Por qué amamos Juego de Tronos… ojo spoiler

Daenerys-Targaryen

Ay, ay, ay. Qué maravilloso fue regresar al territorio de nuestra serie favorita en la redacción de NerdNews: “Juego de tronos”. El domingo pasado fue glorioso porque pudimos  volver a ser testigos, frente a la pantalla de HBO, de esa realidad tan fantásticamente real que es esa tremenda saga de George R. R. Martin convertida en la mejor serie de la TV, ever and ever. Dr. Who, se entiende, la chapa de este servidor, pues, es decir, o sea yo mismo, tengo un amigo que tiene un amigo que una vez entrevistó a George R. R. Martin, escritor talentosísimo y que ha tomado la posta de este género llamado fantasía heroica y con altos hitos como C.S.Lewis y, claro, Tolkien.
Este amigo de mi amigo de mi amigo que una vez entrevistó a Martin, me comentaba algo sabio sobre esta serie inspirada en una de las mejores sagas literarias. Y lo interesante es esto: que respecto de su propia fuente de origen, la serie ha ido creciendo por su propio sendero, sus propios caminos y si a muchos compañeros de redacción de NerdNews les molesta que los señores de HBO no sigan al pie de la letra los libros de Martin, pues bien, yo debo decir que eso es justamente lo que hace grande a un producto de TV. Audiovisual. Es decir, y lo grito a quien quiera escucharme, que en el caso particular de Juego de tronos, la serie, no quiero LEER una serie, deseo VER una serie y esta tercera temporada que recién comienzo sólo me ha devuelto la fe en 1) la TV, 2) la fantasía heroica y 3) HBO.
Advertencia de Spoiler, es decir, no lea más si no quiere saber sorpresas del episodio 1 de la tercera temporada. Uff. Cuánta síntesis podré hacer. Espero que la suficiente. Adoré ver cómo Jon Nieve veía por primera vez a un gigante momentos antes de conocer al Rey de Más-Allá-del-Muro. En medio de la nieve y el frío, empieza a gestarse esta nueva ruta de vida de Jon Nieve  en esta guerra de estrategias en un mundo de fantasía, ok,  pero tan oscuro y real como un paseo por el capitolo de “House of Cards”.
Ver de nuevo al gran pero pequeño Peter Dinklage como el maldito y enano noble Tyrion Lannister, fue un precio impagable. Encarando a su rígido padre y reclamando su lugar en la pirámide del poder Lannister, sólo para ser tratado como un miserable animal con algunos derechos básicos, hizo valer la espera por esta temporada que partió en alto. Pero debo reconocer que mi favorita es lejos Daenerys Targaryen, interpretada por la maravillosa y hermosa Emilia Clarke. Que Daenerys Targaryen haya recuperado a sus dragones, que los bichos alados vuelen alrededor de su madre-humana felices y llenos de apetito de destrucción, me llena de goce. Y más cuando se están tejiendo las acciones para la media ni que choque de titanes que prometen las futuras emisiones.
Larga vida a la mejor serie que hemos visto en muchos años. Tan buena como The wire, otra serie sobre más o menos lo mismo: la basura y miseria humanas, pero sin dragones ni princesas.

The Walking Dead: 
O matas o mueres…o mueres para matar


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La mirada fría y alienada del Gobernador se dirige a quien fuera su hombre de confianza. Un golpe directo a la cara y todo se va a negro.  “Es hora de graduarte”, dice a Milton mostrando la perversión que por meses trató de mantener oculta bajo la imagen del pseudo protector de Woodbury.  Para el Gobernador ya no es necesario cuidar las apariencias, ya no es necesario fingir ser el hombre de bien: ahora sólo importa que su gente se someta a las maniobras de manipulación que él espera. En el caso de Milton, esto significa asesinar a Andrea al interior del cuarto de torturas en que ambos yacen.  “O matas o mueres”,  es el consejo del villano a su amigo. “O mueres para matar”, añade después, cuando es evidente que uno de sus dos prisioneros se convertirá en un caminante y terminará masacrando al otro.
En el último capítulo de la tercera temporada de “The Walking Dead”, Robert Kirkman terminó por consolidar la fuerza  vengativa del Gobernador como eje antagónico de lo que queda para el futuro de la serie.  La maldad que poco a poco dejó entrever el personaje interpretado por David Morrissey llegó a su punto culmine en una season finale marcada por la disputa entre los habitantes de Woodbury con el grupo de Rick en la cárcel.
Y aunque quizás se extrañaron los enfrentamientos con los zombies (como había sido la fórmula de las temporadas pasadas)  y las muertes masivas de algunos personajes principales (hay bajas, pero en un número menor a lo visto antes), queda claro que desde ahora  la verdadera lucha por la sobrevivencia es entre bandos de humanos. Los caminantes parecen ser sólo una parte más del paisaje de un mundo sin moral, mundo en el que ahora Rick debe redimirse.
Porque la locura que desató en Rick la muerte de Lori se comienza a evaporar. La bondad y generosidad que había perdido con el duelo vuelven a estar latentes, e incluso empieza a manifestarlas con los habitantes de Woodbury. No obstante, esta calma podría no llegar a Carl, pues él ya se apropió de las tácticas de defensa que aprendió de su padre en sus días de mayor inestabilidad emocional.  Para el adolescente lo importante es “hacer lo que se tiene que hacer”, que en la práctica es lo mismo que el “matar o morir” del Gobernador.
Los hechos de este último episodio permiten pronosticar que la cuarta temporada de “The Walking Dead” incluirá a un Gobernador más similar al psicópata que creó Kirkman para el cómic. También se deja la puerta abierta para la estrecha amistad que desarrollan en las viñetas Rick con Tyreese.  Por ahora, sólo queda esperar hasta octubre, cuando se estrenen los 16 nuevos  capítulos de la primera serie que logró llevar a los zombies a una dimensión que sobrepasa al terror.