Primeros adelantos de la quinta temporada de “The Walking Dead”

El pasado domingo la cadena televisiva AMC, transmitió el último episodio de la cuarta temporada de la serie de zombies, basada en el cómic de Robert Kirkman, “The Walking Dead“.
Si bien el episodio finalizó con un Rick totalmente cambiado y diciéndole al resto de sobrevivientes encerrados en el bunker, que las personas de Terminus, “se están metiendo con la gente equivocada“, no tenemos certeza de lo que ocurrirá ahora.
Es por eso que en conversaciones con The Hollywood Reporter, el autor, quien también las oficializa de productor, señaló lo que podríamos esperar para esta siguiente temporada y habló del nuevo enemigo que tendrán que enfrentar los sobrevivientes.
Sabemos que Rick y compañía llegaron a Terminus, desconfiando de las personas que se encontraban en ese lugar,  lo cual, como pudimos ver, estaban en lo cierto.
Ya que Gareth (Andrew J. West) y los presentes tienen algo que esconder y no son tan amistosos como parecen, pero de momento no sabemos absolutamente nada y podemos especular miles de teorías.
Viendo a Gareth y Rick y la gente de Terminus y nuestros supervivientes enfrentarse cara a cara va a ser interesante. Hay una historia muy profunda y oscura alrededor de Terminus y cómo esa gente ha llegado a ser lo que es que se revelará en la quinta temporada“, comentó el productor.
¿Quizás podríamos ver caníbales?, algo ya visto no solo en el cómic, sino también en la primera temporada del videojuego de TellTale.
Una teoría que no rallaría en lo absurdo, debido a los gritos de desesperación de la gente encerrada en los contenedores y de la cuestionada carne que yacía en el suelo, al momento de nuestros protagonistas tratar de escapar del lugar.
Sabemos que son sólo especulaciones, pero a fin de cuentas, todo puede pasar en esta serie.
En cuanto al retorno de este proyecto, este se daría en octubre de este año. A continuación los dejamos con el primer afiche.

 

Así es la mejor novela de terror que aún no has leído

“La casa de hojas”, de Mark Z. Danielewski, es una rareza y una pieza única que vale la pena leer en papel. Acá te contamos por qué en sus páginas queda más que patente la pesadilla interminable de la casa propia. 
El premiado fotógrafo Will Navidson ha visto guerras, hambrunas, matanzas y, en general, el peor lado de los seres humanos. Por eso, cuando se cambia a una linda casa de campo junto a su esposa y sus dos hijos, lo último que espera es encontrar nuevos sinónimos para la palabra pesadilla. Pero los encuentra por docenas.
Con esa premisa, la trama de “La casa de hojas”, del estadounidense Mark Z. Danielewski, pareciera destinada a acumular polvo junto con la inmensa procesión de casas embrujadas que llenan la literatura de terror. Sin embargo, este escritor se las arregla para generar una obra única, que desde su publicación en inglés en 2000 ha despertado admiración y miedo, en porciones bastante iguales. El libro se encuentra disponible en las librerías del país desde hace algunas semanas.
Vamos por partes. “La casa de hojas” -de cuya traducción se hicieron cargo en forma conjunta las editoriales Alpha Decay y Pálido fuego-, es un libro muy “físico”, si se permite la expresión. Sus tipografías, colores, columnajes y hasta la distribución del texto a lo largo de casi 700 páginas cambian a medida que avanza la lectura, para dar un sentido “dramático” en la misma dirección de la historia que estamos leyendo. Es una prueba contundente -y tal vez involuntaria- de las limitaciones que plantea el libro electrónico, pues su publicación original es previa a la masificación del formato de textos digitales.
 Y si bien la forma en que se nos cuenta el cuento no es novedosa en sí misma -el “diario” o los “documentos” encontrados por alguien son tan viejos como los relatos de miedo-, Danielewski se las arregla para dar un giro que funciona muy bien.
En un decadente edificio de departamentos vive Zampanò, un viejo ciego del que nadie sabe mucho y que un día cualquiera aparece muerto. Un vecino suyo, un aprendiz de tatuador llamado Johnny Truant, entra en la habitación abandonada y en un baúl del muerto encuentra una enorme colección de documentos que configuran “El expediente Navidson”, una especie de tratado escrito por Zampanò a partir de un documental que hizo Will Navidson con su experiencia en la casa de Ash Tree Lane (la mentada Casa de hojas). Así es como llegamos a dos lecturas que se alternan a lo largo de la parte principal del relato: la historia que nos cuenta Zampanò, que incluye numerosas citas a diversos expertos que comentan y teorizan sobre aspectos puntuales del documental; y, en paralelo, en una tipografía distinta y a modo de notas a pie de página, leemos la narración de Truant, que aborda sus opiniones sobre “El expediente Navidson” y su propia y turbulenta vida personal, que entra en una espiral de locura a medida que la historia de la casa monstruosa se apodera de su existencia.
Nos enteramos del primer descubrimiento de Navidson: a los pocos días de cambiarse, se da cuenta de que su hogar es más grande por dentro que por fuera. Son apenas algunos milímetros, pero de todas formas es una perturbadora imposibilidad física. Luego, tras regresar de un corto viaje se encuentra con que un clóset ha sido agregado en la habitación de sus hijos. Más tarde, junto al comedor aparece una puerta que se abre a un pasillo, que debiera estar sobre la zona en que se encuentra el jardín de la casa. El corredor es un lugar muy frío, que con los días se va extendiendo cientos de metros. Desemboca en una gigantesca habitación de dimensiones desconocidas, en cuyo centro -si es que lo tiene- hay una escalera que se hunde en la oscuridad y en la distancia más abyectas.
El espacio dentro de su casa es tan grande que Navidson termina organizando una expedición con exploradores profesionales, que tardan días y días en recorrer un lugar que parece crecer y que repite incansablemente pasillos y puertas en la más absoluta oscuridad. Adentro, todo decae: los objetos se deterioran en cuestión de días y el frío lo traspasa todo. No hay monstruos ni fantasmas, pero quien se aventura en el lugar tiene la sensación de que una criatura está al acecho, como Dios manda en cualquier laberinto.
La inmensidad de la casa de Navidson, tanto espacial como temporal, es la principal fuente de horror en la novela de Danielewski. Algo que vemos acrecentado por los abundantes documentos que acompañan la historia en las notas a pie de página y que refuerzan la idea de que algo demasiado anómalo está ocurriendo: análisis de laboratorio revelan que el material del que están hechos los pasillos es anterior al sistema solar. Un antiguo diario de la época de la exploración de EE.UU. da cuenta del hallazgo, por parte de unos aventureros extraviados, de unas escaleras que se pierden en la oscuridad en medio de un campo congelado.
“La casa de hojas” es un libro relevante por dos razones: primero, porque logra sorprender en un género que ha visto pasar demasiada agua bajo el puente; segundo, por la enormidad del trabajo emprendido por Danielewski -casi 10 años, según confesión del autor-, para dar forma física a un volumen tan complejo.
A comienzos del siglo XX, el inglés William Hope Hogdson publicó “La casa en el confín de la tierra”, celebrada por Lovecraft como uno de los mejores libros del género de terror jamás escritos. En esa historia, dos excursionistas llegan a las inquietantes ruinas de una mansión, entre cuyos escombros encuentran un diario escrito por el último morador del recinto y quien relata el asedio sobrenatural al que se ve sometido.
Ciertamente “La casa de hojas” no llega a esas alturas, pero sí se anota con un muy buen margen como una digna sucesora de la mejor tradición de la novela de horror.
Ficha:
 “La casa de hojas”
 Por Mark Z. Danielewski
 Editoriales Alpha Decay-Pálido fuego
710 páginas
$ 32.000