‘Dune’, el mundo parece estar todavía esperando su redescubrimiento. Es que desde la exitosa adaptación que Peter Jackson hizo de la trilogía de ‘El señor de los anillos’, de J.R.R. Tolkien, tanto el cine como la televisión han estado buscando un éxito similar.
De momento, a nivel cinematográfico, solo sagas juveniles distópicas como ‘Los juegos del hambre’ o ‘Divergente’ han demostrado ser apuestas exitosas. Lo que ha llevado a muchos a considerar que el formato televisivo es el más apropiado para desarrollar historias de largo aliento.
Canción de Hielo y Fuego’, la saga de fantasía épica adulta de George R.R. Martin, es un ejemplo de eso. Y de cómo cinco extensos libros ―todavía faltan dos más por publicarse― pudieron servir como base para una de las series más exitosas de HBO en los últimos años. Precisamente eso es lo que impulsó a HBO a “jugarse” por otro proyecto igual de ambicioso y que otras habían intentado adaptar: nada menos que ‘Fundación’, la saga de ciencia ficción de Isaac Asimov.
Dune’ camina por el mismo sendero que ‘Canción de Hielo y Fuego’, en términos de la complejidad de su trama, cantidad de personajes y tono claramente adulto. Una historia que podría gozar de una adaptación más fiel en temporadas de 12 o 13 episodios. Bastaría con que una cadena de televisión decidiera tomar el riesgo de filmarla y darle la masividad a escala planetaria que hoy tiene ‘Juego de tronos’.
Es cierto, ya hubo un intento de eso: ‘Frank Herbert’s Dune’, miniserie de tres capítulos producida por  New Amsterdam Entertainment, Blixa Film Produktion y Hallmark Entertainment, y transmitida por Sci Fi Channel en 2000. Su éxito discreto permitió obtener “luz verde” para una secuela titulada ‘Frank Herbert’s Children of Dune’, cuya trama reunió los acontecimientos de segundo y tercer libro de la saga.
Entre sus actores protagónicos estuvieron William Hurt,  Alec Newman, Giancarlo Giannini y Susan Sarandon. Pero todo eso no fue suficiente y el proyecto acabó ahí. Tal vez porque la televisión, las audiencias y la forma de contar historias han cambiado mucho entre comienzos de siglo y la actualidad.
Tal vez eso sea lo que le falta a ‘Dune’: un conocimiento y difusión masivos. Una visibilidad a escala mundial que bien podría traducirse en un fenómeno similar a la saga de Martin. ¿Cómo sería una colección de figuras de acción con personajes como Duncan Idaho, Lady Jessica, Gurney Halleck o el barón Vladimir Harkonnen? ¿O detalladas esculturas para coleccionistas como las de la serie ‘The Walking Dead’? ¿Y qué hay del cosplay? ¿Qué impacto tendría llegar a una convención vestidos como el emperador Shaddam IV o como una hermana Bene Gesserit?
Dune’ es y seguirá siendo una piedra angular de la ciencia ficción. Una novela que se prolongó en el tiempo a través de cinco libros más y que hoy sigue creciendo en manos de sus herederos. Nada mal para tener medio siglo de vida.

En defensa de ‘Dune’ de David Lynch

Debo ser de los escasos seres vivos que defienden la adaptación de David Lynch de ‘Dune’. Más que con la trama geopolítica y las complejas luchas de poder que cruzan la novela de Frank Herbert, lo acertado de la cortada versión que pudimos ver hace poco más de 30 años en cines, se condice y relaciona muy bien con el propio mundo fílmico de Lynch:  un cosmos onírico, el mundo de los sueños y sobre todo, de las pesadillas, enraizadas en una puesta escena enchufada sin ápices de razonamiento cartesianos claros en los rincones del inconsciente.
“El durmiente debe despertar”, frase e idea leit motiv del libro ‘Dune‘ en referencia al joven Paul Atreides, la última esperanza de una casta, los Atreides, condenada a la traición y maldita debido a las maquinaciones de emperadores y aliados cínicos en un futuro distante en miles de años y con tecnología de punta que convive con maneras y usos medievales de juegos de poder. Es decir, una mezcla explosiva.
En ese contexto, David Lynch se focaliza en su actor fetiche, Kyle MacLachlan, que a lo largo de sus películas ha representado la misma idea que hay en su interesante ‘Dune’: el durmiente que “despierta” y debe integrar de una manera peculiar el mundo soñado/idealizado con el mundo pesadillado/real en el que le toca moverse por la fuerza y motor del drama.
En ‘Dune‘, la fundacional colaboración entre Kyle MacLachlan y David Lynch, el actor personifica quizás no tanto a Paul Atreides, este joven Duque y héroe, como sí a la idea del héroe o más bien del anti héroe lynchiano: a good kid, un chico bueno y casi en la esfera de la bondad sin grises, quien es extraído y colocado en una realidad oscura y adversa. Porque Paul Atreides, en una nueva realidad, Arrakis, bajo el sol y el desierto y las dunas, debe hacerse un hombre y para eso debe vencer sus pesadillas y miedo: el mal ulterior y final que es el gran tema de David Lynch en su peculiar filmografía.
En 1984, con ‘Dune‘, Lynch sienta las bases de su trabajo con Kyle MacLachlan y dos años tarde debutan con “Terciopelo azul”: donde el personaje de Paul Atreides, claro, en otro registro, contexto y realidad, se reencarna en Jeffrey Beaumont: un “good kid” de la América real y profunda, de los años 80, atento a los valores del sueño americano y quien, en una trama sórdida y compleja, atraviesa el espejo y “despierta” en la pesadilla del sueño americano.
El mérito de ‘Dune’, como pasa en “Terciopelo azul”, es que Lynch usa y trasviste el género del melodrama o de la space opera y les da, a cada cual, unas interpretaciones audiovisuales superiores y casi místicas desde el punto de la imagen. Su versión de ‘Duna’, desde el punto estricto de la historia, a secas, claro, puede ser confusa y limitada respecto del texto original, pero desde el punto de vista de la construcción pictórica y de imagen, resulta un viaje material al mundo de las pesadillas. Hay varias escenas: los sueños de Paul Atreides, la búsqueda formal de Lynch por plasmar en imágenes y fundidos esas pulsiones subconscientes, junto con otras formas más materiales como las espectaculares escenografías, naves o la música invaluable de Toto, un tema en sí mismo, cimientan el camino no para un cine tradicional, sino que para un tipo de puente que traduce esas sensaciones y sueños e imágenes que tenemos cuando estamos dormidos.
En ‘Terciopelo azul’ pasa lo mismo, quizás con mejores resultados, porque Lynch filma a Jeffrey Beaumont o sea, su Paul Atreides 2.0, en momentos mágicos e irreales como cuando encara al rostro de la locura a cargo del fallecido Dennis Hopper.
Dune’, de David Lynch, es imperfecta, claro, pero es el germen y raíz para que el propio David Lynch pudiera ser aquel durmiente que debe despertar para realizar una de las carreras más brillantes y lúcidas de los últimos 30 años en cine y TV.
Recordemos que Kyle MacLachlan fue, de nuevo, su rostro hace 25 como el agente Dale Cooper, un investigador que escuchaba con mayor atención el mundo de los sueños y de lo no tangible que el de lo real y lo concreto para dar con el asesino de Laura Palmer. Surrealismo en estado puro, la serie ‘Twin Peaks’ y la película de 1992: ‘Twin Peaks: Fuego camina con comigo’, fueron el cierre de un ciclo lynchiano junto a Kyle MacLachlan donde es imposible no considerar el aporte de ‘Dune’: germinal, iniciática, compleja e inabarcable. Una odisea en el espacio, una sinopsis de lo que pudo ser una grandeza de película, un sueño fabuloso que apenas se pudo recordar: por los cortes, por las presiones de los productores, por todo lo real y humano.
Pero está lo soñado. Un camino que Lynch ya sabe cómo mostrarnos y que aprendió con la peor pesadilla que un director puede tener: una película errática, paquidérmica y mutilada.
Un gran y hermoso yerro humano.

 

La ‘Duna’ de Herbert, de Jodorowsky, de Lynch… La ‘Duna’ de todos

Para la historia del cosmos, quizá cincuenta años no son nada, pero para la vida de un libro puede significar dos puntos contrarios: la intrascendencia o la conversión en un título canónico en la mente de los lectores.
Este misterio del porqué sólo algunas obras continúan rondándonos después de varias décadas de la fecha de su publicación, se acentúa con un libro como ‘Dune’ de Frank Herbert, obra que no solo sigue siendo popular entre los fanáticos del género de ciencia ficción, sino que se ha anticipado a muchas de las inquietudes contemporáneas: la fragilidad medioambiental, la escases de combustibles fósiles y la amenaza del fanatismo religioso, entre ellas.
‘Dune’ es una aventura épica cuya laberíntica trama se desarrolla en Arrakis, un desértico mundo poseedor de los únicos yacimientos de Melange, una especia que es clave para el comercio y control del imperio, y que además otorga a los navegantes (humanos mutantes) poderes psíquicos que son usados para prever los trayectos de los viajes intergalácticos.
 Arrakis o ‘Dune‘, se convierte entonces en un planeta sobreexplotado por el imperio gobernado por Padishah Shaddam IV, quien controla los feudos o Casas imperiales, junto a una misteriosa entidad conocida como la Cofradía Espacial que tiene un interés personal en el control de la especia.
También, mezclándose con sus intentos de ejercer el control político, está la orden secreta de las Bene Gesserit, compuesta en su totalidad por mujeres que se entrenan toda la vida para realizar las tareas que se les asignen, y de paso ayudar en la preservación y progreso de la raza. Una versión galáctica de los científicos de Hitler encargados de la higiene racial a través de la eugenesia.
Cuando el emperador Padishah transfiere la administración de Arrakis —de la Casa Harkonnen a la Casa del duque Leto Atreides—, comienza una lucha donde los Harkonnen usarán todos los medios, como el sabotaje y la traición,  para exterminar del universo el linaje Atreides.  Cuando el Barón Harkonnen logra asesinar a Leto Atreides, empuja a su cónyuge Jessica e hijo —Paul— a escapar por las hostiles arenas de ‘Dune’.
En esta travesía por la supervivencia, la Dama Jessica y Paul se encuentran con los Fremen, hombres con tradiciones de larga data y creencias que entran en juego cuando se determina que Paul podría ser el kwisatz haderach. O sea, el producto final de un experimento genético, diseñado y profetizado por las Bene Gesserit para que a largo plazo se transforme en el salvador.
Cuando Paul se integra a la tribu, es bautizado por el nombre de Muad’Dib y los eventos tienen lugar durante un período de varios años que, a la larga, permitirá que Paul-Muad’Dib tome venganza por su propia casa y por extensión libere a su nuevo pueblo.
A grandes rasgos, y muy en general, los párrafos anteriores son solo un esbozo de la compleja historia de ‘Dune’, y revelar más en una síntesis resulta un despropósito no solo por el espacio y tiempo que supone, sino también porque restaría delicia a la degustación de una novela en la que Herbert es extremadamente detallista, logrando un mundo singular muy parecido al de la Tierra Media de Tolkien, pero recubierto de misticismo, filosofía y política.
Una obra con ricas lecturas e interpretaciones que todavía hoy, 50 años después de su publicación, sigue siendo actual.
Cazando dunas
Hace más de medio siglo, el en ese entonces periodista, Frank Herbert, llegó a su oficina para continuar trabajando en un artículo sobre el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Debía juntar material y antecedentes que avalaran la venta del artículo a su editor, ya que éste no tenía mucha confianza en el tema que, precisamente, trataba de las dunas.
Cuando consiguió financiar la mitad del viaje, el periodista partió en un pequeño avión hacia Florence, Oregón, donde descubrió que las dunas al igual que los seres vivientes se movían y con el tiempo podían tragar ríos, obstruir lagos y sepultar bosques. “Estas ondas pueden ser aún más devastadoras que las olas”, escribió Frank a su editor; “incluso han causado muertes”, concluyó a partir del artículo que nunca fue publicado.
 A pesar de la indiferencia de su editor, Herbert estaba fascinado por el proyecto de detener las dunas, por lo que superpuso la historia en una novela de aventuras originalmente llamada Planeta de las especias. Sin siquiera notarlo, Herbert comenzó a escribir casi setenta páginas a la semana en un momento de la historia en que la ciencia ficción estaba en decadencia.
Por lo tanto, Herbert y su gigantesco manuscrito de más de 500 páginas (entre mapas, glosarios, apéndices y otros materiales) fue rechazado por decenas de editoriales, pero en el año 1965 finalmente fue aceptado por Chilton —una pequeña imprenta conocida por sus catálogos de autos—, publicándola dos años después.
Los escritores de esa época habían imaginado viajes galácticos por mundos extraterrestres, y habían escrito sobre catástrofes ambientales, pero la escala de ‘Dune’ no tuvo precedentes y solo fue comparable —como dijo Arthur C. Clarke en su momento—, al Señor de los Anillos.
“Soy un animal político”, dijo Herbert en una entrevista el año 1983, “Nunca dejé el periodismo, todo lo que escribí trata sobre la escena actual. Las metáforas están ahí”, explicó el escritor sobre ‘Dune’.
“El planeta era algo que realmente se podía sentir”, dice el novelista Kim Stanley Robinson. “Herbert pasó mucho tiempo al aire libre, se puede ver en la escritura que ha visto cosas que solo pueden ser descritas si has estado allí, físicamente” concluye. 
La Duna de Jodorowsky: La droga sin tomar la droga 
Debido al gran número de seguidores, la trama de ‘Dune’, ha atraído a muchos artistas de diversos géneros, convirtiéndola en fuente de inspiración para muchas formas de arte y de oportunidades comerciales como, videojuegos, juegos de mesa, numerosas secuelas y la infaltable adaptación al cine.
 En 1974, el escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky fue llamado por una conciencia superior, un espíritu consumidor de LSD para adaptar al cine la novela ‘Dune’. El mismo guerrero espiritual que lo incitó a volver loca a la audiencia mexicana con su primera película ‘Fando y Lis’ y posteriormente, con ‘La Montaña Sagrada’.
Esta última recibió buenas críticas de los expertos y numerosos fanáticos alrededor del mundo, por lo que su productor Michel Seydoux dio luz verde para que Jodorowsky iniciara su nueva travesía mesiánica, quien solo acertó a decir: “’Dune’, sin vacilar”.
Alejandro admite que ni siquiera había leído el libro. Por lo tanto, con frecuencia alude al destino cuando se habla de la producción. El chileno da a entender que la impulsiva decisión de adaptar ‘Dune’, era parte de un plan cósmico que quiso ponerlo junto con la novela de Herbert. Sin embargo, es una premisa dudosa teniendo en cuenta que la película nunca consiguió ver la luz.
Más tarde, Seydoux alquiló un castillo en Francia como centro de operaciones para escribir la adaptación fílmica de ‘Dune’. El trabajo del autor Frank Herbert era la Santa Biblia de los devotos de la ciencia ficción, pero aún así los derechos de autor se obtuvieron por prácticamente nada, como si Hollywood hubiese previsto que no se podría dar forma en una película comercial.
“Yo quería hacer una película que diera a la gente que en esa época consumía LSD las alucinaciones que la droga daba sin tomar la droga”, explica Jodorowsky en el documental ‘Jodorowsky’s Dune’, realizado por Frank Pavich.
Para hacer frente a esta imprudente y noble aspiración, buscó a los “Guerreros espirituales”, que van desde el técnico en efectos especiales Douglas Trumbull, conocido por su trabajo en ‘2001: odisea en el espacio’ —Alejandro lo descartó porque su aura no coincidía con el espíritu de su ejército. Un hombre lleno de sí mismo, vanidoso, en su proyecto era el enemigo—, el famoso ilustrador Jean “Moebius” Giraud —director artístico encargado de esbozar más de tres mil paneles del storyboard—, Dan O’bannon, el actor de ‘Kung Fu’, David Carradine, la banda sonora de Pink Floyd, su hijo Brontis para el personaje principal, Chris Foss, como diseñador de las naves espaciales, el genio Salvador Dalí y su musa Amanda Lear, el icónico surrealista suizo HR Giger, Mick Jagger, Orson Welles, solo por nombrar algunos de los talentosos artistas que serían parte de la travesía de Jodorwosky.
 Sin duda, era necesario un toque de locura de todos los involucrados para intentar tal empresa.
“Jodorowsky capitaliza el cachet de exclusividad. Daba la maravillosa sensación de ser parte de una elite creativa, y en el tratamiento como una fuente de sabiduría esotérica, Duna de Jodorowsky hace que el proyecto parezca como un evangelio gnóstico perdido. El hecho de que la película no exista para justificar todo esto solo refuerza su poder”, dice Pavich.
Mi Duna
Jodorowsky pretendía incluir en la película una larga escena, que emula un viaje que atraviesa toda la galaxia para terminar en cero con los piratas de especias, lo mismo que confrontaciones de los gusanos de arena, una fortaleza con la forma de la cabeza del Barón Harkonnen equipado con barreras de enorme cuchillos, y el mesiánico fallecimiento de Paul. Un final fascinante, alterado drásticamente a partir del material de origen.
El héroe, Paul Atreides, el único hijo del duque asesinado y mesías psíquico del planeta Arrakis, es apuñalado a muerte por Feyd, sobrino del Barón Harkonnen, pero su espíritu inmediatamente posee el cuerpo de otro. Luego otro, y otro, y otro, y varias personas a la vez. Luego una multitud comienza a cantar al unísono “Yo soy Paul,” y Arrakis, un mundo desierto casi sin vida, florece de repente con el agua y la vida. Los bosques, los ríos y los animales aparecen de la nada, y todos los humanos en Arrakis inmediatamente se unen a una sola mente con espíritu colectivo. El planeta se dispara a través de la galaxia para difundir sus vibras iluminadoras para el resto del cosmos.
“’Dune’ es el mesías de los planetas, porque es un planeta con conciencia”, cuenta Jodorowsky.
Quien esté familiarizado con la novela original de Frank Herbert sabe lo que es un cambio radical del trágico y ambiguo final del libro. Y cualquiera está en buena posición para experimentar la versión de Jodorowsky, que no depende ni del libro de Herbert ni de la capacidad de la audiencia, o el deseo de entender lo que está pasando.
“Cambié el final, evidentemente… lo hice. Fue mi ‘Duna’. Cuando se hace una adaptación no se debe respetar la novela. Es como cuando te casas, ¿no? Vas con la esposa de blanco, la mujer es pura, pero para poder tener hijos tienes que faltarle el respeto. Es necesario arrancarle el traje y violar a la novia. Y así, solo entonces, tendrás tu película. Yo estaba violando a Frank Herbert, violando, violándolo, pero con amor, con amor”, expresa el cineasta en el documental.
Y estén de acuerdo o no con los cambios de Jodorwsky, todos los entrevistados en el documental que no formaron parte del propio proyecto —incluyendo a los cineastas Nicolas Winding Refn y Richard Stanley y a los críticos de Drew McWeeny de HitFix y Devin Faraci de Badass Digest—, son de la opinión de que Duna de Jodorowsky habría sido una película épica, alucinante, impresionante que podría haber cambiado el cine para siempre. Más de una vez, sugieren que pudo haber reemplazado Star Wars en la cultura popular.
Cuello cortado
Sin embargo las ideas visionarias de Jodorowsky eran tan impresionantes como caras, por lo que el presupuesto final de la película fue de $15 millones de dólares. Valor que automáticamente hizo temblar los bolsillos de los productores de Hollywood, más cuando se enteraban que en la cabeza del proyecto estaba el poco convencional Jodorowsky, en consecuencia, ‘Dune’ de Alejandro Jodorowsky fue rechazado. Despedido de su propio proyecto porque sus notables ideas eran muy adelantadas para ese tiempo.
Para Jodorowsky la cancelación de la película, no fue un fracaso, solo fue un cambio de sentido. Una puerta a una nueva creación. Así todo lo que había trabajado en ‘Dune’, (trabajo que había plasmado en un libro) y lo convirtió en otras creaciones, como el famoso comic ‘El Incal’ y la idea de la concepción de Paul Atreides, a través de una gota de sangre, la usó en su cómic de ‘La casta de los metabarones’.
“Dune” es como Paul. Su cuello fue cortado. El film no se hizo, al film lo mataron. Pero como Paul, a “Dune” de Jodorowsky lo puedes ver en otras películas gritando ‘Soy “Dune”‘, ‘Soy “Dune”’“, cuenta Bronti Jodorowsky.
En películas como ‘Flash Gordon’, ‘Prometeus’, ‘Aliens’, ‘Star Wars’, se pueden ver parte de las ideas del equipo de Jodorowsky: “’Dune’ es como un gran asteroide que casi choca con la tierra, pero aún la logra inseminar con todas estas esporas maravillosas”, dice el cineasta Richard Stanley y concluye: “En un mundo donde ‘Dune’ de Jodorowsky no existe, tal vez tampoco exista ‘Aliens’, ‘Blade Runner’, no hay William Gibson, no hay ‘Matrix’ y todas las cosas que vienen de esta línea”.
El crítico de cine, Drew McWeeny concuerda exponiendo que ‘Star Wars’ tiene un montón de referencias a ‘Dune’ de Jodorowsky; las peleas de espada es una gran referencia. “Existe una escena donde Paul pelea con un robot de entrenamiento, la que concuerda mucho con la escena donde Luke Skywalker pelea con una bola”, dice.
Aunque no se filmó y el resultado del filme siempre será un misterio, ‘Dune’ de Jodorowsky es un horizonte cinematográfico del que puede hablarse y con muchas más expectativas de las que alcanzan obras concretadas en el caso de autores de menor envergadura.
La Duna de David Lynch
A principio de los años 80, la hija del productor italiano Dino De Laurentiis convenció a Universal Studios para terminar la tarea antes comenzada por Jodorowsky. El director y guionista escogido para esto fue David Lynch, dando como resultado una película extraña y, para muchos, mala. Todos saben que la novela de Herbert en sí es complicada, pero pareciera que David Lynch se hubiese esforzado para hacerla aún más intragable.
Considerado como uno de los cineastas más creativos e inusuales de su generación, Lynch ha ganado una reputación para enfrentar al público con su distintiva visión personal, mostrando deformidades físicas y psicológicas de forma inquietante. Sus obras a menudo se centran en personas alienadas y obsesivas que reflejan bien su propia personalidad o las de personajes extraídos de la cultura popular estadounidense y el cine.
Hace hincapié, de igual forma, en situaciones siniestras que están fuera de su control; Lynch explora las realidades desagradables y grotescas ocultas bajo la plácida superficie de la existencia cotidiana. Se adopta un enfoque intuitivo, surrealista, para invadir a los espectadores con imágenes sugestivas de prácticamente todo.
En resumen, se caracteriza por querer dejar su sello en cada película que hace. Sin embargo, si una de sus cintas se basa en material preexistente, lo más probable es que cruce la delgada línea entre adaptación y profanación.
En el caso de ‘Dune’, estrenada en diciembre del año 1984, se puede ver una obra profundamente defectuosa, una empresa que ha fallado comercialmente, pero que se las arregló para extraer partes esenciales de una de las obras más densas de la ciencia ficción.
El escritor David Foster Wallace, en su libro, “Algo supuestamente divertido que jamás volveré a hacer”,  publica un ensayo sobre Lynch y dice: “’Dune’, estrenada en 1984, es, sin lugar a duda, la peor película en la carrera de Lynch, y es muy mala, la verdad sea dicha. De alguna manera parece que Lynch no la hubiese dirigido, ‘Eraserhed’, en cambio, ha sido esa que tienes que vender tu plasma para comprar la obra maestra, con un diminuto cast y equipo a quienes nunca le han pagado. ‘Dune’, en el otro extremo, tuvo uno de los más grandes presupuestos en la historia de Hollywood, y el grupo de personas que trabajó en su producción fue del tamaño de una nación caribeña, y la película contó con costosos y novedosos efectos especiales”.
“Además”, sigue diciendo David Foster Wallace, “la novela de Herbert es increíblemente larga y compleja, a parte de todos los dolores de cabeza que trae una gran producción comercial financiada por un hombre que lleva unos Ray-Ban, Lynch tuvo problemas haciendo la adaptación de la historia, la cual, hasta en la novela es complicada hasta el límite del dolor. En resumen, la dirección de “Dune” requería la combinación de un técnico y un administrador, y Lynch, aunque sea tan bueno técnicamente como cualquier otro, es más el tipo de niño brillante que a veces es ingenioso estructurando fantasías y se sumerge totalmente en ellas, y solo deja que otros niños participen, únicamente, si él mantiene el completo control imaginativo”.
El libro de Herbert ofrece una historia meticulosamente detallada de un futuro oscuro, donde las casas reales comienzan una guerra por el control de la especia y los beneficios que ello acarrea, por lo que el metraje que pretendía Jodorowsky para su película fue imposible. La película de Lynch sufre numerosos cortes en la edición final, dejándola solo en dos horas 17 minutos, aun larga para las salas de cine —impensable vender una película de Peter Jackson—. Así, ‘Dune’ de Lynch en lugar de contar una historia, se conforma con mostrarla. La película se basa en una serie de ráfagas de voz en off y exposición entrecortada.
Pensamientos y muecas de los actores, que suelen recordar los gags de Saturday Night Live. Realmente son cosas que, quizás por el año en que fue realizada, ahora se ven hilarantes. En los libros, los personajes pueden decir exactamente qué piensan, se supone que en las películas se deben mostrar de forma diferente, a través de las acciones, el lenguaje corporal, las expresiones faciales,  junto con —por supuesto—, los diálogos. Estas cosas deben servir perfectamente para informar al público del estado mental de un personaje.
Foster Wallace concuerda y escribe sobre ‘Dune’: “Se puede ver que algunos de sus defectos son, claramente, responsabilidad de Lynch: escoger al joven nerd, cara de papa, Kyle MacLachlan como un héroe épico y a un tipo que no es actor, Sting, como villano sicótico, por ejemplo. O, peor, tratando de explicar la trama, haciendo los pensamientos de los personajes audibles en la banda sonora mientras la cámara se acerca ponchando a los personajes con gestos pensativos”.
“El resultado es una película graciosa mientras trata de ser mortalmente seria. Donde necesites una buena definición de fracaso, aquí la tienes, porque eso fue ‘Dune’: un inmenso, pretencioso e incoherente fracaso. Pero buena parte de la incoherencia es responsabilidad de los productores de De Laurentiis, quienes cortaron miles de pies de la película que Lynch había entregado, justo antes del estreno. Hasta en vídeo, no es difícil ver dónde se hicieron esos cortes; la película luce eviscerada, y sin querer, surreal”.
Si el objetivo de la película era crear, al igual que el libro, un mundo que se sintiera totalmente extraño, entonces Lynch y su estilo surrealista fueron la elección correcta. Con sus secuencias de sueños extraños, plagadas de imágenes de fetos y energías brillantes, y un paisaje inquietante como el infierno industrial del planeta natal de los Harkonnen, pretende poner al espectador en algún lugar desconocido, mientras hace alusión a una historia oculta que no logra reflejar en la pantalla.
Tal vez, ‘Dune’ de Lynch no suena como algo que se apetece mirar. Pero no, no es así. Sin duda es una ciencia ficción diferente a la de ‘Star Wars’, que fue imaginada y desarrollada para entretener. ‘Duna’, en cambio, quería desafiar y aunque sus intentos para pontificar sobre la religión y la ecología pueden haber sido su perdición, esos intentos también produjeron algunos de los momentos más resonantes de la película.
Además, siempre es fascinante ver la obra de Lynch, y si se conoce la trama de ‘Dune’ a partir de la lectura del libro, o de la miniserie del año 2000, la película de 1984 vale la pena de ver. Hay algunas actuaciones que incitan el morbo, como las de Sting (que se ve igual que hoy), otras interesantes como las de Patrick Stewart (maestro de Paul Atreides) y Dean Stockwell (el doctor Doctor Wellington Yueh, también agente secreto del Barón Harkonnen).
Lynch es un autor que fue capaz de resurgir del desastroso movimiento de las dunas, donde fue tragado. Desde entonces, él se ha pegado sobre todo a los pequeños proyectos, películas de bajo presupuesto, que es probablemente donde su peculiar talento calza mejor (qué ahí se quede).
Pero sin duda, su obra no es apreciada a la primera. Y un buen cinéfilo, falto de egocentrismo intelectual, sabe y reconoce que valorar las obras de Lynch, se trata de un gusto adquirido.

Especial 50 años de ‘Dune’

En Nerd News queremos rendir tributo a una de las novelas claves de la ciencia ficción: ‘Dune’, que en este 2015 celebre medio siglo de vida.
En 2014 festejamos los 30 años de la película de David Lynch, bueno, algunos celebramos, otros acá en la redacción se quejaron y molestaron, pero eran los festejos para la memoria y el talento de Frank Herbet: genio de la escritura que vino del mundo del periodismo y se atrevió a soñar una galaxia, no una de hace mucho tiempo ni en una galaxia muy lejana, sino que nos donó con ‘Dune’ un cosmos y un orden a miles de años en el futuro que, claro, tuvieron y aún tienen eco en el presente más tangible y humano.
Tanto la editora y escritora chilena Paulina Arancibia como el escritor local Alberto Rojas, destacan con sus respectivos y maravillosos textos, ámbitos y esquinas vitales para comprender y conocer el porqué la trascendencia de este hito de la literatura del siglo XX y sus posteriores viajes, no sólo a través de los libros, sino que también por medio del cine, la TV e incluso, a través de la célebre y fallida adaptación por parte del artista multi task Alejandro Jodorowsky.
En su texto, ‘La Duna de Herbert, de Jodorowsky, de Lynch… La Duna de todos‘, Paulina Arancibia examina cómo el autor Frank Herbert concibió escribir esta saga galáctica, que hoy más que nunca suena cercana y tangible con sus juegos de poder y resonancias del choque de mundos entre Oriente y Occidente. Además, recuerda lo que para ella fue la fallida adaptación lynchiana y, lo mejor, entrega detalles del gran fracaso en la carrera de Alejandro Jodorowsky con su casi llegada a Hollywood con la adaptación millonaria y estrafalaria de ‘Dune‘. Claro, antes de Lynch, antes de que le quitaran el proyecto.
Ernesto Garratt defiende la versión de Lynch de ‘Dune‘ y además escribe sobre la versión libre, podríamos acotar, que hizo el chileno Alejandro Jodorowsky en los cómics: ‘La casta de los Metabarones’.
El escritor Alberto Rojas explica, por su parte, en su iluminado texto ‘El infinito viaje de Dune’, una arista notable y desconocida: cómo es que después de la muerte de Frank Herbert, su hijo mayor decidió continuar con la saga y hacerla crecer. Y como si se tratara del guión de una película, sucesos inesperados ayudaron a este vástago a continuar, con ayuda desde el más allá, la historia  de ‘Dune’.
 Disfruten estimados y que sean buenos 50 años de festejos consumiendo la mejor droga que nos ha dado la literatura de ciencia ficción: la Melange de ‘Dune’.