La pelea de Spiderman, Hulk y Iron Man que pudo inspirar The Avengers

Si bien Spiderman se perdió esta reunión de "Los Vengadores", lo cierto es que en películas de animación digital es posible encontrar nuevas combinaciones de los superhéroes de Marvel. Aquí les dejamos una espectacular pelea animada de 2008 que recuerda en más de alguna escena lo que se vio en la reciente película de "Los Vengadores" (y que posiblemente también sirvió de inspiración).  

El retiro de George Lucas: que vuelva el joven por favor


Me desayuné con la noticia de hace algunas semanas atrás: George Lucas se retira del mainstream hollywoodense para dedicarse a películas experimentales. ¿Cómo? ¿George Lucas? ¿Al que muchos apuntan como el gran sepulturero del cine de autor de los años 70 y el gestor de las franquicias de pop-corn movies y de los blockbusters? ¿Ese mismo que en cuanto tuvo la posibilidad de estirar la franquicia de La Guerra de las Galaxias, con la ayuda de la tecnología digital, reveló cuán mal director podía ser? Pues sí, el mismo.

¿Y qué harás ahora querido George? Me parece extraña tu decisión, aunque no tanto.

En algún momento, en alguna entrevista, anterior a la nueva trilogía de Star Wars, Lucas comentó sobre su fascinación por el cine digital, su interés por el desarrollo de salas de ese tipo y por la mayor masificación que se podía lograr con el acceso de más personas a la producción artesanal de películas con cámaras digitales. No sé si por ese lado irá su experimentación, o si será algo meramente tecnológico o si está pensando en dedicarse a hacer películas estilo Ingmar Bergman. No lo sé. Pero es posible tener esperanzas. Y esto lo digo apoyándome no en la Guerra de las Galaxias, sino en sus anteriores películas como “THX 1138” o “American Graffiti”, en las que sí era posible ver algo más allá que una mera diversión de matiné.

Te esperamos George porque aún confiamos en tu fuerza.

 

Patentes de software: revisitando a Reagan

¿Se acuerdan cuando el mundo era deliciosamente inestable, cuando las potencias eran potencias y apilaban sus falos transoceánicos acicalados de uranio como si hubiera tantos planetas que bombardear? Bueno, piensen en el mismo botón rojo, pero reemplacen el concepto “radioactividad” por “patentes comerciales”. En vez de la oficina oval, imagínense el despacho de un CEO. Y donde deberían ver al alto mando, materialicen un bufete de abogados.

A ver si mi siguen. Apple demanda a Samsung (su principal proveedor de pantallas) por más de una decena de violaciones de sus patentes. Samsung contraataca y lo demanda de vuelta en una guerra que ya se extiende por 20 países. Google compra Motorola y sus 17 mil patentes pensando en blindarse contra la espada de Damocles legal que pena sobre Android, pero no es suficiente para evitar que Oracle lo lleve a tribunales por el uso de Java en su sistema operativo. Yahoo!, que ya había ganado varios millones a costa del mismo Google, demanda a Facebook por haber utilizado propiedad intelectual de diez patentes enfocadas en la publicidad en línea, obligando a la empresa de Zuckerberg a salir a comprar empresas o derechamente patentes (ayudado por su socio comercial Microsoft). Varia Mobile demanda a Blackberry y Samsung por algo tan etéreo como el sistema que usan para enviar sus emoticones por SMS. La lista sigue, preocupa y aburre.

La pregunta del millón: ¿por qué está pasando esto ahora?

Resulta que las patentes de software son un problema relativamente reciente. Cuando digo reciente, me refiero a que antes de los ochenta no existían como tales. Cuando digo problema, estoy tratando de transmitir lo que muchos ya han advertido: el sistema está lejos de ser perfecto y es muy ambiguo sobre qué cosa se puede patentar y sus alcances. Varias leyendas de la industria, como Steve Wozniak, Linus Torvalds o Tim Berners-Lee, han puesto el acento sobre el riesgo que significa para la innovación el hecho de que en cualquier momento una empresa pueda ser demandada por acercarse demasiado a algo que otro ya inscribió. Y en muchos casos no estamos hablando de un desarrollo completo. Ni siquiera un prototipo. Un artículo de The Guardian del año pasado concluía que para un creador independiente ya es casi imposible desarrollar una nueva aplicación sin estar rozando una patente propiedad de algún gigante. La respuesta de la industria tampoco ha sido tranquilizadora. Las empresas más grandes han salido de compras para protegerse de posibles conflictos legales y su estrategia más común en tribunales consiste en contraatacar con las esquirlas de otras demandas. Con esa dinámica histérica la mayoría de los juicios no fructifica o se arreglan fuera de la corte (una prueba de que la ambigüedad de la legislación aumenta el temor de perder en tribunales). Claro, siempre está el riesgo de que los conflictos escalen, como el que tiene enfrentado en estos momentos a Oracle y Google sobre el uso de las API de java. Oracle exige la nada despreciable suma de 1.000 millones de dólares, lo que se está resolviendo con incómodas entrevistas a testigos y la presentación de pruebas, en un proceso que alinea un ejército de 74 abogados, repartidos en ambos bandos. 

El asunto se pone más interesante y huele verdaderamente a podrido cuando empiezan a aparecer los llamados Trolls de patentes. Se trata de empresas que se dedican a reunir portafolios de patentes para simplemente dejarlas hibernando. Basta con que encuentren una víctima, que puede ser un emprendedor o un gigante de la industria, y lo extorsionarán legalmente. El New York Times mencionaba el caso de Intellectual Ventures, un “holding” poseedor de 1.100 sociedades que utiliza con la única finalidad de demandar a quién se tope con alguna de sus “creaciones”. Especulación pura y dura.

Sin embargo, no todo está perdido. La nota discordante la está poniendo Twitter, quién la semana pasada se vistió de Gandhi, lanzando una iniciativa que bautizó como IPA (Innovator's Patent Agreement) la cual busca justamente evitar que las patentes frenen el desarrollo tecnológico. ¿Cómo lo haría? Devolviéndoles el control de estos trozos de código a los ingenieros que las inventaron (hoy lo ceden a sus empleadores), quienes podrán determinar no sólo si estas pueden venderse a un tercero, sino también si la misma empresa puede usarlas para defenderse de otras en caso de litigio. La idea es que más compañías se sumen a esta campaña legal, pero la tarea no es nada fácil, sobre todo considerando que actualmente las patentes son un commodity que produce y cuesta mucho, mucho dinero.